Capítulo 7. Algo de tiempo…
Charlie
Se asustó cuando llegó a casa. Sus hermanos estaban bien, pero hubo un accidente en el pub La Sirena. Mack había ido allí para ayudar.
De vez en cuando ponían las noticias para saber lo que estaba ocurriendo y Jacob enviaba mensajes a Mack, que respondía cuando podía. Al parecer, su hermano se había puesto a operar.
Poco a poco, se fueron metiendo en la cama, tampoco es que pudieran hacer mucho más.
Se durmió, agotado y sin pensar en otra cosa que en los heridos.
Stella le caía muy bien, habían coincidido varias veces en la playa, nadando por la mañana, siempre era amable con ellos en el pub, y por el motivo que fuera, solo eran conocidos que se llevaban bien.
Sin que ninguno de los dos intentase algo.
Por la mañana, los gemelos y Bella se acercaron al hospital, a por Mack y para interesarse por todos. Él tuvo que ir al rodaje, no quedaba otra. Solo tenían permiso de rodaje para varios días y no podían desaprovecharlos.
—Mantenme informado —dijo a Leo y este asintió. Tampoco tenía que rodar ese día, así que se subieron al coche y se fueron al hospital. Era un poco pronto, pero tomó un café y se fue a caminar por la playa.
Amanecía cuando se sentó delante del set de rodaje. Los chicos de producción lo saludaron. Ellos eran los primeros en llegar y los últimos en irse. Alguien se sentó a su lado. Ruby.
—Has madrugado mucho.
—Sí.
—¿Te pasa algo? ¿Estás molesto?
—No. Solo que hubo un accidente ayer, por la lluvia.
—Ah, sí, me cogió dentro del hotel. ¿Qué ha pasado? ¿Algo grave?
—Heridos, gente que conozco. No sé hasta qué punto. Mis hermanos también estaban en el pub donde se derrumbó una pared, aunque están bien, gracias a Dios.
—Lo siento mucho, Charlie.
—Ya, tampoco es que pueda hacer nada. Mi hermano Mack, que es cirujano, está ayudando allí. Lleva toda la noche.
—Qué buena persona, hay pocos así. Quizá os venga de familia.
Charlie se volvió, pero luego se colocó en su posición anterior, sin contestar.
Ella pasó la mano por el hombro y luego se levantó y se fue.
Él se quedó pensativo. Lo terrible del suceso es que sus hermanos podrían haber sufrido algún daño, tal vez…
no quería pensarlo. Y si él hubiera estado allí, también.
Y eso le había hecho pensar durante toda la noche.
Había llegado a varias conclusiones. La primera, que seguiría haciendo lo que amaba, que era actuar.
La segunda, que tenía que hacer lo posible por estar cerca de su familia.
Aunque tuviera que viajar a menudo, pero siempre volver a verlos.
Si… Ruby quería instalarse en Los Ángeles, él no iría con ella.
Y sí, puede que le gustase mucho, pero puesto que ella tampoco parecía estar demasiado interesada por él, con el tiempo supuso que se le pasaría.
Se levantó, sacudiéndose la arena y con una decisión tomada.
Ella se iría, y estaba bien. Él seguiría en la ciudad, a una hora de los suyos.
A diez minutos en el caso de Jacob y Bella.
El resto, le daba igual. Puede que alguien pensara que estaba demasiado apegado a su familia.
Y cada vez, estaba más convencido de que era lo correcto.
Se dirigió a los biombos para cambiarse. Aunque no estaba muy animado, sonrió a los compañeros. Valeria llegaba caminando por la arena con un vaporoso vestido y el cabello recién peinado. Se le acercó.
—Me he enterado. ¿Está bien tu familia?
—Por pura casualidad, sí. Un susto enorme.
—Lo siento, Charlie. Te veo apagado, no estás como el tú de siempre.
—Me afecta. A algunas personas las conozco. Pero no te preocupes, haré mi trabajo.
—Podríamos decirle al director que hoy no…
—No. Soy un profesional. No seré el primer o el último actor que está pasando por un momento malo y sigue con su trabajo.
—Lo sé, Charlie. Te ayudaré en lo que necesites.
—¡A maquillaje! —dijo Lauren.
Él se acercó y se sentó con los ojos cerrados. Ruby llegó y le puso las cremas correspondientes. Carraspeó y él los abrió.
—Hoy vas en bañador, hay que darte aceite suave.
—Está bien.
Se levantó y se quitó la camiseta. Por delante se lo dio él y ella lo extendió por detrás. Por una vez, no se sintió excitado ni atraído.
—Gracias, Ruby.
Y se alejó para secarse bien. El director se puso a contarle cómo quería el plano y él asintió. Se sabía el guion, y lo que había que hacer. Ese día eran planos de relleno, planos en los que él aparecería caminando por la playa, pensativo, hablando por teléfono, cosas sueltas, algo que agradeció.
No tenía ganas de sonreír o de sentirse romántico.
Después de varias horas de trabajo, pararon.
Tenía varios mensajes. Mack estaba bien, en casa y descansando.
Stella grave, pero sobreviviría y las personas que habían fallecido eran desconocidas, aunque también le dolió.
Pararon para comer y se sentó en una toalla para tomar un sándwich.
Después de que Valeria rodase unas escenas sola, tenían que hacer otra al atardecer más romántica. Cuando acabó, se sentó a su lado.
—¿Estarás bien?
—Sí. Una amiga está mal herida, pero dice mi hermanastro que vivirá. Estas cosas… te hacen replantearte la vida.
—Ya. Las tragedias que te tocan de cerca son así. ¿Y has llegado a alguna conclusión?
—A alguna, pero no tengo muchas ganas de hablar, disculpa.
—Tranquilo, pero que sepas que estoy aquí. Ruby… está de los nervios.
—¿Por qué?
—Porque nunca te había visto así. Ya le he dicho que estás disgustado por el accidente. Pero dice que hay algo más.
—Puede que tenga razón —dijo y se levantó para lavarse los dientes y prepararse para las tomas.
Observó en silencio el rodaje de su compañera y cuando llegó su momento, se acercó a ella, tragó los sapos de su estómago y actuó como siempre, sonriendo, romántico, hasta divertido.
Al día siguiente salían para otra localización en un hotel a treinta minutos de su casa, así que se fue caminando. Ruby lo alcanzó.
—Si necesitas hablar estoy aquí, lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé. No necesito hablar. Gracias. Nos vemos mañana.
Se marchó, dejándola. Caminó hacia la zona de su casa y se sentó en el muelle. Todavía no estaba preparado para entrar y sonreír, como si no hubiera pasado nada. Escuchó pasos y alguien se sentó a su lado.
—Mamá.
—Te vi llegar desde la playa y me acerqué a verte. Mack ha dicho que todos los heridos se recuperarán, si es eso lo que te preocupa.
—Sí, la verdad. Aprecio a Stella.
—Es una chica excelente. Y… ¿solo es eso?
Se volvió hacia su madre, observándola. Se sentó en el suelo, a su lado.
Había cambiado mucho desde que decidió dedicarse a cuidar de Richard.
De la elegante y rígida directiva, se había transformado en alguien mucho más relajado.
Incluso llevaba el cabello suelto, vestidos anchos y cómodos y muchas veces iba descalza. Le sonrió.
—Estás muy bien, mamá. Me alegro de tu cambio.
Ella se echó a reír. —A veces me miro en el espejo y no me reconozco.
Pero ¿sabes? Creo que es la mejor decisión que he tomado.
Sé que me volqué en el trabajo durante muchos años y cuando papá murió…
más todavía. Necesitaba llenar el vacío que me dejó.
Pero con el tiempo, empecé a darme cuenta de que la vida no era tanto trabajar sino sentir.
—Y entonces apareció Richard.
—Sí. Hay un viejo dicho que dice que cuando el alumno está preparado, aparece el maestro. En mi caso, cuando empecé a cambiar de mentalidad, apareció él. Fue justo lo que me hacía falta.
—Aunque seguiste trabajando.
—Bueno, el dinero manda. Y la verdad, éramos tres más en la familia. Cuatro, con Sophie. Tu hermana me ayudó mucho en la empresa cuando Sophie era pequeña. Y agradecí que Richard anulase sus proyectos durante el primer año.
—Puede que hubiera sido mejor que me hubiera metido en vuestra empresa, para ayudaros.
—¡Qué va! Nunca te gustó, cariño. No habrías sido feliz. Te veo en el set y sé que es justo lo que debes hacer. Cuando eras pequeño y actuabas en las obras del colegio, eras tan feliz, ensayabas tanto… y luego, brillabas en el escenario.
—¿Incluso siendo un niño gordito?
—No eras gordito, Charlie; solo no habías dado el estirón —protestó ella—, y daba igual. La gente se quedaba callada, fascinada por lo que estabas diciendo. Tenías un don y sigues teniéndolo. Además, resultaste un mediador excelente entre los Donovan y nosotros.
—Me encantó tener dos hermanos nuevos, aunque no tanto como a Bella.
Ambos rieron y ella pasó el brazo por sus hombros, haciendo que Charlie apoyase la cabeza en el suyo.
—Te has convertido en un hombre fantástico, hijo y me siento muy orgullosa de ti.
—Gracias, mamá. Yo os quiero muchísimo.
—Lo sé. Y… ¿qué me ha dicho Mini Villana de la pelirroja? ¿Estás con ella?
—Qué cotilla. No. No estoy con ella. Solo fue un beso. Pero quiere irse a Los Ángeles y yo no. Eso, para empezar.
—¿Por qué no quieres irte allí? ¿No es el lugar donde se puede triunfar? A ver, no entiendo…
—Desde la ciudad también puedo llegar lejos. Y están Bella, Jacob y su bebé, y a una hora, vosotros.
—Leo viaja mucho también, va y viene.
—Y se arrepiente mucho de no estar con su padre. No me pasará a mí.
—Cariño, sabemos lo mucho que nos quieres, pero tienes veintinueve años, has de hacer tu vida, viajar, ir, volver, hacer una gran película en el Amazonas o en Alemania, estar meses solo comunicándonos por videollamada y tal vez ganar algún premio.
No quedarte aquí, perder oportunidades por no estar en el lugar apropiado. Algún día te ibas a arrepentir.
—¿De estar con mi familia? De eso nunca me arrepentiría, mamá.
—No digo que nos dejes para siempre —contestó ella volviéndose para mirarlo a los ojos—; solo digo que pienses en ti primero, en tu carrera. Y si esa chica de verdad te gusta o no. Porque Sophie está deseando emparejarte. Ya sabes cómo es.
—Cuando sea mayor, va a dominar el mundo.
—Posiblemente. Fíjate que le ha dicho a Bella que si puede ir a la empresa algún día para aprender.
Ambos sonrieron, Charlie la imaginaba tomando notas en el cuaderno que llevaba siempre con ella.
—Tenéis un buen relevo generacional, desde luego.
—Ya te digo que sí. En fin, que lo único que quiero es que seas feliz y que cumplas tus sueños, Charlie. Siempre has sido muy especial y… creo que, bajo esa fachada de eterna sonrisa, hay un corazón muy tierno y sensible.
Él suspiró y bajó los hombros. ¿Quién engaña a una madre? Ella lo abrazó.
—Es esa sensibilidad la que te hace fuerte, cariño. Fuerte, empático y amable. Un gran hombre.
Escucharon pasos corriendo hacia ellos.
—¡Charlie! ¡Mi actor favorito! Me han dicho que os busque para cenar.
Sophie se echó a sus brazos y lo llenó de besos. —Puaj, sabes a maquillaje y sal. Creo que no me maquillaré nunca.
Él se levantó con una sonrisa y la cogió en brazos.
—Lo dudo mucho, Mini Villana, te encantará pintarte los morritos, como hace Bella.
Su madre se echó a reír y los dos caminaron con ella encima mientras canturreaba la canción de Norah Jones, la misma que él había cantado en la escena, pensando en ella. Eso le encogió el corazón, pero luego lo dejó pasar. Necesitaba un tiempo.