Capítulo 10. Derribando muros
Ruby
Decidió que iba a estar encerrada todo el fin de semana, metida en su habitación. Valeria y Clara le habían invitado a comer el domingo, pero les dijo que no. No es que hubiera periodistas en su puerta, afortunadamente no parecían haberla localizado, pero tampoco quería arriesgarse.
Sus compañeras de piso le dieron ánimo, eran buena gente, pero tan poca cosa como ella, en el sentido de que ninguna tenía posibilidades de hacer algo.
Y, además, estaba jodida por lo de Charlie.
Había sido tan borde que dudaba de que él siguiera mínimamente interesado en tener algo con ella. Pero tal vez fuera lo mejor.
Primero, porque no quería joder su incipiente carrera.
Segundo, porque… porque… estaba aterrorizada.
Sí. Al menos lo reconocía. ¿Entregarse a alguien, sentirse vulnerable?
No. Durante muchos años había conseguido alzar un gran muro de hormigón alrededor suyo, para que no entrase nada malo.
Solo que, pensó fastidiada, tampoco entraba nada bueno.
—Aggg —exclamó dando un puñetazo al colchón. Ahí, sobre la cama en pijama, sin ducharse, no quería salir para nada.
Una de sus compañeras de piso se asomó. —Hay un tío que pregunta por ti. Dice que es tu hermano.
—Joder. Dile que salgo en cinco minutos.
Ella asintió y se vistió. En el pequeño saloncito y mirando por la ventana, estaba Caleb.
Hacía casi seis meses que no lo veía. Seguía con su cabello cortado a cepillo y su rostro serio y rígido.
Se giró al escucharla. Sus ojos azulados y su mandíbula cuadrada le hacían parecer muy atractivo, solo que el rictus serio espantaba a cualquiera.
—Ruby.
—Caleb. ¿Qué coño haces aquí? ¿Te ha enviado papá?
—No. No sabe que he venido, ¿salimos a por un café o algo?
—Te lo hago aquí. Prefiero no dejarme ver.
Se metió en la cocinilla y él la siguió.
Preparó dos cafés y le dio una taza algo descascarillada, pero no había para más.
Él la tomó sin decir nada y ambos se sentaron en el sofá.
A los treinta y ocho, su hermano mayor había construido una buena carrera militar.
Aunque le faltaba algo que su madre insistía cada vez: una esposa decente, pero, por lo que sea, él no se decidía.
—Entonces… todo eso que ha pasado…
—Si me estás preguntando si es verdad, lo es. Es un tipo despreciable que abusa de mujeres jóvenes. Mira.
Sacó su móvil y le mostró el vídeo. Su hermano se quedó atónito. La miró, con el rostro apenado.
—Lo siento, Ruby. Escuché lo que te dijo papá, justo estaba en casa de permiso. Se pasó. Que sepas que… yo te creo. Y te apoyaré en lo que necesites.
Ruby abrió la boca sin saber qué decir. Él sonrió con tristeza.
—Ya lo sé. No te hemos apoyado mucho, ¿verdad? Somos bastante capullos.
—Has cambiado, Caleb. ¿Has conocido a alguien?
—Puede ser. Pero he venido para preguntarte si puedo hacer algo, lo que sea.
—No querrás estar metido en estos líos. ¿No ibas a meterte en política?
—He cambiado de opinión. Ya no quiero eso. Justo por ese motivo estaba en casa cuando se enteraron. Papá estaba muy cabreado y tú lo pagaste por mi culpa.
—Lo siento, Caleb. Entonces…
—No es momento para hablar de mí, Ruby. Dime qué puedo hacer.
Ella le contó todo, lo de Carla, lo que había hecho el actor, y que la mujer les había dicho que no seguía con eso. No lo comprendía.
—No me extraña que la hubieran amenazado. Habrá muchos millones de por medio —dijo pensativo.
—Querría ir a hablar con ella, pero no me contesta a su móvil. Y sigo metida en el rodaje.
—Podría pedir unos días de permiso e investigar. Si tú quieres.
—No quiero que te metas en ningún lío. Si te pillan por ahí, lo mismo te joden la carrera. Puede que, en unos días, cuando hagamos una pausa en el rodaje, la busque. Por favor, no hagas nada.
—De todas formas, me quedo este fin de semana en la ciudad. Me encantaría poder hablar un rato. Salir a comer… e incluso ver el rodaje. Tengo curiosidad.
—¿En serio? ¿El serio y rígido Caleb queriendo visitar un lugar de ocio y perversión?
Él se echó a reír y le dio un suave puñetazo.
—Estoy en el proceso de cambio. Hay una persona que… me está ayudando.
—¿Quién es ella? Quiero conocerla.
—Verás, hermana. No es ella. Es él. Soy gay, Ruby.
—Joder. ¿Lo saben nuestros padres?
—Todavía no. Pero ¿tan malo sería?
—Para mí, no. Aunque te ha costado salir del armario.
—Demasiado —dijo sonriendo, tal vez aliviado porque su hermana lo aceptaba.
—La actriz de la peli y su novia me han invitado a comer mañana a su casa. Les dije que no, pero… ¿te apetece? Y así me presentas a…
—Dan. Es abogado. Lo conocí cuando estaba planteándome lo de la campaña política. Pero él tampoco quiere hacerlo público de momento. La verdad, hay profesiones en las que es complicado.
—Lo sé. ¿Entonces? ¿Las llamo?
—Está bien, me gustará presentártelo. Y tal vez pueda ayudarte.
—Es lo de menos, Caleb.
Se acercó a él y lo abrazó. Puede que nunca hubiera abrazado a su hermano con tanto afecto. Quizá él se escondía tras una rigidez que quería ocultar sus emociones. Como ella. Corazas inútiles que no dejaban ver a las personas.
El resto de la tarde la pasaron charlando y luego él se fue al hotel. Habían quedado con Valeria el domingo para una barbacoa. Suspiró. Esperaba que la boda de la hermana de Charlie fuera bien. Quizá el lunes se enteraría.
Caleb la pasó a buscar y acudieron a recoger a Dan. Era un hombre de cerca de los cuarenta, como su hermano y, aunque parecía algo serio, sonrió al conocer a Ruby.
—No contaba con que Caleb me presentara a su familia, la verdad —confesó—, pero quizá tú fuiste la primera que te saliste de la norma.
—Sí, soy una decepción para toda mi familia, incluido este, hasta que, por lo visto, le has abierto los ojos.
—Sí, he de reconocer que tu hermano ha sido un reto increíble —dijo volviéndose hacia ella—, pero se derritió cuando le metí la lengua.
—¡Dan! —protestó él agarrando el volante con fuerza—. Eso no es necesario.
Ruby se partía de risa detrás. —De verdad, me caes de puta madre, solo por hacer sonrojar a mi hermano. Siempre ha sido un poco capullo. Aunque tampoco estaba mucho en casa. Los otros son peor.
—Ya me ha contado. Suerte que tú eres un alma libre, Ruby. Me alegro de que no vaya a estar solo en el proceso de reinventarse a sí mismo.
—¿No vas a seguir en el ejército?
—Puede que no —contestó mirando a través del espejo retrovisor—. Me metí por nuestros padres, pero la verdad… me gustan otras cosas.
—¿Otras cosas? ¿Cómo cuáles? Nunca me habías dicho nada.
—Lo sé. Nadie lo ha descubierto hasta… hasta ahora. He ido haciendo cursos, aprovechando mis estancias en otros países para… formarme como chef. Ya he hablado con mi coronel y me licencio en un mes.
—¡Joder! ¡Qué bueno! ¿Y te vas a montar un restaurante o algo?
—Es una posibilidad. He ahorrado y tengo un socio que me apoya —dijo mirando con cariño a Dan.
—No sabes lo que me alegro, Caleb. Te mereces ser feliz.
Se puso seria y parpadeó para evitar llorar. Su hermano volvió a mirarla por el retrovisor.
—¿Quién te ha hecho daño, Ruby? Puedo darle un par de hostias.
—No, para nada. Había un hombre que me gustaba… pero la he cagado. Es igual. De todas formas, con todo este lío, prefiero dejarlo así. Tal vez cuando todo se aclare, tengamos alguna oportunidad. Hay demasiado en juego.
—Algo me ha contado tu hermano. Soy abogado penalista y te diré que de los mejores de la ciudad. Puedo ayudaros, solo si quieres.
—Cuando lleguemos a casa de Valeria lo hablamos. Ellas están al tanto de todo. Mira, ahí es.
La casa era una pequeña mansión con piscina, con altas vallas para protegerla de miradas indiscretas. La avisó por el móvil y abrió la puerta, pasaron con el coche y cerraron. Valeria y Clara salieron a recibirlos con una gran sonrisa.
Hacía mucho calor, pero el porche estaba cubierto por un toldo de colores alegres y, puesto que había plantas por todas partes, de una forma abigarrada y caótica, además de un rociador de agua, se estaba de maravilla.
Clara encendió la barbacoa y Valeria sacó una jarra de limonada con hielo para todos.
—Si alguien quiere cerveza, que me pida, pero es la mezcla secreta de mi chica y lleva alcohol.
Ruby se echó a reír.
Mientras la barbacoa cogía fuerza, se sentaron en los sillones del jardín. Se presentaron y aunque Val parecía sorprendida, posiblemente tanto como ella ayer, sonrío feliz.
—Entonces, como le decía a Ruby, mi gabinete podría ayudar. Nos especializamos en hechos criminales, estafas, abusos, mierdas de esas y procuramos ponernos en el lado de la víctima.
—Así es mi chico —dijo Caleb con un suspiro.
—No ganaréis mucha pasta entonces —dijo Clara.
—Sí y no. Tenemos otro departamento que se encarga de temas empresariales, derechos, deberes. Eso sí da mucha pasta que compensa.
Ruby lo miró con admiración. No solo por lo que parecía sentir por su hermano, si no por ser un tipo decente. Le gustaba.
Entre trago y trago de limonada, le explicaron todo a Dan, que tomó notas en su móvil, le enseñaron el vídeo y se lo enviaron para que lo guardase. También se tomó nota del móvil de Carla para llamarla o localizarla.
—Y ahora, dejemos el tema —dijo Ruby cuando notó que empezaban a estar afectados.
—Es verdad, hablemos de Charlie —dijo Valeria—. Leo me envió este vídeo.
Se lo pasó a Ruby y Caleb se puso a su lado para verlo. Se lo veía bailando con su hermanita, riéndose, luego con los demás y también cantando una canción con los gemelos.
—¿Y este tipo tan atractivo? ¿Sales con él?
—Podría salir con él, pero le ha dado largas. Es un tipo estupendo, Caleb —dijo Valeria a pesar de las protestas de Ruby—. Puedes decir lo que quieras, pero es un buen hombre.
—No quiero joderle la carrera. Si estuviera con él, lo meterían en el mismo saco. De hecho, debería alejarme también de ti, Val.
—Ni te atrevas, ¿lo oyes? De eso nada. Y te digo una cosa, si te alejas demasiado de Charlie, lo tomará como que no le interesas y lo perderás.
—¡Apenas nos conocemos!
—Pero habéis conectado —dijo Val—. Todos lo hemos visto. Se nota que no os perdéis de vista, recuerda que cuando acabó la canción en el rodaje, fue a ti a quien miró.
—Mira, Ruby —dijo Dan—. El primer día que vi a tu hermano se me revolvió el estómago.
Tuve que ir a vomitar. Y eso que estábamos en mitad del despacho de la campaña del senador.
Estaba en el baño enjuagándome la boca y alteradísimo, cuando se asomó.
Me preguntó si estaba bien. No podía creer que alguien como él se interesase por mí.
Me acompañó a casa y se quedó a desayunar. El resto, ya te lo imaginas.
Se echó a reír y su hermano se sonrojó ligeramente. Dan le tomó de la mano y suspiró.
—Todavía me cuesta, ya perdonaréis. Mi educación ha sido muy… conservadora.
—¡Por los hermanos díscolos! —dijo Ruby con una sonrisa y alzando la mano para que él se la chocara, cosa que hizo.
—No cambies de tema. —Val volvió a la carga—. De verdad, es un buen tipo, familiar, prudente, y es guapísimo, además de besar muy bien. No como mi chica, claro… pero tú sabes que de eso puedes dar fe, Ruby.
—¿Ya te has besado con él? —preguntó Caleb con una sonrisa. Ruby se levantó airada.
—Sois peores que…. Sois unos villanos.
Se echaron a reír y ella se fue a la barbacoa para echar las hamburguesas. Su hermano se puso a su lado.
—Ruby, si de verdad te gusta, no deberías perder la oportunidad. De estas salen pocas en la vida, te lo digo por experiencia. Pero bueno, mañana iré a tu rodaje y lo conoceré.
—Joder, no. No vas a hacer tal cosa, ni a hablar con él. No, Caleb.
—Soy tu hermano mayor, debo decirle cuatro cosas.
—Entonces no vendrás al rodaje. No, por favor. Joder, no seas así.
—Tengo que comprobar por mis propios ojos…
Ruby se marchó bufando al interior de la casa. Valeria entró descalza y la abrazó.
—¡Era broma! Tu hermano te estaba haciendo una broma. Nos ha guiñado el ojo.
—No sé decirte, Caleb no sabe qué significa esa palabra.
—Tal vez ahora sí. Tener la pareja adecuada puede cambiarte de alguna forma, romper ese muro que te rodea. Como el tuyo, Ruby.
Aguantó las lágrimas y su amiga la abrazó. Joder, sus cimientos se iban a ir a la mierda a la cuenta de tres. Y, cuando quedase expuesta, no tenía ni idea de cómo iba a continuar con su vida.