No debiste seguir (Irene Vega 3) Capítulo 5
9%

Capítulo 5

La sala de reuniones estaba en silencio cuando Marcos entró. Joaquín y Adrián ya estaban dentro, esperándolo. El comisario consultaba el móvil. Adrián, en cambio, mantenía la vista fija en un punto mientras se preguntaba qué estaría haciendo Irene.

—Cierra la puerta. —Joaquín dejó el móvil en la mesa y entrelazó los dedos.

—Buenos días, ¿Irene no viene? —saludó Marcos.

—De momento está fuera. Sigo pensando lo mismo. Por favor, no sigamos con el tema, ¿vale? Tenemos otro asesinato entre manos, relacionado con el caso del secuestro. No quiero seguir hablando de Irene. Está en casa y está bien. Es lo único que tenéis que saber, ¿de acuerdo?

Ambos asintieron sin estar conformes. Pero Joaquín tenía razón. No podían perder más tiempo con lo mismo; tenían que avanzar.

—Los de la Científica ya han terminado. Espero que en un par de días tengamos la causa de la muerte.

Aunque está claro que le han disparado. —Levantó las cejas—.

Lo más importante es hablar con el conserje que descubrió el cuerpo de Santiago Montes.

No hay cámaras en el edificio, pero preguntaremos por si acaso.

Adrián sacó la libreta para apuntar.

—¿No tenía ningún compañero? —intervino Marcos.

—Sí, pero los dos pasaban mucho tiempo fuera de la oficina y los casos que llevan son diferentes. Así que es probable que no sepa nada de los casos de Santiago Montes. Pero, aun así, hablaremos con él.

Joaquín miró el móvil para buscar el nombre.

—Aquí está. Se llama Luca Pastor.

—Perfecto —confirmó Adrián mientras apuntaba el nombre.

—¿Estará en el despacho?

—No lo creo. Llamadlo antes de ir. Puede que tenga miedo o que los de la Científica no lo hayan dejado entrar esta mañana. De todas maneras, si os soy sincero, no creo que deba pasar por allí durante un par de días —aclaró Joaquín, pensativo.

—Ya, puede que el asesino no supiera que no compartían casos y el siguiente sea él, ¿no? —quiso confirmar Marcos.

Joaquín asintió con los labios apretados.

—Es lo más probable —añadió Adrián.

—Sí, pero también es posible que estuviera más cerca de ellos de lo que creemos. No entró por la fuerza ni hay signos de que lucharan. Es muy raro. —Marcos se rascó la barbilla mientras buscaba más explicaciones para la escena del crimen.

—Últimamente no estoy seguro de nada. Hablad con él. Puede que tenga información que nos acerque a una lista reducida de sospechosos. —Joaquín cogió el móvil de la mesa.

Marcos y Adrián se miraron y empezaron a levantarse. No llegaron a incorporarse, ya que Joaquín les hizo un gesto para que volvieran a sentarse.

—Marcos y yo vamos a ir a hablar con Luca. Adrián, quédate en la comisaría. Necesito que consigas los registros del móvil de Santiago Montes, del socio Luca Pastor y, sobre todo, los movimientos bancarios. —Joaquín se levantó de la silla.

—Pensé que yo también iba. —La voz de Adrián sonó a decepción.

Joaquín suspiró.

—Ya, pero necesito lo que te he pedido. Como Irene no está, prefiero que te quedes aquí. No quiero ponerte en peligro hasta que no tenga claro de qué va todo esto —se excusó.

Marcos ladeó la cabeza para mirar al comisario escéptico.

—¿Quieres decir que puede que no esté relacionado con los secuestros?

—No lo sé. Ya os he dicho que no estoy seguro de nada.

A veces pienso que nos están poniendo trampas para que vayamos detrás del hueso equivocado.

—Se quedó en silencio unos segundos—. Lo que no quiero es que nadie muera por nuestra culpa.

Me parece bien que Adrián nos ayude, de verdad —dijo mirándolo—, pero no es del departamento de homicidios.

Si hay algún incidente no quiero ser la cabeza de turco. Ya me entendéis.

—Vale, no os preocupéis. No me importa quedarme aquí. Buscaré lo que me has dicho, comisario. Espero tenerlo lo antes posible.

—Gracias por entenderlo, Adrián. Sé que ahora mismo no os caigo bien, pero en mi puesto es imposible quedar bien con todo el mundo y protegeros a la vez. —Se encogió de hombros—. Prefiero que me critiques y que sigas vivo.

Joaquín caminó hasta la puerta, pero recordó la última tarea que necesitaba encomendarle a Adrián.

—Vigila a Tomás —susurró—. Sé lo más discreto posible. ¿Podrás hacerlo?

—Por supuesto.

Marcos no sabía de qué iba todo aquello.

—Es más importante de lo que pensáis. Irene no está aquí por una razón de peso. Necesito que Tomás sienta que ha ganado la batalla, que se mueva con libertad, ¿vale?

—¿Crees que está involucrado de alguna manera? —preguntó Marcos al lado de Joaquín.

—De alguna manera, tú lo has dicho. Cuando el río suena, agua lleva —puntualizó—. Su nombre no deja de aparecer. Solo hay dos opciones: o es el responsable o sabe quién es.

El rostro de Adrián cambió de repente.

—Ten cuidado. Y no hables con nadie del caso, ¿vale?

Marcos se acercó y le dio una palmada en la espalda.

—Lo harás bien. Luego te invito a un café. —El inspector sonrió.

—Vale.

—Vamos, Marcos, que se nos echa la mañana encima.

Joaquín miró la hora en el móvil y apretó el paso cuando salieron por la puerta.