No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 21
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Capítulo 21

No me protejas

Mara permaneció junto a la columna hasta que terminó el brindis.

Los invitados aplaudían. Los fotógrafos pedían a Inés y Álvaro que se acercaran más. Beatriz sonreía en el centro del escenario como si el anuncio hubiera sido acordado por todos.

Mara sabía que el compromiso había terminado. Aun así, Inés llevaba de nuevo el anillo y sostenía la mano de Álvaro delante de las cámaras.

Leire apareció a su lado.

—Puedo encargarme del resto.

—No.

—Mara.

—Tenemos ciento veinte invitados, una cena y un equipo que necesita instrucciones.

—También acabas de ver cómo anuncian una boda que ya está cancelada.

—Precisamente por eso no podemos permitir que la gala termine mal. Beatriz utilizaría cualquier error contra la empresa.

Mara volvió a colocarse el auricular.

—Avisa a cocina. Servimos el primer plato en diez minutos.

En el escenario, un periodista pidió un beso.

Álvaro negó con una sonrisa incómoda. Inés levantó la copa para desviar la atención, pero las preguntas continuaron.

Mara habló con el responsable de sonido.

—Empieza la música y baja las luces del escenario. Ahora.

La iluminación cambió. Los camareros entraron en el patio con las bandejas y los invitados empezaron a dirigirse hacia las mesas.

Mara había conseguido terminar la sesión de fotografías sin que Inés y Álvaro tuvieran que besarse.

No solucionaba nada, pero evitaba añadir otra mentira.

***

Noa la encontró detrás del escenario.

—Beatriz quiere seis fotografías de los dos juntos antes de que termine la gala.

—Hazlas.

—No pienso pedirles que finjan.

—Fotografíalos hablando con invitados. No hace falta que posen.

Noa comprobó que no hubiera nadie cerca.

—¿Han vuelto?

—No.

—Entonces, ¿qué ha sido eso?

—Una amenaza pronunciada con una copa de champán.

Noa miró hacia Beatriz.

—Puedo decirle que las imágenes no sirven.

—No. Necesitamos que crea que mantiene el control hasta que la abogada revise la reclamación.

—¿Qué reclamación?

Mara se dio cuenta de que había hablado demasiado.

—Luego te lo cuento.

—No deberías seguir trabajando para esa mujer.

—Lo sé.

—Lisboa sigue disponible.

—No voy a abandonar esta boda en mitad de una gala.

—No te estoy pidiendo que salgas por la puerta ahora. Te recuerdo que existe una salida cuando decidas utilizarla.

Noa se alejó con la cámara.

Mara no tenía tiempo para pensar en Lisboa.

Inés acababa de bajar del escenario y caminaba hacia ella.

Mara se dirigió a la zona de servicio antes de que pudiera alcanzarla.

No estaba preparada para hablar sin decir algo de lo que después se arrepintiera.

***

Beatriz la interceptó junto a la cocina.

—Has resuelto bien el cambio de programa —dijo.

—No figuraba en el programa.

—Era necesario.

—Habíamos acordado que no se anunciaría la boda.

—Yo no acordé nada contigo.

Mara se quitó el auricular.

—Inés y Álvaro han terminado.

—Han discutido.

—No. Han cancelado el compromiso.

—Eso puede corregirse.

—No es una decisión que usted pueda corregir.

Beatriz miró hacia el patio.

—Acaban de presentarse juntos ante la prensa. Mañana todas las revistas publicarán que la boda sigue adelante.

—Porque los ha amenazado.

—No he amenazado a Álvaro.

—Ha utilizado mi empresa y la fotografía para obligar a Inés.

—Ella ha tomado una decisión. Eso es lo que llevas semanas exigiendo.

—Una decisión tomada bajo coacción no es libre.

Beatriz volvió a mirarla.

—Hablas como si no tuvieras nada que perder.

—Tengo mucho que perder.

—Entonces deja de complicar la situación.

—Inés ya sabe lo de la beca.

Por primera vez, Beatriz perdió el control de su expresión.

El cambio duró apenas un segundo.

—Te advertí de las consecuencias.

—No iba a ocultárselo.

—Esperaste hasta después de acostarte con ella.

Mara sintió un golpe de vergüenza.

—Eso no es asunto suyo.

—Todo lo que ponga en peligro esta boda es asunto mío.

—No existe ninguna boda.

—Esta noche la han confirmado delante de cincuenta periodistas.

—Usted la ha confirmado. Ellos no han dicho una sola palabra.

Beatriz bajó la voz.

—Mañana Inés tendrá que elegir entre una ruptura pública que perjudicará a ambas familias y cumplir el compromiso que aceptó libremente hace un año.

—El compromiso dejó de ser libre cuando usted utilizó la fotografía.

—La fotografía existe porque tú la besaste.

—Y la amenaza existe porque usted decidió utilizarla.

Beatriz se acercó.

—Todavía puedes salir de esta situación con tu empresa intacta. Termina el trabajo, mantente alejada de Inés y acepta el proyecto de Lisboa cuando termine la boda.

Mara comprendió que también sabía lo de Noa.

—¿Investiga todas mis conversaciones?

—Investigo los riesgos que entran en mi casa.

—No soy un riesgo.

—Llevas dos semanas aquí y mi hija ha cancelado su compromiso.

—Quizá debería preguntarse por qué bastaron dos semanas para que lo hiciera.

Beatriz endureció la mirada.

—Ocúpate de la gala.

—Eso es exactamente lo que estoy haciendo.

Mara volvió a colocarse el auricular y la dejó sola.

***

La gala terminó a las doce y cuarto.

Mara despidió a los últimos proveedores y comprobó que las vitrinas con las joyas quedaran bajo vigilancia. Leire se marchó con el equipo de montaje. Noa volvió a Son Marès en uno de los coches de la organización.

Mara esperaba viajar en la furgoneta con el resto del equipo, pero Inés la aguardaba junto a la salida.

Ya se había quitado el anillo.

—Tenemos que hablar —dijo.

—Estoy trabajando.

—La gala ha terminado.

—Todavía queda material dentro.

—Leire se está ocupando.

Mara miró hacia el vehículo. Su amiga levantó las llaves para confirmar que podía marcharse sin ella.

No había forma de evitar la conversación.

—Cinco minutos —aceptó.

Entraron en uno de los salones vacíos del palacio. El personal había apagado la mayor parte de las luces. Desde allí todavía se oía a los técnicos desmontando el escenario.

Inés cerró la puerta.

—No he vuelto con Álvaro.

—Lo sé.

—Me he puesto el anillo porque él quería que sus padres conocieran la ruptura antes que la prensa.

—También has subido al escenario.

—Mi madre tenía preparada la reclamación contra tu empresa.

—No deberías haberlo hecho.

—Si hubiera contradicho el anuncio, mañana todas las revistas investigarían lo ocurrido.

—Eso no te obliga a confirmar una boda cancelada.

—No la he confirmado. No he hablado.

—El silencio también comunica algo cuando estás en un escenario sosteniendo la mano de tu supuesto prometido.

Inés bajó la vista. Mara tenía razón.

—Estaba intentando protegerte.

—No quiero que me protejas obedeciendo a tu madre.

—¿Qué querías que hiciera? ¿Que permitiera que arruinara Ferrer Eventos?

—Es mi empresa. Yo decidiré qué riesgos acepta.

—Tus empleados también sufrirían las consecuencias.

—Leire es mi socia y conoce la amenaza. Estamos hablando con una abogada.

—No teníais una solución antes de la gala.

—Entonces deberías haber esperado.

—Mi madre no me ofreció tiempo.

—Te ofreció exactamente lo que quería: una razón para hacer lo que había decidido por ti.

Inés se acercó.

—No compares esto con la beca.

—Es lo mismo. Beatriz crea dos opciones, convierte una de ellas en insoportable y después asegura que hemos elegido libremente.

—La otra opción era perder tu empresa.

—Quizá. Pero me correspondía a mí decidir si estaba dispuesta a luchar por ella.

—No iba a dejar que lo perdieras todo por mí.

—Yo sí estaba dispuesta a perder el contrato para defender el olivar.

—Esto no es un lugar para celebrar una ceremonia. Es el trabajo de tus empleados.

—Precisamente. No puedes convertirte en el precio de su seguridad.

Inés guardó silencio.

Mara continuó:

—Si aceptas mantener una boda que no quieres para que Beatriz no me haga daño, ella gana. Y volverá a utilizar la misma amenaza la próxima vez.

—Solo he pedido cuarenta y ocho horas.

—Ya ha utilizado la primera noche para anunciar el enlace.

—Mañana hablaremos con nuestras familias. Después publicaremos la ruptura.

—¿Aunque Beatriz presente la reclamación?

—Encontraremos una forma de impedirlo.

—¿Y si no la encontramos?

Inés tardó en responder.

Mara comprendió cuál era el verdadero problema.

—No estás segura de poder mantener tu decisión cuando llegue el momento.

—Estoy segura de que no quiero casarme con Álvaro.

—Eso no significa que estés preparada para enfrentarte públicamente a tu madre.

—Lo haré.

—Entonces hazme una promesa que tenga que ver contigo, no conmigo.

—¿Cuál?

—No volverás a ponerte el anillo.

Inés miró su mano vacía.

—No lo haré.

—Y mañana les contarás la verdad a las dos familias.

—Sí.

—Después anunciaremos que la boda está cancelada. Ferrer Eventos asumirá las consecuencias que correspondan.

—No pienso dejarte sola.

—Puedes apoyarme sin obedecer a Beatriz.

Inés dio otro paso.

—¿Eso significa que seguimos juntas?

Mara sintió el impulso de abrazarla. No lo hizo.

—Significa que no voy a esconderme mientras finges estar comprometida.

—Ya no llevo el anillo.

—Pero esta noche has dejado que todo el país crea que vas a casarte.

—Por última vez.

—Eso espero.

Inés levantó una mano para tocarla. Mara retrocedió.

—No puedo besarte ahora.

—¿Por qué?

—Porque todavía estoy demasiado enfadada.

—Conmigo.

—Con Beatriz. Contigo por aceptar su estrategia. Y conmigo por seguir permitiendo que nuestra relación dependa de lo que ella amenaza con destruir.

Inés bajó la mano.

—No sabía qué hacer.

—Lo sé.

—Tomé la decisión que creí que nos daba más tiempo.

—Y ahora tenemos menos. Mañana la prensa publicará que la boda sigue adelante.

—Lo corregiremos.

—Más te vale.

La dureza de la frase sorprendió a Inés.

Mara suavizó el tono.

—No quiero ser otra obligación en tu vida. Tampoco quiero que utilices nuestra relación para demostrar que puedes enfrentarte a tu madre. Tienes que elegirte a ti.

—Eso intento.

—Entonces deja de protegerme de decisiones que me corresponden.

Inés asintió.

—Mañana, después de hablar con las familias.

—Después.

Salieron del salón por separado.

***

Durante el trayecto de regreso, Mara recibió un mensaje de Beatriz.

Reunión familiar mañana a las ocho. Tú no participarás.

Un segundo mensaje llegó poco después.

Si Inés contradice públicamente el anuncio antes de que hablemos, presentaré la reclamación y dejaré de garantizar la confidencialidad de la fotografía.

Mara se lo mostró a Leire.

—Tenemos que enviárselo a la abogada —dijo ella.

—Ahora.

Leire hizo una captura y reenvió los mensajes.

Mara miró por la ventana. El coche de Inés circulaba detrás de ellas.

Beatriz ya preparaba el siguiente movimiento.

Y esta vez no amenazaba solo con destruir Ferrer Eventos. Amenazaba con convertir la elección de Inés en un escándalo público antes de que tuviera tiempo de defenderla.