Capítulo 35
La decisión que había tomado no solo le pesaba a Irene, sino también a él.
Estuvo varias horas en la sala de espera.
No se fue a casa hasta que le dieron el resultado de las pruebas.
Ni siquiera cenó. Habló con su mujer de lo que estaba ocurriendo y se marchó a la cama.
Estuvo dando vueltas hasta que ya no aguantó más y se levantó.
Llegó a la comisaría con unas grandes ojeras alrededor de los ojos, la camisa por fuera y despeinado.
Cuando Joaquín estaba nervioso no dejaba de pasarse la mano por el pelo de manera constante.
Por eso, cuando asomó la cabeza en la sala de trabajo donde estaban Adrián y Marcos, no tardaron ni un par de segundos en darse cuenta de que traía malas noticias.
Joaquín les contó lo que había ocurrido el día anterior durante la visita a Ramón.
—¿Has apartado a Irene del caso? —preguntó Adrián, incrédulo—. No puedes hacer algo así. Es importante para ella.
—Lo sé. Por eso, precisamente, es la mejor decisión. Además, es solo durante unos días. Tenéis que entender que le está afectando más de lo que yo pensaba. Está recordando —concluyó.
Marcos le miraba sin decir nada. Sopesaba la decisión que había tomado Joaquín. Puede que fuera lo mejor. A veces, es necesario observar la situación desde otra perspectiva.
—Pero ¿la podemos llamar y decirle lo que vamos averiguando? —insistió Adrián.
—¡Por supuesto! Es la idea. Quiero que esté tranquila y no tan concentrada en la investigación. Perdió el conocimiento cuando se enteró de cómo habían escapado —alegó Joaquín.
—Puede que sea lo mejor —dijo al fin Marcos con voz tranquila y pausada.
El comisario le miró sorprendido y asintió.
—Así podemos investigar sin tantos rodeos y centrarnos en lo que descubrimos. Podemos filtrar la información que le transmitimos a Irene. Puede que así le evitemos algo de dolor, ¿no?
—¿Cómo dices algo así? Es quien más se merece saber toda la verdad —dijo el agente con el ceño fruncido.
—A ver, Adrián, sí, tienes razón. Pero hay cosas que no es necesario que sepa y que no afectan a la investigación, pero sí le afectan de manera personal —intentó explicar Joaquín. Se volvió a pasar la mano por el pelo.
—No lo entiendo, eso es lo que hace que recuerde. —Se levantó—. Bueno, da igual, es marear la perdiz para nada. Sigamos con la investigación. Primero descubriremos quién persiguió a Inmaculada, y después quién las secuestró y el motivo por el que lo hizo.
Joaquín se levantó para que el ambiente se calmara.
—Siéntate. Aún no he terminado de contaros todo.
—Joaquín se frotó la cara—. Federico nos dio un dato acerca de la investigación de Samuel.
—Fue hacia la caja que contenía la documentación—.
Nos dijo que partía de la hipótesis de que el secuestrador era un policía.
Perdonad que no os lo haya dicho antes, pero no había encontrado el momento.
Marcos y Adrián se miraron con los ojos bien abiertos.
—¿Un policía? —Marcos negó con la cabeza.
—Es decir, que Irene no estaba tan loca, ¿no? —Adrián sonrió de manera irónica.
—¡Exacto! —exclamó, buscando en la caja visiblemente nervioso—. Además, Inmaculada también lo creía. Nos lo confirmó Ramón ayer, junto con la manera en la que consiguieron escapar.
Marcos resopló con cansancio.
—A ver, sé que esto se está complicando cada vez más, pero hay que llegar hasta el final. Después de todo, tenemos la investigación íntegra de Samuel. —Vació la caja y revisó las carpetas y archivadores que había puesto encima de la mesa. Se detuvo un instante.
—¿Qué pasa? —preguntó Adrián.
—¿No os habéis llevado nada de aquí? —Señaló el interior de la caja.
Joaquín tragó saliva con la mano en la cabeza.
—No —respondió contrariado Adrián—. Irene tampoco. En la caja está todo lo que le diste a Irene. ¿Qué pasa? —insistió.
—Falta la agenda de Samuel. Era de cuero marrón, desgastada. Se la regaló su padre. Siempre la llevaba y apuntaba dónde iba cada día y lo que hacía —explicó Joaquín.
—Supongo que el hecho de que no aparezca es mala señal, ¿no? —dijo Marcos.
—Debería estar. Volveré a hablar con Mónica, por si acaso se quedó en su casa. Pero me parece muy raro que no me la haya dado. Ella mejor que nadie sabe que ahí era donde Samuel apuntaba todo —aclaró con los ojos perdidos.
—¿Y si no la tiene? —preguntó Adrián.
—La debe tener —aseguró Joaquín, aunque con grandes dudas sobre dónde estaría la agenda de Samuel—.
Ahora no podemos perder tiempo con eso. Hay que continuar.
Así que id a ver a los padres de Alma. Yo iré a ver a Mónica para confirmar que no está en su casa.
Puede que haya sido un olvido o que haya querido quedársela como recuerdo. No lo sé.
Marcos y Adrián se levantaron.
—Luego hablamos.
Joaquín salió de la sala con paso ligero. Si la agenda no estaba en casa de Mónica, alguien se la había llevado. Y eso significaba que otra persona conocía la investigación de Samuel.