Capítulo 22
La boda sigue adelante
A las ocho de la mañana, Beatriz esperaba en la biblioteca con dos abogados.
Álvaro estaba sentado frente al escritorio. Sofía ocupaba el sofá del fondo y sostenía una taza de café que no había probado.
Inés entró sin el anillo.
Su madre miró su mano.
—Siéntate.
—Prefiero estar de pie.
—Otra vez esa tontería —murmuró Sofía.
Uno de los abogados abrió una carpeta.
Beatriz fue directa.
—La gala ha cumplido su objetivo. Esta mañana, todas las publicaciones confirman que la boda sigue adelante. No se menciona a Mara ni hay rumores sobre una ruptura.
—Porque mentiste delante de la prensa —dijo Inés.
—Evité una crisis.
—Álvaro y yo habíamos terminado.
—Todavía podéis corregir esa decisión.
—No hay nada que corregir.
Beatriz hizo un gesto al abogado.
Él colocó tres documentos sobre el escritorio.
El abogado abrió el contrato por una página marcada.
La reclamación se apoyaba en la cláusula sobre conflictos de intereses y permitía a Casa Valcárcel suspender el pago restante mientras exigía la devolución del adelanto.
No demostraba que fueran a ganar, pero sí que podían iniciar la disputa aquel mismo día.
—El primero es la notificación de rescisión del contrato de Ferrer Eventos —explicó—.
El segundo reclama la devolución del adelanto y los daños derivados del incumplimiento profesional.
El tercero autoriza al equipo de comunicación a responder públicamente si alguna información sobre la fotografía llega a publicarse.
Sofía dejó la taza.
—Eso es chantaje.
—No —respondió Beatriz—. Es una previsión legal.
—Estás amenazando con destruir la empresa de Mara si Inés no se casa.
—La reclamación se refiere a la conducta de Mara, no a las decisiones sentimentales de tu hermana.
Inés tomó los documentos.
—Si fueran asuntos distintos, presentarías la reclamación aunque la boda siguiera adelante.
Beatriz guardó silencio.
—Eso pensaba —dijo Inés.
Álvaro leyó la primera página.
—No voy a participar en esto.
—Nadie te lo ha pedido —respondió Beatriz.
—Has anunciado mi boda sin permiso y ahora utilizas la empresa de Mara para obligar a Inés.
—Intento salvar una relación de cinco años de una decisión impulsiva.
—La relación es nuestra.
—Las consecuencias afectan a todos.
Inés dejó los documentos sobre la mesa.
—También sé lo que hiciste con la beca de Londres.
Sofía miró a su madre.
Álvaro frunció el ceño.
Beatriz no fingió desconocerlo.
—Mara te lo ha contado.
—Le pagaste los estudios para alejarla de mí.
—Financié una plaza que permitió a una joven con talento acceder a una educación excelente.
—Sin que ella lo supiera.
—Si se lo hubiera contado, no la habría aceptado.
—Ese era su derecho.
—Tenía dieciocho años. Estaba a punto de rechazar una oportunidad por una amistad que ninguna de las dos entendía.
—No iba a rechazarla —dijo Inés—. Nunca le pedí que se quedara.
—Entonces mi intervención no cambió nada.
—Cambiaste la forma en que recibió la beca y después fingiste sorpresa. La animaste a marcharse porque sabías que yo la escuchaba.
Álvaro miró a Beatriz con incredulidad.
—¿Llevas catorce años interviniendo entre ellas?
—Evité que dos adolescentes confundidas tomaran decisiones que podían perjudicar su futuro.
—No evitaste nada —replicó Sofía—. Solo conseguiste que no hablaran.
—Mara decidió no responder a los mensajes. Yo no tuve nada que ver con eso.
—Creaste la distancia y esperaste que hiciera el resto —dijo Inés—. Ahora estás intentando repetirlo.
Beatriz apoyó las manos sobre el escritorio.
—Ahora intento impedir que destruyas tu vida por una mujer que regresó porque necesitaba dinero.
—Regresó porque vio una oportunidad profesional. Se quedó cuando podría haber perdido la empresa por defenderme.
—Y te besó mientras seguías comprometida.
Inés aceptó la responsabilidad.
—Sí. Nos equivocamos. Eso no te da derecho a decidir qué ocurre después.
—Tienes dos opciones —dijo Beatriz—. Puedes cancelar una boda confirmada anoche, exponer a Álvaro y a las dos familias a un escándalo y permitir que Mara afronte las consecuencias profesionales de sus actos.
O puedes reconocer que llevas dos semanas confundida, continuar con los preparativos y resolver tu atracción por ella sin destruir todo lo demás.
—No es una atracción que pueda resolver porque tú lo ordenes.
—Todo se resuelve cuando deja de alimentarse.
—¿También tienes preparada otra beca?
Beatriz no respondió.
Álvaro se levantó.
—La reunión ha terminado.
—No decides eso —dijo Beatriz.
—No pienso casarme con Inés bajo amenaza.
—No te estoy amenazando a ti.
—La estás amenazando a ella. Es suficiente.
Álvaro miró a Inés.
—Vamos.
Beatriz tomó la notificación de rescisión.
—Si salís por esa puerta sin una solución, enviaré estos documentos antes de las nueve.
Inés se detuvo.
Álvaro le sujetó el brazo.
—No.
—Puede cerrar Ferrer Eventos.
—Mara tiene una abogada.
—No puede luchar durante años contra Casa Valcárcel.
—Eso tiene que decidirlo Mara.
—Ya lo ha decidido. Está dispuesta a perderlo todo por mí.
Álvaro bajó la mirada.
Inés recordó lo que Mara había dicho la noche anterior.
No quiero que me protejas obedeciendo a tu madre.
Sabía que aceptar la amenaza era darle a Beatriz exactamente lo que quería. También sabía que la reclamación podía destruir una empresa que no le pertenecía solo a Mara.
—Necesitamos hablar a solas —dijo Álvaro.
Beatriz consultó el reloj.
—Tenéis veinte minutos.
—No vuelvas a darnos una orden —respondió él.
Salieron de la biblioteca.
***
Álvaro llevó a Inés hasta el salón pequeño del ala oeste.
Cerró la puerta y permaneció varios segundos sin hablar.
—No voy a dejar que Beatriz nos obligue a casarnos —dijo finalmente.
—Puede cumplir la amenaza.
—La combatiremos.
—No eres tú quien perderá la empresa.
—Tampoco eres tú.
—Mara lo perderá por haberme besado.
—La besaste tú.
—La prensa no lo contará así.
Álvaro caminó hasta una de las ventanas.
—Anoche pensé que había aceptado nuestra ruptura.
—¿Y ahora?
—Ahora no sé si quiero aceptarla.
Inés lo miró.
—No puedes decidir eso porque mi madre te ha encerrado en una biblioteca.
—No es por Beatriz. Es porque sigo queriéndote.
—Eso no ha cambiado lo que siento por Mara.
—Lo sé.
—Puede que esté enamorada de ella.
Ninguno de los dos consiguió sostener la mirada.
Álvaro respiró hondo.
—Los sentimientos no tienen por qué decidir toda una vida.
—¿Qué significa eso?
—Que no tenemos que renunciar a lo que hemos construido porque sientas algo por otra persona.
—La besé.
—Y me lo contaste.
—Después de dos días.
—Podemos aplazar la boda.
—Mi madre no aceptará.
—No hablo de tu madre. Hablo de nosotros.
Inés empezó a comprender.
—¿Estás proponiendo que sigamos juntos mientras intento tener una relación con Mara?
—Estoy diciendo que nuestro matrimonio no tiene que parecerse al de nuestros padres.
—Tú quieres una relación exclusiva.
—Quiero una vida contigo.
—No es lo mismo.
—Podemos establecer límites. Discreción, honestidad, tiempo. Podrías averiguar qué sientes por ella sin tirar por la borda cinco años.
—Mara nunca aceptaría ser una relación escondida.
—No tendría que estar escondida para nosotros.
—Sí para el resto del mundo.
Álvaro guardó silencio.
—No quieres una relación abierta —continuó Inés—. Lo estás ofreciendo porque tienes miedo de perderme.
—¿Y tú no tienes miedo?
—Sí.
—Entonces no tomemos una decisión definitiva ahora.
—La boda es una decisión definitiva.
—No tiene por qué serlo todo lo demás.
Inés sintió tristeza.
Álvaro estaba dispuesto a aceptar una relación que no deseaba con tal de conservar una parte de ella. Beatriz llamaría a eso una solución. En realidad, solo trasladaría el dolor a los años siguientes.
—Terminarías odiándome —dijo.
—Quizá terminaría comprendiendo que Mara es una historia pendiente y no la persona con quien quieres construir una vida.
—¿Y si no es solo una historia pendiente?
Álvaro bajó la mirada.
—Entonces lo resolveremos cuando lo sepamos.
—Eso no es justo para ti.
—Déjame decidirlo.
Inés pensó en la notificación que Beatriz enviaría antes de las nueve. Pensó en Mara negándose a prometerle un futuro para no influir en su decisión.
Si decía que la boda seguía adelante, la amenaza contra Ferrer Eventos desaparecería. Álvaro tendría la oportunidad que estaba pidiendo. Y ella podría convencerse de que renunciar a Mara era el precio de reparar el daño que había causado.
Era la opción segura.
También era la opción diseñada por Beatriz.
—¿Podrías perdonarme? —preguntó.
—No hoy.
—¿Pero quieres intentarlo?
—Sí.
—¿Incluso sabiendo que la quiero?
Álvaro tardó en responder.
—Quiero creer que todavía puedes elegirme.
—Y si dentro de cuatro semanas llegamos al altar y todavía no puedes decir que sí, no quiero que mientas —añadió Álvaro—. Prefiero escuchar un no delante de todos que vivir dentro de un sí que nunca fue verdad.
—Entonces, ¿por qué llegar hasta allí?
—Porque hoy no sabes si quieres perder nuestra vida o si solo necesitas tiempo para despedirte de otra posibilidad. Yo elijo asumir ese riesgo. Pero la respuesta final seguirá siendo tuya.
Inés cerró los ojos.
—De acuerdo.
Él se quedó inmóvil.
—¿Qué estás diciendo?
—Que la boda seguirá adelante.
Álvaro no pareció aliviado.
—No tienes que responder ahora.
—Mi madre enviará la reclamación.
—No aceptes por eso.
—No es solo por eso. Te debo la oportunidad de intentar reparar lo que he roto.
—No me debes un matrimonio.
—Te debo una decisión.
—¿Y esta es tu decisión?
Inés pensó en Mara.
—Sí.
La palabra no sonó verdadera. Aun así, Álvaro la aceptó.
Sacó del bolsillo la caja del anillo.
—Lo traje porque imaginaba que Beatriz lo pediría para las fotografías.
La abrió.
Inés contempló la joya.
—No tienes que ponértelo hasta que estemos seguros —dijo Álvaro.
—Si salgo sin él, mi madre sabrá que no hemos llegado a un acuerdo.
Tomó el anillo y volvió a colocárselo.
***
Beatriz no sonrió cuando regresaron a la biblioteca.
—La boda sigue adelante —dijo Inés.
Sofía se levantó.
—No.
—Sofía…
—No puedes aceptar esto después de descubrir lo que hizo con la beca.
—Es mi decisión.
—No parece tuya.
Beatriz recogió los documentos.
—Informaré a los abogados de que no es necesario enviar la reclamación.
—Quiero que la destruyas —dijo Inés.
—Cuando se celebre la boda.
—Ese no era el acuerdo.
—No hemos firmado ningún acuerdo nuevo. Mientras Ferrer Eventos cumpla su contrato, no presentaré la reclamación.
Inés comprendió que la amenaza seguiría existiendo hasta el altar.
—Y la fotografía —añadió.
—Permanecerá en manos de nuestros abogados.
—Después de la boda quiero todos los archivos.
—Lo hablaremos entonces.
Álvaro intervino.
—No. Entregarás los archivos cuando nuestras familias sean informadas de que la situación está resuelta.
Beatriz lo miró.
—De acuerdo.
Inés sabía que no sería tan sencillo. Aun así, no tenía fuerzas para continuar la discusión.
Salió de la biblioteca.
Sofía la siguió.
—No hagas esto.
—Ya está hecho.
—Mara no lo aceptará.
—No puede perder su empresa.
—Te dijo que no quería que la protegieras así.
—No puedo dejar que lo pierda todo por mí.
Sofía le sujetó el brazo.
—¿Y qué vas a perder tú?
Inés no respondió.
***
Encontró a Mara en el olivar.
La plataforma ya estaba instalada. Mara revisaba la rampa de acceso junto al ingeniero. Al ver acercarse a Inés, pidió al hombre que continuara las comprobaciones en el otro extremo.
Su mirada bajó hasta el anillo.
—No —dijo.
Inés se detuvo.
—Necesitaba impedir que enviara la reclamación.
—Dime que no has aceptado casarte.
—La boda sigue adelante.
Mara se apartó.
—Te pedí una sola cosa.
—No podía dejar que destruyera tu empresa.
—Y yo te dije que no quería que me protegieras obedeciéndola.
—No eres la única persona que trabaja en Ferrer Eventos.
—Leire y yo habríamos asumido el riesgo.
—No sabes si la empresa sobreviviría.
—Tú tampoco.
—No iba a comprobarlo.
Mara miró el anillo.
—¿Álvaro está de acuerdo?
—Quiere intentarlo.
—¿Intentar qué?
Inés no podía ocultarlo.
—Ha propuesto que nuestro matrimonio no sea completamente tradicional.
Mara tardó un momento en comprender.
—¿Una relación abierta?
—Con límites.
—¿Qué límites?
—Todavía no los hemos hablado.
—Pero uno de ellos consistirá en que nadie se entere.
—Nuestra vida privada no le corresponde a la prensa.
—No me hables de la prensa. ¿Álvaro espera que yo sea tu amante mientras vosotros aparecéis juntos en las revistas?
—No lo ha dicho así.
—¿Cómo lo ha dicho?
—Que podemos ser honestos entre nosotros y encontrar una forma de que nadie tenga que renunciar a todo.
Mara negó con la cabeza.
—Yo sí tendría que renunciar.
—¿A qué?
—A que me elijas públicamente. A no esconderme. A no esperar en una habitación mientras vuelves a casa con otra persona.
—No tienes que decidirlo ahora.
—Ya lo he decidido.
Inés sintió miedo.
—Mara.
—No voy a ser tu amante.
—No he utilizado esa palabra.
—Porque no quieres escucharla.
—Álvaro sabe lo que siento por ti.
—Pero vas a casarte con él.
—Para protegerte.
—Eso no convierte la situación en una relación que pueda aceptar.
Inés se acercó.
—Podemos encontrar otra solución después de la boda.
Mara retrocedió.
—No habrá un después para nosotras si te casas con él.
—No me des un ultimátum.
—No es un ultimátum. Es mi límite.
—Mi madre nos ha colocado en esta situación.
—Y tú acabas de aceptar sus condiciones.
—Porque podía arruinarte la vida.
—Entonces escúchame con claridad: prefiero perder Ferrer Eventos a convertirme en tu secreto.
Inés sintió que las lágrimas empezaban a aparecer.
—No puedo permitirlo.
—No te corresponde decidirlo.
—Te quiero.
Era la primera vez que lo decía sin dudas.
Mara cerró los ojos.
Cuando volvió a mirarla, también tenía lágrimas.
—Yo también te quiero.
Inés dio un paso hacia ella.
—Entonces no termines esto.
—Ya lo has terminado tú al aceptar la boda.
—No significa que deje de sentir lo mismo.
—Eso es precisamente lo que haría insoportable continuar.
—Mara…
—A partir de ahora, solo hablaremos del trabajo. Terminaré la boda porque he firmado un contrato y porque los proveedores dependen de mí. Pero no volveré a besarte, a acostarme contigo ni a prometerte nada mientras sigas planeando casarte con Álvaro.
—La boda es dentro de cuatro semanas. Tenemos tiempo.
—No. Tú tienes cuatro semanas para acostumbrarte a la decisión que acabas de tomar. Yo tengo cuatro semanas para hacer mi trabajo y marcharme.
Inés recordó Lisboa.
—Vas a aceptar el proyecto de Noa.
—Sí.
Mara no vaciló.
—¿Cuándo pensabas decírmelo?
—Cuando lo decidiera. Acabo de hacerlo.
Mara recogió la carpeta.
—Necesito que apruebes la distribución de las sillas antes de las seis. Leire te enviará el plano.
—No puedes convertirte otra vez en mi organizadora y fingir que no ha pasado nada.
—No voy a fingir. Voy a mantener el límite que tú has elegido.
Mara se alejó hacia la plataforma.
Inés permaneció entre los olivos, con el anillo de Álvaro en la mano y la certeza de que había conseguido proteger la empresa de Mara.
El precio había sido perderla.