No debiste recordar (Irene Vega 2) Capítulo 22
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Capítulo 22

Irene no pudo esperar más y abrió la caja de la investigación de Samuel.

La relación con Joaquín estaba en un momento complicado.

No estaba segura de que le hubiera dicho toda la verdad.

Sin embargo, ahora no era lo importante.

Por primera vez, tenía su propio expediente al completo.

Lo había abierto en casa y encontró una cinta antigua.

No tenía cómo reproducirla, pero en comisaría habían conservado aparatos electrónicos antiguos, porque aún había expedientes con grabaciones en ese formato.

Llegó a primera hora de la mañana. Lo primero que hizo fue dejar la caja en la sala para ir a buscar el aparato y poder escuchar la cinta.

No sabía qué era lo que contendría, pero debió de ser importante para Samuel.

Había escrito en la pegatina «llamada secuestrador».

Así que no era difícil imaginar lo que iba a escuchar.

Dentro de la caja no había nada especialmente llamativo al principio: informes antiguos, fotocopias amarillentas, notas manuscritas de Samuel con una letra irregular, cada vez más inclinada a medida que avanzaban las páginas, y las fotos de las niñas.

Irene fue pasando uno a uno los informes sin leer, solo reconociendo la cantidad de horas trabajadas.

Había fechas y márgenes llenos de marcas.

Samuel había estado trabajando más de lo que nadie se imaginaba.

Sacó primero los documentos y los extendió en la mesa.

Se quedó paralizada por unos segundos al contemplar su propia fotografía.

Se imaginó las veces que Samuel la habría estado mirando y estudiando cada uno de sus movimientos para encontrarla.

Se sentó y colocó la cinta. Se puso los auriculares antes de darle al botón.

Cuando empezó a sonar, lo primero que oyó fue ruido de fondo.

La voz estaba distorsionada. La grabación era clara, pero el secuestrador cometió un error que Samuel sí supo ver.

Irene lo entendió tras escucharlo varias veces.

Sabía que había algo en aquel mensaje. Por eso, lo repitió una y otra vez.

Si Samuel la había guardado en casa era porque había una pista.

Ahora lo entendía. Ahí estaba el detalle que encontró el inspector y los demás pasaron por alto: «Como sigas buscando a las niñas, las mataré».

Era menos de un minuto, pero el ruido de fondo lo delató.

«Estaba cerca de unas vías de tren», pensó al volver a escuchar la cinta varias veces más en bucle.

Al principio, ella tampoco fue capaz de escucharlo, pero insistió, ya que era la única cinta con la voz del secuestrador.

Estaba distorsionada, pero era su voz. La escuchó con la intención de que algún recuerdo surgiera, pero esta vez no fue así.

Buscó en el resto de la caja. Samuel era un buen policía.

Si había detectado aquella pista, seguro que la siguió hasta el final.

Irene no sabía dónde la habían encontrado.

Nunca se lo quisieron decir. Ahora lo tenía delante.

Samuel había marcado en un mapa posibles ubicaciones cerca de unas vías.

Eran varias zonas, pero solo una tenía una X. Era la única sin viviendas alrededor.

Se quedó inmóvil unos segundos, con los auriculares colgando del cuello. Notó cómo el frío le entumecía los dedos. Se los frotó despacio, intentando ordenar la idea antes de convertirla en certeza. No podía permitirse entusiasmarse por una intuición. Solo había una manera de estar segura.

—Ha llegado el momento de ir al lugar donde empezó todo —susurró para sí misma.

Irene se reclinó en la silla. El peso de la caja ya no era físico, sino mental. Gracias a Samuel, ahora tenía delante las respuestas que llevaba años buscando. Cerró los ojos un instante, respiró hondo y decidió que debía ir sola.