22
Arthur
Cenar con las amigas de Laura se parece bastante a entrar en una sala de interrogatorios, aunque la diferencia es que los interrogatorios policiales suelen durar menos.
—Sigues pareciendo nervioso —comenta Laura mientras caminamos por la acera hacia el restaurante.
—No estoy nervioso —le respondo girándome para mirarle.
—Arthur, empiezo a conocerte y esa cara…
—Solo estoy ligeramente alerta —reconozco.
Laura se ríe.
—Eso sigue siendo estar nervioso.
—No exactamente.
—¿Cuál es la diferencia? —se para en medio de la acera y se pone las manos en la cintura.
—Que los nerviosos esperan lo peor y yo ya sé lo que va a pasar.
—¡Qué optimista! —se ríe mientras vuelve a caminar.
—Pamela me ha enviado tres mensajes hoy.
Laura se lleva una mano a la frente.
—No quiero saberlo.
—En uno de ellos me recordó que, si vuelvo a hacerte daño, ella conoce gente…
—Pamela no conoce gente peligrosa.
—Eso mismo pensé yo, pero preferí no contradecirla.
Laura vuelve a reírse y, durante unos segundos, me quedo observándola con la sensación de que todavía me sorprende, que estemos aquí porque ambos queremos y sin necesidad de que haya un acuerdo firmado, sin fotógrafos a nuestro alrededor y sin excusas.
Estamos juntos por que es lo que ambos deseamos, sin más.
—¿Qué? —me pregunta arqueando una ceja, porque ha notado que me he quedado mirándola mientras estaba perdido en mis pensamientos.
—Nada.
—Mentira.
—Solo estaba pensando que esto es raro.
—¿El qué? ¿Nosotros?
—Sí, nosotros.
—Empiezo a creer que esa va a ser lo normal... —me dice con una sonrisa.
Unos minutos después, entramos en el restaurante y vemos que sus amigas ya han llegado y están sentadas en una mesa al fondo del local.
—Mirad quién ha venido voluntariamente —dice Pamela que es la primera en levantarse al vernos.
—Buenas noches para ti también —respondo sonriente.
—Todavía estoy evaluándote —me suelta alzando una ceja.
Kim levanta la vista de la carta que tiene frente a ella.
—Eso no significa que hayas aprobado —me advierte.
—Lo tengo claro.
—Perfecto.
Laura me dedica una mirada de resignación.
—Te avisé de que no sería fácil —me susurra.
—Estoy empezando a sospechar que te quedaste corta.
Nos sentamos y durante unos veinte minutos la conversación se mantiene de forma sorprendentemente civilizada. Sin embargo, poco después, Pamela decide que la tregua ha acabado y saca su peculiar hacha de guerra.
—Necesito hablar de algo importante.
—Cuando empiezas así, no es buena señal —dice Violet y después suelta un suspiro.
—Voy a una boda en los Hamptons dentro de unas semanas —nos cuenta Pamela.
Eve sonríe.
—¿La de tu prima?
—Exacto —asiente con la cabeza Pamela—. Y he descubierto que el padrino del novio es Ethan Davies.
—Ahora viene la parte peligrosa —me advierte Laura que se ha girado para avisarme.
—¿Quién es Ethan Davies? —pregunto arrugando el entrecejo.
—Según Pamela, el hombre más atractivo de la costa este —me explica Laura.
—Jamás he dicho eso —se justifica Pamela.
Las cuatro amigas se giran para mirarla en silencio.
—Vale —rectifica Pamela—. Lo he dicho varias veces.
—Muchas veces —añade Kim.
—Con presentaciones en power point incluidas —añade Violet.
—Y un tablero de Pinterest —remata Eve.
Pamela levanta una mano.
—No perdamos el foco.
Laura se inclina hacia mí.
—Tiene treinta segundos antes de empezar a planificar una boda imaginaria.
—Eso es mentira —insiste Pamela.
—Mejor reduzcámoslo a veinticinco segundos —corrige Kim.
Las risas se adueñan de la mesa y me doy cuenta de que yo también estoy disfrutando. No porque sea una situación cómoda, sino porque es real. Nadie intenta impresionarme, ni necesita nada de mí. Simplemente forman parte de la vida de Laura y ahora, de alguna manera, también yo formo parte de ella.
Más tarde, cuando Laura se levanta para ir al baño y Pamela arrastra a Eve hasta la barra para enseñarle unas fotografías absurdas, me quedo a solas con Kim, que mientras da un sorbo de vino de su copa, aprovecho para hablar con ella.
—Necesito decirte algo.
Kim me observa con evidente desconfianza.
—Eso suena preocupante.
—Probablemente.
—A ver, sigue...
Apoyo los antebrazos sobre la mesa.
—Sé que no te gusto.
—Correcto.
—Y sé que tienes motivos.
—También correcto.
Asiento con la cabeza, porque no voy a discutirle ninguna de las dos cosas.
—Quería pedirte disculpas.
Kim no responde inmediatamente.
—¿Por qué exactamente? —me pregunta arrugando el entrecejo.
—Por haber intentado controlar una situación que no me pertenecía.
—Eso es bastante más específico de lo que esperaba —me responde manteniendo la mirada fija en mí.
—Estoy intentando mejorar —me encojo de hombros.
—No exageremos.
La respuesta me arranca una sonrisa y aunque noto que Kim intenta ocultar la suya, no lo consigue del todo.
—No te perdono —aclara.
—Lo imaginaba.
—Pero Laura parece feliz.
Miro hacia el otro extremo del restaurante y veo que Laura está hablando con Violet y gesticula mientras cuenta algo.
—Sí —asiento sin dejar de mirar a Laura.
—Pero si vuelves a hacer alguna estupidez... —empieza.
—Pamela ya me ha informado de las consecuencias —la interrumpo.
—Entonces estamos entendiéndonos —asiente con la cabeza.
Sé que esto no es exactamente una reconciliación, pero tampoco una declaración de guerra, aunque con Kim, por ahora, eso ya es una victoria.
Cuando la cena termina y nos despedimos del grupo, Laura y yo regresamos dando un paseo a mi apartamento. Caminamos uno junto al otro y lo hacemos tan cerca, que nuestras manos se rozan varias veces, aunque ninguno de los dos se aparta.
—Creo que has sobrevivido —comenta ella cuando entramos en el ascensor.
—Ha sido más difícil de lo que parece —resoplo siguiéndole la broma.
—Pamela te aprecia.
—Esa frase debería venir acompañada de una advertencia médica.
Laura se ríe y apoya la cabeza unos segundos en mi hombro. Ese gesto tan sencillo me impacta más que cualquier otra cosa, porque ahora ninguno de los dos estamos interpretando ningún papel, ni hay un contrato que nos obligue a permanecer juntos, porque ella sigue a mi lado porque quiere.
Cuando las puertas del ascensor se abren y entramos en mi apartamento, me doy cuenta de que la idea de que esté conmigo porque es lo que desea sigue pareciéndome extraordinaria. Laura entra en el apartamento delante de mí y deja el bolso sobre la consola de la entrada.
—Tengo una teoría —dice mientras se quita la chaqueta.
—Eso nunca anuncia nada bueno —resoplo.
—Creo que Pamela te aprecia.
Cierro la puerta y la miro.
—Pamela me amenaza con una frecuencia preocupante.
—Porque ese es su peculiar lenguaje del amor —me explica con una sonrisa.
—Entonces la manera en que ella entiende los sentimientos empieza a darme miedo.
Laura se ríe mientras camina hacia el salón y me doy cuenta de que el sonido de su risa sigue teniendo el mismo efecto sobre mí, porque consigue que todo parezca más sencillo y real.
—Tengo que reconocer algo —empieza a decir mientras se deja caer en el sofá y estira las piernas.
—Empiezo a preocuparme —resoplo.
—Creo que te has ganado un aprobado.
—¿De tus amigas?
—No te emociones. He dicho un aprobado y no una matrícula de honor —me aclara.
—Viviré con esa decepción —le sigo la broma y chasqueo la lengua.
Laura sonríe y me observa durante unos segundos y percibo que hay algo distinto en su mirada.
Me da la sensación de que ya no parece estar esperando cuál será el próximo desastre y, he de reconocer, que yo tampoco.
Me siento a su lado, aunque sin estar pegado a ella, porque no necesito hacerlo.
La cercanía ahora ya no depende de la distancia física.
—Gracias por venir esta noche —le digo.
Laura sonríe.
—Si no hubiera ido, Pamela me habría pedido un informe completo cuando llegara a casa.
—Ahora todo tiene sentido —le respondo asintiendo levemente con la cabeza.
—Está viviendo esto con más intensidad que nosotros.
—Ahora entiendo por qué a veces necesitas escapar de tus amigas.
Laura se vuelve hacia mí con una sonrisa divertida.
—No voy a negar esa acusación.
—¿Por qué lo dices?
Apoyo un brazo sobre el respaldo del sofá.
—Porque he pasado gran parte de mi vida intentando organizarlo todo. Si algo salía mal, buscaba una solución. Si aparecía un problema, diseñaba una estrategia. Si tenía miedo de perder algo, intentaba controlarlo.
Laura permanece en silencio, escuchando.
—Y ahora resulta que la única persona que realmente me importa no funciona así.
—Nadie funciona así.
—Ya…
—Pues te ha costado un poco descubrirlo.
—Un poco bastante —resopla.
La sonrisa que aparece en su cara consigue relajar el ambiente al instante. Me gusta mucho eso de ella, porque tiene una forma muy particular de quitarle dramatismo a las cosas importantes, aunque sin restarles importancia.
—¿Sabes qué es lo más extraño? —continúo.
—Sorpréndeme.
—Que ahora entiendo por qué estabas tan enfadada.
Laura baja la vista unos segundos.
—Has tardado en entenderlo, ¿eh?
—Mucho.
—Muchísimo diría yo —me corrige sonriente.
—No voy a discutir eso.
Ella asiente.
—Aprecio tu espíritu de supervivencia.
La conversación sigue avanzando sin esfuerzo. Saltamos de temas importantes a otros completamente absurdos y volvemos otra vez a los importantes sin darnos cuenta.
Hablamos de Pamela, de Kim, de la boda de los Hamptons y, por supuesto, de Ethan Davies.
Según he entendido, se trata de un hombre al que Pamela todavía no conoce, pero eso no le ha impedido desarrollar toda una teoría sobre la relación que piensa tener con él en el futuro…
Empiezo a sospechar que ese pobre hombre todavía no sabe el peligro que corre.
—Eso va a acabar mal —vaticino.
—Sin duda.
—¿Y nadie piensa detenerla? —le pregunto sorprendido.
—¡Qué poco conoces a Pamela!
—Buen argumento —asiento con la cabeza.