No debiste volver (Irene Vega 1) Capítulo 38
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Capítulo 38

Irene se había tomado el café de la mañana sin dejar de mirar la imagen en la que aparecían los registros de Andrea en la cárcel.

Marcos había estado trabajando a lo largo de la noche.

Se sentía culpable por no poder salir de casa para estar con Nieves y decidió que haría más horas en la investigación para que sus compañeros tuvieran los datos que necesitaban para avanzar al día siguiente.

Lo había conseguido. La inspectora se había levantado con un correo con las fotografías que hizo Marcos para que viera las llamadas de David a Andrea desde la cárcel.

La había llamado varias veces después de la visita Nuria.

Marcos había cotejado las fechas de las visitas y las llamadas.

Lo único que no eran capaces de descifrar era por qué David no lo había contado.

Tras unas breves divagaciones mientras subía el café, la inspectora intercambió unos WhatsApp con Marcos y llegaron a la conclusión de que Andrea era la única que le había apoyado en la distancia y no querría meterla en problemas.

Pese a lo ocurrido, Andrea fue una de las pocas personas que siguió creyendo en la inocencia de David.

Dejó la taza sin lavar y cogió el abrigo. Ya había ido a casa de Andrea, así que no necesitaba poner el GPS para llegar. Irene se orientaba de maravilla, le bastaba ir una única vez a un sitio para recordarlo para siempre.

Tuvo que serenarse al llegar al barrio de Andrea.

La inspectora se había levantado enfadada.

Andrea había mentido o, mejor dicho, había ocultado información útil para la investigación.

Ahora no tenía otra opción que decir lo que sabía y el motivo que la había llevado a callarse.

Joaquín tenía razón desde el principio. La mejor amiga de Carla no había dicho toda la verdad, ni hacía veinte años ni ahora.

Pero eso iba a cambiar. Irene no saldría de su casa hasta que le hubiera dicho lo que sabía.

Después de que Joaquín le hubiera dado su beneplácito para abrir el caso de su secuestro, estaba más motivada que nunca.

Necesitaba pasar página y que el miedo nocturno desapareciera para siempre.

Andrea abrió sin quitar la cadena de la puerta.

Asomó un ojo por la rendija que había dejado para comprobar la identidad de quien llamaba.

No se fiaba de que no hubiera nadie más oculto al observar por la mirilla.

Aquello hizo que Irene desconfiara. La inseguridad que sentía era, sin lugar a duda, por los asesinatos, y el único motivo para ello era que supiera más de lo que decía.

—Buenos días, inspectora. —Abrió la puerta y se apartó sin decir nada más.

—Buenos días, Andrea. Supongo que ya sabes por qué estoy aquí otra vez —dijo cuando se cerró la puerta.

—Claro. Pase al salón. —Andrea tragó saliva.

Se sentaron en los mismos asientos que la primera vez. Irene se colocó el bolso sobre los muslos y sacó la libreta con rapidez.

—Tenemos los registros de las visitas a la cárcel. Sabemos que fuiste a ver a David y que has hablado con él por teléfono varias veces —explicó con brevedad.

—Me imaginaba que lo mirarían, pero preferí hacer tiempo. Creí que esta vez encontrarían al culpable —dijo Andrea cabizbaja.

—Fuiste a ver a David antes de la condena y antes del asesinato de Nuria, ¿por qué? —La voz de Irene dejaba patente que no era una reprimenda. Solo quería saber la verdad.

—Porque él no fue. Carla y él se iban a ir porque estaban hartos de los rumores y de que por culpa de la familia de Carla no dejaban de estar en boca de todo el mundo…

Encima le ordenaron que dejara a David porque no era un buen chico, según el criterio de sus padres.

—Se frotó las manos con suavidad—. Sé que Carla hubiera querido que le ayudara.

—¿Qué es lo que te dijo David? —quiso saber Irene, sin divagaciones.

—Las dos veces me llamó por el mismo motivo, para demostrar su inocencia. De vez en cuando me llamaba, aunque solo haya ido dos veces a verle —volvió a divagar.

—Andrea, es importante —apremió con dureza en la mirada.

—Me dijo que Nuria había ido a verle y que iba a confesar quién fue.

Sin embargo, no estaba seguro de que no se echara atrás y me pidió el favor de que hablara con ella para convencerla.

David estaba muy agobiado, por primera vez veía la posibilidad de salir de la cárcel.

Lleva allí veinte años por un crimen que no cometió —aclaró con voz rota.

—¿Y hablaste con Nuria?

—No, la llamé varias veces, pero no me contestó.

—Se encogió de hombros—. Se lo dije a David y me dijo que insistiera, que era su única oportunidad.

Así que le mandé varios mensajes, llamadas…

, y la última vez que la llamé no dio señal.

Fue después de que… —No terminó la frase, y no hacía falta que lo hiciera.

—¿Y por qué estás tan segura de que David es inocente? —insistió Irene.

Andrea apretó los labios. Irene dejó un silencio justo el tiempo preciso para que se asentara lo dicho.

—Cuando nos vimos la primera vez, dijiste que no sabías nada y que nunca habías hablado con David. Ahora sabemos que las dos partes son mentira. ¿Vas a decir la verdad?

—No quiero meterme en problemas ni creárselos a nadie —respondió con un hilo de voz.

—Andrea, por favor, ¿qué es lo que no me cuentas? —Irene estaba perdiendo la paciencia, pero debía contenerse.

—Me encontré a Aitor en la discoteca y me contó la pelea entre Carla y Nuria.

Así que decidí preguntarle. Éramos muy buenas amigas y teníamos una gran confianza.

Me pareció raro y pensé que a lo mejor era por lo de que se iba a ir con David, que Nuria se había enterado y se había enfadado.

—Se rascó el brazo de manera inconsciente mientras recordaba lo que ocurrió—.

Fue entonces cuando me dijo una frase que no deja de rondarme la cabeza. —Miró al suelo.

—¿Qué es lo que te dijo? ¿Te refieres a la relación de Nuria y Mariano? —Irene quería llevar a Andrea por el camino de la investigación y comprobar si lo que habían descubierto era verdad.

—Se lo pregunté. Le dije que si era por el rumor de que Nuria estaba con Mariano y lo sabía todo el mundo.

Era la comidilla del barrio. Carla lo tuvo que pasar fatal.

—Resopló—. Pero ¿sabes qué me respondió?

Que la realidad era mucho peor que eso —dijo al fin con los ojos bien abiertos y negando con la cabeza.

—¿Eso qué quiere decir? —Irene sintió un aguijonazo de dolor con esa frase.

— La realidad es mucho peor —repitió Andrea—. ¿Qué quería decir con eso? No lo sé. Es lo que dijo.

—Hay testigos que confirman que los vieron juntos —añadió Irene, contrariada al cerrar el cuaderno de notas. Estaba segura de que ese interrogatorio no se le iba a olvidar.

—¿Silvia Casas? —Levantó las cejas—. Era una envidiosa y odiaba a Nuria desde el principio.

Los chavales adoraban a Nuria y le ofrecieron quedarse en el centro como trabajadora social, y a ella no.

Le hacía la vida imposible. A veces pienso que fue ella quien extendió el rumor para que Nuria tuviera que desaparecer.

—Entonces, ¿qué significa la frase de Carla?

—No lo sé, me dijo que al día siguiente me lo contaría bien. Ya se iba de la discoteca con David y no quería llegar tarde a casa. Por desgracia, esa noche fue cuando la asesinaron. —Los ojos de Andrea se volvieron brillantes, como la luna en una noche oscura.

—¿Me estás queriendo decir que lo de Nuria y Mariano era mentira? —Irene respiró profundamente, con la mirada clavada en los ojos de Andrea.

—No lo sé. A David le dijo la misma frase, pero tampoco sabe a qué se refería.

El rumor de que estaban liados se había extendido.

Pero lo que sí le puedo decir es que Nuria se llevaba a Mariano a casa siempre que venía a Madrid.

Eso es cierto, porque yo y todo el barrio lo veíamos con nuestros propios ojos —confirmó Andrea con rotundidad.

—¿Crees que le tenía miedo? —Irene intentaba buscar una explicación al giro que estaba dando la investigación.

—¿A Mariano? ¡Qué va! Al menos al principio. Después del asesinato de Carla, puede que sí. Los padres dejaron de hablar a Nuria y Armando al final también decidió irse. No sé qué fue lo que pasó, pero Mariano también desapareció —recordó con dolor—. La familia lo pasó muy mal.

—¿Me estás diciendo la verdad, Andrea? —quiso asegurarse.

—Sí, le he dicho todo lo que sé. Pero no sé a qué se refería Carla con esa dichosa frase. No sé qué podría ser peor que una relación de su tía con un chaval del barrio… —pensó en voz alta.

—No te preocupes, porque lo voy a descubrir. —Irene se levantó—. Gracias, Andrea, si recuerdas algo más, llámame. Es importante.

—Por supuesto. Espero que saquen a David de la cárcel. Es inocente del asesinato de Carla. Si hubieran detenido al culpable en su momento, puede que Nuria siguiera viva —dijo con pesar.

—Lo sé. Voy a solucionar el gravísimo error que se cometió hace tantos años.

—Hablen con Armando. Creo que es el único que tiene las respuestas importantes. —La voz de Andrea denotaba el cansancio de no conocer la verdad y el dolor porque después de tantos años no hubiera salido a la luz.

La inspectora salió decidida de casa de Andrea. Le daba vueltas la cabeza. No sé le podía ocurrir nada peor que la relación con un menor de edad. Debía hablar con Armando.

Hizo una videollamada a tres para que Joaquín y Adrián, que estarían de camino a hablar con Beltrán, y Marcos, que estaría en casa, estuvieran informados de lo que acababa de descubrir.

«No había ninguna relación entre Nuria y Mariano. Era solo un rumor».

Javier Castaño había confirmado también esa relación e Irene comenzó a pensar que todos los testigos habían mentido dando por bueno un rumor extendido en el barrio. Partían de una premisa errónea, como ellos mismos habían hecho en la investigación.