Capítulo 11. Recuerdos que emocionan
Charlie
Había disfrutado de la boda muchísimo. Richard se retiró pronto y su madre andaba subiendo a visitarlo de vez en cuando. Igual que todos. Encontraban un hueco para ir a verlo hasta que él dijo que quería dormir.
Bella estaba resplandeciente, tan bella y enamorada que casi le parecía imposible. Mack y Lorelai se tomaban de la mano, mirándose a los ojos, o disfrutando del momento, observando a Fran que bailaba con Sophie. O más bien, era su hermana la que lo movía al ritmo de la música.
Se sentó en una de las sillas con un botellín de cerveza. Leo se colocó a su lado.
—Me da que Mini Villana va a encontrar novio antes que nosotros.
—Paso, tío. Me voy a dedicar a lo mío.
—Pero estás pillado por Ruby.
—Eso da igual. Y me da que fue todo un poco… espejismo. No sé.
—Ah pues si está libre…
Leo se partió de risa cuando Charlie lo miró con cara de asesino. Levantó las manos como si se rindiera.
—Dale tiempo. Lo mismo tenga que aclararse un poco. Lo que le ha pasado es muy fuerte.
—Lo es. Pero tampoco se deja ayudar, ni siquiera un apoyo moral, yo qué sé.
—Y eso que te llevaste una hostia. Ten paciencia, tío.
—Soy paciente y lo sabes. Llevo aguantando a los Donovan mucho tiempo.
—Y a los Cresswell —dijo Leo riéndose.
—Mis hermanitos —dijo Bella sentándose sobre la rodilla de Charlie—, estoy agotada. Me duelen los pies.
—Descálzate, hay césped —dijo Charlie. Ella tiró los zapatos y sonrió.
—¿Y tu flamante marido?
—Ha subido a ver a Richard.
—Quizá voy yo también, así te sientas en la silla y dejas de machacar las piernas de tu hermano.
—Tío, estoy fuerte, me ofendes.
Pero Leo se marchó hacia el interior y Bella se sentó en la silla, poniendo los pies sobre las piernas de su hermano.
—¿Un masajito?
—Tienes mucha cara, Bella, pero claro. Lo que hago por mi sobrino o sobrina.
—Sobrino. Será probablemente un chico, Charlie, aunque no lo sabe nadie. Eres el primero.
—Genial. Aunque igual puedes probar para el siguiente tener una mini villanita. Enhorabuena por todo.
—Gracias. Nos hace mucha ilusión, aunque secretamente yo también quería una nena. La próxima vez.
—¿En serio? ¿Quieres más hijos?
—¿Por qué no? Somos una familia numerosa, quiero eso para mí. Jacob también está de acuerdo —ronroneó—. Ah, qué bueno, Charlie. Me salvas la vida.
Él siguió dándole un masaje en los pies, concentrado en destensar sus músculos. Ella suspiró.
—¿Y qué pasa con Ruby?
Charlie resopló. —Sophie es una cotilla.
—En realidad no fue ella. Os vi y pregunté a Leo si había algo más. Jacob y yo se lo sonsacamos. No es bueno guardando secretos. Entonces, ¿qué pasa?
—No pasa nada. Además, con ese lío que tiene, menos. La verdad, no quiere saber de mí. Y no importa, porque prefiero quedarme en la ciudad. Aquí cerca.
Bella quitó los pies del regazo de su hermano y se colocó hacia él con el rostro serio.
—No seas capullo, Charlie. No vas a poder evitar que… que ocurran cosas. Nadie está libre de morir, lo sabes bien. Y tu familia estará aquí para lo que necesites, pero por ese motivo no debes agarrarte a ella y no vivir.
—Dice la que se pasa el día trabajando.
—Pasaba. He reducido mi jornada. Charlie, no puedes y no debes apegarte tanto a nosotros.
O sea, aprecio de verdad todo el amor que nos das, incluso siendo capullos como éramos…
o somos. Pero eso no puede impedir que sigas viviendo, que tengas pareja, que te enamores y que quizá debas viajar a cualquier parte para rodar una película. Debes superar las pérdidas.
Charlie se levantó bruscamente y se marchó hacia el muelle por el camino, pero ella lo siguió, descalza. Lo paró justo delante del agua.
—¿Qué pasa? Es la verdad.
Él se giró aguantando las lágrimas.
—Perdí a papá y apenas tengo recuerdos de él. ¿Voy a perder a otro padre? Eso no… no puedo, Bella. No ahora.
Ella lo abrazó y él se apoyó en su cuello, llorando.
Lo hizo sentarse en el suelo y se puso a su lado.
No supo cuánto tiempo llevaban, ni siquiera se enteró de cuándo llegaron Jacob y Leo, o Mack.
Incluso Sophie. Cuando abrió los ojos, todos estaban a su alrededor, abrazados, descalzos, despeinados.
Sophie se había agazapado en el regazo de Jacob y tenía su bonito rostro serio.
Los miró, uno por uno. Bella tenía el maquillaje ligeramente corrido y Jacob y Leo los ojos rojos. Mack aguantaba y Sophie hacía pucheros.
—Joder, sois la hostia —dijo Charlie.
—¡No digas palabrotas! —exclamó Sophie con una sonrisa. Eso hizo que todos se contagiaran de la pequeña.
—Todo saldrá bien —dijo Mack—, y si no saliera como nosotros quisiéramos, al menos nos tendremos los unos a los otros.
—Sí, es cierto —suspiró Charlie. Volvieron a abrazarse y comenzaron a ponerse de pie. Jacob limpió el rostro de su esposa con delicadeza y Leo cogió a Sophie en brazos.
—Deberíamos regresar —dijo Mack pasando el brazo por los hombros de Charlie—, o los invitados pensarán que nos hemos fugado en el barco.
—Vamos pues, a divertirse como solo saben hacerlo los Cresswell-Donovan —dijo Bella.
—O los Donovan-Cresswell —apuntó Sophie.
—Da igual el orden —comentó Jacob—, lo importante es que somos una familia.
—Ya está don intenso —se burló Leo, pero estaba serio. Se dieron un abrazo y caminaron hacia la fiesta. Su madre los vio entrar, abrazados y se limpió una lágrima. Les sonrió con amor.
Después, Jacob sacó a bailar a Bella y Leo hizo lo mismo con Sophie. Mack tomó a Lorelai de la mano y su madre se acercó a él.
—¿Bailamos?
—Por supuesto, señora Donovan.
Alguien cambió la música y pusieron Marry You, de Bruno Mars y todos se pusieron a saltar y bailar. El ayudante de Leo andaba grabándolo todo. Se reían, saltaban y el resto de los invitados se unieron. Richard se asomó desde la ventana, sonriendo. Sí, sería un precioso recuerdo.