Capítulo 40
Tosí, dándole un manotazo a lo que me acarició la punta de la nariz, hasta que los ojos se me abrieron de golpe por el olor fuerte que respiré.
Lo primero que vi fue la cara de preocupación de mi amigo Alan. Lo siguiente, la misma expresión, pero de Lucas.
—¿Qué…?
Me fijé en que estaba tumbada en el sofá y que Lucas me mantenía las piernas en alto. Alan había sido el encargado de ponerme debajo de la nariz un algodón con alcohol. Ahora ya sabía lo que era.
Solté un suspiro tembloroso.
—Ya estoy bien —le dije a Lucas.
—No hay prisa —comentó, sin soltarme las piernas.
Hice una mueca y busqué con la mirada a Alonso y a Berta. Los encontré sentados en los sillones, atentos a mí, y les sonreí para que terminaran de tranquilizarse.
Después dirigí la mirada a Alan, quien continuaba sentado en la mesa baja de enfrente del sofá, inclinado hacia mí.
—Dime que he oído mal, que me he imaginado que Gael os atacó a ti y a Eloy —le pedí a mi mejor amigo.
Él me retiró el pelo de la frente y me acarició.
—Has oído perfectamente y para todo hay una buena explicación. A ver si te piensas que me río y puedo irme de fin de semana con el culpable de la herida de mi costado —sonrió de medio lado.
—¿Qué explicación puede haber? —pregunté con la necesidad de entenderlo todo.
Tragué saliva con dificultad y cerré los ojos. Noté cómo Lucas me bajaba despacio las piernas, pero aun así me tomé unos largos segundos para moverme. Tumbada no me sentía mareada, por lo que esperaba que al incorporarme fuera de la misma manera.
—Vamos a comenzar por el principio.
La voz de Eloy me sobresaltó y fue lo que me hizo abrir los ojos de golpe. Alan se movió para quedarse detrás de mí y me ayudó a quedarme sentada.
—Gracias —susurré.
Me dio un beso en la cabeza por detrás y se quedó ahí, dejando que apoyara la espada en su pecho.
Sonreí porque, a pesar de todo lo que me tenía mal, Nadia y Eloy estaban parados cerca del sofá, abrazados. Eloy ya no llevaba la chaqueta ni la camiseta, imaginé que ambas prendas se le habían manchado de sangre.
Sangre de la que no había rastro ya, porque Nadia se había esmerado para vendarle bien el brazo. Suponía que le había curado de la misma manera.
Ella se soltó de Eloy y se acercó al sofá, con el ceño fruncido.
—¿Qué te pasa? —me preguntó.
—Se ha mareado y ha perdido el conocimiento —contestó Lucas por mí.
—No me he dado cuenta. Ha sido muy rápido —comenté con un suspiro.
—A lo mejor ha sido una bajada de tensión —dijo Eloy, acercándose también.
—¿Ha sido de repente? —continuó Nadia.
—Ha sido por la impresión que se ha llevado —contestó con un carraspeo Alan.
—Se ha enterado de que Gael ha sido el que ha herido a Eloy y con anterioridad a Alan.
Todos miramos hacia Alonso, por su aclaración.
—Entiendo —dijo Eloy.
—¿Cómo estás? —le pregunté, antes de nada.
—Perfecto —me respondió con un guiño, sentándose en la mesa baja donde hasta hacía poco había estado Alan.
Nadia y yo pusimos los ojos en blanco, pero pronto estuvimos riendo por la colleja que le dio Berta.
—¿Qué he hecho ahora? —preguntó quejándose Eloy.
—Cuando te da por decir tonterías no paras —le contestó Berta, con una sonrisa dulce.
Eloy rio.
—Todo comenzó hace unos años —dijo Lucas.
Se sentó con las piernas abiertas en el brazo del sofá, dejándolas a cada lado. Nadia, que era la única que estaba de pie, arrastró una silla y se sentó entre Lucas y Alonso, que estaba sentado en uno de los sillones.
—Gael se infiltró en una organización y tuvo que estar demasiado tiempo haciendo ese papel —continuó Eloy.
—Fue duro —comentó Nadia, muy seria—. Hubo algunos momentos en los que temimos perderlo —bajó el tono de voz—. Su actitud dejó de ser la que conocíamos y su carácter se volvió tan reservado que no sabíamos lo que sentía o pensaba —suspiró.
—Si para nosotros no fue fácil, para Gael fue multiplicado por bastante más —comentó Eloy.
—Por suerte, la peor mierda terminó hace siete meses —dijo Lucas—. Por fin. Y conseguimos recuperar a nuestro amigo.
—Gael se esforzó muchísimo para ponerse bien —intervino Alan—. Me acuerdo.
Lucas, Nadia y Eloy asintieron al mismo tiempo. La siguiente en hablar fue Nadia.
—Sí, pero en la misión que se llevó a cabo para detener a todos los implicados de la organización hubo algunos fallos imprevistos y dos de los cargos más importantes consiguieron huir, junto a varios más. Gael se hizo pasar por uno de esos, para no destaparse ante nadie.
—Uno de los problemas vino después —siguió Eloy—. Esa gente continuó teniendo muchos contactos en todos lados y consiguieron crear otra organización en tiempo récord. Pero mucho más pequeña y desorganizada. Cuando localizaron a Gael, lo obligaron a entrar de nuevo.
—Y él, cómo no, tuvo que aceptar porque todo se activó otra vez —dijo Lucas, con una mueca de asco—. Eso nos lleva a este momento en el que Gael todavía está con ellos, pero a un nivel mucho más bajo de participación dentro de la organización, en el que nosotros le facilitamos la cuartada.
—De ahí que nuestro jefe uniera a mi equipo al de Gael —comentó Alan—. Que me hiriera entraba dentro del plan.
Lo miré por encima del hombro y me encontré con la sonrisa relajada de mi amigo.
—Él no tuvo la culpa de que se me complicara después de la intervención en urgencias —me dijo y solté un suspiro—. Nadie podía saber eso.
—¿De esa manera le facilitaste la cuartada? —le pregunté.
—Sí, porque debía matar a cierta persona y me hice pasar por ella —me confirmó e hice una mueca—.
Nadie más de la organización comprobó el resultado.
Confiaron en la veracidad de la palabra de Gael y en la prueba que les dio.
Tuvimos que hacerlo lo más real posible y supuestamente la herida era limpia. No debía dar complicaciones.
Lucas continuó.
—Después de lo de Alan dejaron tranquilo a Gael durante bastantes días, para continuar reforzando la organización. Durante ese tiempo hemos trabajado sin descanso para preparar un asalto que termine de una vez por todas con todos los desgraciados.
—Los tenemos localizados y rodeados, aunque no lo saben, por supuesto. Todo está en marcha y comenzará esta noche, entrada la madrugada.
Tragué saliva por la confirmación de Eloy. Fue Nadia la que siguió.
—Ha podido ser un gran problema, pero creemos que hemos salvado bastante bien la situación —habló pensativa—.
Esta noche debía ser tranquila, la organización no tenía nada previsto más que una fiesta que nuestros equipos de asalto y nosotros utilizaremos para entrar en acción.
Estamos a unas horas de desmantelarlo todo.
En la pequeña pausa que hizo Nadia, aproveché para beberme toda el agua que quedaba en mi vaso.
—Pero de repente se abrió una pequeña brecha y hemos tenido que actuar corriendo y sin planificar nada —comentó Lucas—. Por suerte, Gael estaba presente esta tarde cuando han dado varios nombres de objetivos de policías. Uno de ellos era Eloy.
Me mordí el labio inferior, mirándolo de reojo.
—La mierda llega a todos lados y es difícil pararla. —comentó Nadia, con el ceño fruncido—. El caso es que planearon ir a por Eloy para terminar la semana y ya de paso, crear un poco de caos donde él vive. De ahí lo de vuestros pisos.
Nos miró a Alonso, a Berta y a mí.
—De nuevo los hemos conseguido engañar porque, ante los ojos de los que iban con Gael, ha sido él el que se ha encargado de mí —dijo Eloy.
—A Alonso y a Berta los hemos podido sacar antes de que llegaran —habló Nadia—. Pero contigo no contábamos nadie.
—Deberíamos habernos asegurado de que estarías más tiempo en la casa de tus padres. —Negó con la cabeza Alan, mirando a Eloy—. Hemos tenido que actuar tan rápido que hemos fallado en eso.
—Estoy bien —susurré.
—Gracias a Dios. —Me dio un beso en la cabeza.
Todavía tenía la espalda apoyada en su pecho y agradecía el contacto reconfortante de mi amiga.
—He hablado con Maya.
Eso me sorprendió y giré la cabeza hacia atrás.
—La he mandado a la casa de sus padres, por precaución.
—¿Está en peligro? —pregunté con voz aguda.
—No. Es solo que no he querido arriesgar más.
—Vale.
Respiré profundo.
—¿Y ha aceptado sin más? ¿No te ha preguntado? —Quise saber.
—Le he dicho que era muy importante y que ya se lo explicaría al día siguiente. Con eso, y con decirle que era por su seguridad, no he tenido que insistir.
Asentí.
El salón se quedó en silencio durante unos largos segundos.
—En media hora nos vamos —dijo de repente Nadia, levantándose de la silla.
Agrandé los ojos.
—¿Adónde? —pregunté con miedo, separándome de Alan.
—Al operativo —me contestó sonriendo—. Todo irá bien.
Fruncí el ceño.
—¿Dónde está Gael ahora? —Quise saber.
No hizo falta que contestaran porque por sus caras supe cuál era la respuesta.
—Va a estar bien —dijo Lucas.
—Y lo más importante. Nos está esperando —habló Eloy, mirando su reloj de pulsera.
—Tú estás herido. —Me giré hacia él.
—En el brazo izquierdo y soy diestro.
—Eso ya lo sé. —Bufé.
—Déjalo —me pidió Nadia—. No va a echarse para atrás por la herida.
Eloy y ella se miraron y Nadia asintió despacio.
—Yo tampoco lo haría. Querría estar hasta el final con Gael —aseguró Nadia.
—Alonso, Berta y tú os quedáis aquí con Alan —nos informó Lucas.
—Se encontrarán con mi equipo y otros más en el lugar —me informó Alan.
—Vamos a prepararnos —habló Eloy.
Se levantó de la mesa baja e inclinado, me dio un beso en la frente.
Me puse de rodillas en el asiento del sofá y lo abracé con fuerza. Mi amigo y vecino me correspondió y me acarició el pelo.
—Va a salir bien y por fin vamos a terminar esta noche con todo —me aseguró—. No se nos ha escapado nada, por lo que Gael será completamente libre para continuar con su vida.
Asentí. Cuando me separé miré a Nadia y a Lucas y les pedí que tuvieran mucho cuidado. Ellos me sonrieron y me aseguraron que lo tendrían. Después desaparecieron los tres por el pasillo.