No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 25
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Capítulo 25

No es un capricho

El artículo apareció a las siete de la mañana.

INÉS VALCÁRCEL, LA NOVIA IMPOSIBLE: CAMBIOS, EXIGENCIAS Y UNA ORGANIZADORA AL LÍMITE

Mara leyó la noticia desde el teléfono.

El texto afirmaba que Inés había cambiado tres veces el lugar de la ceremonia, rechazado siete menús y exigido sustituir a varios proveedores. También recuperaba el rumor de que la anterior organizadora había dimitido por sus caprichos.

Una fuente anónima aseguraba que Mara trabajaba durante veinte horas al día para evitar que la novia cancelara el enlace.

Casi todo era falso.

El lugar de la ceremonia había cambiado una sola vez porque la primera propuesta se aprobó sin consultar a Inés. Solo se habían probado dos menús. Ningún proveedor había sido despedido y Mara no intentaba convencer a la novia de que se casara.

Leire entró en el despacho con su propio teléfono.

—Ya lo has visto.

—¿Quién ha hablado?

—La fuente dice que trabaja con uno de los proveedores.

—No sabe nada del proyecto.

—Eso nunca ha detenido a nadie.

Mara llamó a la directora de comunicación de Casa Valcárcel.

—No haremos comentarios —dijo esta—. Beatriz considera que responder dará más importancia a la noticia.

—El artículo acusa a Ferrer Eventos de no controlar el proyecto.

—La mayor parte de la atención recae sobre Inés.

—Eso no mejora nada.

—La gala demostró que la boda continúa. Publicaremos esta tarde una fotografía de los novios y el rumor desaparecerá.

—¿Otra fotografía de una relación que han terminado?

La mujer bajó la voz.

—Esa no es una cuestión que debamos discutir.

—Entonces hablemos de trabajo. Quiero emitir una declaración sobre el desarrollo de la boda.

—Beatriz no la autorizará.

—No necesito su autorización para defender la reputación de mi empresa.

—Tu contrato incluye una cláusula de confidencialidad.

—No voy a revelar detalles privados. Voy a corregir datos falsos sobre mi trabajo.

—Espera a que hable con Beatriz.

La llamada terminó.

Mara volvió a leer el artículo.

No le preocupaba que la describieran como una profesional agotada. Le molestaba que repitieran la misma historia con la que ella había conseguido el contrato: la novia difícil que necesitaba ser controlada por una antigua amiga.

Había utilizado ese relato cuando le convenía. Ahora conocía el daño que causaba.

—Prepara un comunicado —le dijo a Leire.

—¿Aunque Beatriz diga que no?

—Solo con datos verificables. Ninguna referencia al beso, la ruptura ni los conflictos familiares.

Leire abrió el ordenador.

—¿Qué quieres decir?

—La verdad.

***

A las nueve, cinco fotógrafos esperaban frente a la entrada de Son Marès.

La noticia había atraído a más periodistas. Los responsables de seguridad cerraron el acceso principal y desviaron a los proveedores hacia la puerta de servicio.

Inés tenía una reunión en Palma a las diez.

Mara envió un mensaje.

Hay prensa en la entrada. Utiliza la salida norte.

Inés respondió:

Mi madre ha ordenado preparar el coche en la entrada principal.

Mara llamó de inmediato al responsable de seguridad.

—Cambie el recorrido.

—La señora Valcárcel ha dado instrucciones expresas.

—La prensa bloqueará el coche y no podremos garantizar que nadie se acerque a Inés.

—La señora Valcárcel quiere que la vean salir con el anillo.

Mara sintió rabia.

Beatriz necesitaba una fotografía que reforzara el anuncio de la gala. Estaba dispuesta a utilizar el acoso de los periodistas para conseguirla.

—Mantenga dos personas junto a Inés y despeje el paso antes de abrir la puerta —ordenó Mara.

—Necesito la autorización de la señora Valcárcel.

—Si alguien se acerca al vehículo, el informe de seguridad indicará que usted ignoró mi advertencia.

El hombre reconsideró su respuesta.

—Enviaré a cuatro personas.

Mara salió hacia la entrada.

Inés apareció pocos minutos después. Vestía un traje claro y llevaba gafas de sol. Beatriz caminaba junto a ella.

—No tienes que acompañarla —dijo a Mara.

—Estoy comprobando el acceso.

—El equipo de seguridad puede hacerlo.

—El equipo recomendó utilizar la salida norte.

—No vamos a escondernos en nuestra propia casa.

Las puertas se abrieron.

Los periodistas empezaron a gritar.

—¡Inés! ¿Es cierto que has vuelto a cambiar el lugar de la boda?

—¿Mara Ferrer también va a dimitir?

—¿Por qué no besaste a Álvaro durante la gala?

—¿Sigues queriendo casarte?

Inés continuó andando sin responder.

Mara se mantuvo a su lado.

Uno de los reporteros levantó la voz.

—¡Mara! ¿Es verdad que Inés es incapaz de tomar una decisión?

Ella se detuvo.

Beatriz también.

—No respondas —dijo en voz baja.

Mara miró al periodista.

—No. No es verdad.

Las cámaras se dirigieron hacia ella.

—¿Entonces por qué dimitió la anterior organizadora?

—No puedo hablar en nombre de otra profesional. Sí puedo hablar de mi trabajo. Inés ha tomado todas las decisiones que le hemos presentado dentro de los plazos establecidos.

—¿No ha cambiado el lugar de la ceremonia tres veces?

—Una sola vez. El primer espacio se había aprobado sin consultarla.

Los periodistas empezaron a acercarse.

El equipo de seguridad mantuvo libre el camino hacia el coche.

—¿Y los siete menús rechazados? —preguntó otra mujer.

—Nunca existieron. Hicimos una cata comparativa y elegimos un menú.

—¿Es una novia exigente?

Mara miró a Inés antes de responder.

—Es una novia que quiere participar en su propia boda. Eso no es un capricho.

Inés se quitó las gafas.

Beatriz intentó interrumpir.

—La familia no hará más declaraciones.

Mara continuó:

—Ferrer Eventos aceptó un proyecto complejo con poco tiempo. La dificultad procede del tamaño del evento, de la presión mediática y de la cantidad de decisiones que se tomaron antes de nuestra llegada. No de Inés.

—¿Te contrató ella porque erais amigas?

Mara sabía que la respuesta podía enfurecer a Beatriz.

—Yo solicité una reunión cuando supe que necesitaban una nueva organizadora. La familia decidió contratarme por mi experiencia.

—¿Entonces es falsa la historia de que Inés te pidió personalmente que organizaras la boda?

—Inés y yo nos conocíamos desde la adolescencia. Eso influyó en la decisión, pero ella no me pidió que me presentara.

La primera mentira pública que Mara había utilizado para entrar en Son Marès acababa de quedar corregida.

—¿La boda sigue adelante? —preguntó un periodista.

Mara miró a Inés.

Esa respuesta no le correspondía.

—Mi trabajo consiste en preparar el evento mientras mis clientes mantengan el contrato.

No confirmó la boda.

Tampoco la negó.

Beatriz abrió la puerta del coche.

—Se ha terminado.

Inés entró. Antes de que la puerta se cerrara, miró a Mara.

No dijo nada.

***

El vídeo se publicó veinte minutos después.

La frase Eso no es un capricho aparecía en el título de varias noticias. Algunos medios seguían especulando sobre la ausencia de un beso durante la gala, pero el relato de la novia imposible empezó a perder fuerza.

Ferrer Eventos publicó su comunicado con los datos del proyecto y una petición expresa de respeto hacia los profesionales y la pareja.

La respuesta pública fue mayoritariamente favorable.

Eso no impidió que Beatriz citara a Mara en la biblioteca.

Leire insistió en acompañarla.

—Te había ordenado no hacer declaraciones —dijo Beatriz.

—No tengo que obedecer órdenes que perjudiquen a mi empresa y difundan información falsa sobre mi clienta.

—Has confirmado que la historia inicial sobre vuestra amistad estaba manipulada.

—He aclarado que Inés no me contrató.

—La noticia de vuestra reunión sentimental había terminado con los rumores.

—También permitió que todo el mundo creyera que Inés necesitaba una antigua amiga para controlarla.

—Tú propusiste esa historia.

—Me equivoqué.

Beatriz se levantó.

—No puedes cambiar de estrategia cada vez que tus sentimientos interfieren.

—He protegido la reputación profesional de Ferrer Eventos.

—Has defendido a Inés.

—Las dos cosas son ciertas.

—También has evitado confirmar la boda.

—No soy portavoz de su relación.

—Eres la organizadora del enlace.

—Hasta la fecha acordada o hasta que los novios cancelen el contrato.

Beatriz miró a Leire.

—¿También estás de acuerdo con esta forma de trabajar?

—Estoy de acuerdo con no permitir que un medio culpe a nuestra empresa de problemas inventados —respondió.

—Los abogados todavía no han aceptado vuestro acuerdo adicional.

—Entonces deberían hacerlo antes de que sigamos discutiendo —dijo Mara.

Beatriz mantuvo la mirada sobre ella.

—Te has vuelto demasiado confiada desde que aceptaste Lisboa.

—No. He dejado de esperar su recomendación.

Mara se dirigió hacia la puerta.

—La plataforma estará lista para la inspección final mañana. Recibirá el informe a las seis.

Salió con Leire.

Por primera vez, Beatriz no intentó detenerla.

***

Inés regresó a Son Marès al mediodía.

Mara revisaba las flores destinadas a las mesas cuando la vio entrar en el almacén.

—Leire está con el proveedor de sonido —dijo.

—No he venido a hablar de la boda.

—Entonces deberías esperar.

Inés cerró la puerta, aunque no avanzó.

—He visto el vídeo.

Mara continuó revisando las flores.

—Necesitaba corregir la noticia.

—Podías haber defendido a tu empresa sin defenderme a mí.

—Las acusaciones estaban relacionadas.

—Dijiste que quiero participar en mi propia boda.

—Es verdad.

—También reconociste que fui una excusa para conseguir la reunión con mi madre.

Mara dejó la muestra sobre la mesa.

—Tú tenías razón. Utilicé nuestra amistad sin tu permiso.

—Mi madre no quería que lo aclararas.

—Lo sé.

—Entonces, gracias.

—No hace falta.

—Podías haberte quedado callada.

—Sí.

—¿Por qué no lo hiciste?

Mara la miró.

—Porque no eres caprichosa. Cuando alguien te pregunta qué quieres y después te escucha, tomas decisiones claras. Lo he visto desde que llegué.

Inés dio un paso hacia ella.

—Sigo queriendo casarme contigo.

Mara la miró, desconcertada.

—No digas eso.

—Es la verdad.

—Llevas el anillo de Álvaro.

—Porque todavía no sé cómo salir de la amenaza sin destruir tu empresa.

—Nuestra abogada encontrará una solución.

—¿Y si no la encuentra?

—Entonces asumiremos las consecuencias.

—Yo también tengo derecho a elegir qué consecuencias acepto.

—Sí. Pero no puedes elegir por mí.

Inés bajó la mirada.

—Te irás dentro de diecinueve días.

—Sí.

—¿Y esto es lo único que quedará entre nosotras? ¿Correos y reuniones con Leire?

—Mientras la boda siga adelante, sí.

—Me has defendido delante de toda la prensa.

—Eso no cambia mi límite.

Inés se acercó un poco más.

—¿Defenderías así a cualquier clienta?

Mara podría haber dicho que sí. Habría sido la respuesta más segura.

—No lo sé.

La sinceridad produjo un nuevo silencio.

Inés levantó la mano, pero no llegó a tocarla.

—No voy a pedirte que incumplas el límite.

—Gracias.

—Pero tampoco voy a dejar que creas que he elegido a Álvaro porque ya no te quiero.

—Eso lo hace más difícil, no más fácil.

—Lo sé.

Mara miró hacia la puerta.

—Leire regresará enseguida.

Inés entendió la petición.

—Nos vemos en la inspección.

Salió del almacén.

Mara permaneció junto a las flores.

Había defendido a Inés porque las acusaciones eran injustas. También porque seguía queriéndola, aunque no pudiera estar con ella.

Decir la verdad a la prensa había sido más fácil que continuar ocultándosela a sí misma.