Capítulo 3. Escenas interiores
Charlie
Lo peor que le pudo pasar es que le tocase el culo. Y sí, lo hizo de forma delicada y aséptica, pero por lo que sea, saber que iba a estar desnudo delante de ella, le puso a cien. A cien no, a mil.
Su erección daba saltos animada mientras sentía la pasada del aerógrafo por su cuerpo. Ni con bromas pudo quitársela de la cabeza.
Ella abrió los ojos ante su… momento. Y lo peor es que jadeó. Eso fue peor. Cerró los ojos, que pasara lo que pasase. Empezó a pensar en hacer hamburguesas, en limpiar el restaurante en el que estuvo. Necesitaba tranquilizarse.
—Terminado… te dejo… un rato… ¿a solas?
—Sí, por favor. Di que estoy haciendo mis necesidades, por ejemplo —dijo abriendo los ojos. Ella recogió y se fue deprisa.
Cerró el baño. Y empezó a movérsela con ganas.
Si esto le iba a pasar en toda la película le saldrían rozaduras en la mano.
Jadeó cuando llegó al final. Limpió todo.
Se puso la bata que le habían dejado para no estropear el maquillaje.
Cuando salió, ella estaba hablando con Lauren.
Si supiera que era imaginándosela desnuda por lo que se había corrido, no le gustaría.
Se puso la tela para tapar su miembro que por fin se había quedado tranquilo y se metió en la cama.
La escena podría haber sido normal, sin…
sin que se volviera a excitar. Pero cuando estaba lamiendo el pecho de Valeria, pensó en ella y fue una reacción automática.
Al acabar, volvía a estar durísimo y no quería levantarse así, no quería que lo vieran.
Ya sabía que no sería el primero al que le pasaba. Pero le jodía.
La bata apareció delante de sus narices y levantó la vista. Ruby se la traía.
—Gracias. Me vendrá bien.
Intentó levantarse para que ella no lo viera. Pensaría mal de él. Se fue deprisa a la habitación donde se cambiaban. Menos mal que Leo no había estado justo ahí, si no, tendría cachondeo para semanas.
Se vistió con lentitud, necesitaba calmarse. Cuando salió, muchos se habían ido ya. Recibió un mensaje de Leo para ir a cenar. Quedaron en una hora, necesitaba ducharse y quitarse el maquillaje, así que se volvió a su casa.
Su apartamento era bastante pequeño. Su madre había insistido en comprarle uno, pero él no quiso.
Cabezota como era, no insistió. Tampoco las había invitado, ni siquiera a Bella, o se asombrarían del lugar tan cutre que tenía.
Al menos, solo vivía él y estaba limpio y sin bichos.
Pero la única habitación que incluía la cocina y una mesa pequeña para comer, medía como el baño de la casa de su madre.
No importaba. Lo que sí conseguía con ello era estar cerca de la familia para saber que ellos estuvieran bien.
Después de la frustrada boda de Bella, el reencuentro con Jacob, que él ya había sospechado.
O pillado infraganti, por ser exacto, lo peor había sido la grave enfermedad de Richard.
Puesto que apenas conoció a su padre, él había compartido mucho tiempo con su padrastro.
Habían salido a pescar durante años, hablando de todo y de nada.
Richard respetaba sus silencios, hizo que fuera cómplice de sus hijos, aunque apreciaba mucho a Jacob, con Leo tenía una afinidad especial. Y amaba a Mack y Bella, pero ellos siempre habían estado muy ocupados, normalmente estudiando.
Suspiró cuando salió de la ducha. El maquillaje se había ido por el desagüe y volvía a ser él. Se puso una camiseta y vaqueros y caminó hacia el restaurante donde había quedado con Leo. Él tenía su propio apartamento, grande y lujoso. No le importaba, se alegraba de que le fuera bien.
Una palmada en la espalda y un abrazo lo sacaron de sus pensamientos. Ambos entraron y se sentaron en una mesa. Pidieron hamburguesas, pero también ensalada.
—¿Qué tal ha ido hoy? ¿Te tocaba enseñar el culo?
—Así es. Espalda y culo. Momento sexual, ya sabes —dijo ligeramente avergonzado, y no por haberlo grabado. Por lo otro.
—Habrás acabado durísimo. Valeria es muy atractiva.
—Tiene novia. Pero claro, es lo normal. ¿Qué te parece el ambiente del rodaje?
—Me gusta, Charlie. Quiero dedicarme a ello. Tomé algunas clases de interpretación donde me recomendaste. De todas formas, tengo treinta y tres. Dentro de poco seré viejo para las redes sociales.
—No jodas, eres joven.
—No para según qué. Puesto que lo mío son viajes, no me va mal, de momento, eso sí, enseñando cuerpo. Eso vende.
—Ya. Por suerte, podemos aprovecharlo, aunque si te digo la verdad, me encantaría trabajar en una obra de teatro, incluso aunque no cobrase.
—Eres demasiado guapo, Charlie —dijo él sin un asomo de burla—. Imagino que te encasillarán en este tipo de papeles, pero al menos te da visibilidad. Muchos matarían por ello.
—Esa era la idea. Mi agente aseguró que gracias a ello podrían verme.
—¿Crees que tu agente me aceptaría en su cartera?
—Supongo que sí.
Trajeron las hamburguesas y comieron. Charlie miró a Leo. Lo notaba muy tenso.
—¿Qué tal va tu padre?
—Mal, tío. Te digo que… joder, debería haber estado más en casa y no viajar tanto —dijo dejando la hamburguesa en el plato, con rabia.
—Sé que… no soy quien. Pero cuando murió mi padre era muy pequeño para enterarme bien, y para mí Richard es como un segundo… padre. No es como si fuera su hijo, pero lo quiero mucho. Espero que se recupere.
—Lo sé, Charlie. Papá se hace querer. Y él os ama de verdad. Aunque luego nació la Mini Villana, eres su pequeño.
Asintió y cambiaron de conversación porque se estaban emocionando. Después de explicarle algunos trucos del rodaje, pidieron un café.
—Oye, Charlie, ¿y la pelirroja?
—¿Qué pasa con ella? —dijo molesto. Leo sonrió.
—Te interesa. Te he visto mirarla.
—Porque es preciosa. Nada más. Por lo visto ha tenido malas experiencias con actores.
—Por suerte, yo no lo soy.
—Leo, joder. No.
—Eso es porque te interesa de verdad.
—No, pero no seas un… capullo. Algún día encontrarás una mujer que no te haga caso y verás.
—No quiero caer como mi hermano, que se ha pasado la vida suspirando por tu hermana.
—Ya lo sé, yo también los veía. Pero al final, es amor, tío. Se quieren de verdad y van a ser felices.
—No sé yo. Tu hermana es muy mandona —dijo riéndose. Charlie también sonrió. Se podrían decir de todo y, aun así, no reñirían. Y si lo hacían, se arreglaban.
—Me alegro de que no esté con ese tipo. Jacob se merecía que ella lo amase igual. Aunque no deja de ser incómodo. O raro.
—Lo es. Pero no importa, como diría mi padre, el amor lo puede todo. Y dicho esto, me apetece divertirme, tío. Vamos a tomar algo.
—Mañana tenemos que viajar a los Hamptons. Pronto.
—Ya lo sé, pero una cerveza no te hará mal. Estás muy tenso —contestó riéndose. Charlie movió la cabeza, dejándolo por imposible—. ¿Tienes dudas sobre… eso de ir a casa de tu madre? Ya me entiendes.
—¿Que crean que soy un niño rico metido a actor? Puede. Aunque si vieran el apartamento donde vivo…
—Sabes que tu madre…, incluso nosotros…
—No quiero eso, Leo. No es cuestión de orgullo sino de reafirmación. De hacerlo por mí mismo.
—Que sí, que te entiendo. Cuando empecé en esto de las redes sociales, me iba a las cafeterías a grabar y mis primeros viajes fueron de mochilero. Ni te imaginas los lugares tan patéticos donde dormí.
—No nos lo perdíamos. Nos sentábamos todos alrededor del móvil, incluso mi madre ponía la pantalla en la tele. Te admiraba, tío. Esa naturalidad en la cámara, es algo que te sale solo.
—¿Me admirabas? ¿En pasado?
—Ahora eres un poco más capullo.
—Ya —dijo él serio—, ahora tengo más pasta, Charlie. Aunque más dinero no significa más felicidad.
—¿Estás siendo intenso como Jacob?
—Todo se pega —dijo riéndose. Charlie supo que ocultaba algo, pero no quiso insistir. Siempre había respetado los espacios de sus hermanos. Se levantaron y Leo lo invitó. No le importó. Prefería poder ahorrar algo por si acaso.
Su madre le había regalado un coche de segunda mano, eso sí lo aceptó porque lo necesitaba y no podía hacer ese gasto, pero nada más. Bella también había insistido en alojarlo, le dejaba una habitación de su enorme apartamento, y no quiso.
Caminaron conversando más distendidos. Le dio la sensación de que Leo necesitaba salir, divertirse. Lo de su padre les estaba afectando demasiado. Entraron en un pub irlandés y se dirigieron a la barra. Alguien les gritó.
—¡Los hermanos! —exclamó Valeria y se echó en sus brazos para saludarlo. A su lado, una preciosa morena de piel tostada se acercó con una sonrisa. Clara, su novia.
—¿Qué tal? Venid a tomaros algo, quiero conocer al que se tira a mi novia.
Leo soltó una carcajada, y Valeria le dio un toque a su chica, porque Charlie estaba sin palabras.
Llegaron a un par de mesas altas donde estaban todos tomando algo. Valeria lo cogió del brazo.
—No hagas caso a Clara, a veces es muy burra. ¿No te avisaron de que veníamos a tomar algo?
—No he mirado el móvil, la verdad. Había quedado con Leo. Y no es mi hermano de sangre.
—Se nota. No se parece a ti, aunque hay ciertas formas de hablar… bueno, no me cae mal, pero tú me caes mejor —dijo en voz baja. Se sentó frente a Ruby. Leo se había colocado a su lado y ella parecía incómoda.
Se pidieron unas cervezas y una de las de producción le sonrió. Valeria se acercó a su oído.
—Ahí tienes una presa fácil. Anda loca por tu culo, Charlie.
—Joder... no, no es el plan de liarme con alguien del rodaje.
—¿Ni con la pelirroja?
Él la miró con el ceño fruncido y tomó un trago de la cerveza. Clara, al otro lado de Valeria, le dio un toque.
—Que dice mi chica que no besas mal para ser un tío, y tampoco se quejó de tu lengua…
—¡Clara! Ya vale, vas a avergonzar al chico —protestó ella.
—No tiene pintas de sentirse avergonzado —dijo Ruby. Él la miró.
—Es mi trabajo. Fingir, aunque con una coprotagonista como Valeria, cuesta menos.
—Ay sí, una vez tuve que besar a un tipo al que le olía el aliento muchísimo —comentó ella—, y no diré quién, pero fue bastante desagradable. Por lo menos, Charlie huele bien y sabe mejor.
Se echaron a reír. Charlie también. Luego, pasaron a hablar de otra cosa. No se atrevía a levantar la vista para mirarla. Y, además, Leo estaba vacilándole directamente. Pero él era así.
Se levantó a por una cerveza y ya de paso, para pillar cuatro o cinco que se habían apuntado al viaje. Estaba en la barra esperando, el sitio estaba lleno, pero no tenía prisa. Alguien se acercó a él.
—Que digo que tu hermano es bastante idiota, ¿no? No para de tirarme los tejos y al final acabaré diciéndole algo más fuerte.
—Hazlo, Ruby, me da igual. No es mal tío, pero a veces resulta insistente. Dile no claramente y lo dejará. ¿O quieres que hable con él? —preguntó mirándola. Ella negó.
—No. Solo te lo avisaba, por si lo mando a la mierda.
—Pues mándalo. Es un buen chaval, sensible, pero todo lo lleva bajo una capa de idiotez.
Ella soltó una risa y él la miró con otra. La camarera le puso las cervezas y él las cogió distribuyéndoselas entre los dedos.
—Gracias por todo, Ruby, no te las había dado. A veces es complicado controlarse.
—No pasa nada. Es algo fisiológico. ¡Joder!
Un hombre se acercaba a ella con una sonrisa que no le gustó. Le sonaba su cara, pero no lo localizaba. Se paró delante de ella y él se puso a su lado.
—Vaya, la pelirroja. ¿No me digas que has encontrado trabajo? ¿O te dedicas a buscarte la vida de otra forma?
—¿De qué vas, tío? —dijo él enfadado. Le estamparía las cervezas en la cara. El tipo se volvió.
—¿Quién es? ¿Tu chulo?
Ella lo empujó, enfadada, y Charlie se encaró a él.
—Eres un hijo de puta, lárgate, tío.
Entonces, él hizo algo inesperado, le dio un puñetazo a Charlie que lo hizo dar dos pasos atrás. Las botellas se cayeron al suelo y Leo se levantó al instante, para ayudar a su hermano. Alguien se llevó al hombre y Ruby se volvió hacia Charlie, que estaba más que cabreado.
—¿Quién es ese imbécil? —casi gritó él. Leo lo sujetó. Iba hacia la puerta.
—Vamos al baño, te pondré hielo. —Ella se puso delante, mirándolo a los ojos—. Charlie, por favor.
La chica del bar le dio una servilleta de tela donde había hielo y ella se lo llevó a un pequeño almacén abierto. Le puso el hielo en el ojo.
—Mañana lo llevarás morado. Doble trabajo.
Quiso hacer una broma, pero él le quitó la mano con brusquedad y se aplicó el hielo. La miró.
—No me debes ninguna explicación, pero me acabo de llevar una hostia por ti.
—Lo siento. Yo… es un tipo de la película anterior, donde me… despidieron. Él… me tocó, me metió mano y le dije que no. ¿No lo has conocido? Es Reinard Rubens. Es intocable en la industria.
—¡Será hijo de puta! —exclamó dispuesto de nuevo a salir a buscarlo. Ella lo paró.
—No, Charlie, por favor, no te metas en esto. Y da gracias a que tú no le pegaste o te demandaría. Por favor.
—Que no, que se merece que le den dos hostias y…
Entonces ella lo besó. Pasó las manos por su nuca. Él soltó el hielo y la tomó de la cintura. Sus labios parecían devorarlo y ronroneó de placer. Ella se apartó un poco.
—¿Calmado?
—¿Me has besado para que me calmase?
—No se me ocurría otra cosa. Si lo buscas o le pegas, te la vas a cargar tú, Charlie. Y no quiero eso para ti. Estás comenzando.
Todavía no se habían despegado. Él sonrió. —Creo que todavía estoy muy cabreado y tengo ganas de partirle la cara.
Ella se mordió el labio y negó con una pequeña sonrisa. —Tienes mucha cara. Pero estoy agradecida, sobre todo de que no seas como algunos hijos de puta. Val tenía razón, eres un buen tío y ahora… deberías quitar tus manos de mi culo.
—Es que tienes un culo estupendo, Ruby, de verdad. Mis manos se han pegado a él.
—Tú sí que tienes buen culo, Charlie. Todos lo han comentado, hombres y mujeres. Pero deberíamos salir.
—La verdad es que me ha gustado que me calmaras, Ruby. No soy de los que… se lían en cada lugar donde va.
—Yo tampoco, Charlie y, de hecho, me gustaría mantener una relación muy profesional. Esto ha sido algo… que solo pasa una vez.
Ella se deshizo de los brazos y se marchó. Suspiró y recogió el hielo que se derretía en el suelo. Leo se asomó y movió las cejas.
—¿Qué tal? Iba a entrar, pero tenías algo entre las manos.
—No hay nada, Leo. Estaba cabreado y ella se puso delante. Y ya.
—Lo que tú digas. Volvamos a la mesa.
Se volvieron a sentar en el mismo sitio de antes. Ruby estaba seria, Valeria disgustada. Y entonces, alguien se acercó a ellos.