Capítulo 15
La cafetería de la comisaría estaba prácticamente vacía a esas horas. Solo un par de agentes uniformados desayunaban al fondo mientras hablaban. Adrián removía sin interés el azúcar de su vaso de plástico y Marcos revisaba varios folios sobre la mesa.
—Te lo digo en serio, como sigamos así no vamos a llegar a ninguna parte —murmuró Adrián.
Marcos levantó la vista de los papeles.
—Llevas días con el mismo discurso.
—Porque no me hacéis caso. Hay que hablar con Tomás. Sabe más de lo que parece. —Miró a su alrededor.
Adrián dejó la cucharilla sobre el plato con más fuerza de la necesaria. Tenía mal aspecto. Casi no había dormido desde que encontraron el cadáver de Santiago Montes y la tensión empezaba a notársele incluso al hablar.
Marcos lo observó antes de volver a mirar los informes.
—Joaquín está esperando algo.
—¿El qué?
—No lo sé.
Adrián soltó una pequeña risa seca.
—¡Pues qué bien!
Durante unos segundos, ninguno habló. El ambiente en comisaría se había vuelto extraño desde el asesinato de Santiago Montes. Demasiadas conversaciones se interrumpían cuando alguien entraba en la sala; demasiadas miradas se volvían incómodas al aparecer el nombre de Samuel Hernández.
Marcos cerró finalmente la carpeta que tenía delante y se frotó los ojos.
—¿Has vuelto a hablar con Héctor? Puede que necesite tiempo para encontrar el momento.
—Puede ser. No hay que forzar la situación.
—También creo que está harto de que le removamos toda esa época otra vez.
—Eso seguro. Joaquín también se calló durante años.
—Ya. —Puso los ojos en blanco.
La conversación se cortó cuando la puerta de la cafetería volvió a abrirse. Adrián levantó la cabeza y Marcos siguió su mirada. Ambos sonrieron al instante. Irene entró con Joaquín. La inspectora caminaba con la seguridad de quien ya no estaba dispuesta a quedarse al margen.
—¡Por fin una buena noticia! —exclamó Adrián al levantarse para darle un abrazo.
—Espero que esto sea definitivo y no haya más enfados —susurró Marcos al oído después de abrazarla.
—Vamos a la sala de trabajo —ordenó Joaquín con seriedad, aunque estaba feliz de tenerlos a todos juntos.
Los tres se miraron con una pequeña sonrisa y siguieron a Joaquín en silencio.
Adrián cerró la puerta.
—Todos estamos muy contentos, pero vamos a ponernos a trabajar. Creo que nos queda una larga investigación —dijo Joaquín.
—Ha venido a mi casa y nos hemos puesto al día. Como os habréis podido imaginar, he seguido investigando por mi cuenta —confesó Irene—. Quiero que todos manejemos la misma información desde el principio, si os parece bien.
—Me parece perfecto.
Todos se sentaron alrededor de la mesa. Irene sacó varias carpetas del bolso. Les resumió los últimos hallazgos.
—Samuel sospechaba que las niñas habían sido sedadas durante el secuestro —confirmó Irene.
—Vale, ¿y con eso qué hacemos? —preguntó Marcos.
—El asesinato más reciente es el de Santiago Montes. Si está relacionado con los secuestros, debemos centrarnos en él. A medida que avancemos, veremos dónde confluyen ambos casos —sugirió Joaquín.
—Ya, pero el secuestro es el principio —recordó Irene.
—Por eso es del que vamos a sacar menos información, sobre todo porque Eva Ruiz destruyó todas las pruebas —recalcó Marcos con la cabeza ladeada.
Adrián resopló.
—Tengo una idea: ¿y si seguimos los pasos de Santiago Montes? Adónde fue, con quién habló y todo eso —sugirió Adrián.
—A mí me parece buena idea. —Marcos le dio una palmada en la espalda a su compañero.
Joaquín estaba sentado mirando hacia la puerta.
—Lo más urgente es hablar con Izan. Su llamada hizo que Santiago retomara la investigación —dijo Joaquín.
Irene colocó las manos sobre la mesa.
—No. Fueron los padres de Alma los primeros que lo contrataron, ¿no?
—Sí, pero dejó de investigar y luego volvió a hacerlo con la llamada de Izan. Bueno, al menos, eso es lo que dijo antes de que lo arrestáramos. —Marcos miró a Joaquín.
—Creo que lo mejor es que empecemos por ahí. Marcos y Adrián, vais vosotros.
—¿Y yo? —preguntó Irene.
—Revisa la información que hemos recopilado durante el tiempo que has estado fuera. Luego tenemos que repasar los últimos movimientos que hizo Samuel el día que lo asesinaron —dijo con la voz temblorosa.
Irene se quedó muda. Era la primera vez que Joaquín reconocía que habían asesinado a Samuel. Reconstruir sus últimos pasos era esencial para entender cómo habían llegado hasta allí.