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Capítulo 24

—¿Se te ha quitado ya el susto del cuerpo? —me preguntó Maya, preocupada.

—Sí.

Dirigí la vista hacia Gael, quien estaba con Lucas y Jon muy cerca de la orilla. Justo donde se agachó para mojarse las manos cuando todavía estábamos él y yo solos.

Gael asentía de tanto en tanto por lo que le decía su amigo Lucas. Tenía la mirada puesta en el río, las manos en los bolsillos del pantalón y la posición de su cuerpo era relajada.

Por suerte, nuestros amigos nos encontraron cuando todo en nosotros volvió a la normalidad.

Claudia, Eva y Maya se encontraban a mis lados, sentadas en la hierba. Esta estaba seca porque el sol calentaba bastante, ya que llevaba un rato dando directamente donde nos encontrábamos.

Nadia, Alan y Eloy habían ido a conocer lo que había orilla abajo, después de hacer lo mismo hacia arriba. No lo habían dicho claro, pero después de contarles mi experiencia con el lobo, habían querido asegurarse de que no nos llevaríamos otra sorpresita más.

De ahí que estuvieran comprobando el terreno.

Lo único que comenté sobre la experiencia del lobo fue que apareció de la nada y que me amenazó, porque en ese momento todavía no había llegado Gael.

Después, que fue él quien lo ahuyentó. Poco más, tal vez algún detallito más sin importancia, porque lo verdaderamente importante me lo había guardado para mí.

—Menos mal que ha aparecido Gael —suspiró Eva.

—Pues sí. —Asintió Claudia—. A mí me hubiera dado un ataque de algo —rio.

Eva, Maya y yo sonreímos.

—Yo he estado a punto —confesé—. Pensaba que el lobo se lanzaría hacia mí y para ese momento ya pensé en lanzarme al agua y nadar hacia la parte más honda.

—Te hubiera llevado la corriente —dijo con una mueca Maya.

—Mejor eso que el ataque de un lobo. Te lo aseguro —reí nerviosa.

—Y mucho mejor también congelarte. Lo entiendo —comentó Eva, con un asentimiento.

—Joder. —Sacudió la cabeza Claudia.

Nos quedamos en silencio y fijé la vista en el agua, pensativa.

Todo pudo salir muy diferente, pero no tenía sentido pensar en lo peor cuando no había sucedido.

Controlé el impulso de llevarme los dedos a los labios, recordando el beso de Gael. Me había besado para que olvidara, era lo que me había dicho antes de hacerlo.

Pero… ¿Únicamente había sido por eso? ¿Era el mejor intento de distracción que había encontrado? ¿Lo había hecho por hacer o había significado algo para él?

Volví a mirarlo disimuladamente y en esta ocasión me encontré con su mirada desde la distancia. Los tres se habían girado: él, Jon y Lucas. Ahora le daban la espalda al agua.

—Gael me ha besado —solté de repente.

Mis amigas me miraron con sorpresa al principio y después con impaciencia para que continuara.

—O sigues hablando o te hago hablar yo. Tú misma —me dijo Maya, con una risilla.

—¡Te has dejado lo más interesante para el final! —exclamó Eva.

—No levantéis mucho la voz —les pedí, inquieta.

Si hablábamos normal, nuestras voces no llegaban a los chicos. No quería arriesgarme a que Gael se enterara de este nuevo tema de conversación en el que él era uno de los protagonistas.

—Oye… —me quejé por lo que dijo Eva—. ¿Más interesante que ser atacada por un lobo y estar sola ante él, a punto de…?

—Ah, eso no ha sido para tanto —le quitó importancia Claudia—. En cambio, lo del beso sí que lo es.

Las miré alucinadas, hasta que me di cuenta de que estaban tomándome el pelo.

Reímos durante un buen rato.

—A ver, ahora en serio —habló Maya—. Necesito saber ya qué es eso de lo del beso y cómo habéis llegado a eso. Por Dios, que estoy por morderme las uñas y no quiero estropearme la manicura —lloriqueó.

Eva y Claudia rieron de nuevo. Yo miré a mi mejor amiga con diversión.

Antes de contestar, me aseguré de que los chicos continuaban en el mismo sitio, alejados y hablando entre ellos. Así fue, por lo que me lancé a explicarles todo lo más rápido posible.

—Lógicamente, ha sido cuando ha terminado lo del lobo. Gael estaba consolándome porque me ha dado un ataque de nervios y de estar abrazados hemos pasado a estar besándonos.

Me encogí de hombros.

—Creo que si no hubierais aparecido, hubiéramos seguido besándonos. Yo qué sé.

—Joder, ¡qué oportunos hemos sido! —se lamentó Eva.

—Manda narices. ¿Por qué siempre pasan esas cosas? —preguntó a modo de queja Claudia.

—No os preocupéis —nos pidió Maya—. Chica —se dirigió a Eva y a Claudia—, tenemos la misión de, en cuanto podamos, encerrar a Lía y a Gael en el primer sitio solitario que podamos.

—¿Qué dices? —le pregunté y reí.

—Sí, sí… —Aplaudió Eva, emocionada con la idea.

Claudia soltó una carcajada.

—Ni se os ocurra tramar un plan —les advertí.

—¿Por quién nos tomas? —me preguntó Maya.

Elevé las cejas.

—Bueno, vale, sí —rio con ganas—. Pero tranquila, que no te enterarás.

—Maya…

—Shhh… ya vuelven Alan, Eloy y Nadia —comentó Eva, bajando el tono de voz y con un carraspeo.

—¿El agua estará muy fría? —preguntó Claudia, para disimular.

Soltamos una carcajada las cuatro que solo nosotras entendimos. Por suerte, todavía no había nadie cerca para escuchar nuestras voces.

—No la he tocado, a pesar de que iba a lanzarme de cabeza para salvar mi vida —dije, provocando más risas.

—Hola, preciosas —nos saludó Alan.

—Hola, guapo —le sonrió Claudia.

Él le hizo un guiño y la sonrisa de ella fue más amplia.

Tenía una conversación pendiente con ambos, ya que todavía no había tenido tiempo por lo tarde que llegamos anoche. Estaba deseando saber cómo les había ido tanto rato metidos en un coche, solos.

Estaba claro que bien, por cómo se trataban y se miraban, pero necesitaba más datos. Y también si esta noche alguien había escuchado ruidos de puertas abrirse y cerrarse. Eso sería muy interesante también.

Alan se agachó delante de mí. Se quedó en cuclillas.

—¿Cómo estás? —me preguntó.

—Bien —le sonreí—. Ya está olvidado.

—¿Seguro? Cuando nos hemos ido, todavía no estabas recompuesta.

—Yo tampoco lo estaría, después de lo que le ha pasado —comentó Maya.

Ocultó la diversión, pero como Alan la conocía muy bien, arqueó una ceja al no entender el punto de diversión que notó. Maya miró hacia Claudia, para disimular, por lo que Alan se centró en mí.

Me levanté ayudada por él y cuando me quedé delante, me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla y le susurré lo que lo dejaría tranquilo.

—Cuando estemos solos te lo cuento —le dije solo para él—. Pero te adelanto que es bueno. Al menos así lo he sentido.

Al separarme Alan estaba más perdido que antes, pero asintió aceptando que no era el momento de hablar de lo que fuera.

Como si intuyera algo, giró la cabeza en la dirección en que estaban los demás, pero mirando a una única persona: Gael.

—Vamos, guapo —le pidió Maya, agarrándose de su brazo.

—Eres una lianta —le dijo con diversión él.

Maya rio y Alan sonrió de medio lado, negando con la cabeza. Me echó una última mirada y yo le lancé un beso.

—Las dos —se corrigió, haciéndonos reír.

Se fueron hacia los demás que se habían agrupado donde estaban Jon, Gael y Lucas. Claudia, Eva y yo seguimos a Alan y a Maya.

Cuando faltaban unos metros para llegar, me encontré con la mirada de Gael. Me atrapó al instante, como siempre me sucedía con él.

Le sonreí, sin saber cómo reaccionar después de lo que había pasado entre nosotros. Desde que se apartó de mí, después de besarme, no había vuelto a acercarse ni tampoco habíamos hablado.

Gael apartó la atención de mí, cuando Jon le dijo algo. Solté un suspiro.

—Esa mirada profunda promete —comentó Claudia.

Eva soltó una risita. Ambas se habían dado cuenta.

—No tengo ni idea —dije con sinceridad—. Ya lo veremos.

Nos unimos a los demás y nos integramos en la conversación, en la que se hablaba de si ir a la casa a por todo lo necesario para pasar aquí, en el río, el resto de la mañana hasta la hora de comer, o si hacíamos una ruta improvisada para descubrir más partes.

Cuando mencionaron lo de volver al río, todos, sin excepción, me miraron como si yo tuviera la última palabra al respecto.

—Yo voto por hacer una ruta y ver otra zona —dijo Eva.

Fueron diciendo lo que más les apetecía y cuando fue mi turno, primero dejé claro una cosa y después les di mi opinión.

—Estoy bien en este sitio. Siempre y cuando no me quede sola… —sonreí—. Así que, si queréis volver, por mí encantada. Aunque, sinceramente, mi voto va para descubrir otras cosas.

—Pues creo que está decidido —comentó Eloy—. Nos vamos de ruta. Aquí podemos volver mañana por la mañana, un rato.

Todos estuvimos de acuerdo y comenzamos a caminar hacia los árboles. Me despedí del río, por si al día siguiente surgía algo más interesante y no regresábamos.

Los que iban a la cabeza del grupo, Gael, Alan y Eloy, hicieron parecer muy fácil encontrar el camino de vuelta a la casa. Lucas y Jon iban los últimos, mientras que las chicas nos quedamos entre los chicos.