Capítulo 15
Eloy: Estoy subiendo en el ascensor.
Al leer el mensaje, dejé el teléfono en la mesa baja de enfrente del sofá y me levanté.
Fui hasta la puerta, pero no abrí todavía. No me fiaba y durante un tiempo estaría mirando hacia todos los lados por precaución.
Observé por la mirilla y, al oír abrirse las puertas del ascensor, esperé a que Eloy entrara dentro de mi campo de visión.
Abrí solo cuando lo vi.
—Hola —le dije.
—Hola —me devolvió.
Me aparté para que pasara y nos dimos un beso en la mejilla, una vez cerré la puerta con llave. Detalle que no le pasó desapercibido a Eloy.
—¿Quieres una cerveza? —le pregunté.
Yo estaba tomándome una, tenía el botellín en la mesa baja.
—Sí.
Lo dejé en el salón y fui a la cocina a por un botellín para él. La dejé en la encimera para sacar dos boles. En uno eché aceitunas y en el otro, patatas chips.
Lo puse todo en una bandeja y fui al salón, donde me encontré a Eloy sentado en el sofá. Estaba echado hacia delante, con los brazos apoyados en las piernas que tenía abiertas.
Dejé la bandeja en la mesa baja de enfrente y le puse su botellín sobre un posavasos, al igual que estaba el mío.
Los boles los dejé en la bandeja y me senté, cogiendo mi botellín. Di un trago y me lo dejé en la mano, para balancearlo. Él siguió muy atento todo lo que hice.
—¿Cómo estás?
Su pregunta me hizo reír, con ganas.
—Genial —contesté con ironía.
—Cuéntame bien qué ha pasado y todo lo que recuerdes de ese tío —me pidió.
—Venía de dejar a mis amigos en sus pisos. Alan ha salido hoy del hospital.
—Lo sé. He hablado con él.
Asentí.
—Después ha sido como te he dicho por teléfono.
Subí las piernas al sofá y las crucé.
Después de la ducha me puse una de las camisetas holgadas que tenía para estar por casa y un pantalón muy corto que era comodísimo.
Apoyé el botellín en el tobillo y bajé la mirada hacia él.
—Cuando he salido del ascensor en nuestra planta me he encontrado con un hombre frente a tu puerta, de espaldas a mí. No sé qué hacía, pero algo estaba claro que sí, por lo que me ha resultado muy sospechoso. No le he visto la cara en ningún momento.
—¿Por qué no te has ido?
Frunció el ceño.
—¿Y si llega a hacerte algo?
—No sirve de nada pensar en lo que podría haber sucedido. —Negué con la cabeza—. Las cosas han pasado así y ya está. Yo no me he ido, lo único que quería era encerrarme en mi piso y por eso me propuse darle las buenas noches a quien fuera y entrar corriendo, para perderlo de vista.
Volví a beber otro trago.
—Solo que él no tenía los mismos planes —suspiré—. Cuando menos me lo esperaba, me echó contra la puerta de mi piso y me acorraló pegada a ella. Después de hacerme unas preguntas que yo contesté con rabia…
—No me lo puedo creer… Joder, has apretado mucho para que te hiciera algo.
Se pasó las manos por el pelo, agobiado.
—Estoy aquí y perfectamente. Ya me ves.
—Ya…
Sacudió la cabeza.
—El caso es que he pensado que me apuntaba en la espalda con un arma. —Se sorprendió—. Tranquilo, eso es para reírse.
Elevó las cejas.
—Después, claro, porque en el momento… —reí—. Total, que al final no sé cómo he terminado dentro del piso y él fuera —suspiré—. He abierto. Bueno, él me ayudó a abrir, y me empujó para cerrar después. En ese momento salió Alonso para tirar la basura y me temí lo peor. Yo qué sé.
Bebí de nuevo y me incliné para dejar el botellín en la mesa. Eloy me lo quitó y lo puso él, para ayudarme.
—Gracias.
—¿Qué pasó con Alonso?
—Por suerte, nada. Yo estaba preparada para salir, observando por la mirilla por si le hacía algo. —Me quedé pensativa—. Alonso le dio las buenas noches y ese hombre le correspondió de la misma manera. Después Alonso entró en el ascensor y ya está.
—¿Por qué has dicho que lo del arma es para reírse?
—Porque me di cuenta después, más tranquila y una vez pasado todo, de que lo que me clavó en la espalda fue una barra de pintalabios que sacó de mi bolso.
Me encogí de hombros. Él frunció el ceño.
—Me alegro, pero es raro —dijo mirando hacia la puerta de mi piso—. Ahora vengo.
—¿Adónde vas? —le pregunté nerviosa.
—Tranquila, solo voy a mirar si mi cerradura está forzada.
—Ah. Vale.
Me pidió que me quedara en el sofá, pero no le hice caso. Yo también quería saberlo, por lo que lo seguí y me quedé apoyada en el marco de la puerta.
Eloy salió al rellano y, frente a su puerta, se agachó. Cuando se incorporó, abrió con llave sin problema y echó un vistazo al interior de su piso.
—Todo está bien —me dijo, caminando hacia mí.
Entré en mi piso y él me siguió después, cerrando tras de sí.
—Lo interrumpiste a tiempo para lo que fuera a hacer, aunque me hubiera gustado que no te encontraras con esa situación.
Negó.
—Vamos a quedarnos con que ha salido bien —le pedí.
Me senté de nuevo en el sofá y él volvió a ocupar el sitio de antes, también.
Cogimos los botellines y los chocamos, antes de beber un buen trago.
—¿De verdad estás bien?
—Sí, aunque esta noche dormiré atenta a todo —reí.
—Me quedo aquí.
—No hace falta.
—Tienes un sofá cama muy cómodo y también una cama doble que no utilizas.
—Eres muy tonto —sonreí—. No lo digo por espacio, ni porque te quedes. Te recuerdo que has pasado varias noches aquí, conmigo, y algunas con mis amigos también. Lo he dicho porque ya bastante te he estropeado la noche del viernes con tu amigo.
—No pasa nada, Lía. Será por noches como esta…
Me hizo un guiño.
—Dejo que te quedes si aceptas que te invite a cenar.
Elevó las cejas, pero supe enseguida que me salí con la tuya.
—Por mí unas pizzas están bien.
—Por mí también —le confirmé, sonriendo.
—Estupendo. ¿Las vas pidiendo mientras voy a mi piso a cambiarme? Así vengo ya con el pijama.
—Claro. No tengas prisa.
Alan se fue y yo llamé a la pizzería para encargar nuestro pedido. Sabía sus gustos y, si en algo era de ideas fijas Eloy, era en comer siempre la misma pizza . Podía variar si había otras para probar, pero sin dejar de lado su pizza .
Cuando colgué, me levanté para llevar mi botellín vacío a la cocina. Lo dejé a un lado sobre la encimera y cogí otro de la nevera, el que abrí.
De vuelta en el sofá, comprobé que no tenía ninguna notificación importante y me acomodé a esperar a Eloy. Seguramente no tuviera que levantarme para abrirle, ya que en su piso tenía una llave del mío.
Yo también del de él, así como también del de Alonso y Berta. De esa manera nos asegurábamos de que, si alguno debía estar lejos de su piso por diferentes motivos, unos u otros podíamos ir a echarle un vistazo.
En el caso de Alonso y Berta era más importante, ya que eran mayores. Por lo que pudiera pasar, lo que esperaba que no sucediera.
Como ya esperaba, Eloy volvió abriendo él mismo y enseguida estuvo sentado a mi lado en el sofá, con su pijama.
Nos sonreímos y, después de decirle que en veinte minutos llegarían las pizzas , encendí la tele para comenzar a pasar los canales. Comenzamos a picotear de las patatas y de las aceitunas cuando dejé en la tele una serie que a ambos nos gustaba.
—Lía… —me llamó al cabo de un rato.
Giré la cabeza para mirarlo a la cara. Yo tenía la cabeza apoyada en el respaldo.
—¿Sí?
—La próxima vez, si te encuentras una situación igual o parecida, huye.
Giró su cabeza y nuestras miradas se encontraron.
—Huya ante cualquier cosa rara que veas y notes. ¿De acuerdo?
—Lo haré —le confirmé, para que se quedara tranquilo—. Hoy he reaccionado sin pensar y, la verdad, creía que no sería para tanto, que daría las buenas noches y entraría en piso tranquilamente, sin hacer sentir amenazado a ese hombre.
—Ha jugado contigo porque podría haberte hecho mucho daño.
—Lo sé, pero no ha sucedido.
Me encogí de hombros.
—Vamos a dejar el tema —le pedí—. Hoy ha sido un día feliz porque Alan por fin ha salido del hospital y está bien, aunque todavía le queda recuperación por delante y tomárselo con calma. Quiero quedarme con eso y con que esta noche vas a dormir aquí conmigo.
Soltó una carcajada y me uní a sus risas.
—Me alegro mucho de que Alan esté bien.
Sonreí y asentí. Lo sabía de sobra.
—Ya no volveré a hablar del tema más. Vamos a quedarnos con lo bueno.
—Exacto. ¡A la mierda todo lo malo! No le entre una diarrea fuerte a ese tío…
Bufé y después reímos con ganas.
Chocamos los botellines y bebimos en un brindis silencioso. Después continuamos viendo la serie, cuando faltaban pocos minutos para que el repartidor de las pizzas llegara.