No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 30
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Capítulo 30

La mañana de la boda

Inés despertó a las nueve de la mañana.

Durante unos segundos no recordó que era el día de su boda.

Después vio el vestido colgado frente a la ventana, las cajas de Casa Valcárcel sobre la mesa y el anillo en su mano.

El viento había disminuido.

Desde su habitación podía ver a los técnicos colocar las sillas en el olivar. Mara caminaba entre ellos con un teléfono en una mano y el programa de la ceremonia en la otra.

Llevaba el mismo traje negro con el que había regresado a su vida pocas semanas antes.

Inés sabía que apenas había dormido.

A las seis de la mañana seguía revisando la plataforma. A las ocho había dirigido la llegada de los primeros proveedores. Ahora comprobaba personalmente cada fila de sillas.

Dentro de dos días estaría camino de Lisboa.

Llamaron a la puerta.

Sofía entró con una bandeja de desayuno.

—Tienes que comer.

—No tengo hambre.

—Mara ha dicho que no podrás beber champán si no desayunas.

—Mara no decide lo que bebo.

—Eso mismo le he dicho.

—¿Y?

—Me ha dado una lista de cosas que ocurrirán si te desmayas durante la ceremonia.

Inés apartó la sábana.

—Claro que lo ha hecho.

Sofía dejó la bandeja sobre la cama.

—La inspección de las dos ha salido bien. La ceremonia puede celebrarse en el olivar.

—¿Dónde está Mara?

—Trabajando. ¿Dónde iba a estar?

Inés miró por la ventana.

—Dentro de dos días se marcha.

—Todavía puedes detenerla.

—Me pidió que no saliera de la boda por ella.

—No te pidió que te casaras.

—Lo sé.

Sofía se sentó a su lado.

—¿Vas a hacerlo?

Inés miró el anillo.

—No lo sé.

—Faltan nueve horas.

—Gracias por recordármelo.

—No puedes esperar a que la oficiante haga la pregunta para decidir.

—¿Por qué no?

—Porque habrá ciento ochenta y seis personas mirándote.

—Llevo toda la vida tomando decisiones porque hay gente mirando.

—Entonces quizá necesites que miren mientras tomas una por ti misma.

Inés levantó la vista.

—¿Quieres que diga que no delante de todos?

—Quiero que no digas que sí por miedo a lo que ocurra después.

Sofía se levantó.

—Come algo. Después te ayudaré con el vestido.

***

A las diez, Beatriz entró en la habitación acompañada por la directora de comunicación.

Dejó una carpeta gris sobre la mesa.

—Los abogados han preparado el acuerdo con Ferrer Eventos —dijo.

Inés abrió la carpeta.

El documento renunciaba a cualquier reclamación por los servicios prestados y confirmaba el pago completo del contrato. También obligaba a Casa Valcárcel a destruir las fotografías del invernadero.

Todavía no estaba firmado.

—¿Por qué falta tu firma?

—La añadiré cuando termine la ceremonia.

—Ferrer Eventos ya ha cumplido el contrato.

—La boda todavía no se ha celebrado.

—Mara ha organizado todo lo que le pediste.

—Entonces no debería preocuparte esperar unas horas.

Inés cerró la carpeta.

—Sigues utilizando la empresa para obligarme.

—Estoy garantizando que cumpla hasta el final.

—Sabes que lo hará.

—Entonces dejemos de discutir.

Beatriz hizo una señal a la directora de comunicación.

La mujer colocó sobre la mesa el programa previsto para la prensa.

—Los periodistas podrán fotografiar vuestra salida de la ceremonia y el inicio del cóctel —explicó—. Después abandonarán la finca.

—No responderemos preguntas.

—Solo habrá una declaración de Beatriz.

—¿Qué dirá?

—Agradecerá el interés y pedirá respeto para los recién casados.

Inés miró a su madre.

—Todavía no estamos casados.

—Lo estaréis cuando hable con ellos.

—El documento de Ferrer Eventos debe firmarse antes de la ceremonia.

—No.

—¿Y si me niego a salir de esta habitación?

Beatriz mantuvo la voz serena.

—Los abogados enviarán la reclamación. Después comunicaremos que la boda ha sido cancelada por la intervención de una tercera persona.

—Publicarás la fotografía.

—Entregaremos la información necesaria para proteger a la familia.

—También perjudicarás a Álvaro.

—Álvaro no aparece en la fotografía besando a la organizadora.

Inés sintió rabia.

—Has esperado hasta hoy para dejar claro el precio.

—El acuerdo es sencillo. Mara termina el trabajo, tú cumples el compromiso y la fotografía desaparece.

—¿También prometes no volver a intervenir en mi vida?

—No seas dramática.

—Pagaste una beca para separarnos y ahora amenazas con destruir su empresa. Me parece una pregunta razonable.

Beatriz miró hacia el vestido.

—A las dos empezará la sesión de fotografías. Intenta descansar.

Se marchó con la directora de comunicación.

La carpeta gris quedó sobre la mesa.

Sofía salió del baño, donde había permanecido durante la conversación.

—He grabado todo —dijo.

Le enseñó el teléfono.

—Mamá nos obligará a borrar el audio.

—Primero tendrá que encontrarlo. Ya se lo he enviado a tres personas.

Inés miró a su hermana.

—¿A quién?

—A mi abogada, a Leire y a Álvaro.

—No puedes involucrar a más gente.

—Mamá acaba de amenazar con difundir una fotografía privada para obligarte a casarte. Ya hay suficiente gente involucrada.

Inés tomó el teléfono.

Álvaro había enviado un mensaje.

No firmes nada. Voy a hablar con ella.

Inés respondió:

No servirá.

Él contestó:

Entonces encontraremos otra forma.

***

La sesión de fotografías empezó a las dos.

Inés se puso el vestido y dejó que el equipo de Casa Valcárcel colocara las joyas. Beatriz había elegido una gargantilla de diamantes, unos pendientes y el cierre diseñado para la cintura.

La pulsera también esperaba sobre la mesa.

—No me la pondré —dijo Inés.

—Está incluida en el programa —respondió su madre.

—No en el que aprobamos.

Mara entró en la habitación.

Se detuvo al ver a Inés vestida.

La reacción duró poco. Después consultó el reloj.

—La sesión termina a las dos y media.

Beatriz señaló la pulsera.

—Necesitamos cinco minutos adicionales.

—No los tenemos.

—La ceremonia empieza a las seis.

—Inés tiene que cambiarse las joyas, comer y descansar. Noa también necesita preparar el equipo en el olivar.

—Puede fotografiar la pulsera ahora.

—Inés ha dicho que no quiere llevarla.

Beatriz miró a Mara.

—No necesito que vuelvas a intervenir.

—Necesita que respete el horario acordado.

Noa apareció detrás de ella con las cámaras.

—No voy a fotografiar una pieza que la modelo no quiere llevar.

—No es una modelo —dijo Inés.

—Por eso mismo.

Noa cerró la caja de la pulsera y se la entregó a una asistente.

—Empezamos con la gargantilla.

La sesión duró exactamente treinta minutos.

Cuando terminó, Mara pidió a todos que salieran para que Inés pudiera cambiarse las joyas.

Beatriz fue la última en marcharse.

—A las cinco y media vendrá tu tío Gonzalo —recordó.

—No he decidido que vaya a acompañarme.

—Está incluido en el programa.

—También estaba incluida la pulsera.

Beatriz salió sin responder.

Mara permaneció junto a la puerta.

—Tú también puedes salir —dijo Inés.

—Necesito entregarte el ramo.

Lo había dejado sobre una mesa auxiliar.

Era una composición sencilla de jazmín, ramas de olivo y pequeñas flores de tonos crema y amarillo. No había rosas blancas ni ninguna referencia a Casa Valcárcel.

Inés lo tomó.

—¿Lo has hecho tú?

—Dalia Norte lo preparó. Yo he cambiado dos ramas.

—Entonces lo has cambiado tú.

—Dos ramas no convierten el ramo en mío.

—Siempre haces eso.

—¿Qué?

—Reducir lo que has hecho hasta que parece que no significa nada.

Mara miró hacia el pasillo.

—No deberíamos hablar ahora.

—Es el día de mi boda.

—Precisamente.

—Dentro de unas horas firmarán el acuerdo y tu empresa estará a salvo.

—Eso dice Beatriz.

—Sofía ha grabado su amenaza.

Mara mostró sorpresa.

—¿Dónde está el audio?

—Leire tiene una copia.

—Entonces nuestra abogada podrá utilizarlo.

—Quizá ya no necesites que me case.

—Nunca lo he necesitado.

Inés sostuvo el ramo entre las manos.

—Podrías pedirme que no saliera.

—Ya hablamos de esto.

—Lo sé.

—No voy a cambiar la respuesta el día de la boda.

Inés miró el traje negro de Mara, el auricular y las marcas de cansancio bajo sus ojos.

—¿Vas a estar en el olivar?

—Junto a la última fila. Tengo que controlar la entrada y el sonido.

—No te marches antes de que termine.

—No lo haré.

—Aunque diga que sí.

Mara tardó un segundo.

—Aunque digas que sí.

—¿Y después?

—Terminaré mi trabajo.

—Te despedirás.

—Sí.

Inés sintió ganas de llorar, pero no quería estropear el maquillaje antes de llegar al altar.

—Estás preciosa —dijo Mara.

Esta vez no habló del espacio ni del largo del vestido.

—Gracias.

Sus manos se rozaron sobre el ramo.

Ninguna intentó prolongar el contacto.

Mara abrió la puerta.

—Come algo. Leire vendrá a buscarte a las cinco y cuarenta.

Salió.

Inés se quedó con el ramo que Mara había corregido para ella.

***

Álvaro envió una nota a las cinco.

Sofía se la entregó doblada.

Todavía podemos detenerlo antes de salir. No quiero un sí que tengas que obligarte a pronunciar. Si decides cancelar, lo haré contigo. No estarás sola delante de nuestras familias.

Inés leyó el mensaje varias veces.

Álvaro seguía queriéndola. También había comprendido que el matrimonio flexible no solucionaría nada.

Le devolvió la nota a Sofía.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó su hermana.

—Salir.

—No es lo que te ha preguntado.

—Necesito llegar hasta allí.

—¿Por qué?

Inés miró hacia el olivar.

—Porque llevo semanas intentando resolver esto en habitaciones cerradas. Mi madre siempre encuentra una forma de cambiar la historia.

—¿Y en el altar no podrá?

—No si la digo yo delante de todos.

Sofía comprendió que Inés había tomado una decisión, aunque todavía no supiera cuál.

—¿Quieres que vaya contigo?

—Hasta el invernadero.

—¿Y después?

Inés miró el camino.

—Después entraré sola.

***

A las cinco y cuarenta, Leire llegó para acompañarlas.

—Todo está preparado —dijo—. El viento sigue dentro del límite y el ingeniero ha firmado la autorización definitiva.

Caminaron hasta el invernadero.

El tío Gonzalo esperaba junto a la entrada. Beatriz estaba con él.

—Llegas tarde —dijo.

—Faltan quince minutos.

—Tenemos que colocar el velo y repasar la entrada con Gonzalo.

—Entraré sola.

Su tío miró a Beatriz.

—Inés, no es el momento de cambiar el programa.

—No estoy cambiando la ceremonia. Solo caminaré sin acompañante.

—La prensa interpretará que rechazas a la familia.

—La prensa no estará en el olivar.

—Las fotografías se publicarán después.

—Entonces podrán ver que sé caminar sola.

Beatriz dio un paso hacia ella.

—No conviertas la entrada en otra provocación.

—No tiene que ver contigo.

—Todo lo que hagas hoy afecta a la familia.

Inés sostuvo su mirada.

—Esta parte es mía.

Mara apareció al final del camino.

Había oído la discusión.

—Podemos mantener la música y el horario aunque Inés entre sola —dijo—. No hay ningún problema técnico.

Beatriz no apartó la vista de su hija.

—Siempre encuentra una forma de apoyarte.

—Porque la he contratado para organizar mi boda.

Era la primera vez que Inés utilizaba aquella frase sin discutir que Mara fuera su organizadora.

Gonzalo se acercó a su sobrina.

—Si quieres ir sola, ocuparé mi asiento.

—Gracias.

El hombre se marchó hacia el olivar.

Beatriz no podía obligarla sin provocar una escena delante del equipo. Se alejó detrás de él.

Sofía colocó el velo.

—Te esperaré en la primera fila.

Inés la abrazó.

—Gracias.

—Todavía puedes cambiar de opinión sobre cualquier cosa.

—Lo sé.

Leire recibió la señal por el auricular.

—Álvaro está en su lugar. La oficiante está preparada.

Mara se situó al comienzo del sendero.

La música empezó.

Inés salió del invernadero con el ramo entre las manos.

Beatriz ya no podía decidir quién caminaba junto a ella.

No sabía qué palabra pronunciaría cuando llegara al altar. Pero sabía que la respuesta sería suya.