No entrabas en mi temario Capítulo 31
72%

Capítulo 31

Lía

Despertándome, me giré en la cama todavía con los ojos cerrados.

No me apetecía abrirlos. Me sentía genial, calentita en la cama y con el sonido de fondo de la lluvia.

Parecía que había aflojado, pero igualmente seguía cayendo una buena tormenta.

Al encontrar el cuerpo caliente de Gael, sonreí y solté un suspiro, abrazada a él.

Hasta que noté cómo temblaba y me comenzó a parecerme extraño su forma y cómo me adapté a él.

Fruncí el ceño y abrí los ojos despacio, para llevarme un susto al ver que el cuerpo no era el de Gael. Más que nada porque era el de una mujer.

Me levanté de golpe, quedándome sentada. Maya soltó una carcajada por mi despertar y porque me había asustado.

Aún dormida, cogí la almohada y la dejé callada al instante, cuando le di en la cara con ella.

—Ay —se quejó, quitándosela de encima.

—Ya te vale —me quejé con un bufido.

Me levanté de la cama y entonces fui consciente de que estaba completamente desnuda.

Corrí poniéndome toda la ropa, bajo la atenta y curiosa mirada de mi amiga, y después de ponerme las zapatillas, fui rápido al baño, donde me encerré para tener unos minutos tranquilos.

Los golpes en la puerta del baño me lo impidieron.

—¿Qué? —le pregunté a Maya, molesta.

Una de las cosas que me daban más rabia y que me sentaban fatal era despertarme mal, y ella lo sabía de sobra. Estaba tentando mucho a la suerte.

—¿Has dormido desnuda? —me preguntó al otro lado de la puerta.

—¿Para qué me lo preguntas si lo has visto? —pregunté yo, cansada.

Me lavé la cara con agua fría y después de secármela, sacó del neceser una gama para el pelo y me lo recogí en un moño. No me importó cómo me quedó.

Me miré en el espejo y sonreí recordando lo que había pasado en la cama antes de quedarme dormida, pero perdí la sonrisa y fruncí el ceño, al pensar en el motivo por el que no había despertado con Gael, en vez de con Maya.

—Seguro que se ha ido hace poco porque es tarde —susurré, convenciéndome de ello.

Cuando abrí la puerta, me encontré a mi amiga casi pegada a ella. Puse los ojos en blanco y pasé por su lado.

Me dirigí a la ventana para ver cómo iba la tormenta.

—Ha aflojado un poco, pero todavía llueve con intensidad —comentó Maya y asentí.

—¿Cuánto llevas conmigo en la cama? —le pregunté sin apartar la vista.

—No lo he mirado, pero diría que unos veinte minutos o así. Hasta me estaba quedando dormida otra vez cuando has empezado a despertarte… —Sonrió, poniéndose a mi lado—. ¿Cómo es que tú has dormido desnuda? Y más aquí —insistió en el tema.

Solté un bufido, cabreada porque, con el tiempo que hacía que llevaba aquí, a saber, cuánto hacía que se fue Gael.

Me quedé con la mirada ida hacia fuera, pensativa, mientras recordaba que yo me dormí muy poco después del sexo. Podía parecer una tontería sin importancia, pero para mí sí que era importante saber si Gael se quedó un rato conmigo, por poco que fuera, o si decidió irse nada más terminar.

Eso podía darme algunas de las respuestas que necesitaba, pero estaba claro que me quedaba con las ganas de saber.

Me separé de la ventana y fui hasta la mesita de noche, donde dejé el móvil cuando llegamos a la casa de la caminata. Me senté en el borde de la cama y comprobé que eran casi las siete de la tarde.

—Es tarde —susurré.

—Eh. ¿Qué te pasa? —me preguntó sentándose a mi lado.

Me acarició el brazo y la miré sonriendo.

—Que seguramente soy tonta.

—¿Qué dices?

Negué con la cabeza.

—Me he acostado con Gael.

Soltó un jadeo y se tapó rápido la boca para amortiguar los sonidos que vinieron después.

—Me quedé durmiendo en el sofá y cuando me desvelé lo vi a él arreglando el fuego de la chimenea. El caso es que Gael también iba a su habitación después y yo decidí subir aquí. Nos despedimos al llegar a esta planta y cuando solo me había dado tiempo a meterme en la cama, entró Gael.

—¡Madre mía! —exclamó emocionada.

—Lo demás ya puedes hacerte una idea. Por eso estaba desnuda y por eso me he sobresaltado al verte, porque no te esperaba a ti.

—No debe significar nada que no esté aquí todavía —me sonrió con cariño.

—Da igual. En realidad, le he pedido que se quedara para hacer lo que hemos hecho, nada más.

Me encogí de hombros.

—No hemos hablado.

—Normal. Yo tampoco hablaría con un hombre como él —rio y me hizo sonreír.

—Esta mañana te he visto muy pegadita a Lucas —comenté con diversión.

—Es que está buenísimo el tío —suspiró—. Como para no pegarse —me dijo con un guiño.

—Aquí no tienes que preocuparte por nada.

—¿A qué te refieres?

—Que todos tenemos claros nuestros intereses y Lucas es el tuyo, nada más.

Le devolví el guiño.

—Al principio pensé que Nadia y él…

—A Nadia y a Eloy se les van los ojos detrás del otro —comenté con diversión.

—Sí. Me di cuenta al cabo de un rato.

Reímos.

—¿Sabes si entre Alan y Claudia ha pasado algo? —me preguntó.

Negué con la cabeza.

—Que yo sepa nada nuevo, aparte de los acercamientos que vemos.

—¿A qué está esperando Alan? —habló pensativa y extrañada.

—¿Tal vez a tener privacidad?

—Esa es buena —rio—. Aunque Gael y tú no habéis esperado a tenerla.

—De puerta para dentro, sí.

—Ya me entiendes.

—Hay una gran diferencia —dije levantándome.

—¿Cuál?

—Que Gael y yo no somos ni seremos nada, más allá de lo que ha pasado. En cambio, Alan y Claudia sé que tienen un futuro por delante. ¿El tiempo que les durará? No lo sé, pero ojalá que sea un para siempre porque Claudia es una mujer estupenda y ambos hacen una pareja increíble.

—Sí —sonrió de oreja a oreja—. Lo que pasa es que todavía no se han dado cuenta.

—Por lo visto no. —Puse los ojos en blanco, haciéndola reír—. ¿Bajamos?

—Claro.

Maya se puso sus zapatillas de estar por casa y nos dirigimos a la puerta. Al salir al pasillo, nos llegaron varias voces desde abajo y fuimos hacia la escalera.

—Hola —saludó mi amiga.

Solo faltaba una persona, Gael.

—Chicas —nos llamó Nadia desde la cocina.

Entramos en ella y el olor a chocolate recién hecho nos recibió.

—¿Os apetece? —nos preguntó mientras servía en tazas.

—Oh, ¡qué maravilla! Eso no se pregunta —rio Maya, acercándose a ella.

Nadia sonrió de medio lado.

—Toma —le ofreció una taza llena.

Mi amiga la cogió encantada y después de agradecérselo, salió de la cocina tarareando una canción.

—¿Tú también? —me preguntó.

—Sí.

Miré por la ventana de la cocina, pero por la oscuridad que había traído la tormenta y que ya era tarde, no me dejaron ver mucho más allá.

—¿Gael?

Aproveché que estábamos solas para no hacer la pregunta fuera, con todos los demás.

—Salió hace un rato.

—¿Con esta lluvia?

—Sí —levantó la cabeza y sonrió—. Está bien y estará bien.

Busqué su mirada.

—Ha ido al pueblo —me contó—. Supongo que ya no tardará, con el tiempo que hace que se fue.

Asentí, cogiendo mi taza.

—Gracias.

—No hay de qué.

—¿Te ayudo?

Señalé el resto de las tazas.

—Tranquila. Lo tengo controlado —me dijo con un guiño.

Cogió una bandeja grande y colocó todas las tazas en ella.

—Si me haces el favor de coger las magdalenas y los bizcochos… —me pidió.

—Claro.

Mientras ella iba hacia la puerta, yo agarré las bolsas de estaban en la encimera.

—Lía —me llamó en tono más bajo.

—¿Qué?

Me giré hacia ella. Nadia se había quedado en medio de la cocina, cargando con la bandeja y mirándome por encima del hombro.

—Gael te necesita.

—¿Cómo? —pregunté sorprendida.

—Que, aunque no te lo diga, Gael te necesita —sonrió—. He visto cómo ha cambiado cuando está contigo, le haces mucho bien.

—Yo…

—Te lo digo porque hará todo lo posible por apartarte de él, si considera que es lo que debe hacer. ¿Entiendes?

Fruncí el ceño.

—Que actúe de una manera no significa que sea porque lo sienta realmente. Recuérdalo.

Me hizo un guiño y con esas palabras salió de la cocina y me dejó pensando en cada una de sus palabras.

Y yo que pensaba que nadie se había dado cuenta, aparte de mis amigos, a los que les había contado todo lo que nos había sucedido.

Tenía a algunos desactualizados. La que estaba a la última era Maya, pero era cuestión de tiempo que tanto Alan, como Eva, Jon y Claudia supieran mi historia con Gael.

Y no hacía falta entrar en detalles, solo contarles lo esencial.

Volví a fijar la mirada en la ventana, viendo cómo el agua se estrellaba contra el cristal, mientras las palabras de Nadia se reproducían en mi cabeza.

«Gael te necesita. He visto cómo cambia cuando está contigo, le haces mucho bien».

«Hará todo lo posible por apartarte de él, si considera que es lo que debe hacer».

«Que actúe de una manera no significa que sea porque lo sienta realmente. Recuérdalo».