No entres al parque (Misterio S.A. 2) Capítulo 9
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Capítulo 9

Capítulo

E ncendí la linterna.

El haz cortó la oscuridad y dibujó un pasillo estrecho frente a mí. Las paredes estaban cubiertas de espejos. Algunos eran lisos; otros, cóncavos o convexos; y todos estaban sucios, arañados o ambas cosas. Había huellas antiguas y polvo pegado como una costra.

Y lo peor no era eso.

Lo peor fue que, en cuanto la luz tocó el primer espejo, aparecí yo.

Yo, pero… mal.

Siempre he odiado la casa de los espejos. Siempre. Con todas mis fuerzas.

Y acababa de recordar por qué.

Delante de mí había una Claudia alargada, con la cabeza demasiado grande, los ojos demasiado separados, la boca torcida. Di un paso.

Mi reflejo dio otro.

El mío fue un paso pequeño, cuidadoso. El del espejo fue un paso decidido, sin miedo a tropezar.

Me detuve y resoplé reuniendo paciencia —y también un poquito de valor—, la Claudia del espejo también se quedó quieta, pero más tarde.

—Esto es normal —dije en voz alta, más que nada porque necesitaba creerlo para no largarme de allí en ese mismo instante.

—Normalísimo —confirmó Cleo—. La casa de los espejos siempre ha sido así. Me encanta.

Le lancé una mirada rápida por encima del hombro.

Cleo levitaba a mi lado con una sonrisa enorme y los ojos maravillados. O mucho me equivocaba o estaba disfrutando.

—Estás tarado —murmuré—. ¿Recuerdas dónde estaba el espejo ese de estrella?

—Más o menos. —Se pasó una mano por el pelo que le caía sobre los ojos. El gesto fue automático, humano. El cabello volvió a caerle igual—. Creo que era… por aquí.

Avanzamos.

Cada paso sonaba como un chasquido seco. Y, a veces, tenía un eco que llegaba tarde o desde el lugar equivocado.

Todo estaba mal allí.

Todo era desordenado, caótico e inquietante.

Un asco.

Lo dicho: lo odiaba.