Capítulo 4. TSNR
Ruby
Lo sabía. Sus besos eran demasiado sensuales. Y podía reconocer que le tenía ganas. Podría mentirse diciéndose que había sido para calmarlo. O que ese cobarde hijo de puta se merecía que le dieran un puñetazo de vuelta. Pero no.
Valeria estaba enfadada y con motivo. Ella lo estaba consigo misma por ceder a la tentación de besarlo. La abrazó cuando salió del baño.
—¿Cómo estás? ¿Y Charlie?
—Muy cabreado. Yo… le he contado algo.
—Parecía que se iba a tirar a por ese asqueroso.
—Por eso… lo paré. No digo que no se lo merezca, me llamó puta en mi cara. Es un cabrón, pero no podemos luchar contra un gigante, Val. Déjalo. Lo único que siento es que le ha puesto el ojo morado y mañana veremos cómo se lo tapo.
—Ya, lo que tú digas. Estás afectada y no sé si es más por ese tipo o por el morreo que te has dado. Lo hemos visto. Leo y yo, ambos fuimos a buscaros y os vimos.
—Joder, Val. Pues olvídate. Ya.
Se sentó enfadada en la silla y alguien puso una cerveza delante de ella.
Leo se sentó a su lado y la miró con una sonrisa irónica.
Pasó de él. Charlie acabó sentándose frente a ella, sin casi mirarla.
Por suerte, Val hizo su magia encantadora y empezó a hablarle.
Los demás también atendían sus asuntos. Bien.
Solo que algún día debían parar a ese indeseable, y no sabía cómo.
Dio un trago largo a la cerveza, todavía en silencio y entonces una mujer de unos cincuenta y discretamente vestida se acercó a ellos.
—Hola, soy Carla. ¿Puedo hablar con vosotros?
—¿Ocurre algo? —preguntó Valeria.
—Ocurre que he grabado a ese tipo, al actor. Llevo siguiéndolo desde hace tiempo. Es un hijo de puta y mi hija…
—Siéntese, por favor —dijo Charlie levantándose y acercándole su banqueta. La mujer se sentó, parecía agotada.
—¿Qué ocurre con el actor? —preguntó Leo. Ruby observó alrededor. Solo Charlie, Val, Clara y ellos dos podían escuchar a la mujer.
—Mi hija intentó suicidarse por su culpa.
Y no está muy bien. Cuando me enteré de que estaba en la ciudad, me dije que tenía que pillarlo como fuera.
Incluso tengo trabajo en su rodaje. Y me da que usted ha tenido alguna dificultad con él —comentó mirando a Ruby.
Ella asintió—. Tengo la prueba de que él se metió con todos y que golpeó al joven.
—Yo le empujé primero —dijo ella—, así que…
—Mi móvil tiene un buen micrófono. Grabé lo que él dijo.
—Incluso así, no es suficiente como para denunciarle sin que se vaya de rositas y joderá la carrera de Charlie —dijo Ruby—, como ha intentado hacerlo conmigo.
—Sí, estamos de acuerdo —contestó la mujer—. Por eso voy recogiendo testimonios de mujeres acosadas por él. Y cuando seamos suficientes, conseguiremos un abogado.
—A eso me apunto —dijo Ruby—, aunque en mi caso no tengo ninguna prueba.
Miró a Charlie, estaba muy serio. Sentía… que se hubiera enterado, pero debía enfrentar a ese desgraciado.
—Podrías conseguir testigos, si los hubiera —dijo Leo.
—Es un tipo muy astuto. Seguramente lleva haciendo esto desde siempre. Y se preocupa de pillar a las mujeres a solas. No es idiota.
—Sí, pero yo lo pillaré —dijo Carla—, porque no sé si sois padres… Pero lo que se hace por un hijo no tiene límite. Seré implacable y lo conseguiré.
—Te voy a dejar mi teléfono —dijo Ruby—, y cuenta conmigo.
—Y conmigo. De hecho, tal vez podría denunciarlo. Hay testigos en el bar. Aunque se quedase en nada, podría ser parte de su historial.
—No, Charlie, te va a joder y estás empezando —dijo ella preocupada.
—Hablaré con un amigo de mi hermano que fue policía. Carla, ¿podrías pasarme la grabación?
—Claro que sí. Y no es mala idea. Pero si tienes un abogado, consúltalo antes.
—Sí, su madre seguro que tiene alguno —dijo Leo. Charlie negó.
—Hay muchos abogados por ahí, y mi agente sabrá de alguien.
—Tengo que irme. Estamos en contacto.
La mujer se fue y todos se volvieron hacia Ruby.
Ella suspiró. —Vale. En resumen, el tipo me dijo todo tipo de obscenidades, me tocó y quiso…
llegar hasta el final, lo empujé y se cayó al suelo, pero no se hizo nada.
Le dije que lo haría público y él se dedicó a hacer campaña contra mí. Y esa es la historia.
—¡Menudo hijo de puta! —silbó Leo. Miró a Charlie. Él apretaba los puños y sus labios estaban blancos, presionados en una fina línea.
—Si lo vuelvo a ver, no sé qué haré.
Valeria puso la mano sobre su brazo. —Nada, Charlie. No le harás nada, porque si le pegas o peor, le haces algo, no solo te destruirá a ti, sino que la causa por la que están luchando se irá a la mierda, porque aparecerá ante el público como una víctima.
—¡Joder! Me voy a casa. Mañana nos vemos.
Charlie se levantó y Leo la miró.
—Creo que tú lo calmas mejor que yo.
Salió corriendo, murmurando algo y lo alcanzó en la calle. —Por favor, Charlie, te ruego que no hagas nada. No hagas nada que pueda perjudicarte. Y menos por mi culpa.
Se había puesto delante de él y lo tomó de los brazos. —Por favor. Vuelve dentro.
—No tengo ganas de quedarme, me voy a casa.
—Entonces te acompaño —dijo caminando tras él.
—No eres mi niñera. No voy a ir a ninguna parte, ni siquiera sé dónde encontrarlo.
—Podrías mirar las redes. No estás en condiciones, vamos a tu casa.
—¿Vamos?
—Tendrás un sofá o algo. No voy a dejarte solo.
Él se paró de repente y ella se chocó con su hombro.
—No eres mi niñera, Ruby. No voy a ir a buscarlo. Valoro mi carrera y a mi familia, así que tranquilízate.
—Pero te acompaño. ¿Vives cerca?
—A un par de manzanas. Y eres tú la que tenías que estar enfadada —dijo echando a caminar. Ella se encogió de hombros.
—Y lo estoy. Pero la venganza se sirve en plato frío, o eso decía mi abuela. Sé que algún día pagará por todo y con ayuda de Carla lo conseguiremos.
—Es posible o no, ya sabes cómo funciona esto. Siempre ha habido gente que abusa de los demás en cualquier sector. Y durante años.
—No significa que por eso lo vaya a dejar pasar.
—Lo sé. Pareces de aquellas que cuando muerden, no sueltan la presa —dijo con una sonrisa. Ella soltó una carcajada.
—Me habían dicho cosas muy bonitas, pero como esa, ninguna.
Él se volvió, levantando la comisura de los labios y ella acalló un suspiro. Lo deseaba, sí, de acuerdo.
—Mi hermano mediano me llamaba tiburón —dijo ella—, y alguna vez me dijo algo como lo que tú me has dicho.
—¿Tiburón? ¿Por algún motivo?
—Además de por estar todo el día en el agua buceando, cuando me emperraba en algo, lo tenía que conseguir. De hecho… quise ser maquilladora y lo hice. Tuve que marcharme de casa porque a mis padres no les hizo ninguna gracia.
—¿Te pusieron problemas?
—En parte sí. ¿Qué hay de tu madre? —dijo cambiando de tema.
—Mañana la conocerás. Y a mi padrastro. Son muy comprensivos, porque soy el primer actor de la familia, aunque Leo, que es hijo del marido de mi madre, tampoco es que tenga una profesión muy convencional. La mía es más clásica, por lo menos. Desde los griegos o antes, figúrate.
Ella sonrió. Le estaba empezando a gustar demasiado estar con él. Charlie señaló una puerta.
—Hemos llegado, has acompañado bien a la princesa a su hogar.
Ella soltó una breve carcajada. —¿No me invitas a subir?
—Si subes… puede que quiera probar mi colchón contigo. Y no saltando sobre él.
—Eres sincero. Eso lo respeto. Pero me apetece subir. Lo otro, ya se verá.
—Entonces, vamos. No te asustes, mi piso es realmente pequeño.
—Yo vivo en una habitación de un piso compartido, imagínate.
—Bueno, ya lo verás.
Subieron andando los tres pisos. El ascensor llevaba estropeado meses. Charlie abrió y estiró los brazos.
—Bienvenida a mi palacio.
Ella echó un vistazo. Una cama grande, cocina, un sofá y una tele, una mesa de comedor y una puerta, imaginó que al baño. Pequeño, oscuro, pero ordenado.
—Mejor que la mía. Al menos tienes baño propio.
—Sí, eso es de agradecer. ¿Una cerveza?
—Gracias.
Dejó el bolso y se asomó por la ventana. Daba a una pared de ladrillos. Él le dio un botellín.
—¿Tú no tomas?
—Era… la última. No pasa nada.
Ella dio un trago y se la pasó. —Bebe. Total, ya hemos compartido saliva.
—Y cómo me ha gustado.
Le dio un trago y se la devolvió. Ambos se sentaron apoyados en la repisa de la ventana.
—No voy a ir a por él, Ruby. De verdad. Disgustaría mucho a mi familia si hiciera algo así. Además, de pequeño me llamaban Mr. Sonrisas, no puedo cambiar eso.
—¿Ah, sí? —preguntó ella volviéndose. Estaba más relajada—. ¿Siempre sonreías?
—En general, sí. A pesar de perder a mi padre, fui un niño feliz.
Y mi padrastro, además de los gemelos, contribuyeron a ello.
No me malinterpretes, amo a mis dos hermanos, pero ellos siempre han sido muy suyos, callados, estudiosos.
Leo y Jacob eran más libres, alegres, más como yo.
Y luego nació por sorpresa nuestra hermana pequeña, Sophie.
—Entonces, ¿seis hermanos?
—Sí, por decirlo así, seis jóvenes viviendo en la misma casa. Y casi nunca hemos reñido.
—Yo tengo cuatro hermanos, cuatro chicos, mayores que yo.
Ellos son… bueno. Todos son militares, como mi padre y mi madre.
Ella estaba especialmente empeñada en que entrase en los marines.
Imagínate que desde pequeña me enseñaron a pelearme o a disparar.
Pero yo no quería eso, el mundo del cine siempre me fascinó.
Y me marché antes de que acabaran alistándome.
—¿Sabes? Yo sí te imagino como marine. Darías miedo —dijo Charlie con una sonrisa. Ella negó con la cabeza.
—Mis padres se disgustaron mucho y no me apoyaron, la verdad. No consideraban que esto fuera una profesión de verdad, pero yo me formé, trabajando en lo que fuera mientras tanto. Coincidí con Clara en un taller de diseño y conocí a Valeria. Ellas me han ayudado mucho.
—Son buena gente, sin duda —dijo él aceptando la botella de cerveza. Le dio un trago. Ella se incorporó.
—Me voy, Charlie. Gracias de nuevo. Pero no probaré tu cama.
—Una lástima, ya sabes que me muevo bien.
Ella se sonrojó ligeramente. Él se acercó a ella y la tomó de las manos.
—Gracias por calmarme, en serio. No soy un tío que se enfade mucho, pero a veces… joder. Es que ese tipo…
No pudo hablar más. Ella se soltó de las manos y lo beso. La atrapó por la cintura y la apretó a él. Su boca estaba arrasando con su cordura y puso las manos sobre su pecho firme, separándolo con suavidad.
—No…, no.
Él la soltó. —Disculpa.
—No, si he sido yo. Lo siento, Charlie.
—No lo sientas. Esto, como dicen en las novelas es una TSNR.
—¿Una qué?
—¿No has leído ninguna novela romántica?
—Pues no —dijo ella cogiendo su bolso. Charlie la acompañó hasta la puerta.
—Búscalo y lo verás.
Ella le sonrió y salió a la calle. Podría haberse quedado y pasar una buena noche, pero no era profesional y quizá podría impedir hacer bien su trabajo.
Porque verlo besar a Valeria, verlo medio desnudo y tener que tocarlo, oler su suave aroma a cedro o estar cerca de él, estaba volviéndola loca.
Y se había prometido que eso no ocurriría, que no se iba a atar a alguien, que iría hasta lo más alto. Y sí, eso es lo que haría.