No debiste volver (Irene Vega 1) Capítulo 41
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Capítulo 41

Joaquín acababa de colgar cuando Irene llamó a Marcos sin pensarlo.

—Necesito confirmación urgente, compañero —dijo, caminando hacia la salida de la planta con Adrián siguiendo sus pasos—.

Revisa todas las llamadas de los móviles de Nuria.

Necesito que repases tanto el personal como el de la ONG.

La madre de David acaba de confirmar que Ariadna es la amiga de la infancia de Nuria.

Al otro lado sonaron las teclas del ordenador. Marcos las aporreaba a toda prisa.

—Irene —dijo Marcos con tantos nervios que se le notaban en la voz temblorosa—, en el móvil personal no hay nada, pero el de la ONG está repleto de llamadas del número de Ariadna.

—Hizo un silencio inesperado sin dejar de pulsar las teclas—.

He cotejado las fechas desde que se enteró de que estaba enferma.

Todas las llamadas que se han hecho son a partir de ese día.

Se llamaban casi a diario y las duraciones son bastante largas.

El día del asesinato de Nuria también hablaron. Ella fue quien mató a Nuria.

—Perfecto. Muchas gracias, compañero. Vamos a ver a Armando. Creo que es el único que sabe qué ocurrió y por eso iba a visitar a David a pesar de lo que había pasado —resumió con el aliento entrecortado por la carrera.

—No lo entiendo —Marcos estaba confundido—, entonces, ¿quién mató a Carla?, ¿su madre?

—La verdad es que no estoy segura. Espero que hoy Armando nos dé esa respuesta. Luego te llamo. Con las pistas que tenemos, deberíamos ir pronto a la casa de Nuria, puede que la clave esté ahí. —Irene llegó al coche.

—Llámame cuando salgas. Os espero en retaguardia. —Sonrió.

—Lo sé, siempre cuento contigo.

Irene colgó sin dejar de apretar el móvil en la mano. Miró a Adrián. Estaba esperando a que abriera el coche con la libreta en la mano y vestido de paisano.

—Hoy va a ser un gran día, Adrián. Tengo el presentimiento de que la verdad oculta hace décadas por fin saldrá a la luz. Más de una persona se quitará un gran peso de sus hombros —reflexionó la inspectora.

El ruido de apertura del coche se escuchó y Adrián, sonriente por las palabras de Irene, se montó.

—¿A dónde vamos? —preguntó. Se había apuntado a la huida improvisada de Irene porque le llamó con un ademán de mano. Sin embargo, no tenía ni idea de hacia dónde iba. Tampoco le importaba, iría a donde fuera.

«Somos un equipo», pensó sosteniendo la mirada de la inspectora.

—A casa de Armando.

Durante el trayecto, Irene le contó los nuevos hallazgos en la investigación. Adrián sentía que formaba parte de un equipo excepcional y la sensación de haber sido uno de los elegidos del grupo de Irene le hacía sentir que había tenido una gran suerte.

Armando tardó en abrir. Cuando por fin giró el pestillo, se quedó apoyado en el marco de la puerta. El cansancio era evidente en su aspecto. El modo en el que miró la placa cuando Irene le dijo que eran policías hizo pensar que se alegraba de que estuvieran delante de la puerta de su casa.

—Pasad. Sabía que no tardaríais mucho en venir. —Se apartó y señaló el interior.

El salón tenía libros apilados en el suelo.

La decoración era escasa. Se podría decir que solo tenía lo que necesitaba para vivir.

La persiana estaba a media altura, por lo que dejaba entrar unos escasos rayos de luz.

Armando la subió para que la estancia quedara iluminada de manera natural.

Se sentó, aguardando a que fueran ellos quienes empezaran la conversación.

—No hemos venido a pelear —arrancó Irene—. Solo queremos saber la verdad de lo que ocurrió la noche del asesinato de Carla.

Armando sonrió y contestó sin dejar de hacerlo.

—La verdad —repitió—. Cómo os gusta esa palabra a la policía.

La verdad siempre es relativa. A veces una mentira se convierte en verdad —hablaba con tono reflexivo, diciendo en voz alta los pensamientos que se había estado repitiendo durante años—.

Eso fue lo que pasó en esta historia. La mentira de Silvia Casas se hizo realidad.

¿Quieren saber el motivo de que Carla y Nuria murieran?

La envidia. La envidia de Silvia Casas a mi tía.

—Se concedió unos minutos para meditar—.

Solo vimos lo que quisimos ver, y no la realidad.

—¿Viste lo que ocurrió?

Armando asintió y se secó las lágrimas incipientes.

—Javier estaba dormido, pero yo no. Me desperté con las voces. No hablaban muy alto, sin embargo, no concilié el sueño porque sabía que Carla se marcharía con David en pocos días. Estaba muy triste. Deseé tanto que no se fuera que mi deseo se hizo realidad, pero no de la manera que yo quería.

Armando bajó la mirada hacia la mesa. Se frotó la cara con las manos para darse un respiro antes de poder articular palabra.

—¿Qué es lo que viste, Armando? Sabemos que Nuria iba a morir y quería confesar. Fue entonces cuando retomó el contacto con tu madre. Tenemos el registro de llamadas.

—Lo vi todo, si es eso lo que me está preguntando. —Se calló.

Adrián levantó la vista del cuaderno. Quería escuchar a Armando y saber qué es lo que ocurrió de verdad.

—Necesitamos que nos cuentes qué es lo que pasó, quién mató a Carla. Sabemos que tu madre quedó con Nuria para asesinarla y que no hablara, pero ¿por qué?

Cogió aire con los ojos cerrados antes de empezar a hablar.

—Mi padre se había ido de viaje ese fin de semana.

Era viernes. Mi tía había venido a casa, como hacía cuando mi padre se marchaba.

No se soportaban, pero con mi madre era otra cosa.

Eran amigas desde el colegio y se adoraban.

Supongo que nunca se imaginaron que una de ellas asesinaría a la otra.

—Se aclaró la garganta—. Nuria dejó correr el rumor que extendió Silvia para proteger a mi madre.

Ella era la que estaba con Mariano. Y ese día, también lo hizo.

Nuria esperaba a Carla en la terraza, como hacía siempre, pero ese día mi madre estaba con Mariano en la calle.

Nuria observó desde arriba que Carla iba a descubrir a mi madre con el chaval y bajó para evitar que se cruzaran. Fue un accidente.

—¿Cómo lo sabes?

—Yo estaba en casa y no dormía. Nuria siempre esperaba a Carla en la terraza.

Ella vio cómo David la dejaba en el portal.

Mi madre no estaba en casa. Dijo que salía un momento.

No dijo a dónde, obviamente. Después de que se fuera la policía, me mandaron a mi cuarto y mis padres y Nuria comenzaron a hablar.

—¿Qué escuchaste, Armando? —preguntó Irene con gran intriga.

—Ese día mi madre iba a dejar a Mariano. No quería que su familia se rompiera por una tontería. Así que bajó a hablar con él. La mala suerte quiso que fuera a la misma hora que Carla llegaba a casa.

—¿Nuria sabía que lo iban a dejar ese día?

—Sí, eso es. Por eso bajó para que Carla no lo viera. Cuando bajó, paró a Carla. David ya se había ido, y fue entonces cuando mi madre le dijo a Mariano que se fuera.

—¿Lo viste?

—Sí, lo vi por la ventana. Mi cuarto da a la calle principal, que es donde ocurrió todo.

—¿Tu madre mandó irse a Mariano? Es decir que él no vio nada, ¿es así?

Adrián apuntaba rápido para no perderse ningún detalle de la declaración.

—No lo vio, pero él sabe quién fue. No había nadie más.

—¿Quiénes estaban? —quiso confirmar la inspectora.

—Mi tía, mi madre y mi hermana. Fue una tragedia. Cuando Nuria bajó para impedir que Carla se enterara de todo, vio a mi madre y entonces lo entendió.

—¿Carla no lo sabía antes? A Andrea le dijo que era peor de lo que parecía.

—Mi tía fue a hablar con Carla al gimnasio.

Discutieron y llegaron a las manos, fue entonces cuando le dijo esa frase a Carla, pero en realidad, todavía no le había dicho la verdad.

Nuria no quería meterse. Mi madre dijo que le diría la verdad esa noche cuando llegara, pero Carla vio cómo Mariano se alejaba y no hizo falta que mi madre le dijera nada más.

Carla se volvió loca. Nuria intentó separarlas, pero al empujarla se tropezó —la voz de Armando era temblorosa. Se frotaba las manos sin cesar.

—¿Me estás diciendo que fue Nuria quien empujó a Carla?

Armando asintió.

—Fue un accidente, como pone en la autopsia —confirmó en voz alta.

—Sí, eso es. Fue un accidente.

—Pero tus padres dijeron que estaban de viaje. La policía esperó a que llegaran y les tomó declaración. He visto en el informe antiguo cómo ambos dijeron que no estaban en Madrid.

—Lo sé. Cuando ocurrió, Nuria y mi madre subieron en silencio para no despertarnos a Javier y a mí. Escuché cómo planeaban la coartada. Mi madre se marchó para hacer como que volvía con mi padre.

—¿Tu padre accedió? —preguntó la inspectora muy sorprendida.

—Le chantajearon entre las dos. Nuria le amenazó con que si decía que había sido ella, contaría que mi madre llevaba años acostándose en su cama con un menor.

Que era un cornudo consentido. La única opción que le dieron fue no contarlo a cambio de que él no dijera quién empujó a Carla. —Apretó los puños.

—¿Entre los tres decidieron buscar al culpable?

—Eso es. David fue quien la dejó en la puerta de casa y todo el barrio sabía que Nuria la esperaba en la terraza hasta que llegaba, así que no era descabellado echarle la culpa a la última persona con la que vieron a Carla durante esa noche, ¿no?

Supongo que lo hicieron bien, ya que David ha perdido su vida en la cárcel.

—No entiendo, Armando, ¿cómo has podido dejar que David pagara por un crimen que no cometió? —Irene habló con impotencia ante lo ocurrido. No daba crédito a que hubiera consentido que un inocente pagara por un crimen del que él era testigo.

—¡No lo entiende! Tuve que elegir. Son mi familia. No podría decir que mi madre estaba con un menor al que veía meterse en su cama por las noches. —Resopló—. Javier y yo como idiotas pensando que se acostaba con mi tía. Me siento tan estúpido.

—Al final tu familia se rompió igual —concluyó, comprensiva.

—Lo sé, por eso me marché de allí. Cuando cumplí la mayoría de edad, me fui.

No podía soportar ver a mis padres juntos.

La imagen de mi madre con Mariano me atormentaba.

El chaval con el que yo jugaba a la consola obligado por mi tía se estaba acostando por las noches con mi madre. —Negó con la cabeza—. Era humillante.

Armando rompió a llorar de manera silenciosa. Irene miró a Adrián, que era la imagen del desconcierto.

—¿Cómo sabes que tu madre mató a Nuria?

Armando cogió el móvil. Buscó lo que tenía que enseñarles y se lo entregó a Irene.

«Hoy acabará todo. No tendremos que seguir viviendo con el miedo a que nos humille más».

—¿Es un mensaje de tu madre?

—Desde que me fui, no volví a hablar con ellos. Por eso decidió mandarme un mensaje en clave. Solo nosotros sabíamos lo que ocurrió. Lo único que no sé es por qué lo ha hecho ahora —confesó Armando con los ojos entrecerrados.

—Nuria tenía metástasis. Había ido a hablar con David para decirle que iba a confesar lo que ocurrió.

Nunca le dijo a nadie quién mató a Carla, y ahora entendemos por qué.

Jamás hubo alguien a quien quisiera más que a ella, se protegía a sí misma y con ello el secreto de su amiga de la infancia —explicó Irene, que ahora sí entendía la sucesión de los hechos.

—Nunca me llevé bien con mi tía. A mí y a mi padre nos odiaba, y nosotros a ella.

Pero con Carla y mi madre era diferente, daba la vida por ellas.

Creo que ha quedado demostrado con lo que hizo.

Protegió a mi madre hasta el final. Sin embargo, cuando vio el final de sus días, pensó en hacer justicia y sacar a David de la cárcel.

Pero mi madre no iba a dejar que la hundiera y quedó con ella para matarla.

Era la única manera de que el secreto siguiera guardado.

—Si Nuria moría, el secreto lo hacía con ella —resumió Irene.

—Exacto.

—¿Y Mariano?, ¿no sabes nada de él?

—Como comprenderá, para mí es una persona no grata. Se rio de mí en mi propia casa. Cada vez que pienso cómo mi tía lo traía a casa para que luego se metiera en la cama con mi madre… es asqueroso —Armando hablaba con odio y rencor.

—Necesitamos que haga una declaración por escrito y la firme para presentarla ante el juez. Si quieres ayudar a David a salir de la cárcel, la necesitamos. —Irene hablaba con tono tranquilo y pausado para que entrara en razón. Tenía que tomar la decisión que no tomó hacía veinte años.

—Está bien, lo haré. —Se levantó—. Vamos a comisaría antes de que me arrepienta. Creo que se lo debo a Carla y a David. —Tragó saliva con miedo en los ojos.

En ese momento, Irene recordó su promesa.

—Javier Castaño me dio un mensaje para ti, Armando. Aún es tu amigo. Le gustaría hablar contigo, y creo que deberías hacerlo. Es una suerte que hayas encontrado a una persona como él —le confesó con cariño.

—Lo haré. Creo que él también se merece una explicación del motivo por el que desaparecí sin mirar atrás —reconoció Armando con la culpabilidad en sus ojos.