Capítulo 6
El comisario había querido ser previsor ante lo que se avecinaba y habló con Adrián para que fuera a ver de manera informal a Marcos.
Era clave para Irene. Había algo en él que le daba la tranquilidad y la confianza que ella necesitaba.
La aparición del cuerpo de Inmaculada había llegado en un momento extraño en la vida del equipo.
Así que era mejor que Marcos estuviera al corriente.
Adrián se había convertido en el nexo neutral entre los agentes.
La calma que transmitía era fundamental.
Marcos y Nieves habían llegado esa mañana del hospital con el pequeño Bruno en brazos. Era un bebé tranquilo y sus padres estaban encantados. Solo se despertaba una vez por la noche y los dejaba dormir del tirón el resto.
Adrián estaba en el portal pensando cómo decirlo sin alarmar a nadie.
Joaquín le dejó claro que se lo dijera sin adornos para que no hubiera malentendidos.
Pero, sobre todo, que Irene no lo supiera.
Era el mismo tipo de decisión que tomó Marcos cuando llamó a Adrián para que fuera a buscarla a casa el día del nacimiento de Bruno.
A veces pecaban de ser demasiado protectores, pero ninguno lo podía evitar.
Últimamente, la inspectora estaba más inestable que en otras épocas.
Joaquín se había dado cuenta hacía meses.
Adrián subió las escaleras nervioso por tener que hablar con el inspector. No quería empañar el nacimiento de su hijo. Era un momento importante que recordaría durante toda su vida. Se sentía mal por ser el portador de malas noticias.
Marcos abrió la puerta con una sonrisa. Se dieron un abrazo corto, con varias palmadas en la espalda.
—¿Qué tal estás, inspector?
—Bueno, tirando. Estas cosas siempre te pillan de novato. Así que es mejor no pensarlo mucho e ir improvisando. El instinto lo es todo. —Sonrió—. El mío no, claro. Hablo del instinto de Nieves. —Volvió a sonreír.
Adrián pasó al interior de la casa y se sentó en el sofá. Había ido las veces suficientes como para tener confianza.
—¿Y Nieves?
—No tardará en llegar. Se ha ido a dar una vuelta con el niño.
—¿Tan pronto? Pensé que tenía que guardar reposo unos días —preguntó extrañado Adrián.
Marcos se encogió de hombros antes de contestar.
—Eso es lo ideal, pero lleva tanto tiempo en reposo absoluto que el parto ha sido la liberación para poder salir de casa. Ya sabes que parecía una presa y yo su carcelero —recordó lo mal que lo pasaron—. Pero, bueno, ha salido todo bien. Así que vamos a olvidar lo malo y recordar solo lo bueno.
—Ya me imagino cómo lo habéis pasado. Pero Bruno ya está aquí con nosotros —dijo con una sonrisa—. Por cierto, me gustaría verle antes de irme.
—Tranquilo, lo verás. —Miró el reloj—. No tardarán mucho en volver. Nieves quería salir un rato para que les diera el aire. Estar tanto tiempo en casa no le sienta bien a nadie.
—Tienes razón. Entonces esperaré a que vuelvan. —Sonrió—. Quiero ser su tío preferido —confesó en un susurro.
Marcos soltó una carcajada.
—Vas por el buen camino, amigo. —Le dio una palmada en la espalda—. Cambiando de tema, ¿alguna novedad? Tengo la extraña sensación de que me tienes que contar algo.
Adrián bajó la mirada.
—Sí, ha ocurrido algo. He venido a contártelo para que estés al corriente de lo que está pasando. No es urgente, pero Joaquín prefiere que lo sepas. —Carraspeó.
—¿Irene está bien?
—Sí, bueno… más o menos. —Suspiró—. Creo que necesito beber algo —dijo al sentir cómo se le secaba la garganta.
—¿Qué quieres? No hay mucho donde elegir. No me ha dado tiempo a comprar todavía.
—Lo que sea. Lo importante es beber algo.
Marcos entró primero a la cocina tras encender la luz. Adrián le seguía con ganas de soltar lo ocurrido y quedarse tranquilo.
—Cuéntamelo ya, Adrián.
Abrió la nevera y sacó dos cervezas. Quitó las chapas y extendió el brazo para darle una a Adrián. No solía beber, pero en esta ocasión le daba igual que tuviera alcohol o no.
—Una de las niñas que secuestraron con Irene murió hace unos días en un atropello —dijo al fin, tras vaciar el botellín de un trago.
—¿Qué? ¿Cómo que una de las niñas? Pensé que estarían todas muertas. —Tragó saliva con los ojos entrecerrados.
—Eso pensábamos todos, pero estábamos equivocados.
—¿Cómo ha ocurrido? —Dio un sorbo, asimilando la noticia.
«Irene tiene que estar destrozada».
—La han atropellado, Marcos. Pero no puede ser una casualidad. Ahora, justo ahora —insistió—. No tiene sentido. Cuando por fin a Irene le dejan volver a investigarlo, aparece una de ellas. ¿Atropellada? —Levantó las cejas—. Es muy raro.
Marcos se apoyó en la encimera de la cocina. Seguía con la cerveza en la mano, sin pestañear.
Adrián le contó lo ocurrido en el Instituto Anatómico Forense.
—Esto no me gusta nada —dijo el inspector después de escuchar el relato.
—A mí tampoco. Joaquín está muy preocupado. Por no hablar de que se siente culpable —añadió Adrián.
—¿Por qué? Somos policías, no adivinos. A veces, las pruebas no son suficientes para seguir un rastro real. Por lo menos, encontró a Irene. Podía no haber encontrado a ninguna, ¿no?
—Lo sé, pero tú sabes que eso es lo que se dice, pero no lo que se piensa. Cuando un caso no sale bien, te sientes culpable por la manera en la que reaccionaste o por cómo hiciste las cosas. Eso es lo que le pasa al comisario —explicó Adrián con los brazos cruzados.
—¿Te lo ha dicho él? —preguntó con los ojos entrecerrados.
—No, lo supongo.
Marcos no dijo nada más. Miraba a un punto fijo, con la mente en otra parte.
La puerta sonó y la voz de Nieves hablando con Bruno hizo que el rostro de ambos cambiara de la tristeza y el ensimismamiento a un rayo de felicidad. Adrián estaba más cerca de la puerta y salió al pasillo de inmediato.
—¡Adrián, qué alegría verte! —saludó Nieves mientras colocaba el abrigo en el perchero de la entrada.
—¡Hola, Nieves!
Adrián se acercó para darle un beso a Nieves y mirar de cerca al niño. Le cogió la mano y la observó unos segundos.
—¿Qué tal todo en la comisaría? —preguntó Nieves por educación.
Adrián miró al inspector antes de contestar.
—¿Qué ha pasado? ¿Irene está bien?
—Sí, está bien. Bueno… más o menos —respondió Adrián—. Es que —se rascó la cabeza— ha aparecido una de las niñas. Ha sido atropellada en lo que, a simple vista, ha sido un accidente —resumió sin adornos.
Nieves se quedó pensativa en silencio. No sabía qué decir ni cómo reaccionar. Marcos se acercó y la besó. Cogió a Bruno del carrito.
—¿Qué vais a hacer? ¿Sabéis quién era el conductor? —Miró a su marido.
—Vamos al salón y te lo contamos —respondió Marcos.
La voz del inspector hizo que Nieves no necesitara escuchar la versión íntegra para saber que tenía que volver al trabajo.
Después de lo que habían pasado con el embarazo y de la entrega de los agentes con la pareja, sentían que no podían fallar cuando los necesitaran.
Y ese momento había llegado. Si no fuera importante, Adrián no habría ido a los pocos días de nacer Bruno.
—Tienes que ir, cariño —dijo Nieves—. Te necesitan, sobre todo, Irene. Seguro que lo está pasando fatal.
Adrián asintió con los labios apretados.
—Pero… —comenzó a decir Marcos, y Nieves le tapó la boca con el dedo.
—Se lo debemos. —Afloró una sonrisa en el rostro de la madre primeriza—. Ella siempre pensó que fue la única que sobrevivió. Ahora deben estar pasando mil cosas por su cabeza.
—Irene no cuenta mucho, ya sabéis cómo es… Pero lo está pasando mal —confirmó Adrián.
—¿Hace cuántos días apareció la chica? —preguntó Marcos con desconfianza.
Adrián bajó la mirada con culpabilidad en los ojos.
—No teníais que haber esperado tantos días —recalcó Nieves.
Marcos tenía al niño en brazos y se movía despacio por el pasillo, donde habían abordado a Nieves nada más entrar.
—Lo sé. Pero era mejor así. Joaquín tampoco nos lo dijo a nosotros hasta que el forense confirmó la identidad. —Adrián cogió aire.
Nieves miró a su marido. Asintió con una breve sonrisa.
—Mañana estaré allí. Podéis contar conmigo —confirmó su presencia con seriedad y preocupación.
—No os preocupéis. Estaremos bien —añadió Nieves mirando a Bruno.
—¡Eso es una muy buena noticia! Gracias a los dos. Sé que no es el mejor momento —lamentó Adrián.
—Nunca es un buen momento para los problemas. —Marcos movió la mano para quitarle importancia.
—Es verdad.
—Cuéntame la información que tengáis. ¿Qué habéis descubierto acerca de la mujer?
Adrián no quería molestar más a los recién estrenados padres. Así que le resumió al inspector lo ocurrido en el anatómico forense.
El equipo volvía a estar al completo, preparado para afrontar la investigación más íntima y dura de sus vidas.