Capítulo 44
Marcos se quitó el abrigo despacio y lo dejó colgado en el respaldo de la silla. Antes de ir a pedir, observó a Brenda. Se sentó frente a ellos y se frotaba las manos con movimientos repetitivos.
—¿Café? —preguntó con amabilidad Adrián.
—Prefiero algo para los nervios —contestó Brenda con gesto cansado y mirando alrededor.
—Vale. ¿Y tú? —preguntó a Marcos.
—Un café con leche. Gracias, Adrián. —Se sentó y colocó los codos en la mesa con la yema de los dedos en los labios.
El agente se fue a pedir y Marcos se quedó en la mesa con la intención de tranquilizarla.
Tenía la corazonada de que sabía más de Inmaculada que el resto de su entorno.
Los rasgos de Brenda transmitían tranquilidad.
Puede que, esa fuera la razón, por la que Inmaculada confiara en ella para desahogarse.
—No tienes nada de qué preocuparte. Estamos en plena investigación y necesitamos que nos cuentes qué es lo que te dijo Inmaculada —comenzó Marcos a hablar con gesto complaciente.
—Lo sé. —Se secó una lágrima—. Sabía que le había pasado algo desde el primer día que no vino al gimnasio. La llamé varias veces, pero no me contestaba. Después ya no volvió a dar ni siquiera señal.
Adrián vino con las tazas y las colocó en la mesa. Se sentó acto seguido sin decir nada. No quería interrumpir a Brenda en su relato.
—¿Por qué no lo denunciaste? —Se interesó el inspector por saber el motivo.
—Inmaculada tenía miedo a los policías, como os he dicho antes.
Entonces empecé a pensar que, si estaba desaparecida, podría involucrarme de alguna manera.
Sé que puede parecer una tontería, pero tenía miedo de que esa persona luego viniera a por mí por haberlo denunciado.
—Brenda miró la tila que le había pedido Adrián—.
No os puedo dar una explicación mejor, solo la verdad, y es que tenía miedo.
Cuando me llamó Erika dudé en venir hasta que hablé contigo.
—Sonrió con desdén—. Pero necesitaba saber la verdad de lo que había pasado.
Y creo que es lo que Inmaculada hubiera querido que hiciera.
—La persiguieron hasta la carretera y la atropellaron de manera accidental —aclaró Adrián con angustia.
—¿Creen que está relacionado con el secuestro? —Brenda tragó saliva.
—De alguna manera, sí. Lo que necesitamos es que nos digas qué es lo que Inmaculada te contó —apremió Marcos.
—¿Cómo sabías que la observaban? —preguntó impaciente Adrián.
—Me lo dijo ella. Cuando me lo contó ya habían pasado varias semanas. No fue el primer día. Quería estar segura de que la miraba a ella. Me contó lo del secuestro y cuál era su verdadero nombre. —Sonrió—. Se acordaba de Irene. Me lo dijo. Algunas veces iba a la comisaría a verla desde lejos.
—¿Cómo hacía con sus padres? —Quiso confirmar Marcos.
—Sí, los quería mucho. A Irene nunca la olvidó. Era pequeña cuando la sacó de allí, pero era consciente de que le debía la vida —recordaba con cariño las palabras de su amiga.
—Si recordaba a Irene, ¿por qué nunca fue a hablar con ella? —Adrián miró a Brenda intrigado.
—Pensaba que, si volvían a hablar, se pondrían las dos en peligro.
Aun así, tenía dudas de hacerlo. Le hubiera encantado hablar con ella, darle las gracias.
—Cogió aire con los ojos cerrados—. No penséis que no se planteaba acabar con aquel miedo.
Poco a poco estaba más segura. No sé deciros, maduró.
Sin embargo, sabía que su estabilidad emocional dependía de un hilo.
Por eso, estaba convencida de que Irene tampoco lo había superado.
—El rostro de Brenda cambió. Se pasó la lengua por los labios—.
En realidad, creo que tampoco se fiaba de ella.
Los agentes se miraron unos segundos.
—¿De Irene? —preguntó Marcos totalmente desubicado.
Brenda asintió de manera nerviosa y repetitiva.
—Quien la secuestró era un policía. Por eso Inmaculada no comprendía que hubiera escogido esa profesión, si no estaba involucrada en el propio secuestro —dijo con voz baja y gesto serio.
—A ver, a ver, un momento. —Marcos movió las manos varias veces para detener la historia de Brenda—. Me estás queriendo decir que Inmaculada pensaba que Irene, la persona que la sacó de allí, estaba involucrada en el propio secuestro.
—Eso es —confirmó sin gesto en el rostro.
—Eso es imposible. Irene no recuerda nada y lleva toda la vida buscando a quien lo hizo —alegó Adrián en su defensa.
Brenda levantó un solo hombro.
—Yo no sé ni quién es Irene ni lo que pasó.
Solo cuento lo que ella me dijo. ¿Quieren saber el motivo por el que nunca le habló?
Pues es ese. Inmaculada nunca olvidó lo que hizo por ella, pero verla de policía le hacía recordar que las secuestró uno de ellos.
No entendía la decisión de escoger esa profesión cuando el mayor daño que sufrieron fue provocado por uno de ellos —insistió Brenda en que quedara clara su posición.
—¿Y quién la observaba era policía? —preguntó Marcos para cambiar de tema y dejar aquella acusación fuera de lugar.
—No lo sé. Pero tengo una foto que me mandó Inmaculada por si pasaba esto. —Brenda cogió el móvil de la mesa y entró en el WhatsApp—. Es este tipo. No se le ve a la perfección, pero le podrán identificar si es uno de sus sospechosos.
Adrián recordó que aún estaban pendientes de los mensajes de la aplicación de WhatsApp de Inmaculada, pero ahora ya tenía la mejor de las pistas. Una foto de la persona que la siguió.
—¿No lo conocía? —Adrián volvió a mirar la foto.
—No, Inmaculada no sabía quién era. Esa es la verdad, pero también estaba convencida de que la miraba de forma rara y tanta insistencia se debía a que la había reconocido.
—¿Eso es lo que te dijo? —Adrián arrugó la nariz.
—Sí, había empezado a buscar casa en otro sitio.
Quería mudarse. Ya no se sentía segura en este barrio —sintetizó Brenda con la mirada puesta en la taza—.
Fui una egoísta, le dije que se esperara, que lo más seguro es que no fuera nada.
— Inhaló aire—. Ahora sé que, si no le hubiera insistido en que no se marchara del barrio, estaría viva.
Marcos miró a Adrián y ambos asintieron.
—Una testigo del accidente confirma la teoría de Inmaculada —confirmó Marcos.
—¿La reconoció? —Alzó la voz Brenda con los ojos bien abiertos.
Los policías asintieron a la vez.
—Eso quiere decir que vuestra compañera podría estar en peligro.
—La reconoció, pero no es el secuestrador. Solo quería hablar con ella. Dijo que sabía que era una de las niñas. Sin embargo, Inmaculada empezó a correr —puntualizó Marcos.
Brenda negó con los ojos entrecerrados y las manos rodeando la taza. Contuvo el llanto tras varias respiraciones pausadas.
—Inmaculada no quería hablar de lo que ocurrió con nadie. Ni siquiera yo, que lo sabía, podía llamarla por su verdadero nombre. Si la reconoció y salió despavorida… Ella reaccionaba así. Tenía un gran trauma infantil y hablar de ello, le provocaba un gran rechazo.
Marcos tenía la mirada perdida entre sus pensamientos. La conversación con Brenda le estaba retumbando en la cabeza. Adrián le dio un codazo con sutileza.
—¿Y por qué Inmaculada le grabaría? —preguntó Marcos al volver en sí.
—Querría denunciarle por acoso —respondió Brenda con voz firme.
—¿Cómo le hizo a Ramón? —preguntó con desprecio Adrián después de que les hubiera confirmado que se lo había inventado.
—Ya, lo sé. También me lo contó. No se portó bien con él, pero había cambiado. De verdad, ya no era esa persona. Vivir en el centro de acogida le forjó una personalidad de supervivencia, pero ahora esa Inmaculada mala e interesada había desaparecido —aclaró convencida.
—Psé, puede ser que tengas razón. Pero lo único que no me cuadra es que pensara en denunciarle si tenía tanto miedo a la policía —señaló Marcos irónico para desmontar la hipótesis de que Irene estaba involucrada en su propio secuestro solo por haber escogido ser policía.
—Lo sé. —Asintió con una sonrisa—. Eso mismo le dije yo. Pero su contestación fue que en esa época era más valiente por las drogas. Cuando se desenganchó fue más consciente de la realidad y del peligro que corría si descubrían quién era. —Brenda miró la hora al tocar la pantalla del móvil.
—¿Tienes prisa?
Brenda se levantó.
—Lo siento, me tengo que ir a trabajar. Les he mandado la foto por correo electrónico. Espero que descubran quién fue. —Cogió el abrigo y el bolso.
—Gracias, Brenda. —El inspector le dio la mano.
—Pueden llamarme si lo necesitan, pero no creo que les pueda ayudar mucho más. —Metió las manos en los bolsillos y dudó si hablar o no—. Les quería pedir un favor.
—Claro —respondió Marcos.
—Decidle a Irene lo que les he contado. Se acordaba mucho de ella. Sé que parece contradictorio, pero pensó en ir a verla y decirle quién era en multitud de ocasiones. Sin embargo, tenía miedo de las consecuencias que pudiera provocar esa simple decisión. —Se encogió de hombros—. Muchas gracias.
—Se lo diremos —dijo Marcos.
—Sí, se lo diremos. Pero me gustaría que supieras que Irene no tuvo nada que ver, lleva años intentando superar el trauma que le creó aquel secuestro —añadió Adrián.
—Entonces, espero de corazón que tenga más suerte de la que tuvo Inmaculada. A ella no le ayudó nadie y se tuvo que buscar la vida de la mejor manera que supo —respondió Brenda antes de despedirse y desaparecer de la vista de los agentes.