No debiste volver (Irene Vega 1) Capítulo 28
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Capítulo 28

Irene empujó la puerta del bar. Aún era temprano para subir a comisaría y necesitaba un café del bueno. Había olvidado el termo en casa, así que la mejor opción era tomarlo en el bar de abajo. Así se tomaría el descanso en solitario que necesitaba para pensar qué hacer.

El bar ya estaba repleto de gente. La cafetera no dejaba de trabajar y el vapor del agua hirviendo sonaba sin cesar.

Las cucharillas tintineando y las conversaciones cruzadas retumbaban en el local.

La inspectora eligió una mesa junto a la ventana, de espaldas al resto del mundo. Quería y necesitaba sentirse apartada.

Sacó un cuaderno de notas que comenzó la noche anterior, hasta que se quedó dormida con la cara aplastada sobre él.

Empezó a escribir lo que quedaba por hacer en la investigación.

El camarero la miró y paró un segundo para levantar la mano y que le sirviera el café.

Iba con frecuencia, así que no tenía que decirle nada más.

Sentía que estaba fallando en la investigación de Carla, de Nuria y, sobre todo, en la de Samuel.

No se iba a dar por vencida. Además, ahora tenía el apoyo de Adrián.

Nunca había sido de delegar ni de tener compañeros, pero la presencia de Marcos y el propio caso la estaban cambiando.

No se reconocía. «Compañeros… Nunca me lo hubiera imaginado, y encima en plural». Sonrió con aquella afirmación.

Esperó a que el camarero le sirviera el café dando golpecitos en el cuaderno con el bolígrafo.

Joaquín había cerrado la puerta de Samuel con llave y ella no podía quedarse mirando.

La iba a volver a abrir y darle la paz que necesitaba.

Se sentía culpable, pero estaba segura de que le habían asesinado y de que Joaquín no había fallado como amigo.

Simplemente no lo vio venir, ni siquiera lo sospechó.

Marcos volvía aquel día. Estaba feliz de tenerle de vuelta, pero no quería apartar a Adrián, sabía que era un efectivo importante y alguien en quien se podía confiar.

Además, el inspector podría salir en cualquier momento por la salud de su mujer y su hijo.

La investigación no podía detenerse, había que seguir hasta el final, estuviera Marcos o no.

La mayor duda de Irene era darle un trabajo a Adrián que le quedara grande o que le asustara.

Bebió un sorbo de café con la mirada perdida y la mente puesta en las tareas pendientes.

Apoyó la espalda en la silla y miró por la ventana cómo un autobús paraba en la marquesina y multitud de pasajeros bajaban con prisa hacia su rutina diaria.

Irene terminó el café y cerró el cuaderno para guardarlo en el bolso.

Tenía que seguir trabajando. David aún estaba en la cárcel, ya había pagado con demasiados años de su vida por un crimen que no cometió.

«¿David no sabrá algo más de lo que nos dijo? Las preguntas no fueron las adecuadas. Hay que solucionarlo».

Dejó el dinero en la barra cuando el camarero la miró unos segundos.

Cruzó la calle y subió a comisaría con el paso firme y decidido de quien no podía estar más tiempo dando vueltas a lo que estaba bien o mal. Lo más sensato era pasar a la acción.

Marcos ya estaba en su sitio cuando entró. Tenía el móvil en la mesa, pero no lo miraba, solo jugueteaba con un bolígrafo, dándole vueltas entre los dedos. Levantó la vista en cuanto la vio.

—¡Vamos! Tenemos que decidir qué hacemos con Adrián. Quiero que nos siga ayudando. Así avanzaremos más rápido —explicó Irene de camino a la sala de reuniones.

—Vale. Te sigo. —Marcos cogió un cuaderno que se había comprado para ir apuntando lo importante en los interrogatorios y no hacerlo en el bloc de notas del móvil.

—¿Todo bien? —Quiso saber Irene sin dejar de andar.

—Sí, todo bien. Pero ese susto me va a hacer pensar el resto de las noches hasta que le vea la carita.

—Ya me imagino. Lo mejor para que no le des vueltas al tema es trabajar e investigar con todos los sentidos. ¿Qué te parece la proposición? —Irene intentaba que estuviera entretenido. Estaba en una situación complicada y distraerse era lo mejor que podía hacer.

—Está muy bien. Un buen plan de choque. —Sonrió—. Mira, me he comprado un cuaderno. —El inspector lo levantó para que lo viera.

—¡Igual que yo! —Hizo lo mismo—. Esto sí que es sincronización.

Irene abrió la puerta de la sala de reuniones y comprobó que estaba vacía. Meneó la cabeza para que Marcos entrara y encendió la luz.

—Voy a por Adrián, ahora mismo vengo.

A los pocos minutos, volvió con el agente. Su cara reflejaba lo sorprendido que estaba ante la reunión improvisada de Irene.

Se sentaron y cerraron la puerta.

—Adrián, quiero que estemos los cuatro en este caso, pero quiero que nos ayudes a una investigación paralela que es muy confidencial y de la que no se puede enterar nadie. —Alzó las cejas—. Nadie. Incluido Joaquín —dijo en un murmullo.

—¿No será ilegal? —preguntó al recolocarse en el asiento. Se sentía raro sin el uniforme puesto en el trabajo.

—A ver, ilegal no es, pero tampoco lo ha ordenado Joaquín.

—Arrugó los labios—. No sé cómo calificarlo.

Mira, Samuel fue asesinado. Aunque todo el mundo me diga que no, yo te digo que sí.

Joaquín se mosqueó ayer, pero yo sé que está relacionado con el caso de Carla.

Entonces, necesito que me busques toda la información que tengamos de la familia Miret y su entorno.

Después, si no encontramos nada, rebuscaremos en la vida de Samuel.

Si no es de una manera, es de otra, pero no pienso dejarlo estar.

Samuel fue asesinado, y si no es así y me he equivocado, encontraremos el motivo del suicidio investigando a fondo su vida o sus casos.

—No sé, Irene, no me parece buena idea. Joaquín te habrá dicho que lo dejes por algo, ¿no? —Adrián tenía serias dudas de la decisión de la inspectora.

—Irene, tiene razón, ya te lo dije. Déjalo. Si durante la investigación aparece algo extraño que esté relacionado, lo investigaremos, te lo prometo. Pero puede que no tengas que seguir por ahí. Más que nada por la reacción que cuentas de Joaquín. —Marcos intentaba hacerle entrar en razón.

—Está bien, como queráis. Lo dejaremos de momento, pero no estoy de acuerdo con vosotros. —Se cruzó de brazos—. Hay que ir al centro cultural y a ver a David de nuevo. Quiero que nos corrobore lo que me confirmó ayer Javier Castaño sobre Nuria.

Les resumió lo que el día anterior confesó Javier Castaño por teléfono.

—Necesito la confirmación de esa teoría sobre Nuria por el centro cultural El Sol y por el propio David, ¿vale? —Ambos asintieron—. ¿Cómo nos separamos y a dónde vamos cada uno?

—No sé, pero Adrián no puede ir solo. Así que si quieres voy yo a hablar con David, que ya fui —Se ofreció Marcos—. Yo creo que es lo mejor, porque ya me conoce y sabe que estamos intentando sacarle de la cárcel. No va a poner pegas de ningún tipo, y si sabe algo me lo va a decir —supuso.

—Ya, es lo que yo pensaba. Pero, si lo sabía, ¿por qué no dijo nada en su momento?, ¿no os parece raro? —añadió Irene.

—A lo mejor sí lo dijo, pero no está en el informe.

Faltan muchas cosas, puede que una de ellas sea esa.

—Marcos nunca daba nada por sentado, y si aquella confesión iba en su beneficio no entendía qué motivo había para ocultarlo.

Lo más lógico era que lo hubiera contado pero no le hubieran hecho caso o se extraviara esa información.

Irene se quedó pensativa y se le encendió una pequeña bombilla.

—¡Puede ser! David dijo que el único que le creía fue Samuel. ¡Qué casualidad! Samuel se ha suicidado y la transcripción de su declaración tampoco está. —Movió la cabeza con ironía—. ¿Seguís sin creerme? Aquí hay gato encerrado y no lo estáis viendo, pero vale. Correremos un tupido velo, por ahora.

—Voy a la cárcel. Menos mal que me he traído el coche. —Se levantó—. Vamos a salir de dudas hoy. Le preguntaré a David sobre Samuel, a ver cuál es su opinión. Nunca está de más escuchar diferentes versiones sobre un mismo suceso.

—Exacto. Vamos, Adrián. —Se levantaron también—. En cuanto salgas, me llamas y me cuentas.

—Claro. Estamos en contacto —confirmó Marcos.

El inspector salió de la reunión y comprobó el móvil. Había dejado a Nieves durmiendo. La llamaría de camino a la cárcel. Esperaba que todo avanzara sin ningún susto más.