Capítulo 9
Marcos entró detrás de Luca. Joaquín había estado allí el día del asesinato y no advirtió nada fuera de lugar.
Sin embargo, no era lo mismo echar un vistazo por encima que registrar algo en concreto.
Con la ayuda de Luca era más probable dar con un detalle que se les hubiera pasado.
Marcos no dejaba de pensar en lo que estaría sintiendo el comisario.
Habían pasado muchos años y seguía sintiéndose culpable por haber tenido una relación con Mónica.
Pero, aun así, seguían siendo amigos. El comisario estaba convencido de que Samuel se había suicidado por su culpa, pero todo empezaba a apuntar a que estaba equivocado.
El aire estaba cargado. Las persianas aún estaban medio bajadas y Luca se acercó para subirlas.
La penumbra le recordaba lo que había ocurrido.
No quería tener ese recuerdo en su mente, ya que debía volver al trabajo en unos días.
Era mejor recordar los buenos momentos que había pasado con su amigo que la manera en que lo habían asesinado.
Luca cerró la puerta detrás de ellos y permaneció unos segundos observando el lugar.
—No había vuelto —murmuró el detective.
Joaquín no respondió. Caminó lentamente por el despacho mientras lo recorría con la vista. La mesa seguía llena de carpetas abiertas y vasos de café vacíos. La Científica había retirado la mayoría de las pruebas, pero aún quedaban pequeños adhesivos numerados en algunos muebles.
Marcos se acercó a la pared cubierta de fotografías y notas de otros casos que investigaba Santiago.
Pensó que servían para disimular. El detective había tenido más miedo del que él imaginó en un principio.
Quizá el despacho fuera una tapadera por si alguien lo perseguía o entraba a registrarlo.
Sin embargo, prefirió no parecer paranoico y se guardó aquella impresión.
—¿Registraste todo esto ya? —preguntó Luca.
—Sí, pero quiero revisarlo de nuevo. —Joaquín dirigió la vista hacia él—. Si Santiago tuviera miedo de que lo mataran por investigar el caso de los secuestros, ¿dónde crees que guardaría lo que había descubierto?
—Tenemos el armario con llave, pero lo reventaron —señaló mientras se acercaba—. Voy a comprobar el expediente de Lucía Rosales.
—Revisa por el nombre de Inmaculada Otero —sugirió Marcos mientras abría otro de los armarios sin llave.
—Y por Irene Vega. Lo único de lo que tenemos certeza es de que a ella sí que la investigó —añadió Joaquín.
—El expediente de Irene Vega lo destruimos —recordó Luca.
Joaquín resopló.
—¿No guardasteis nada, ni siquiera de manera electrónica?
—No. A Santiago le parecía demasiado peligroso, y a mí también. Ese fue uno de los motivos por los que me desentendí del caso. Le dije que lo dejara, pero no quiso… —Luca parecía cada vez más afectado desde que entraron en el despacho.
—Tranquilo, vamos a encontrar a quien hizo esto. —Lo consoló Joaquín.
Luca arqueó las cejas antes de volver a hablar. Su mirada dejaba claro que era escéptico ante aquella afirmación.
—Lo sé, pero esta vez es distinto. Tenemos las pruebas que nos dejó Santiago. Solo hay que averiguar qué descubrió. —Joaquín se sentía culpable, pero debía continuar y dejar a un lado los sentimientos.
—Ese es el problema. Estuvo raro los últimos días. El caso se había convertido en una obsesión para él. —Guardó silencio unos segundos—. Encontró al responsable; por eso está muerto. —La expresión del detective cambió.
Marcos y Joaquín se dieron cuenta al instante. Luca se acercó a la mesa y la empezó a mover. Los policías rápidamente lo ayudaron a empujar.
—¿Qué pasa? —preguntó Marcos sin dejar de hacer fuerza.
—Santiago mandó hacer una pequeña caja fuerte en el suelo. No es muy grande, pero creo que lo que quería guardar no era algo de grandes dimensiones —aclaró al pisar con ambos pies la alfombra.
—¿Cuándo tomó esa decisión? —intervino Joaquín con los brazos totalmente estirados.
Luca esbozó una sonrisa de suficiencia antes de responder.
—Creo que todos sabemos la respuesta.
Apartaron la mesa. Luca se agachó con impaciencia y movió la alfombra que cubría la caja fuerte. Como les había dicho, era pequeña.
—Por favor, dime que te sabes la combinación —dijo Joaquín, nervioso.
—Espero que pusiera uno de los códigos que siempre usábamos. Llevábamos demasiados años juntos como para no conocernos bien. Si Santiago quería que la abriera en caso de que le ocurriera algo, será uno de ellos —explicó Luca con los ojos acuosos. Para él era una cuestión de confianza.
Introdujo un código y la minúscula pantalla dio error. Exhaló despacio al mirar al comisario. Cerró los ojos antes de intentarlo de nuevo. Tecleó con los dedos temblorosos. Marcos sintió la tensión acumulada en la nuca.
El sonido de apertura les dio una gran alegría. Aún no sabían si lo que iban a encontrar les sería de ayuda, pero, al menos, Luca entendió que su amigo quería que encontrara lo que había guardado.
—Saca todo —ordenó Joaquín mientras se secaba el sudor de las manos en los pantalones.
Luca asintió y cogió la documentación. Sin revisarla, se la dio a Joaquín.
—La escritura de su casa, contratos de… —leyó en voz alta hasta que se paralizó.
—¿Qué pasa? —preguntó Marcos, que se había puesto a su lado.
—Es la autopsia de Samuel. —Clavó la vista en el inspector con los ojos entrecerrados—. No entiendo qué hace esto aquí.
Luca se levantó y se colocó al lado de los policías.
—Santiago creía que el secuestrador lo asesinó —confesó sin apartar la mirada del informe.
Joaquín guardó silencio mientras lo escuchaba. No podía decir nada.
—Yo revisé este informe y no vi nada. —Lo abrió—. Debí pasar algo por alto que Santiago sí encontró.
Marcos tenía un nudo en el estómago que lo mantuvo en silencio. En ese momento, al ver la reacción de Joaquín, supo que él no tuvo nada que ver con la muerte del inspector Hernández ni con los secuestros.
Joaquín empezó a pasar las páginas lentamente.
—Santiago subrayó lo que le llamó la atención. Ahora sabemos por qué guardó el informe en la caja fuerte —dijo Joaquín sin apartar la vista de él.
—«Análisis toxicológico general sin hallazgos concluyentes» —leyó en voz alta.
—¿Lo pediste tú? —le preguntó Marcos.
Joaquín sacudió la cabeza y señaló otra frase con el dedo para que la leyera.
—«No se realizan análisis toxicológicos segmentados al no considerarse necesarios». —Marcos frunció el ceño.
—¿Qué cojones significa eso? —interrumpió Luca, que no entendía tanto secretismo.
—Significa que Santiago creía que me había equivocado al no pedir las pruebas de toxicología. No las pedí. Fue un error. —Cogió aire—. No había indicios y desistí por escuchar a los demás. Debí seguir mi instinto y no lo hice.
Marcos apoyó una mano sobre el hombro.
—Vamos a solucionarlo. Las podemos pedir ahora. Las muestras que recogió la Científica estarán archivadas —lo animó el inspector.
Joaquín asintió. Cerró la carpeta.
—¿Nunca te dijo nada más? —le preguntó a Luca.
—Insistió en ello. Decía que la investigación fue un desastre.
¿La hiciste tú? —Miró a Joaquín, que asintió en silencio—.
Dijo que o estabas involucrado o te habían comido la cabeza.
Santiago sabía quién eras. Samuel hablaba mucho de ti…
—Hizo una breve pausa—. Después de saber que estabas con Mónica, se enfadó mucho.
Pero era un gran tipo, ¿sabes? Luego se alegró; dijo que, al menos, no os perdería a ninguno de los dos.
—Por eso Santiago sabía que no se había suicidado, ¿no?
Luca confirmó con un leve gesto.
—Tengo que hacer justicia. ¿Me puedo llevar el informe de la autopsia? —preguntó Joaquín por cortesía mientras lo sostenía en el aire.
Un papel se cayó de entre sus páginas. Marcos se agachó para cogerlo.
—¿Qué pone?
—Santiago nos ha dejado una pista por dónde empezar. —Marcos le dio la nota.
—¿Te suena alguien con quien trabajara Santiago que se apellidara Ruiz? —preguntó a Luca.
—Claro. Trabajó con nosotros en el caso de los secuestros. Puede que tú también sepas quién es. Se llama Eva Ruiz. Era policía científica por aquel entonces —contestó.
—Perfecto. Entonces ya sabemos con quién tenemos que hablar. —Joaquín sonrió por primera vez desde que entraron, satisfecho—. Mañana iremos a buscarla.
—Si necesitáis mi ayuda, solo tenéis que pedirla —se ofreció sin pensarlo.
—Creo que Eva no confía en nosotros. Tengo la sensación de que el trabajo de toxicología lo hicieron por cauces no oficiales.
—Joaquín tiene razón. Luca, sabemos que es mucho pedir teniendo en cuenta lo que ha ocurrido, pero creo que tu compañía hará que Eva nos dé los resultados. —Marcos carraspeó con preocupación.
Luca frunció el ceño con extrañeza.
—¿Crees que dejó aquí la carpeta para que la encontrara?
—Sí, y la nota para que siguiéramos el hilo de la investigación que lo llevó a la muerte. Sin ti no la habríamos conseguido. —Movió la carpeta—. ¿Nos ayudarás?
—Por supuesto, pero tenéis que proteger a mi familia. Estoy metido en esto, quiera yo o no, pero ellos no tienen la culpa de nada —dijo con preocupación.
Joaquín se acercó hasta Luca.
—No tienes de qué preocuparte. Soy un hombre de palabra —confirmó con firmeza.