No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 28
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Capítulo 28

No por mí

Faltaban dos días para la boda cuando realizaron el último recorrido.

La plataforma ocupaba ya el centro del olivar. Las sillas estaban colocadas, aunque todavía protegidas con fundas, y una cinta blanca marcaba el camino por el que entrarían los invitados.

Mara esperaba junto al atril.

Durante la última semana, apenas había dirigido la palabra a Inés fuera de las reuniones. Sus correos llegaban a la hora prevista y sus instrucciones no dejaban espacio para conversaciones personales.

También había terminado de hacer el equipaje.

Inés había visto las maletas cargadas en una furgoneta de Ferrer Eventos aquella mañana. Solo quedaba en el pabellón la ropa que Mara utilizaría durante la boda.

Álvaro llegó unos minutos después.

—Empezaremos por la llegada de los invitados —dijo Mara—. Después comprobaremos vuestras entradas, la ceremonia y la salida hacia el cóctel.

Inés miró a su alrededor.

Todo estaba listo.

Las flores llegarían la mañana de la boda. Las luces ya colgaban entre los árboles y el equipo de sonido permanecía oculto detrás del muro. Mara había conseguido convertir el olivar en el lugar que Inés imaginó al principio.

Ahora Inés no sabía si quería utilizarlo.

—Los periodistas permanecerán en la zona de recepción —continuó Mara—. No podrán acceder al olivar. Noa será la única fotógrafa durante la ceremonia.

—¿Mi madre ha aceptado? —preguntó Inés.

—Ha firmado el protocolo.

—Eso no significa que vaya a respetarlo.

—El equipo de seguridad tiene instrucciones claras.

Mara entregó una copia del programa a Álvaro.

—Tú llegarás primero. Tu madre entrará contigo y ocupará su asiento antes de que empiece la música de Inés.

—De acuerdo.

—Después, Inés esperará en el invernadero. Leire le avisará cuando pueda salir.

Mara hablaba sin mirarlos durante demasiado tiempo.

Comenzaron el recorrido.

Álvaro caminó desde el patio oeste hasta la plataforma. Inés esperó en el invernadero y recorrió el camino norte cuando empezó la música.

Al llegar al olivar, Mara ocupaba el lugar de la oficiante.

No estaba donde estaría Álvaro.

Aun así, Inés recordó el ensayo anterior y las promesas que se habían hecho allí.

Si quiero que te quedes, prometo decírtelo.

Mara consultó el cronómetro.

—Dos minutos y ocho segundos. Está bien.

Inés ocupó su lugar junto a Álvaro.

Él le ofreció la mano.

Era parte del recorrido. Inés se la dio.

—La oficiante pronunciará una introducción breve —explicó Mara—. Después, Sofía leerá el texto que habéis elegido y pasaréis a los votos.

Álvaro levantó la vista del programa.

—Usaremos la fórmula civil.

—¿Habéis descartado los votos personales? —preguntó Mara.

—Sí.

Mara miró a Inés.

—Necesito que lo confirméis los dos.

—Usaremos la fórmula civil —repitió ella.

—De acuerdo.

Mara marcó la decisión.

—No es necesario que ensayéis el texto completo. Solo las respuestas finales.

Álvaro soltó la mano de Inés.

—Podemos hacerlo.

Mara abrió el programa.

Su voz permaneció neutral.

—La oficiante os preguntará si consentís libremente en contraer matrimonio. Álvaro responderá primero.

Él miró a Inés.

—Sí, quiero.

No dudó.

Mara continuó:

—Después, la pregunta será para Inés.

Inés sabía que no era la ceremonia real. No había invitados, flores ni cámaras. Solo Mara, Álvaro y ella.

Aun así, las palabras no salieron.

Álvaro esperó.

Mara bajó el programa.

—Inés.

—Lo sé.

—Solo es una prueba —dijo Álvaro.

Inés sintió que esa era precisamente la razón por la que debía poder responder.

—Sí, quiero.

Su voz apenas se oyó.

Mara miró hacia la mesa de sonido.

—El volumen del micrófono tendrá que estar un poco más alto.

Ninguna de las tres personas presentes creyó que el problema fuera el micrófono.

Álvaro se apartó del atril.

—Necesito un momento.

—Todavía falta comprobar la salida —dijo Mara.

—Sé caminar hasta el patio.

Se dirigió hacia las últimas filas.

Inés fue detrás de él.

—Álvaro.

Él se detuvo.

—No puedes llegar al día de la boda sin saber si serás capaz de responder.

—He respondido.

—Como si alguien te obligara.

Inés miró hacia Mara. Seguía junto al atril, aunque no podía oír la conversación.

—Mi madre me está obligando.

—Y yo estoy permitiéndolo.

—Tú también quieres que la boda siga.

—Quiero estar contigo. Ya no sé si es lo mismo.

La sinceridad la sorprendió.

—Todavía podemos detenerlo —dijo Álvaro.

—Beatriz no ha firmado el acuerdo de Ferrer Eventos.

—Quizá nunca lo haga.

—Después de la boda perderá su justificación para presentar una reclamación.

—Encontrará otra si quiere.

—Al menos Mara habrá cumplido el contrato.

Álvaro miró hacia ella.

—Le pedí que se marchara.

Inés se volvió.

—¿Cuándo?

—Después de la despedida.

—No tenías derecho.

—Le pedí ayuda. No la amenacé.

—Querías que desapareciera otra vez.

—Quería saber si podíamos tomar una decisión sin que ella estuviera delante.

—La decisión no cambia porque Mara se marche.

—Eso fue lo que me respondió.

Inés volvió a mirar hacia el altar.

Mara hablaba por teléfono y fingía no prestarles atención.

—Se negó —dijo Inés.

—Dijo que terminaría el trabajo y se iría después.

—Cumplió lo que me prometió.

—Sí.

No había reproche en la respuesta de Álvaro. Solo cansancio.

—No sé por qué seguimos haciendo esto —admitió Inés.

—Porque todavía espero que me elijas.

—Y yo espero encontrar una forma de no destruirte cuando no pueda hacerlo.

Álvaro asintió con cansancio.

—Nunca quise que te casaras conmigo por lástima.

—No es lástima.

—¿Culpa?

Inés no respondió.

—Mara tiene razón en una cosa —dijo él—. Ninguno debería ser el motivo por el que elijas al otro.

—Ella no te odia.

—Eso casi lo empeora.

Álvaro miró hacia la casa.

—Termina el recorrido. Yo aprobaré los cambios que falten.

—¿Adónde vas?

—A hablar con mis padres. Tengo que asegurarme de que conozcan todas las posibilidades antes del sábado.

—¿Incluida la cancelación?

—Sobre todo esa.

Se marchó por el camino sur.

Inés no intentó detenerlo.

***

Mara terminó la llamada cuando Inés regresó a la plataforma.

—¿Álvaro se ha marchado?

—Sí.

—Necesitaba aprobar la salida.

—Dice que aprobará cualquier cambio.

Mara cerró el programa.

—Eso no es una aprobación.

—¿De verdad importa?

—Profesionalmente, sí.

—Siempre encuentras una forma de esconderte detrás del trabajo.

—El trabajo es la razón por la que sigo aquí.

—No es la única.

Mara miró las sillas vacías.

—No deberíamos hablar de esto.

—Es la última vez que estaremos solas antes de la boda.

—Precisamente.

Inés subió a la plataforma.

—Álvaro me ha contado que te pidió que te marcharas.

—No tienes que discutir con él por eso.

—Quería eliminarte de mi vida para que lo eligiera.

—Quería espacio para intentar salvar vuestra relación.

—No te corresponde defenderlo.

—Tampoco atacarlo. Está sufriendo por algo que hicimos nosotras.

Inés se detuvo delante de Mara.

—¿Por qué te negaste?

—Porque no voy a abandonar el trabajo y porque te prometí que no volvería a desaparecer.

—Aunque te marches dos días después.

—Me despediré.

—No sé qué esperas que te diga cuando lo hagas.

—No espero nada.

—Eso no es verdad.

Mara guardó silencio.

—Durante el ensayo dijiste que dejarías que te pidiera quedarte —recordó Inés.

—Lo recuerdo.

—Quédate.

Mara cerró los ojos.

—No puedes pedírmelo mientras esta plataforma espera que te cases con Álvaro.

—Acabo de ser incapaz de decir que sí.

—Pero lo has dicho.

—Porque era una prueba.

—Dentro de dos días no lo será.

Inés sintió que empezaba a llorar.

—No quiero casarme con él.

—Entonces no lo hagas.

—Mi madre destruirá Ferrer Eventos.

—Déjala intentarlo.

—No puedo.

—Sí puedes. Lo que no quieres es asumir las consecuencias.

Inés no discutió el reproche.

—¿Estarás conmigo si digo que no?

Mara tardó en responder.

—No puedo prometerlo.

—Me quieres.

—Sí.

—Entonces, ¿por qué no?

—Porque tu decisión no puede depender de que yo te espere al final del pasillo.

—Eso es exactamente donde estarás.

—Estaré trabajando.

—Sabes lo que quiero decir.

Mara dejó el programa sobre el atril.

—Voy a pedirte una última cosa que no forma parte del contrato.

—¿Qué?

—Si sales de esta boda, no lo hagas por mí.

Inés la miró sin comprender.

—¿Quieres que me case con Álvaro?

—Quiero que decidas si quieres casarte con él. No si yo te quiero, si Lisboa existe o si tu madre puede arruinar mi empresa.

—No puedo borrar todo eso.

—No. Pero puedes responder una pregunta. Si yo subiera a ese avión y no volviera a verte, ¿querrías seguir siendo la esposa de Álvaro?

—No.

—Entonces ya sabes qué quieres.

—¿Y si digo que no en el altar?

—Tendrás que asumir que quizá yo me marche igualmente.

—Eso es cruel.

—Sería más cruel prometerte una vida para conseguir que canceles otra.

Inés se secó las lágrimas.

—¿No tienes miedo de que diga que sí?

—Mucho.

—Podrías perderme.

—Ya te he perdido si te casas con él.

—Entonces pídeme que no lo haga.

Mara negó con la cabeza.

—No salgas de esta boda por mí. Sal por ti. Porque no quieres ese matrimonio aunque yo no sea una opción.

Inés entendió.

Mara no estaba rechazándola. Se negaba a convertirse en otra persona que decidiera por ella.

—¿Y si después te elijo? —preguntó.

—Entonces podremos hablar.

—¿Antes de Lisboa?

—Sí.

Era la única promesa que Mara estaba dispuesta a hacer.

Inés se acercó, pero no la tocó.

—Te quiero.

—Yo también te quiero.

—No parece suficiente.

—No mientras sigas intentando proteger a todo el mundo menos a ti.

El teléfono de Mara vibró.

Leyó el mensaje y su expresión cambió.

—¿Qué ocurre?

—El servicio meteorológico ha modificado la previsión para el sábado.

—¿Lluvia?

—Viento. Rachas de más de setenta kilómetros por hora.

Mara miró las luces, las flores pendientes y la plataforma instalada entre los olivos.

—Tenemos un problema.

Inés siguió su mirada.

Si el viento obligaba a trasladar la ceremonia, Beatriz recuperaría la capilla que siempre había querido.

A dos días de la boda, el olivar volvía a estar en peligro.