No debiste volver (Irene Vega 1) Capítulo 42
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Capítulo 42

El simple hecho de que Joaquín hubiera ido a disculparse en persona con los padres de David había hecho que les diera el dato relevante de la amiga de la infancia de Nuria.

Ello había desembocado en que las piezas que parecían no tener relación entre ellas encajaran en la línea de investigación y todo cobrara sentido en conjunto.

Aquella mañana, Adrián se había quedado en comisaría redactando el informe de la declaración de Armando.

Por eso, cuando Marcos llamó a Irene por la noche para decirle que podría incorporarse a la investigación de manera presencial, después de que fuera al médico con Nieves y les dijera que todo estaba bien, hizo que la inspectora fuera a buscarle a casa para cerrar uno de los puntos más importantes y que corroboraría la confirmación de Armando en que su madre y su tía iban juntas al colegio.

Adrián se encargaría de llamar al colegio para que les pasaran el registro de alumnos de los cursos en que fueron a la misma clase.

Pero no estaba de más ir a casa de Nuria por si encontraban algunas pruebas que le dieran más fuerza a la investigación y a las declaraciones que tenían en ese momento.

Marcos se montó sonriente en el coche. Su rostro era el fiel reflejo de la felicidad.

Se pusieron al día de los sucesos en el trayecto hasta casa de Nuria.

Parecía que la vida les sonreía tanto en lo personal como en lo profesional.

Aún quedaba que Irene superara el trauma que le acechaba por la noche, pero estaba dispuesta a conseguirlo y eso era el primer paso para hacerlo.

Era lo que le había dicho Patricia cuando habló con ella por teléfono después de que Armando firmara la declaración en comisaría.

La científica ya había ido al piso de Nuria, habían tomado huellas, revisando superficies y analizando posibles rastros. Sin embargo, no obtuvieron nada de utilidad. Tampoco era una escena del crimen, por lo que los resultados no sorprendieron a nadie.

Subieron despacio, casi en silencio. Irene abrió la puerta con la autorización judicial en el bolsillo.

—Parece un sitio en el que no ha pasado nada —comentó Marcos, mirando alrededor.

—Justo por eso hay que mirar con calma. —Irene sabía que, muchas veces, lo que parece banal es lo que confirma las pruebas de un caso.

Comenzaron a registrar los muebles. Los cajones solo contenían facturas ordenadas, recibos de la luz y cartas sin abrir. En los armarios solo encontraron ropa doblada y multitud de zapatos con diferentes tipos de tacón.

—Nuria era una persona muy ordenada —comentó Marcos al cerrar uno de los cajones de la habitación.

—Eso parece. Está todo meticulosamente archivado. Incluso algunos de los informes de los chicos de la ONG están por orden alfabético. También tiene algunos futuros proyectos. Nada que ver con Carla —dijo Irene, sentada en el sofá con varias carpetas con el logo de la ONG en los muslos.

El ambiente del piso era frío. No había nada personal en él.

Ni una triste y pequeña foto de ella en ninguna estancia.

Siguieron avanzando en busca de algún detalle que les fuera de utilidad.

No tenían esperanzas en encontrar nada, pero no debían dejar escapar la posibilidad de entrar en el piso de Nuria.

Nunca se sabía lo que podrían encontrar.

Fueron a la segunda habitación, en la que Nuria había montado un pequeño despacho. En el corcho había una planificación del mes. Nada personal. Al revisar las estanterías, encontraron una caja en donde la palabra «graduación», hizo que se detuvieran y se mirarán entre sí.

—Cógela —pidió Irene a Marcos, que era más alto y llegaría con más facilidad que ella.

El cartón estaba desgastado. Habrían pasado muchos años por aquella caja hasta el día de hoy. La tapa se resistió un par de segundos, pero al fin se abrió, dejando ver un desorden de fotografías en blanco y negro mezcladas con algunas de color, antiguas y dobladas por las esquinas.

Irene cogió una al azar. Era la imagen de un grupo de adolescentes en uniforme escolar. Al reverso, con letra cursiva, alguien había escrito «graduación». La inspectora localizó a Nuria mucho más joven y con una sonrisa tímida.

—Aquí está. —Señaló con el dedo índice en la fotografía.

—Es Nuria —confirmó Marcos.

—Y esta niña de al lado es Ariadna. Es igual que Carla, sin duda es su madre. —Asintió Irene.

—No hay duda, son ellas. Es cierto que eran amigas desde el colegio. —Marcos miró a Irene—. Tenemos una prueba más.

—Con estas fotos y el listado que nos mande el colegio, tendremos las pruebas que sostienen que se conocían desde que eran pequeñas.

Siguieron revisando el contenido de las cajas. Puede que encontraran fotos de la familia o alguna que revelara algún secreto. Pero no fue así. Nuria sabía guardar los secretos.

Adrián les llamó con buenas noticias mientras terminaban de hacer el registro.

—Ya lo tengo. He hablado con el colegio y me han mandado el listado de todos los cursos —les contó Adrián con tono jovial—. Lo tenemos.

—Ya tenemos lo que queríamos —contestó Irene.

—Con esto, confirmamos el vínculo que las unía y la relación que mantenían hasta el punto de ocultar los peores secretos tantos años —dijo Marcos de pie en el salón de Nuria.

Cerraron la puerta tras de sí. El pasillo volvió a quedarse en silencio, como si nadie hubiera estado revolviendo la casa hacía unos segundos.

Bajaron las escaleras con la foto guardada en la carpeta.

Fuera, el aire fresco de la calle les devolvió la sensación de movimiento, de estar avanzando.

Habían vuelto al presente para dejar atrás el pasado de Nuria y Ariadna.

Por primera vez en días, Irene sintió que el peso que cargaba sobre los hombros se hacía más ligero. No era alivio aún, pero sí la certeza de que el caso estaba cerrado y podrían reabrir el de Carla. Demostrar que fue Nuria y que David por fin disfrutara de su libertad.

—Mañana veremos a Mariano —dijo al entrar en el coche para volver a comisaría y preparar el informe—. Con su testimonio podremos contar lo que de verdad ocurrió.

—Tarde o temprano, la verdad sale a la luz —reflexionó Marcos.