No debiste seguir (Irene Vega 3) Capítulo 3
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Capítulo 3

Marcos y Adrián se montaron en el coche. Cada uno iba absorto en lo que estaba ocurriendo. Lo que parecía haber terminado con la detención de Izan no había sido más que el principio de un caso mucho mayor.

—¿Por qué Joaquín no ha respondido? —preguntó Adrián.

Marcos negó con la cabeza y tensó la mandíbula. Encendió el motor sin decir nada más.

—Tenemos que hacer algo. No podemos quedarnos de brazos cruzados —se quejó por el mutismo del inspector.

—Lo sé, pero es el comisario. Estamos atados de pies y manos. No podemos hacer nada. Ya le has oído. Es una orden —simplificó con la mirada puesta en la carretera.

—Lo sé. Pero no es suficiente. Irene es nuestra amiga. Creo que si ha matado al detective porque sabía quién era o tenía una pista primordial, no tardará en ir a por ella.

—Ya, pero todavía no ha ocurrido. —Resopló—. Mira, estamos tan lejos de saber quién es, que ni siquiera se ha molestado en amenazarnos.

Adrián guardó silencio unos segundos.

—No tenemos ni idea de lo que está pasando, Adrián. Entiendo tu preocupación, pero estamos tan perdidos en este caso que ni siquiera somos una amenaza para él.

—¿No es policía?

Marcos se encogió de hombros. Bajó la ventanilla para despejarse con el aire frío.

—Bueno, me da igual. Hay que hablar con Irene —concluyó insistente.

—Vale. ¿Y qué le quieres decir?

—La verdad. Siempre es lo mejor. No me gustan los secretos.

—Lo sé, a mí tampoco, pero a veces callar es mejor que decir la verdad. Si vamos y le contamos que han matado a Santiago, puede que retroceda…

—O que los recuerdos vuelvan y tengamos un hilo del que tirar.

Marcos dejó escapar un largo suspiro.

—Déjalo, por favor. Al menos, de momento. Está fuera del caso y de la comisaría. Joaquín dijo que le diría solo lo que necesitara oír, y puede que tenga razón.

Paró el coche enfrente de la casa de Adrián.

—¡Marcos!

—Hay que esperar. Joaquín la conoce desde hace años y nosotros no. Puede que, si nos metemos donde nadie nos llama, salgamos más escaldados de lo esperado.

—No te entiendo.

—Es la vida, Adrián. Cuando te metes en una relación de hace tantos años lo único que puede pasar es que el perjudicado seas tú. Ellos se enfadan y se perdonan de manera constante. Así que mantente al margen.

—Son como padre e hija.

—Exacto. Y, además, es el comisario. Nos ha dado una orden directa y tenemos que cumplirla —sentenció Marcos.

—De acuerdo. Seguro que tienes razón. A veces entro en bucle con la misma idea y no paro —se disculpó.

—Tranquilo, sé que quieres lo mejor para todos, pero a veces hay que elegir. Lo mejor para Irene no tiene por qué ser lo mejor para ti.

—¿Qué te pasa, Marcos? Estás diferente. —Lo miró con los ojos entreabiertos.

El inspector puso la mano en el hombro de Adrián.

—Llevan años juntos. No me gusta lo que está pasando, pero sé que ellos lo solucionarán de una manera u otra. Y cuando lo hagan, nosotros seremos quienes se hayan metido en su relación. —Apretó los labios—. Sé que lo haces con buena intención, pero puede que desde fuera ellos no lo vean así.

Adrián bajó la mirada y asintió.

—Puede que tengas razón. Nos vemos mañana. —Bajó del coche.

—Se lo contaremos todo cuando Joaquín considere que no va a desestabilizarla. Hazme caso, es lo mejor. No la llames.

—De acuerdo. —Sonrió.

Marcos levantó la mano a modo de despedida cuando Adrián cerró la puerta del coche.

El agente recorrió preocupado los pocos metros que lo separaban de su piso.

Llevaba poco tiempo tratando a Marcos, pero nunca le había parecido de los que acatan órdenes injustas.

Tal vez aún no terminaba de conocerlo… o tal vez Marcos sabía mucho más de lo que aparentaba.

Había dedicado muchas horas a la investigación de Samuel.

Si hubiera descubierto una pista que los pusiera en peligro, los protegería.

Puede que hubiera llegado el momento de escuchar y observar.