No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 20
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Capítulo 20

La gala

Álvaro llegó a Son Marès antes de las diez.

Entró en la biblioteca sin saludar a Beatriz y cerró la puerta detrás de él. Inés había llegado unos minutos antes. Su madre esperaba sentada frente a la fotografía del beso.

—Quiero una explicación —dijo Álvaro.

Beatriz señaló una de las sillas.

—Siéntate.

—Prefiero quedarme de pie.

—Últimamente todo el mundo prefiere discutir de pie.

Inés miró la fotografía. Era la primera vez que la veía.

La imagen mostraba el momento exacto en que Mara la sujetaba por la cintura. El rostro de las dos se distinguía con claridad. También se veía el anillo de Álvaro sobre la camisa negra de Mara.

Inés lo miró.

Él continuaba observando la imagen.

—¿Cuándo la compraste? —preguntó.

—Ayer por la mañana —respondió Beatriz.

—¿Y no pensabas contármelo?

—Quería impedir que se publicara.

—Ya sabía lo del beso.

—Pero no sabías que existía una fotografía capaz de convertirlo en un escándalo.

Álvaro recogió la imagen.

—Me pediste que te contara mis sospechas y después utilizaste la información para investigar a Inés.

—Utilicé la información para protegeros.

—Has amenazado a Mara con destruir su empresa.

—Mara incumplió sus obligaciones profesionales.

Inés intervino.

—La besé yo.

—Y ella respondió cuando debería haberse apartado.

—Intentó detenerme.

—No parece que lo intentara durante mucho tiempo.

Inés retiró la fotografía de las manos de Álvaro y la guardó en el sobre.

—Se acabó.

Beatriz la observó.

—¿Qué se ha acabado?

—El compromiso. Álvaro y yo no vamos a casarnos.

Su madre no reaccionó de inmediato.

—Estáis enfadados.

—No es una discusión.

—Habéis tomado una decisión importante después de una noche difícil. Eso no significa que sea definitiva.

—Sí lo es —dijo Álvaro.

Beatriz se volvió hacia él.

—Ayer pediste tiempo.

—Cuarenta y ocho horas para hablar con nuestras familias y preparar un anuncio. No para que publicaras una nota de prensa falsa.

—La gala lleva meses organizada. Cancelar vuestra aparición esta mañana provocaría precisamente las preguntas que quieres evitar.

—Podemos asistir sin hablar de la boda —propuso Álvaro.

—Eso no detendrá los rumores.

—¿Qué rumores? —preguntó Inés—. Nadie sabe todavía que hemos terminado.

—Los periodistas vigilan cada movimiento. El fotógrafo que tomó esa imagen no era el único que estaba cerca de la finca.

—Entonces anunciaremos la ruptura antes de la gala.

—No —dijo Álvaro—. Mis padres merecen saberlo antes de leerlo en una revista.

—Y lo sabrán —replicó Beatriz—. Mañana.

Inés la miró.

—No tienes ningún derecho a decidir cuándo se lo contamos.

—Estoy intentando evitar que una infidelidad se convierta en una crisis pública para las dos familias.

—No utilices a la familia de Álvaro para justificar lo que quieres hacer.

—Casa Valcárcel tiene contratos, campañas y compromisos vinculados al enlace. Una cancelación repentina tendría consecuencias.

—No voy a casarme para proteger una campaña.

Beatriz abrió otra carpeta.

—Esta es la reclamación que nuestros abogados presentarán contra Ferrer Eventos si Mara abandona el proyecto o vuelve a incumplir las condiciones profesionales.

Dejó el documento delante de Inés.

La cantidad reclamada era suficiente para cerrar la empresa varias veces.

—No puedes responsabilizarla de que hayamos cancelado la boda —dijo.

—Puedo responsabilizarla de haber mantenido una relación con la novia mientras organizaba el enlace. También puedo exigir que devuelva la parte del adelanto correspondiente a los servicios pendientes.

—Sabes que ya ha utilizado el dinero para pagar facturas.

—Ese no es mi problema.

—Lo convertiste en tu ventaja.

Beatriz no respondió.

Álvaro tomó el documento.

—Esto no se sostendrá ante un juez.

—Quizá no. Pero el proceso durará años. ¿Cuántos clientes crees que contratarán a Ferrer Eventos mientras se discute públicamente si su fundadora sedujo a una novia?

—No voy a permitir que difundas esa versión —dijo Inés.

—Entonces evita que tenga que defender los intereses de la familia.

—¿Qué quieres?

La pregunta pareció satisfacerla.

—Que asistáis juntos a la gala y mantengáis la discreción durante las cuarenta y ocho horas que Álvaro ha pedido.

—La nota de prensa dice que presentaremos los detalles del enlace.

—Podemos modificarla.

—Retírala.

—La sustituiré por otra en la que se confirme vuestra asistencia. No habrá preguntas de la prensa durante la entrada.

Álvaro miró a Inés.

—Una aparición pública no significa que el compromiso siga en pie.

—Para los periodistas, sí —dijo ella.

—Solo hasta que hablemos con nuestras familias.

Beatriz cerró la carpeta.

—Exactamente.

Inés conocía demasiado bien a su madre. Una aparición conjunta no le bastaría.

—¿Y Mara?

—Continuará trabajando.

—La reclamación desaparece.

—Mientras cumpla el contrato, no habrá ninguna reclamación.

—Y la fotografía seguirá guardada.

—Sí.

—Quiero todas las copias.

—Cuando la situación esté resuelta.

—No confío en ti.

—Eso no cambia las opciones.

Inés sintió el impulso de marcharse y anunciar la ruptura desde la entrada de la finca. Podía reunir a los periodistas y explicar que había besado a Mara después de años de dudas. Si asumía públicamente la responsabilidad, Beatriz tendría más dificultades para atacar a Ferrer Eventos.

Pero Álvaro todavía no se lo había contado a sus padres. Mara y Leire tampoco habían preparado la defensa de la empresa. Una declaración impulsiva podía perjudicar a todos.

Beatriz había elegido bien el momento.

—Asistiremos a la gala —dijo Inés—. No confirmaremos la boda ni responderemos preguntas.

—De acuerdo —respondió Álvaro.

Beatriz sonrió.

—Me parece una decisión sensata.

Inés no creyó que aquella conversación hubiera terminado.

***

Mara estaba en el patio cuando Inés salió de la casa.

Supervisaba la carga de varios elementos decorativos destinados a la gala. En cuanto la vio, dejó de hablar con el conductor.

—¿Qué ha ocurrido?

—Mi madre tenía preparada una reclamación contra tu empresa.

—Lo imaginaba.

—Álvaro y yo asistiremos juntos a la gala.

Mara asimiló la información sin mostrar ninguna reacción.

—Entiendo.

—No hemos vuelto.

—No he dicho eso.

—Pero lo has pensado.

Mara consultó el documento de carga.

—No me corresponde opinar.

—Deja de hablarme como si fuera una clienta.

—Aquí lo eres.

—El compromiso ha terminado.

—Beatriz no parece estar de acuerdo.

—No puede decidirlo.

—Pero puede decidir si reclama contra Ferrer Eventos.

Inés se acercó.

—Voy a la gala para darte tiempo. Después anunciaremos la ruptura.

—No quiero que finjas seguir comprometida para protegerme.

—No estoy fingiendo ante Álvaro. Los dos sabemos lo que ha ocurrido.

—Los periodistas no.

—Solo serán cuarenta y ocho horas.

—Beatriz utilizará esas horas para intentar cambiar tu decisión.

—No lo conseguirá.

Mara cerró la carpeta.

—Tienes que contarme algo más.

—¿Qué?

—¿Tu madre ha prometido que retirará la reclamación después de la gala?

Inés recordó las palabras exactas.

—Ha dicho que no la presentará mientras cumplas el contrato.

—Eso no es lo mismo.

—Negociaremos cuando nuestra abogada revise los documentos.

—No deberías asistir.

—No puedes pedirme que permita que cierre tu empresa.

—Tampoco puedo aceptar que continúes representando una relación que has terminado para salvarme.

—No te estoy pidiendo permiso.

Mara guardó silencio.

—Te veré esta noche —añadió Inés.

—Estaré trabajando.

—Lo sé.

La distancia profesional había regresado. Esta vez no se debía al anillo, sino a la forma en que Inés había decidido protegerla.

Mara se alejó para continuar con la carga.

***

La gala anual de Casa Valcárcel se celebraba en el patio del palacio que albergaba la sede histórica de la firma en Palma.

Cuando Inés llegó, decenas de periodistas esperaban detrás de las barreras. Una alfombra oscura conducía desde la entrada hasta el patio, donde se habían instalado vitrinas con las piezas de la nueva colección.

Álvaro la esperaba junto a la puerta.

Llevaba esmoquin y una expresión seria.

—La nota de prensa corregida no menciona la boda —dijo.

—Eso no significa que mi madre haya renunciado.

—Lo sé.

Abrió una pequeña caja.

Dentro estaba el anillo de compromiso.

Inés lo miró.

—No quiero ponérmelo.

—Sin él, cada fotografía de esta noche confirmará que ocurre algo.

—El compromiso ha terminado.

—Solo te pido que evitemos que mis padres se enteren por una fotografía.

Inés comprendía la petición. Aun así, volver a ponerse el anillo después de haberlo dejado sobre la mesa le produjo rechazo.

—Me lo quitaré en cuanto salgamos —dijo.

—Yo mismo te ayudaré.

Inés tomó el anillo y se lo puso.

No se sentía comprometida. Se sentía disfrazada.

Álvaro le ofreció el brazo.

—¿Preparada?

—No.

—Yo tampoco.

Entraron juntos.

Los fotógrafos empezaron a llamarlos por sus nombres. Álvaro mantuvo una mano sobre la de Inés mientras recorrían la alfombra. Ninguno sonrió más de lo necesario.

Mara los esperaba dentro.

Vestía un traje negro y llevaba un auricular. Estaba junto a Leire, coordinando la llegada de los invitados.

Sus ojos se detuvieron en el anillo.

Inés quiso acercarse y explicárselo otra vez, pero Beatriz apareció antes.

—Los invitados principales ya han llegado —dijo—. Dentro de quince minutos empezará la presentación.

—No participaremos en ninguna declaración sobre la boda —recordó Álvaro.

—La nota se ha modificado.

—También quiero ver el discurso —dijo Inés.

—No intervienes en él.

—Entonces tampoco subiré al escenario.

Beatriz mantuvo la sonrisa porque varios fotógrafos continuaban observándolas.

—Hablaremos dentro.

Se alejó para saludar a un grupo de invitados.

Inés buscó a Mara, pero ya no estaba en el mismo lugar.

***

La primera parte de la gala transcurrió según el programa.

Se presentó la nueva colección de Casa Valcárcel y se proyectó un vídeo sobre la historia de la firma. Inés cumplió con su papel de directora creativa. Explicó el diseño de varias piezas y agradeció el trabajo de los artesanos.

Álvaro permaneció entre el público.

Mara se movía por los laterales del patio, pendiente del sonido, la iluminación y el servicio. No volvió a acercarse a Inés.

Después de la presentación, Beatriz subió al escenario.

—Antes de terminar —dijo—, quiero agradecer la presencia de dos personas muy importantes para nuestra familia.

Inés sintió que el cuerpo se le tensaba.

Beatriz miró hacia ella.

—Inés y Álvaro, ¿podéis acompañarme?

Álvaro negó levemente con la cabeza.

Los periodistas ya habían levantado las cámaras.

—No subas —susurró.

Inés miró a Mara.

Beatriz siguió hablando.

—Este ha sido un año de grandes proyectos para Casa Valcárcel. También ha sido un año especial para nuestra familia, que dentro de cuatro semanas celebrará la unión de Inés Valcárcel y Álvaro Luján en Son Marès.

Los aplausos llenaron el patio.

Inés se quedó inmóvil.

Habían acordado que no habría ninguna confirmación. Beatriz acababa de anunciar la boda delante de todos.

Los periodistas empezaron a hacer preguntas.

—¡Inés! ¿Podemos ver el anillo?

—¿Sigue en pie la fecha?

—¿Es cierto que Mara Ferrer ha salvado los preparativos?

Álvaro se acercó a ella.

—Nos vamos.

Beatriz continuaba en el escenario.

—Quiero invitar a los futuros esposos a compartir este momento con nosotros.

Inés vio la carpeta gris en manos de la directora de comunicación. La misma en la que Beatriz guardaba la fotografía.

No necesitó que su madre repitiera la amenaza.

Si se marchaba en ese momento, la ruptura sería la única noticia de la noche. Las revistas investigarían a Mara, el cambio de organizadora y las visitas del paparazzi a Son Marès. Beatriz podía presentar la reclamación antes de que la abogada de Ferrer Eventos tuviera tiempo de reaccionar.

—Tenemos que subir —dijo Inés.

Álvaro la miró.

—No.

—Solo esta vez.

—Eso es lo que ella quiere.

—Necesitamos las cuarenta y ocho horas.

Los aplausos continuaban.

Álvaro ofreció su mano.

No lo hizo como un prometido. Lo hizo porque comprendía que Inés estaba asustada y porque él también quería proteger a sus padres de una noticia repentina.

Subieron juntos.

Beatriz los recibió con una sonrisa y alzó una copa de champán.

—Por Inés y Álvaro.

El público repitió el brindis.

Inés sostuvo la copa sin beber. Las cámaras no dejaban de disparar.

Buscó a Mara entre los invitados.

La encontró junto a una de las columnas. Tenía el auricular en una mano y observaba el escenario.

Inés quiso que comprendiera que aquella representación no cambiaba su decisión.

Mara no apartó la mirada.

Tampoco aplaudió.