Capítulo 17
Un mes y medio después…
Golpeé la puerta de mis vecinos y fue Berta la que me abrió.
—Hola, mi niña.
Sonreí y la abracé, correspondiéndole al saludo.
—¿Ya te vas? —me preguntó.
—En un rato. Sí —le confirmé—. Estoy esperando a Alan.
—¿Y Eloy?
—Va en su coche, pero creo que todavía no ha salido.
—Qué bien os lo vais a pasar —me sonrió.
—No lo creo —habló Alonso.
Apareció al lado de su mujer y le sonreí, antes de darle un abrazo.
—No le digas eso —le pidió su mujer, quejándose.
—Es que es verdad. Si no estamos nosotros, no puede pasárselo tan bien.
Berta y yo reímos.
—Como lo sabes, Alonso —le dije con un guiño—. Sin vosotros no será lo mismo. Tened cuidado, ¿vale?
—Sí, cariño —me confirmó Berta—. Vosotros también.
—Llevamos seguridad privada, estaremos genial —sonreí.
—Eso es verdad. —Asintió Alonso.
—Hasta que vuelva.
Me despedí de ellos con un fuerte abrazo y les recordé que nos llamaran a Eloy o a mí si lo necesitaban, si había algo que no podían solucionar por ellos mismos. Les remarqué que no importaba la hora que fuera y menos si era por salud.
Eran mayores, pero estaban bien, aunque no podía saberse nunca. Prefería pecar de previsora que no llevarme un disgusto.
Volví a mi piso para prepararme un café con leche. Tenía tiempo de sobra para bebérmelo con calma. Ya estaba preparada para irme. La visita a mis vecinos había sido la última cosa que me quedaba por hacer, después de dejar junto a la puerta del piso la mochila grande para la escapada y mi bolso.
Con el café con leche recién hecho, salí de la cocina y recorrí el salón para ir a la pequeña terraza a la que se accedía por la corredera.
Había amanecido un día precioso. Soleado y con una temperatura perfecta.
Estábamos en la época en la que por la mañana y por la noche era necesario llevar una chaqueta, mientras que durante el día se podía ir en ropa de verano.
Eso sí, una chaquetita fina de punto estaba bien llevarla en el bolso, ya que hacía un tiempo muy cambiante.
En la mochila había echado de todo para no pasar frío o calor, por falta o exceso de ropa. Solo estaríamos fuera dos días completos más la tarde y la noche de hoy viernes.
En la terraza, fui hasta el final y me apoyé en la barandilla. Ahí, viendo todo desde las alturas, comencé a beberme el café.
Sinceramente, no sabía de quién fue la idea de esta escapada ni de cómo surgió la idea. A mí me lo contó Alan, después ambos se lo dijimos a Maya, y, por último, yo les propuse la idea a Eva y a Jon. Pero no éramos los únicos que íbamos.
Daba igual, el caso era que estaríamos unos días en buena compañía y nos lo pasaríamos genial. Ese era el objetivo.
—Somos los más rápidos del grupo.
Al escuchar a Eloy, reí.
Miré hacia su terraza y ahí estaba él, también preparado para irse y con una taza en la mano.
—Vamos a ponernos cómodos para la espera —le pedí, divertida.
Eloy rio y sin soltar la taza y lo más difícil, sin que se le derramara ni una gota del café saltó a mi terraza, haciéndolo ver como si fuera fácil.
Llevaba muchos años haciendo lo mismo. Los demás vecinos tenían levantadas barreras para aislarse del vecino de al lado y así tener más privacidad. Nosotros nunca habíamos tenido que utilizar eso, así como tampoco Alonso y Berta.
Nuestras tres terrazas estaban bien comunicadas y eran de fácil acceso para Eloy. A mí me llevaba un poco más de tiempo, pero conseguía saltar de la una a la otra. Lógicamente, Alonso y Berta ni lo intentaban.
Fuimos a la mesa y nos sentamos mirando hacia fuera, más allá de la baranda del final de la terraza.
—¿Has bajado las cosas al coche? —me preguntó.
—No. Solo tengo una mochila grande y el bolso. Lo dejo para cuando baje para ir a buscar a la primera de la lista.
—¿Quién?
—Eva, mi compañera y amiga de la universidad. Somos las que vivimos más cerca la una de la otra.
—Va a ser un fin de semana interesante.
—Ya lo creo que sí —sonreí con picardía—. Tienes que ayudarme a que todo salga bien.
Rio.
—Se me ha olvidado más de la mitad de todo lo que me dijiste el otro día —dijo con diversión.
Me giré en la silla y me quedé mirándolo de perfil. Él giró la cabeza y me sonrió.
—A ver, escucha con atención —le pedí.
Apretó los labios, con diversión.
—Resulta que Eva y Jon deberían llevar un tiempo juntos, pero entre unas cosas y otras no ha sucedido. Siguen distanciados y todo continúa en el aire, sin aclarar, y a mí los nervios me pueden.
—Vale. Jon y Eva.
—Eso es. No queda mucho para que los conozcas. Después están Alan y Claudia. A ella la invité pensando que diría que no porque, como no conocía a la mayoría de los que íbamos… pero me llevé una gran sorpresa cuando su respuesta fue un sí rotundo.
—¿Alan sabe algo de tu intención?
—¡Nooo…! Ni se te ocurra hacer algún comentario que le haga sospechar y estar en alerta —reí.
—Vale, vale…
Levantó la mano con la que no sujetaba la taza.
—Ya sabes que Claudia es una de las enfermeras que lo atendió cuando estuvo ingresado. Fuiste a verlo varias veces al hospital.
Asintió dándome la razón.
—Pues ella y Alan se escriben de vez en cuando y hay un tonteo claro desde que estuvo ingresado. El problema es que ellos tampoco se han decidido todavía a dar el paso.
—Ya… —Carraspeó—. Y también te pueden los nervios porque quieres que suceda algo ya entre ellos.
—Exacto —dije emocionada.
—¿Por qué me da la sensación de que vas a tenerme de celestino todo el fin de semana?
—Porque eres muy listo.
Soltamos una fuerte carcajada.
—El caso es que Maya y yo queremos que este fin de semana también sea para ellos especial y que terminen con algo claro. Nosotras tenemos muy buena relación con Claudia, hemos quedado varias veces con ella, por lo que nos puede la impaciencia.
—Sabes que las cosas rápidas no siempre salen bien, ¿no?
—No me quites la ilusión —dije haciendo un puchero.
—Como Alan se dé cuenta en algún momento…
Rio y yo sonreí.
—Estarás tú para defenderme.
—Clarooo…
Volvió a reír.
—Menos mal que habrá más amigos y no nos quedaremos solos si se forman las parejitas.
—Amigos tuyos, porque los demás no los conocemos. Exceptuando a Alan, que también los conoce. Él me dijo que tenía buena relación con ellos. Me dio algunos datos, pero la verdad es que no me acuerdo.
—No queda mucho para que los conozcas —repitió las palabras que le había dicho sobre Jon y Eva.
—¿Cómo es que se animaron a ir de fin de semana sin conocer a la gran mayoría de los que vamos?
—¿Por qué no? —Me hizo un guiño—. Es bueno conocer a gente nueva y más si el plan es para pasarlo genial. Además, si sois amigos o conocidos de Alan y míos, con eso tienen suficiente.
Sonreí.
—Eso me gusta.
Eloy miró la hora en su reloj de pulsera y se bebió de golpe lo que le quedaba de café.
—Me voy ya para recoger a los chicos —habló levantándose de la silla.
Yo también me levanté para darle un abrazo.
—Ten cuidado en la carretera —le pedí.
—Igualmente, preciosa. Ve sin prisa. Nos vemos en la casa.
Asentí, sonriendo.
—¿Tengo que pasarme a ver a Alonso y a Berta?
—No. Yo he ido antes y ya he hablado con ellos.
—Estupendo. Pues ahora sí. Nos vemos en unas horas.
—Vale. Yo ya mismo salgo también.
Eloy saltó a su terraza y desapareció en el interior de su piso. Yo me quedé unos minutos más relajada y terminándome el café con leche, antes de salir para ir a por Eva primero. Después pasaría a recoger a Maya y a Jon.
Alan se encargaba de Claudia. Ellos irían solos en el coche de mi amigo porque así lo planeamos Maya y yo. Organizamos rápido los coches, para que Alan no pudiera decir nada.
No iba a negarse a estar a solas con Claudia, pero no se lo esperó cuando se lo dijimos.
Eloy se encargaba de llevar en su coche a sus amigos. Por lo que sabía, eran dos o tres; no tenía claro al final cuántos más vendrían, aparte de Eloy. El tema era ir con el menor número de coches posible.
Cuando me acabé el café, me levanté con calma y entré en el salón. Cerré la corredera, bajé la persiana a la mitad y eché la cortina, antes de ir a la cocina para fregar la taza y dejarla recogida.
Fui un momento al baño y al terminar, junto a la puerta del piso, me colgué la mochila a la espalda y cogí el bolso. Con todo lo necesario salí y bajé en el ascensor al estacionamiento.