No era mi cita (Decisiones cuestionables nº 1) 23 #2
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Eso ha sonado muy específico.

Eve:

Yo solo digo que

algo molesto con corbata

suele acabar mal en nuestro grupo.

Kim:

Os odio.

Pamela:

Nos quieres.

Kim:

De forma limitada.

Guardo el móvil riéndome y negándome con la cabeza por los mensajes de las chicas.

La celebración empieza a las ocho en mi apartamento y a las ocho y doce, Pamela ya está sentada en el suelo del salón con una copa en la mano y una bolsa de patatas fritas abierta entre las piernas, porque según ella «ninguna buena noticia debería celebrarse con hambre».

—Esta noche celebramos a Laura Wells, mujer de negocios y superviviente romántica —declara Pamela con solemnidad.

—No me llames superviviente romántica —le digo desde la cocina mientras saco platos.

—Es una descripción precisa —responde Pamela—. Has sobrevivido a Mark, a Arthur en modo estratega y a una cita falsa.

Eve aparece a mi lado con una botella de vino.

—Yo creo que deberíamos brindar antes de que Pamela empiece con los discursos largos.

—Mis discursos son experiencias —protesta Pamela.

Kim deja el bolso en una silla.

—Tus discursos son amenazas con anécdotas.

Violet entra cargada con una caja de dulces y me mira con una sonrisa amplia.

—Antes de que esto degenere, quiero decirte que estoy muy orgullosa de ti.

Me quedo mirándola un momento con el plato en la mano.

—Gracias.

—No pongas esa cara —añade Violet—. Hoy toca aceptar halagos sin hacer bromas para escapar.

—Eso es una norma cruel.

—Yo diría que es una norma necesaria.

Pamela levanta la copa.

—Brindo por Laura, que ha conseguido una campaña importante sin que ningún hombre rico tuviera que abrirle una puerta.

—Arthur no abrió esta —les confirmo mientras me siento con ellas.

—Lo sabemos —responde Eve con suavidad—. Por eso estamos tan contentas.

Kim alza su copa.

—Por el talento, los contratos bien leídos y las mujeres que aprenden a no conformarse.

Chocamos las copas y esta vez no me siento pequeña al recibir el aplauso de mis amigas. Me siento cansada, feliz y un poco abrumada, pero no pequeña.

La noche avanza entre pizza, vino y una cantidad poco razonable de opiniones sobre mi futuro profesional. Pamela empieza hablando de mi campaña y acaba, de alguna forma totalmente previsible, mencionando a Ethan Davies.

—Solo digo que, si un hombre va a ser padrino en una boda de los Hamptons, lo mínimo es que sea interesante —explica Pamela mientras se sirve otra copa.

—Todavía no lo conoces —le dice Violet observándola desde el sofá.

—Eso solo es un detalle técnico —se justifica Pamela.

—Es una persona real —le recuerda Eve—. No una trama que puedas organizar antes de tiempo.

Pamela se lleva una mano al pecho.

—Qué poco respeto por mi destino.

Kim mira su móvil y frunce el ceño.

—Si alguien menciona el destino otra vez, me voy.

—¿Bruce Hill? —pregunta Violet al ver su cara.

Kim bloquea el teléfono.

—Ese hombre acaba de escribirme para discutir una cláusula a las diez de la noche. ¡¡¡Una cláusula en viernes!!!

Pamela abre mucho los ojos.

—Esto empieza mal.

—Esto empieza así y va a acabar con una denuncia por acoso contractual —replica Kim, dejando el móvil boca abajo.

Eve intenta contener la risa, pero su teléfono vibra en ese momento. Mira la pantalla y su expresión cambia al instante.

—¿Todo bien? —le pregunto y veo como guarda el teléfono con rapidez.

—Sí. Solo era una notificación.

Pamela la señala con la copa.

—¿Era Connor?

Eve se pone un poco más recta.

—No vamos a hablar de Connor esta noche.

—Eso significa que era Connor —murmura Kim.

Violet cambia de tema con una eficacia admirable.

—A mí me han encargado una boda enorme.

Todas nos giramos hacia ella.

—Define enorme —le pido.

Violet deja la copa sobre la mesa.

—De esas en las que una familia entera opina sobre las servilletas, las flores, la música y la forma correcta de entrar en una iglesia sin parecer una producción teatral.

—Eso suena muy traumático —suelta Pamela levantando el dedo índice.

—También suena a dinero —responde Violet con una sonrisa.

—Entonces lo apoyamos —decide Kim.

Nos reímos y durante un rato, mi apartamento parece más lleno que nunca.

No por el ruido, ni por las copas, ni por las cajas de pizza abiertas sobre la mesa.

Está lleno de ellas, de nuestras historias empezando a girar en direcciones extrañas, de mensajes que llegan a destiempo, bodas que prometen problemas y hombres que todavía no saben que están a punto de complicarnos la vida.

Arthur me escribe un par de horas después.

Arthur:

La celebración sigue en pie?

Laura:

Pamela está explicando por qué Ethan Davies

debería temerla, aunque aún no la conozca.

Arthur:

Entonces sí,

sigue en pie.

Laura:

He visto a Mark esta mañana.

Arthur:¿Estás bien?

Miro a mis amigas con una sonrisa y veo que Pamela ríe con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá mientras Eve intenta quitarle una copa de la mano con delicadeza, Violet habla sobre presupuestos y Kim lee otro mensaje con cara de querer demandar a alguien.

Laura:

Sí.

Esta vez de verdad.

Arthur:

Me alegro.

Estoy orgulloso de ti.

Aprieto el móvil entre las manos y lo guardo.

—¿Estás sonriendo por Arthur? —me pregunta Pamela desde el suelo.

—Estoy sonriendo por mi campaña —respondo.

Kim arquea una ceja.

—Eso no responde a la pregunta.

—Aprende rápido —dice Violet.

—Está bien enseñada —añade Eve.

Pamela levanta la copa.

—Por Laura, por su campaña, por Arthur intentando no fastidiarla y por Ethan Davies, que todavía no sabe que existe una mujer llamada Pamela Andrews con planes muy poco razonables para los Hamptons.

—Eso último no entra en mi brindis —advierte Kim.

—Entonces haz el tuyo —le replica Pamela.

Kim levanta su copa con una seriedad impecable.

—Por las decisiones sensatas.

Todas la miramos y Kim lanza un suspiro poniendo los ojos en blanco.

—Valeeeeeeeee. Por las decisiones cuestionables que al menos nos dan conversación.

Brindamos otra vez y yo miro a mis amigas una por una y siento una felicidad rara, imperfecta, pero muy nuestra.

Hoy he conseguido algo que era mío, he cerrado una puerta que llevaba demasiado tiempo entornada y he aprendido que querer compartir la alegría con Arthur no significa necesitar que él la legitime.

Después observo a Pamela hablar de Ethan con un entusiasmo preocupante, a Eve mirar de reojo su móvil, a Violet calcular mentalmente una boda complicada y a Kim responder a Bruce Hill con más mala leche de la necesaria. Parece que todas estamos a punto de tomar decisiones cuestionables.