No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 23
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Capítulo 23

Lisboa

Mara esperó hasta que Inés abandonó el olivar.

Después se encerró en el invernadero y lloró.

No quería hacerlo delante de los técnicos ni permitir que Beatriz interpretara sus lágrimas como una nueva debilidad profesional. Se sentó junto a la antigua mesa de trabajo y se cubrió el rostro con las manos.

Inés le había dicho que la quería.

Unos minutos después, había confirmado que se casaría con Álvaro.

Mara comprendía por qué lo había hecho. Beatriz había colocado Ferrer Eventos en el centro de la decisión y había convertido la boda en la única forma inmediata de proteger la empresa.

Comprenderlo no significaba que pudiera aceptarlo.

Tampoco podía participar en el matrimonio flexible que Álvaro proponía. Mara no quería ocupar un espacio tolerado en la vida privada de Inés mientras el resto del mundo celebraba su unión con otra persona.

Había vivido catorce años como un recuerdo que ninguna de las dos se atrevía a nombrar.

No iba a pasar el futuro convertida en un secreto.

***

Leire la encontró veinte minutos después.

No preguntó por qué tenía los ojos rojos. Cerró la puerta y se sentó frente a ella.

—¿Qué ha ocurrido?

—La boda sigue adelante.

—Eso ya lo sé. Beatriz ha enviado la confirmación al equipo.

—Inés ha aceptado.

—¿Por la reclamación?

—Y porque Álvaro quiere intentar salvar la relación.

Leire guardó silencio.

—Me ha propuesto una especie de matrimonio abierto —continuó Mara—. Inés cree que podríamos encontrar una forma de estar juntas después de la boda.

—¿Y tú?

—Le he dicho que no.

—Bien.

Mara levantó la vista.

—No parece que te sorprenda.

—Te conozco. Nunca aceptarías esperar escondida mientras ella aparece con Álvaro en las revistas.

—No es solo por las revistas.

—Ya lo sé.

Leire apoyó los brazos sobre la mesa.

—Entonces nos marchamos.

—No todavía.

—Mara…

—Si abandonamos ahora, Beatriz presentará la reclamación. Los proveedores perderán un contrato importante y nosotros pareceremos responsables de la cancelación de un servicio que sigue adelante.

—¿Quieres organizar la boda de la mujer a la que quieres?

—No.

—Entonces no lo hagas.

—No puedo tomar esta decisión pensando solo en mí.

—Eso mismo ha dicho Inés antes de aceptar casarse.

Mara frunció el ceño.

—No es lo mismo.

—Las dos afirmáis que os sacrificáis para proteger a otras personas. El resultado es que Beatriz sigue decidiendo.

—Si termino el contrato, perderá esa amenaza.

—Puede inventar otra.

—Pero Ferrer Eventos habrá cumplido todas sus obligaciones. Nuestra abogada podrá exigir por escrito que renuncien a cualquier reclamación y destruyan la fotografía.

Leire consideró el argumento.

—¿Crees que puedes aguantar cuatro semanas?

—Tengo que hacerlo.

—No, Mara. Has elegido hacerlo. No conviertas tu decisión en otra obligación creada por Beatriz.

Mara asintió.

—Elijo terminar la boda porque nuestros empleados y proveedores dependen del trabajo que ya hemos contratado. Después me marcharé.

—¿A Lisboa?

—Sí.

—¿Has hablado con Noa?

—Todavía no.

—Hazlo antes de cambiar de opinión.

***

Mara salió del invernadero y regresó al pabellón.

Llamó primero a la abogada de Ferrer Eventos. Le explicó que la boda seguía adelante y le pidió que preparara un acuerdo adicional al contrato.

—Quiero una renuncia expresa a cualquier reclamación relacionada con los servicios ya prestados —dijo—. También la devolución o destrucción certificada de las fotografías cuando termine el evento.

—Casa Valcárcel puede negarse.

—Entonces documentaremos cada instrucción y cada amenaza.

—Conserva todos los mensajes de Beatriz.

—Ya lo estamos haciendo.

—¿Vas a seguir trabajando para ella?

—Hasta la boda.

—Evita cualquier reunión sin testigos.

—Lo haré.

Después llamó a Noa.

La fotógrafa respondió desde el patio de la casa.

—Estoy a menos de cien metros —dijo—. Podías haber venido a buscarme.

—Necesitaba que esta conversación fuera profesional.

Noa tardó un momento en contestar.

—De acuerdo. Hablemos del hotel.

—Quiero aceptar el proyecto de Lisboa.

—¿Estás segura?

—Necesito el contrato, las fechas y el presupuesto.

—Te lo enviaré esta tarde.

—También necesito saber qué esperan de Ferrer Eventos.

—La coordinación completa de la inauguración. Proveedores locales, invitados internacionales y tres días de actividades. El hotel cubrirá el alojamiento de tu equipo.

—¿Cuándo tendría que empezar?

—Dos días después de esta boda.

Mara cerró los ojos.

—Puedo hacerlo.

—No tienes que responder hoy.

—Quiero responder hoy.

—¿Aceptas porque te interesa el proyecto o porque quieres alejarte de Inés?

—Por las dos cosas.

Noa agradeció la sinceridad.

—La distancia no va a solucionar lo que sientes.

—No espero que lo haga.

—¿Entonces?

—Me permitirá trabajar en un lugar donde la novia no sea la persona de la que estoy enamorada.

—Es una ventaja razonable.

—Noa, no quiero que interpretes esto como…

—No estoy intentando recuperarte.

—Nunca fuimos una pareja.

—Precisamente. Me gustas, pero sé la diferencia entre acostarme contigo y construir una vida contigo. No soy la alternativa a Inés.

Mara agradeció que lo dijera con claridad.

—Quiero el trabajo.

—Te enviaré el contrato.

—Gracias.

—No me las des hasta que conozcas al director del hotel. Llama seis veces al día y cambia de opinión en tres idiomas.

—He trabajado con Beatriz Valcárcel. Sobreviviré.

Noa se rio.

—Buen argumento.

***

A mediodía, Beatriz llegó al pabellón oeste.

Leire se colocó junto a Mara antes de permitirle entrar.

—Quiero hablar contigo a solas —dijo Beatriz.

—No volveré a reunirme con usted sin una testigo —respondió Mara.

Beatriz miró a Leire.

—Como quieras.

Mara señaló la mesa.

—Nuestra abogada está preparando un acuerdo adicional. Casa Valcárcel renunciará a cualquier reclamación cuando terminemos el servicio y certificará la destrucción de las fotografías.

—Eso no forma parte del contrato original.

—Tampoco formaba parte del contrato que un paparazzi fotografiara a la novia y usted utilizara la imagen para amenazarme.

—No utilices esa palabra.

—La conversación está documentada en sus mensajes.

Beatriz tomó asiento.

—Inés ha confirmado que la boda sigue adelante. Si cumples tu trabajo, no tendrás ningún problema.

—Quiero que conste por escrito.

—Pediré a los abogados que revisen la propuesta.

—También quiero toda comunicación relacionada con la boda por correo. No aceptaré instrucciones verbales sin confirmación.

—Estás convirtiendo un evento familiar en una disputa legal.

—Usted lo hizo cuando preparó una reclamación para obligar a su hija a casarse.

Beatriz mantuvo la voz tranquila.

—Inés ha decidido intentar salvar su relación con Álvaro.

—Porque usted amenazó mi empresa.

—Su relación llevaba cinco años funcionando antes de que tú aparecieras.

—Eso debería decidirlo ella sin una fotografía sobre la mesa.

—Ya lo ha decidido.

Mara sintió el dolor de la frase, pero no lo mostró.

—Entonces terminaré el trabajo.

—Y después recibirás mi recomendación.

—No la quiero.

Beatriz pareció sorprendida.

—La necesitas.

—Necesito que cumpla el contrato y renuncie a la reclamación. Después no quiero que vuelva a intervenir en mi empresa.

—Una recomendación mía puede garantizarte años de trabajo.

—He aceptado otro proyecto.

—Lisboa.

—Sí.

—Noa Serra se mueve rápido.

—Noa me ha ofrecido un trabajo. No ha manipulado una beca ni ha amenazado a nadie.

Beatriz se levantó.

—Crees que rechazar mi ayuda te hace independiente. Todos necesitamos contactos.

—Existe una diferencia entre un contacto y una deuda que usted piensa cobrar durante catorce años.

—No me debes nada por la beca.

—Entonces deje de utilizarla para justificar lo que hizo.

Beatriz caminó hacia la puerta.

—Espero que en Lisboa recuerdes lo que puedes conseguir cuando mantienes la cabeza fría.

—Acepté el proyecto precisamente porque por fin la estoy utilizando.

Beatriz salió sin despedirse.

Leire esperó hasta que la puerta se cerró.

—Eso ha sido arriesgado.

—Ya no necesito su recomendación.

—Todavía puede complicarnos el contrato.

—Por eso terminaremos el trabajo de forma impecable.

***

Mara pasó la tarde reorganizando el equipo.

Leire sería el principal contacto de Inés. Mara continuaría dirigiendo los proveedores y aprobaría los gastos, pero no celebraría reuniones privadas con la novia.

También preparó un registro de todas las decisiones. Cada cambio debía quedar confirmado por escrito por Beatriz, Inés o Álvaro.

A las cinco y cincuenta, envió el plano de las sillas.

Inés respondió a las seis y tres.

Aprobado.

Nada más.

Mara archivó el correo.

No sabía si prefería aquella frialdad o una nueva discusión.

***

Teresa llamó mientras Mara cenaba.

—Hace tres días que no sé nada de ti —dijo—. Supongo que la boda de los Valcárcel ha empezado a comerse personas.

—Algo parecido.

—¿Estás bien?

Mara observó a Leire, que trabajaba al otro extremo de la mesa.

—Necesito preguntarte algo sobre la beca de Londres.

—¿Ahora?

—¿Beatriz habló contigo antes de que me la concedieran?

Teresa tardó en responder.

—Me pidió el nombre del programa.

—¿Cuándo?

—Unas semanas después de que enviaras la solicitud. Dijo que conocía a alguien en la fundación y que quizá podía recomendarte.

—¿Por qué nunca me lo contaste?

—Porque me pidió discreción. Pensé que no quería prometer nada antes de saber si podía ayudarte.

Mara cerró los ojos.

Era la confirmación que necesitaba.

—Ella pagó una plaza adicional.

—¿Qué?

—Hizo que me concedieran la beca completa para alejarme de Inés.

Teresa guardó silencio.

—No sabía nada de eso —dijo finalmente—. Te lo juro.

—Lo sé.

—Creí que intentaba ayudarte.

—También me ayudó. Las dos cosas pueden ser ciertas.

—¿Inés lo sabe?

—Sí.

—¿Y qué vas a hacer?

—Terminaré la boda. Después trabajaré dos meses en Lisboa.

—Eso no responde a lo que te he preguntado.

Mara sonrió sin alegría.

—Sigo enamorada de ella.

—Nunca dejaste de estarlo del todo.

—No podía estar enamorada de alguien a quien no veía.

—Entonces estabas enamorada del recuerdo. Ahora ya sabes si la mujer se parece a él.

Mara miró hacia la ventana.

—Se parece demasiado.

—¿Y se va a casar?

—Sí.

Teresa respiró hondo.

—Lo siento.

—Yo también.

—Ven a verme antes de irte a Lisboa.

—Lo haré.

—Y esta vez despídete de Inés.

—No voy a desaparecer.

—Eso decías a los dieciocho.

—Esta vez es diferente.

—Asegúrate de que ella lo sepa.

Cuando terminó la llamada, Mara encontró un correo de Noa.

El contrato de Lisboa estaba adjunto. Incluía un anticipo suficiente para mantener Ferrer Eventos durante varios meses y una opción para organizar otros dos eventos del hotel.

Leire se acercó.

—Es una buena oferta.

—Sí.

—¿Quieres que la revise la abogada?

—Ya lo ha hecho Noa con su equipo. Aun así, envíaselo.

Leire reenvió el documento. La respuesta llegó una hora después con dos cambios menores.

Mara firmó.

La fecha de inicio era dos días después de la boda de Inés.

Guardó el contrato y añadió el viaje al calendario compartido de Ferrer Eventos. Inés tendría acceso al programa de trabajo y vería la fecha.

Mara no se marcharía en secreto.

Esta vez se despediría.

Pero sí se iría.