No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 17
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Capítulo 17

Mientras lleves el anillo

Mara leyó el mensaje de Inés cuatro veces.

Sí.

No explicaba cómo había reaccionado Álvaro ni qué habían decidido. Solo confirmaba que ya conocía la verdad.

Mara empezó a escribir una respuesta.

¿Estás bien?

La borró.

Después escribió:

¿Qué ha ocurrido?

También la borró.

Había exigido que Inés hablara con Álvaro. No tenía derecho a pedir los detalles de una conversación que pertenecía a la pareja.

Dejó el teléfono sobre la mesilla y apagó la luz.

No consiguió dormir.

***

A las seis y media de la mañana, Mara ya estaba trabajando.

Encontró a Leire en el salón del pabellón oeste, delante de una taza de café. Había abierto el calendario de pagos de la empresa y revisaba los últimos movimientos bancarios.

—Siéntate —dijo sin saludarla.

—Tengo que comprobar el montaje de la plataforma.

—El montaje empieza a las ocho.

—Quiero estar antes.

—He hablado con nuestra abogada.

Mara se detuvo.

—¿Para qué?

—Porque llevas dos días actuando como si Beatriz tuviera una pistola apuntando a la empresa.

—No exageres.

—Entonces cuéntame qué ocurrió en la biblioteca.

Mara se sentó frente a ella.

Leire era su socia. Una parte de Ferrer Eventos también le pertenecía. Ocultarle una amenaza que podía destruir la empresa no era una decisión que Mara tuviera derecho a tomar sola.

—Hay una fotografía del beso.

Leire dejó la taza sobre la mesa.

—¿Qué fotografía?

—Un paparazzi estaba detrás del muro del invernadero. Nos fotografió a través de los cristales.

—¿La tiene Beatriz?

—Su equipo compró las imágenes y el silencio del fotógrafo.

—¿Cómo se enteró?

—Álvaro fue a hablar con ella después del ensayo. Beatriz pidió que buscaran cualquier material sobre Inés y yo.

Leire se levantó.

—Nos vamos.

—No podemos.

—Claro que podemos.

—Ha amenazado con rescindir el contrato, exigir la devolución del adelanto y reclamar daños.

—Nuestra abogada puede negociar.

—Ya ha revisado el contrato —continuó Leire—. La cláusula sobre conflictos de intereses es discutible porque Inés también tomó la decisión, pero permite que Casa Valcárcel suspenda el saldo pendiente y reclame daños mientras se resuelve la disputa.

—Y nosotros no tenemos dinero para sostener una disputa de meses —dijo Mara.

—No. La amenaza no es invencible, pero tampoco es una mentira.

—También utilizará la fotografía para demostrar que crucé un límite profesional. Y se asegurará de que ninguno de sus contactos vuelva a contratar a Ferrer Eventos.

—Eso es coacción.

—Demostrarlo no impedirá que nos arruine antes de que termine el juicio.

Leire caminó hasta la ventana.

—¿Qué quiere?

—Que termine la boda, que me mantenga alejada de Inés y que la ayude a llegar al altar.

—No puedes obligar a Inés a casarse.

—No me ha pedido que la obligue. Ha dicho que deje de ofrecerle una alternativa.

Leire la miró.

—¿Y vas a obedecer?

—No volveré a besarla mientras esté comprometida. Eso ya lo había decidido antes de la amenaza.

—No me refiero al beso. Me refiero a ocultarle la fotografía.

Mara no respondió.

—Inés tiene derecho a saber que la vigilaron —continuó Leire—. También tiene derecho a saber que su madre está utilizando esa imagen.

—Si se lo cuento, se enfrentará a Beatriz.

—Probablemente.

—Y Beatriz cumplirá la amenaza.

—Quizá.

—No puedo arriesgar los empleos de todos por un quizá.

Leire volvió a sentarse.

—No te corresponde decidir qué verdad puede soportar Inés.

—Lo sé.

—Entonces díselo.

—Necesito tiempo.

—Esa frase empieza a repetirse demasiado en esta boda.

Mara aceptó la crítica.

—Hablaré con nuestra abogada después del montaje. Quiero saber qué opciones tenemos antes de contárselo.

—Eso sí me parece razonable.

Leire cerró el calendario de pagos.

—¿Hay algo más?

Mara pensó en la beca.

Todavía no estaba preparada para decirlo en voz alta.

—No.

Leire supo que mentía, pero no insistió.

***

Inés esperaba en el olivar cuando Mara llegó.

No había técnicos ni proveedores. Solo ella, junto a las señales que delimitaban la plataforma.

—El montaje no empieza hasta las ocho —dijo Mara.

—Lo sé.

—Leire llegará en unos minutos.

—Necesito hablar contigo antes.

Mara dejó la carpeta sobre una de las sillas.

Inés parecía no haber dormido. Tenía los ojos enrojecidos y llevaba la misma ropa de la noche anterior.

—¿Qué ocurrió con Álvaro? —preguntó Mara.

—Se lo conté todo.

—¿También el beso?

—Sí.

—¿Y los votos?

—Todo.

Mara asintió.

—¿Habéis terminado?

Inés miró hacia los árboles.

—No.

La respuesta produjo alivio y decepción al mismo tiempo. Mara no quería que Álvaro sufriera. Tampoco podía negar que una parte de ella esperaba ver a Inés sin el anillo.

—Me ha pedido tiempo —explicó Inés—. No quiere tomar una decisión mientras está enfadado.

—Es razonable.

—¿Eso es todo lo que vas a decir?

—No sé qué esperas.

—Esperaba que me preguntaras cómo estoy.

—¿Cómo estás?

—Ahora ya no cuenta.

—Claro que cuenta.

—Llevas dos días tratándome como a una desconocida.

Mara miró el anillo.

—Sigues comprometida.

—Acabo de decirle a Álvaro que besé a otra persona. Nuestra relación no continúa como si nada hubiera ocurrido.

—Pero continúa.

—De momento.

—Entonces nada ha cambiado entre nosotras.

Inés se acercó.

—Ha cambiado todo.

—No lo suficiente.

—¿Qué necesitas? ¿Que me quite el anillo?

—Necesito que decidas si quieres casarte con él.

—Eso intento.

—No deberías intentarlo conmigo delante.

—No puedo fingir que no existes.

—No te lo pido. Te pido que no me utilices para tomar esa decisión.

La expresión de Inés se endureció.

—No te estoy utilizando.

—Quieres saber qué pasará entre nosotras antes de decidir qué hacer con Álvaro.

—Quiero saber si lo que ocurrió significó algo.

—Significó algo.

—Entonces dilo.

Mara respiró hondo.

—Quiero estar contigo.

Inés dejó de moverse.

—Pero no de esta manera —continuó Mara—. No mientras Álvaro espera que decidas si todavía quieres casarte con él. No mientras yo organizo vuestra boda y tu madre puede utilizar el contrato para controlarnos.

—¿Qué pasaría si terminara el compromiso?

—No voy a responder.

—Acabas de decir que quieres estar conmigo.

—Y también te estoy diciendo que no te prometeré una relación para ayudarte a dejar otra.

—No necesito ayuda.

—Entonces decide sin pedirme garantías.

—Me estás pidiendo que termine una relación de cinco años sin saber si tú volverás a marcharte.

—No. Te estoy pidiendo que decidas si quieres esa relación aunque yo no estuviera aquí.

Inés guardó silencio.

—Si la respuesta es sí, tienes que intentar arreglar las cosas con Álvaro —añadió Mara—. Si es no, debes decírselo aunque yo desaparezca mañana.

—Prometiste que no desaparecerías.

—Prometí terminar el trabajo.

—No es lo mismo.

—No.

Inés apartó la mirada.

—Eso no es justo.

—Tampoco sería justo pedirle a Álvaro que esperara mientras tú compruebas si tienes una relación preparada para sustituirlo.

—No eres una sustituta.

—Entonces no me conviertas en una.

La frase la hirió. Mara lo vio, pero no se retractó.

—¿Te arrepientes del beso? —preguntó Inés.

—Me arrepiento de haberlo hecho mientras estabas comprometida.

—No es lo que te he preguntado.

—No me arrepiento de quererte.

Era la primera vez que utilizaba aquella palabra en presente.

Inés la miró.

Mara continuó antes de perder el valor.

—Precisamente por eso no voy a empezar nada contigo mientras lleves ese anillo.

Inés bajó la vista hacia su mano izquierda.

—Álvaro me preguntó si estoy enamorada de ti.

Mara sintió miedo ante la posible respuesta.

—¿Qué le dijiste?

—Nada.

—Eso también debió de hacerle daño.

—Lo sé.

—Tienes que resolverlo con él.

—¿Y tú qué harás mientras tanto?

—Mi trabajo.

—Mi madre ha conseguido lo que quería.

—Esto no es por tu madre.

La mentira resultó incompleta. El límite existía antes de la amenaza, pero Beatriz había convertido mantenerlo en una cuestión de supervivencia.

Inés pareció percibirlo.

—¿Qué más te dijo ayer?

—No vamos a hablar de eso ahora.

—La regla decía que me avisarías si amenazaba el contrato.

—Leire y yo estamos revisando la situación con una abogada.

—Entonces sí te amenazó.

Mara había revelado demasiado.

—No puedo darte detalles todavía.

—¿Por qué?

—Porque necesito saber cómo proteger a la empresa.

—Puedo ayudarte.

—Primero habla con Álvaro.

—Siempre encuentras una razón para aplazar lo que tiene que ver con nosotras.

—Ahora la razón es el hombre con el que sigues comprometida. Me parece suficiente.

Inés se quitó el anillo.

Mara sintió que se le aceleraba el pulso.

Sin embargo, Inés no se lo entregó. Lo sostuvo en la palma de la mano.

—Podría terminarlo hoy.

—Sí.

—Podría decirle que no quiero casarme.

—Sí.

—Y tú seguirías sin prometerme nada.

—Sí.

Inés cerró los dedos alrededor del anillo.

—Al menos eres sincera.

—Es lo único que puedo ofrecerte ahora.

Un vehículo se acercó por el camino de servicio. Los técnicos de montaje llegaban con la primera parte de la plataforma.

Inés volvió a ponerse el anillo.

—Tengo que irme.

Mara quiso detenerla. No lo hizo.

—Inés.

Ella se volvió.

—No termines con Álvaro por mí.

—No puedes pedirme que finja que no influyes en la decisión.

—No. Pero tienes que saber qué elegirías si yo no te esperara al otro lado.

Inés asintió y se marchó hacia la casa.

Mara se quedó entre los olivos hasta que llegaron los técnicos.

***

Noa apareció durante el montaje poco antes del mediodía.

Tomó varias fotografías de la estructura y después se acercó a Mara.

—Pareces peor que ayer.

—Gracias.

—Era una observación, no un cumplido.

Noa le entregó una botella de agua.

—El hotel de Lisboa quiere hablar contigo.

—Ahora no puedo asumir otro proyecto.

—Sería en septiembre. La inauguración se ha retrasado y necesitan a alguien que reorganice todo el evento.

—Envíales la información de Ferrer Eventos.

—Ya lo hice. Quieren una videollamada.

Mara bebió un poco de agua.

—La haré cuando termine esta semana.

—Pagan bien.

—Eso ayuda.

—Y estarías fuera de Mallorca durante dos meses.

Mara la miró.

Noa no fingió que la propuesta fuera únicamente profesional.

—No necesito que me rescates —dijo Mara.

—No intento rescatarte. Te ofrezco trabajo. Lo que hagas con la distancia es asunto tuyo.

—Todavía no puedo marcharme.

—La boda tiene fecha de finalización.

—Lo sé.

Noa guardó la cámara.

—También sé que estás enamorada de la novia.

Mara miró a los técnicos. Ninguno estaba cerca.

—No hables de eso aquí.

—No estoy celosa. Tampoco voy a juzgarte. Solo quiero recordarte que, si todo termina mal, Beatriz intentará convertirte en la única culpable.

Mara pensó en la fotografía.

—Ya lo está haciendo.

Noa la observó.

—¿Necesitas ayuda?

—Necesito terminar la boda.

—Eso no ha sido una respuesta.

—Es la única que puedo darte.

Noa no insistió.

—Te enviaré los datos de Lisboa.

Se alejó para continuar fotografiando el montaje.

Mara volvió al trabajo.

***

A última hora de la tarde, Inés salió de la casa con un bolso pequeño. Se dirigió hacia su coche.

Mara comprobaba la altura de la plataforma junto al ingeniero. No tenía ninguna razón profesional para interrumpirla.

Inés se detuvo antes de entrar en el vehículo y miró hacia el olivar.

Sus miradas se encontraron a distancia.

Después levantó la mano izquierda y contempló el anillo durante unos segundos.

Mara no hizo ningún gesto.

La decisión tenía que pertenecerle.

Inés subió al coche y abandonó Son Marès.

Mara no sabía si iba a buscar a Álvaro o si solo necesitaba alejarse de la finca. En cualquiera de los dos casos, debía dejarla marchar.

Si Inés regresaba sin el anillo, todavía tendrían que resolver la amenaza de Beatriz, la fotografía y catorce años de mentiras.

Pero, por primera vez, podrían hacerlo sin engañar a Álvaro.