No era mi cita (Decisiones cuestionables nº 1) 11 #2
49%

11 #2

—No te imagino siendo un rebelde.

—Porque eres inteligente.

—Eso ha sonado casi como un cumplido.

—No te acostumbres —se ríe.

—¿Tus padres siguen en Boston? —le pregunto mirándole.

Arthur tarda un momento en responder.

—Mi madre sí.

—¿Y tu padre?

—Murió hace unos años.

—Ah, vaya, lo siento.

Él asiente una vez, aunque no parece incómodo, solo reservado.

—Bueno, la verdad, es que no teníamos una relación especialmente cercana —se queda callado y después de unos minutos me pregunta— ¿Y tú?

—¿Yo qué? —pregunto desconcertada.

—¿Siempre quisiste dedicarte al marketing?

Apoyo la cabeza contra el asiento.

—Sí.

—Respuesta rápida.

—Porque es verdad.

—¿Nunca te planteaste otra cosa?

—No, nunca —niego con la cabeza.

Arthur sonríe ligeramente.

—Eso explica muchas cosas.

—¿Qué cosas?

—La forma en que peleas por tu trabajo.

—No peleo.

—Lauraaaa —se gira para mirarme.

—Vale, sí que peleo un poco —reconozco.

Él vuelve a sonreír y me doy cuenta de que últimamente sonríe más, algo que me parece sospechoso.

La conversación sigue avanzando durante el trayecto.

Empezamos hablando de nuestros primeros clientes, de campañas que salieron mal y de errores que ahora resultan divertidos porque ya han pasado unos años.

Después aparecen los fracasos, los momentos en los que pensamos que todo iba a torcerse y, sin saber muy bien cómo, acabamos hablando de relaciones. Un error considerable, evidentemente.

—¿Crees que Mark se arrepiente? —me pregunta girando la cabeza hacia mí.

Lo miro con sorpresa.

—Vaya.

—¿Qué? —pregunta él apoyando un brazo sobre el reposabrazos.

—Eso ha sido directo.

Arthur se encoge de hombros.

—Ya conoces mi encanto social.

Resoplo y niego con la cabeza.

—No lo sé.

—¿No? —insiste observándome.

—No puedo leerle la mente.

Arthur se queda pensativo unos segundos mientras mira por la ventanilla.

—Yo creo que sí.

—Arthur —lo aviso inmediatamente.

—¿Qué? —pregunta volviéndose hacia mí.

—No hagas eso.

—¿El qué?

—Analizar a personas que no conoces.

Arthur sonríe ligeramente.

—Laura, me paso la vida haciendo exactamente eso.

—Ya lo sé y es agotador.

Él se ríe por lo bajo y durante unos segundos vuelve a mirar la carretera.

—Laura…

—¿Qué? —pregunto cruzándome de brazos.

Arthur tarda un instante en responder.

—Un hombre no deja escapar a una mujer como tú y se muda con otra persona dos semanas después, porque ha tomado una decisión brillante.

La frase me pilla completamente desprevenida.

Lo miro y, por primera vez en toda la conversación, no encuentro una respuesta rápida.

Porque no suena a una teoría, ni a uno de sus análisis, ni a una estrategia cuidadosamente calculada.

Suena a algo que realmente piensa y eso es mucho peor.

Por suerte para mí, el hotel aparece al final de la avenida principal antes de que tenga que responder.

—Mira qué casualidad —murmuro señalando el edificio que tenemos delante—. Justo cuando la conversación empezaba a ponerse incómoda.

Arthur gira la cabeza hacia la ventana.

—Cobarde —susurro.

—Profesional de la evasión —corrijo mientras sonrío.

—Eso explica muchas cosas.

—Cállate y ayúdame con la maleta.

—Ahora sí te reconozco.

El vestíbulo es enorme, elegante y está lleno de gente entrando y saliendo.

Arthur se acerca al mostrador mientras yo observo una composición floral que probablemente cuesta más que mi coche.

Unos minutos después empiezo a sospechar que algo va mal, porque tarda más de lo normal en hacer el check in, la recepcionista parece nerviosa, Arthur frunce el ceño y nadie sonríe.

—¿Qué ocurre? —pregunto al acercarme al mostrador.

La recepcionista me dedica una sonrisa tensa.

—Ha habido un problema con la reserva.

—¿Qué tipo de problema? —pregunto preocupada.

—Un problema bastante desafortunado —me dice Arthur pasándose una mano por la nuca.

—Eso no suena bien —susurro.

—Y tanto que no —me responde él.

—¿Cuál es el problema?

La mujer consulta la pantalla una vez más.

—Por un error del sistema, una parte de las habitaciones quedó bloqueada esta semana para otro evento corporativo.

—Perfecto —murmuro.

—Hemos intentado solucionarlo, pero…

—Esa frase nunca augura buenas noticias —la interrumpe Arthur.

La recepcionista respira hondo.

—Solo nos queda una habitación disponible.

Arthur y yo nos giramos al mismo tiempo, nos miramos y después volvemos a mirar a la recepcionista.

—No —digo inmediatamente.

—Laura...

—No —repito.

Arthur se vuelve hacia la recepcionista.

—No lo he planeado —me dice Arthur girándose ahora hacia mí.

—Eso es exactamente lo que diría alguien que lo ha planeado —le respondo.

—Te prometo que no lo he hecho.

—Dice la verdad —intervienen la recepcionista asintiendo con energía.

—Gracias —murmura Arthur.

—De nada —le responde la muchacha.

—No me fío —le contesto observándolo sin fiarme de que no sea una de sus estrategias.

—Ya me lo imaginaba —resopla.

—Nada de esto me gusta —niego con la cabeza.

—A mí tampoco.

La recepcionista vuelve a sonreír.

—Por si les sirve de consuelo, permítanme decirles que la habitación es preciosa —nos dice la recepcionista con una gran sonrisa.

Evidentemente, no me sirve de consuelo en absoluto.

—Tiene unas vistas espectaculares de la ciudad y una cama king size fantástica —añade la joven.

Giro la cabeza muy despacio hacia Arthur y veo que él aprieta los labios intentando no sonreír.

—Arthur Parks —digo señalándolo con un dedo.

—No estoy sonriendo.

—Como lo hagas, te mato.