Capítulo 27
Luca estaba terminando de recoger la cocina cuando llamaron a la puerta.
Miró el reloj que colgaba sobre el frigorífico y frunció el ceño.
No esperaba a nadie. Mucho menos a aquella hora.
Se secó las manos con un paño y caminó hasta el recibidor.
Al mirar por la mirilla, sintió un nudo en el estómago.
Soltó aire lentamente antes de abrir.
—Empiezo a pensar que os gusta demasiado mi compañía —comentó Luca—. Espero que hayáis venido a hablar de la seguridad que me prometisteis. No veo ningún coche en mi puerta.
Marcos le devolvió una sonrisa educada, aunque no especialmente convencida.
—¿Podemos pasar? —intervino Joaquín.
Luca los observó unos segundos. Sabía perfectamente por qué estaban allí y que, tarde o temprano, acabarían presentándose.
—Claro —respondió apartándose del marco de la puerta—. Pasad.
Los dos entraron en silencio.
La casa era modesta, pero acogedora. El salón y la cocina compartían una estancia amplia. Todo estaba ordenado. Sobre una estantería había varias fotografías familiares y algunos libros colocados con excesivo cuidado.
Joaquín se fijó en una fotografía en la que aparecían Luca y Santiago muchos años atrás.
Luca siguió su mirada.
—Fue en una ruta por Asturias —explicó mientras cerraba la puerta—. Santiago odiaba caminar, pero insistió en venir.
—No parece que lo estuviera pasando mal —observó Joaquín.
Luca miró la fotografía. Santiago reía. Hacía mucho que no pensaba en aquella imagen.
—No —admitió con una tristeza difícil de ocultar—. Ese día no.
Marcos intercambió una mirada con Joaquín.
Luca asintió despacio. Ahora comenzaba la parte incómoda. Lo notaba por los gestos de los policías. Tomó asiento frente a ellos y entrelazó las manos.
—Preguntad.
Marcos miró a Joaquín antes de empezar.
—El portero del edificio nos ha dicho que estuviste allí horas antes de que Santiago fuera encontrado muerto.
Luca bajó la vista durante un instante. No parecía sorprendido, solo cansado.
—Sí, es verdad.
La respuesta hizo fruncir ligeramente el ceño a Marcos.
—¿Por qué no nos lo dijiste? —quiso saber Joaquín.
—Porque sabía exactamente cómo iba a sonar. —Luca apoyó la espalda contra el sofá y respiró hondo.
—¿Y cómo iba a sonar? —preguntó el comisario.
—Como suena ahora mismo. No vamos a fingir que no lo parece. Pero tenéis que creerme. Yo no lo maté. No tengo ningún motivo para hacerlo.
El silencio se instaló entre los tres. Luca se pasó la mano por la barba antes de continuar.
—No lo maté —insistió Luca mientras contenía el llanto.
—Nadie ha dicho que lo hicieras. Pero tenemos que reconstruir lo ocurrido antes del asesinato. Si estuviste allí, debes decirnos si viste algo y si alguien te vio salir —indagó Joaquín con calma.
Luca asintió despacio y se frotó la cara mientras tomaba una decisión.
—Llevábamos meses discutiendo, desde que habló con Izan y retomó la investigación. —Carraspeó—. Quería cerrar el caso de una vez. La visita de Izan removió el pasado, pero no para bien.
—¿No querías que lo hiciera? —preguntó Marcos.
—No. Desde la muerte de Samuel, tenía la sensación de que era un error. Es mejor dejar a los muertos tranquilos.
—¿Se había obsesionado? —preguntó Joaquín.
—Al principio pensé que simplemente estaba removiendo cosas antiguas porque le costaba jubilarse mentalmente.
Pero cada vez iba a peor… Si tengo que ser sincero, me asusté.
El caso del secuestro solo ha traído más muertes.
Y sigue haciéndolo. No quiero parecer un paranoico, pero no quiero que me pille en medio.
—Se lo dijiste a Santiago.
—Sí, pero no me hizo caso y continuó con la investigación. Desde entonces intentaba ir al despacho solo cuando él no estaba. —Respiró hondo—. Me había llamado varias veces y cada vez lo veía peor. Pensé que, si no le hacía mucho caso, al final desistiría. Pero no fue así.
—¿Fue a peor?
—Sí, veía conexiones por todas partes. —Luca se inclinó hacia delante y apoyó los codos en las rodillas—.
Cualquier conversación terminaba en lo mismo: los secuestros e Irene.
Por eso no quería coincidir con él. Era como animarlo a seguir con aquella locura.
—Negó con la cabeza—. Me siento culpable por no haberlo parado antes, pero era imposible.
—Samuel era igual de obsesivo —recordó Joaquín.
Marcos los miraba con mucha atención.
—¿Y el día del asesinato por qué fuiste? Dinos la verdad. No tienes que proteger a nadie, solo a tu familia y a ti mismo —le recordó Joaquín.
—Me pidió ayuda. Me dijo que ya lo tenía. Había encontrado en las muertes el mismo patrón que detectó Samuel. Pensé que se lo estaba inventando para vernos, pero, después de lo ocurrido, creo que decía la verdad.
—¿De qué hablasteis?
—Volvimos a discutir. Insistía en que llevaba años ignorando las mismas señales —explicó Luca con voz temblorosa.
—¿Qué señales?
—No lo sé. Estaba loco. Veía patrones y señales por doquier. Por eso escondió el informe de la autopsia de Samuel. Pensaba que iban a por él porque estaba cerca de descubrirlo —argumentó.
—Y era verdad —concluyó Joaquín con pesar.
—Ahora lo sabemos, pero, en ese momento, estaba convencido de que su cabeza le jugaba una mala pasada.
Los tres guardaron silencio durante unos segundos.
—Pensé que, si realmente había descubierto algo después de veinte años, ya tendría pruebas. Y fue entonces cuando me habló de los patrones.
—¿No llegaste a ninguna conclusión?
—No. Le pedí que lo dejara y me dijo que no, que ahora estaba muy cerca y no podía rendirse.
—¿Te enfadaste? —preguntó Marcos.
—Mucho. —Suspiró—. Tenía la sensación de que iba a terminar igual que Samuel. Ninguno de los dos sabía parar. Ni siquiera sabía que Santiago esperaba a alguien en el despacho. Supongo que no quiso decírmelo porque no estábamos de acuerdo.
Joaquín se recostó en el sofá. El tono de Luca le parecía sincero. Llevaba demasiados años en la policía como para ignorar que todos ocultaban algo, pero Luca parecía esconder sobre todo un sentimiento: la culpa por no haber actuado en aquel momento.
La presión hizo que Luca rompiera a llorar en silencio. Se secó las lágrimas con disimulo. No le gustaba que nadie lo viera tan vulnerable.
—Tranquilo, lo vamos a encontrar —dijo Marcos.
En ese momento, Joaquín recordó que Luca estaba solo.
—¿Y tu familia?
—Mi mujer ha ido a ver a la viuda de Santiago. Quería darle el pésame en persona.