No debiste recordar (Irene Vega 2) Capítulo 28
56%

Capítulo 28

Marcos estaba preocupado por lo que estaba ocurriendo en los últimos días.

Sabía que la relación entre Irene y el comisario se estaba desquebrajando poco a poco.

No dejaba de pensar que era su obligación hacer algo para que no se enfriara y desapareciera del todo.

Le daba pena ver que Irene no daría su brazo a torcer nunca y que Joaquín la conocía demasiado bien como para esperar la ocasión adecuada.

Sin embargo, a veces esa ocasión no aparece por sí sola.

Marcos se había centrado en su familia y había dejado en un segundo plano a sus compañeros.

Pero se había dado cuenta de que lo necesitaban.

Iba a hacer lo necesario para que la familia que habían construido en la comisaría no desapareciera, sino que saliera reforzada.

Irene solo iba temprano la semana que Tomás libraba.

Por eso, Marcos sabía que esa mañana iría antes que nadie.

Después de que le contara lo que tenía pensado hacer, Nieves estuvo de acuerdo en que esa mañana se fuera temprano.

Cuando lo hizo, ella estaba en la cama con Bruno acurrucado entre sus brazos.

El inspector se acercó y le dio un beso a cada uno en la frente, antes de salir por la puerta.

El aire de la mañana le rozó la cara y el inspector sonrió con satisfacción.

Creía firmemente en su plan para reconstruir la relación entre alumna y mentor.

Primero hablaría con Irene para que no sintiera que la traicionaba hablando antes con Joaquín.

Se detuvo en la cafetería de abajo para subir un par de cafés y que Irene sonriera antes de comenzar con la charla.

El inspector llegó más temprano de lo que esperaba.

Aún era de noche y la planta donde trabajaban estaba prácticamente vacía.

Solo escuchó un par de voces hablando en la dirección contraria a su puesto de trabajo.

Así que decidió no desviarse del plan. Quería estar en la sala revisando la caja de Samuel cuando Irene llegara.

No quería perder ni un minuto sin avanzar en la investigación.

Miró el mapa que Irene les había mandado con las ubicaciones de las niñas en el momento de los hechos.

Al lado, un folio en el que confirmaba que los padres seguían viviendo en las mismas direcciones excepto los de Inmaculada.

Parecía una coincidencia, puede que resultara raro, pero, a veces, ocurren y no hay explicación.

El inspector sabía que Irene querría ir a hablar con las familias, puede que alguna de las otras niñas apareciera o que supieran algo.

Cuando hay un hilo nuevo del que tirar en una investigación, las personas cercanas hacen movimientos inconscientes.

Así que puede que alguno de los padres hubiera vuelto a tener esperanzas en que sus hijas aparecieran o bien en que la policía les llamaría.

Y tendrían razón para pensarlo, ya que Marcos pensaba que era el paso más lógico, al igual que Irene.

Por eso se tomó las molestias de confirmar las direcciones.

Miraba el papel concentrado, cuando los pasos de Irene sonaron en el pasillo tras el ruido del ascensor.

Cogió el vaso del café en una de las manos y esperó a que Irene llegara a la sala de trabajo.

Irene se llevó un gran susto al verle allí plantado con una sonrisa. La mano fue directa al corazón al instante.

—¡Qué susto me has dado! ¿Qué haces aquí? —dijo después de recuperar el ritmo de latidos normal.

—Hola, compañera. Siento abordarte así, pero tenemos que hablar. —El tono dejaba claro que no le iba a gustar la conversación.

Irene se cruzó de brazos.

—No, Marcos, déjalo. Está bien así —dijo intuyendo el tema de conversación.

—No, de eso nada. Sabes que no puedes seguir así.

Sobre todo, por ti misma. No puedes darle la espalda sin motivo.

—Se levantó y se colocó a su lado—. Mira, yo soy el primero que he dudado mucho de él porque tampoco entendía tanto secretismo y que no dijera la verdad.

Él, mejor que nadie, debería saber que eso le hace sospechoso, pero ahora ya sabemos que fue más duro de lo que nos pensábamos.

—¿Y eso cómo lo sabes?

—Después de tantos años, ha ido ahora a por esta caja. —La señaló con el dedo—. Quiere ayudarte.

—Ya —respondió, cabizbaja.

—Irene, sé que piensas que te ha mentido, pero no debes tirar por la borda una relación de tantos años por un error, y que, además, lo hizo por protegerte, ¿no crees?

—Puede ser. Quizás tuviera razón, los recuerdos…

Se calló y se sentó en una de las sillas. Marcos la siguió y se sentó a su lado en el borde de la mesa. Necesitaba tiempo para asimilar lo que estaba ocurriendo. Llevaba décadas sin que ocurriera nada relacionado con su secuestro y ahora estaba muriendo gente y apareciendo nuevos datos.

—¿Te has acordado de más cosas? —Tragó saliva con la mirada clavada en su compañera.

No contestó al momento. Se frotó las manos, aún con el abrigo puesto y cerró un momento los ojos para pensar cómo decirlo.

—Recuerdo la canción. —Levantó la mirada—. Recuerdo que la cantábamos por las noches… Pero no consigo recordar nada más. —Los ojos se volvieron acuosos.

Marcos se colocó de cuclillas y la cogió de las manos.

—Tenemos que hablar con Joaquín. Todo lo que has contado que hizo por ti… Seguro que tiene recuerdos tuyos que nos puedan ayudar a continuar. Pero primero vamos por orden —sonrió.

Irene no era de acabar lo que empezaba. Solía empezar miles de ideas a la vez y no llegar hasta el final de ninguna.

—De acuerdo. Tienes razón. No quiero estar peleada con Joaquín. Me explicó por qué lo hizo, pero estoy segura de que hay algo más. Pero ahora no es el momento. Quiero encontrar a quien perseguía a Inmaculada y, sobre todo, el porqué.

—Vale. Entonces, ¿vamos a darle un voto de confianza?

Irene asintió.

—No debemos juzgar sin conocer antes toda la verdad. Yo también voy a aplicármelo, no te vayas a pensar que lo digo solo por ti —dijo convencido—. Hemos sido unos estúpidos, ¿sabes?

—Sí, es verdad.

—¿Entonces?

—Seremos un equipo otra vez. En cuanto llegue, le diré lo que he descubierto de la investigación de Samuel. —Miró el mapa que había encima de la mesa.

—Es lo mejor. Deberíamos volver a hablar con los padres de las niñas.

—¿Crees que sabrán algo?

—Tú sí lo crees, ¿no? Por eso has buscado si viven en el mismo sitio.

—Joaquín debería venir con nosotros a hablar con ellos. Además, he visto en un cuaderno de Samuel que uno de los padres le ayudó en varias ocasiones y fue con él a los sitios y a hablar con el resto de los padres —explicó Irene con un tono más pragmático.

—Entonces, ya tenemos decidido el siguiente paso en la investigación.

Adrián asomó la cabeza por la puerta.

—¿Se puede? —preguntó prudente.

—Por supuesto. Pasa y cierra. Tenemos que hablar con Joaquín y separarnos para hablar con los padres —informó Irene.

—Primero vamos a por un poco de cafeína, ¿no? —dijo Adrián.

—Claro. Y le cogemos otro a Joaquín, que le encantan los cafés de esa máquina —añadió Irene.

La inspectora salió de la sala seguida de Adrián, y Marcos se quedó unos segundos mirando el mapa extendido sobre la mesa.

Todas aquellas direcciones parecían inocentes en papel, como si no ocultaran nada más que rutinas y fachadas comunes.

Aun así, tuvo la certeza de que, en cuanto empezaran a llamar a las puertas, algo iba a cambiar.

En las investigaciones, el siguiente paso nunca era el más peligroso, pero sí el que marcaba el punto de no retorno.

Supo que acababan de cruzarlo, pero con la garantía de que esta vez lo harían juntos, como debía haber sido desde el principio.

Cerró la puerta con una leve sonrisa de satisfacción.

«No sé quién eres, pero voy a dar contigo», pensó Marcos centrando su atención en saber de quién huía Inmaculada.