No era mi cita (Decisiones cuestionables nº 1) 12 #3
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La respuesta termina con la poca resistencia que me quedaba y la beso.

Ella me corresponde al instante, aunque ahora no hay nada que demostrar delante de nadie, porque solo estamos nosotros.

El beso empieza despacio, con la cautela propia de dos personas que todavía están intentando entender cómo han llegado hasta aquí, pero poco después se vuelve más intenso.

Laura se acerca un poco más y apoyo una mano en su cintura mientras ella se ríe contra mis labios.

—¿De qué te ríes? —musito separándome apenas unos centímetros.

—De nosotros.

—Esa es una respuesta poco específica —le susurro entre besos.

—Hace dos semanas quería tirarte por una ventana.

—Eso explica muchas cosas.

Laura vuelve a reírse y apoya la frente contra la mía y durante un largo momento permanecemos sin movernos y disfrutando simplemente de estar juntos.

Después, desciendo lentamente mis manos por su cuerpo, recorriendo cada curva con ternura y deseo.

Ella responde de la misma manera, dejando que sus dedos exploren mi piel con una delicadeza que consigue estremecerme.

Permanecemos unos instantes observándonos a escasa distancia, como si quisiéramos grabarnos en la memoria cada gesto y expresión del otro antes de acercarnos de nuevo.

Volvemos a besarnos y con movimientos pausados, me desabrocha la camisa mientras sus ojos permanecen fijos en los míos.

Bajo la cremallera de su vestido y la tela cae suavemente, revelando poco a poco la belleza de su figura.

No hay prisa entre nosotros; cada caricia y beso parecen prolongar el momento y hacerlo aún más intenso.

Finalmente, cuando estamos tumbados uno frente al otro, desnudos y abrazados, sintiendo el calor de nuestros cuerpos y la cercanía que hemos estado buscando durante tanto tiempo.

El silencio de la habitación queda interrumpido solo por nuestras respiraciones entrecortadas y el suave roce de nuestras pieles.

Nos besamos una y otra vez, dejando que el deseo crezca lentamente.

Mis manos recorren su espalda mientras ella se acerca aún más a mí, como si quisiera borrar cualquier distancia que pudiera existir entre nosotros.

Cada caricia despierta una nueva emoción y cada beso parece más profundo.

Con suavidad, la tumbo sobre el colchón y me inclino sobre ella sin apartar la mirada de sus ojos.

Sus manos se aferran a las mías mientras la conexión entre nosotros se vuelve cada vez más intensa cuando entro en ella y su cuerpo me recibe deseoso, nos acabamos fundiendo en un mismo ritmo, compartiendo sensaciones, emociones y un placer que crece de manera imparable.

Poco a poco todo lo que nos rodea desaparece y solo existen nuestras respiraciones, nuestros latidos y la certeza de estar exactamente donde deseamos estar.

Finalmente, la intensidad del momento alcanza su punto más álgido y ambos acabamos estallando en un profundo y arrollador orgasmo mientras nos besamos mirándonos a los ojos.

Después, permanecemos abrazados mientras recuperamos el aliento poco a poco. Ella apoya la cabeza sobre mi pecho y yo acaricio suavemente su cabello mientras la habitación vuelve a llenarse de calma.

Más tarde, cuando las luces están apagadas y Boston sigue brillando al otro lado de las ventanas, Laura se acomoda bajo las sábanas.

—Buenas noches —dice girándose hacia su lado de la cama.

—Que descanses, Laura.

—Mañana seguimos fingiendo que somos personas razonables.

—Haré lo que pueda.

—Eso no inspira ninguna confianza —me dice riéndose levemente.

—Es la oferta más sincera que vas a recibir esta noche.

Laura se ríe de nuevo por lo bajo.

—Lo tendré en cuenta.

Poco a poco la conversación se va apagando, no porque haya nada incómodo entre nosotros, sino porque el día ha sido largo.

—Arthur —me dice a media voz al cabo de unos minutos.

—¿Sí?

—Me alegro de haber venido.

Giro ligeramente la cabeza hacia ella.

—Yo también.

La respuesta sale de mis labios antes de que pueda analizarla y quizá por eso es la más sincera de todo el día. Laura ya no responde, su respiración se ha vuelto más lenta y regular hasta que me doy cuenta de que se ha quedado dormida.

Yo, en cambio, sigo despierto con los brazos cruzados detrás de la cabeza y la vista fija en el techo. No puedo evitar pensar en la fotografía que empezó todo esto, en el acuerdo y en todas las veces que me repetí que era una situación temporal y perfectamente controlada.

Sin embargo, la palabra control resulta casi cómica a estas alturas. Laura ha aparecido en mi vida y ha puesto patas arriba planes que llevaban años funcionando exactamente como debían. Lo extraño es que ya no estoy seguro de querer recuperar la versión anterior.

Giro ligeramente la cabeza hacia ella y con la penumbra de la habitación, puedo ver que duerme tranquila y completamente ajena a todo lo que me ronda por la cabeza.

Mientras la observo, entiendo que el verdadero problema ya no es cómo acabará esta historia, sino que cada vez tengo menos ganas de que acabe.