No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 15
51%

Capítulo 15

Lo que Mara no dijo

Inés vio a Mara salir de la biblioteca poco después de las nueve.

Cruzaba el patio sin mirar a nadie. No llevaba carpetas ni el teléfono en la mano. Tenía el rostro pálido y caminaba deprisa.

Inés abandonó la llamada que estaba atendiendo y salió a su encuentro.

—Mara.

Ella se detuvo.

—Tengo una reunión con el proveedor de las carpas.

—Dentro de cuarenta minutos.

—Necesito preparar los contratos.

—¿Qué quería mi madre?

Mara miró hacia las ventanas de la biblioteca.

—Hablar del ensayo.

—¿Álvaro le contó lo ocurrido?

—Sí.

Inés sintió una mezcla de enfado y preocupación. No le gustaba que Álvaro hubiera acudido a Beatriz, pero comprendía por qué lo había hecho. Había pedido explicaciones y ella continuaba retrasándolas.

—¿Qué te ha dicho?

—Que debemos mantener una relación profesional.

—¿Solo eso?

—Es suficiente.

Mara volvió a caminar.

Inés la siguió.

—Prometiste avisarme si volvía a amenazarte con el contrato.

—No me ha despedido.

—No he preguntado eso.

—Tengo trabajo.

—Y yo necesito hablar contigo.

—Escribe a Leire. Organizaremos una reunión.

La respuesta era deliberadamente fría.

—No necesito una reunión con Leire.

—A partir de ahora estará presente en todas nuestras conversaciones.

Inés se detuvo.

—¿Por orden de mi madre?

Mara no respondió.

—¿Qué ha pasado en esa biblioteca?

—Nada que cambie las decisiones de la boda.

—Te has comprometido a no ocultarme cambios.

—No hay ningún cambio en el proyecto.

—No estoy hablando del proyecto.

Mara se volvió.

—Ese es el problema. Deberíamos estar hablando únicamente del proyecto.

—Ayer no pensabas lo mismo.

—Ayer cometí un error.

Inés retrocedió medio paso, como si Mara la hubiera empujado.

—¿Los votos o el beso?

—Las dos cosas.

—No dijiste eso en el invernadero.

—En el invernadero también te dije que no podía volver a ocurrir.

—Porque estoy comprometida.

—Eso no ha cambiado.

—Voy a hablar con Álvaro.

—Deberías hacerlo.

—¿Y después?

Mara endureció la expresión.

—Después seguiré organizando la boda.

No ofreció nada más.

—No vas a decirme qué te ha hecho mi madre.

—No me ha hecho nada.

—Te conozco.

—Me conocías.

La corrección dolió más que la palabra error.

Mara se alejó hacia el pabellón oeste.

Inés no volvió a llamarla.

***

A las once, Leire envió una invitación para revisar la instalación de las carpas.

A las doce, Mara dirigió la reunión sin quedarse a solas con Inés ni un solo minuto.

Habló del tamaño de las estructuras, de las salidas de emergencia y de las previsiones meteorológicas. Cuando Inés preguntó por un cambio, Mara respondió con precisión. Cuando la conversación amenazaba con desviarse hacia algo personal, se dirigía a Leire o al proveedor.

No volvió a mirarla durante más de unos segundos.

Al terminar, Inés recibió un mensaje.

La propuesta definitiva estará lista esta tarde. Necesito tu aprobación antes de las ocho.

Era el mismo tono que Mara utilizaba en sus correos profesionales.

Inés respondió:

Necesito saber qué te dijo mi madre.

Mara tardó once minutos.

Hablamos de las obligaciones de mi contrato.

¿Te amenazó con rescindirlo?

No obtuvo respuesta.

A los veinte minutos, envió otro mensaje.

La regla era doce horas, no doce días.

Mara contestó casi de inmediato.

No ha rescindido el contrato. Seguimos trabajando.

Inés dejó el teléfono sobre la mesa.

No era una respuesta. Mara lo sabía.

***

Durante la comida, Beatriz se comportó como si no hubiera ocurrido nada.

Habló del número de habitaciones reservadas, preguntó a Sofía por la prueba de sonido y recordó a Inés que tenía una sesión de fotografías para Casa Valcárcel al día siguiente.

Mara y Leire comieron en el pabellón.

Álvaro tampoco estaba. Había salido de la finca después del desayuno y no había regresado.

—¿Dónde está? —preguntó Inés.

Beatriz cortó un trozo de pescado.

—Tenía reuniones en Palma.

—¿Has hablado con él?

—Ayer.

—¿De Mara?

—Vino a preguntarme por vuestra amistad.

Sofía miró a su hermana.

Inés mantuvo la voz tranquila.

—¿Qué le contaste?

—Que os conocíais desde adolescentes y que Mara se marchó a Londres.

—¿Nada más?

—No había nada más que contar.

Era mentira. Beatriz había sospechado de ellas antes de la beca, aunque afirmara no saber lo ocurrido junto al muro del olivar.

—¿Qué le has dicho a Mara esta mañana?

—Le he recordado que trabaja para esta familia.

—Trabaja para organizar mi boda.

—La distinción no es tan importante como crees.

—Para mí sí.

Beatriz dejó los cubiertos.

—Mara ha cruzado varios límites profesionales. Deberías agradecer que no haya rescindido el contrato.

—¿Qué límites?

—Ayer convirtió un ensayo técnico en una conversación privada delante de los empleados.

—Yo también participé.

—Tú eres la novia. Ella es la organizadora.

—La responsabilidad fue de las dos.

—No compartís la misma responsabilidad porque no ocupáis la misma posición.

Inés comprendió que Mara había utilizado un argumento parecido en la biblioteca.

—¿La has amenazado?

—Le he explicado las consecuencias de sus decisiones.

—¿Qué consecuencias?

—Las establecidas en su contrato.

—¿Y qué le has pedido a cambio?

Beatriz la miró directamente.

—Que haga su trabajo.

Sofía intervino.

—Quizá deberíamos hablar de otra cosa.

—No —dijo Inés—. Quiero saber por qué Mara ha salido de la biblioteca convencida de que no puede hablar conmigo a solas.

Beatriz no mostró sorpresa.

—Porque es lo más sensato.

—¿También le has ordenado que diga que lo ocurrido fue un error?

—Si lo ha dicho, tal vez lo piense.

—No lo pensaba ayer.

—Ayer se dejó llevar. Hoy recuerda que su empresa depende de esta boda.

La respuesta confirmó que Beatriz había utilizado el contrato.

—Le prometiste un futuro brillante —dijo Inés—. Ahora amenazas con quitárselo.

—No le he quitado nada. Puede recibir el pago completo y mi recomendación si cumple sus obligaciones.

—Siempre que obedezca.

—Siempre que no vuelva a besar a una clienta comprometida.

Sofía dejó caer el tenedor.

Inés se quedó inmóvil.

—¿Cómo lo sabes?

Beatriz había hablado demasiado. Durante un segundo, el silencio reveló que conocía algo que nadie debía haberle contado.

Después recuperó el control.

—Álvaro os encontró solas en el invernadero y ayer escuchó los votos. No necesito una fotografía para entender lo ocurrido.

La elección de la palabra llamó la atención de Inés.

—¿Qué fotografía?

—Es una forma de hablar.

—No lo parece.

—Pregúntale a Mara qué ocurrió. Si decide ser sincera contigo.

Beatriz continuó comiendo.

Inés no consiguió otra respuesta.

***

Encontró a Mara a las cinco de la tarde, en el almacén donde guardaban las muestras de decoración.

Leire acababa de salir con el responsable de las carpas. Mara estaba sola, revisando varias telas.

Inés entró y cerró la puerta.

—Leire no está —dijo Mara.

—Lo sé.

—Entonces esta conversación tendrá que esperar.

—Mi madre sabe que nos besamos.

Mara dejó la tela sobre la mesa.

—Álvaro sospechaba. Era cuestión de tiempo.

—No sospecha. Lo sabe.

—¿Se lo has contado?

—Todavía no.

Mara negó con la cabeza.

—Prometiste hacerlo.

—Intenté hablar con él. No estaba preparado.

—Él no tiene que estar preparado para que le digas la verdad.

—Se marchó de la finca.

—Podías llamarlo.

—Quiero decírselo en persona.

Mara empezó a recoger las muestras.

—Entonces hazlo cuando vuelva.

—Mi madre ha dicho que no necesita una fotografía para entender lo ocurrido.

Mara se quedó quieta.

Inés vio la reacción.

—Hay una fotografía.

—No lo sé.

—Estás mintiendo.

—No te estoy mintiendo.

—Entonces mírame y dime que no has visto ninguna fotografía.

Mara levantó la vista, pero no respondió.

—¿Nos fotografiaron en el invernadero?

—No puedo hablar de esto.

—¿Mi madre ha comprado la fotografía?

Mara guardó las telas en una caja.

—Inés…

—Por eso has salido así de su despacho.

—Tienes que hablar con Álvaro.

—Hablaré con él. Primero quiero saber qué está haciendo mi madre.

—No puedo decírtelo.

—¿Por qué?

—Porque hay otras personas que dependen de mí.

—Tu empresa.

—Mis empleados no eligieron esta situación.

—Yo puedo ayudarte.

—No.

—Ni siquiera sabes qué voy a ofrecerte.

—No aceptaré dinero de ti.

—No me refiero solo a dinero.

—No puedes detener lo que ocurrirá si esto se convierte en una disputa con Beatriz.

—Es mi madre. La disputa también me pertenece.

—No quiero que te enfrentes a ella por mí.

—Ayer querías que eligiera por mí misma.

—Sigo queriéndolo.

—Siempre que no te elija a ti.

Mara cerró la caja con más fuerza de la necesaria.

—No puedes elegirme mientras sigues comprometida con Álvaro.

—Ya lo sé.

—Entonces deja de hacerme esa pregunta.

—No te he preguntado nada.

—Llevas todo el día preguntándolo sin decirlo.

Inés se acercó.

—¿Lo que dijiste durante el ensayo era verdad?

—No importa.

—A mí sí.

—Eran frases improvisadas para comprobar un micrófono.

—No sonaban improvisadas.

—Fue un error decirlas.

—¿También fue mentira?

Mara cerró los ojos durante un instante.

—No.

La respuesta alivió una parte del dolor y empeoró todo lo demás.

—Entonces dime qué quieres —pidió Inés.

—Quiero terminar el trabajo.

—Eso es lo que quiere mi madre.

—También es lo que necesita mi empresa.

—¿Y tú?

—No puedo responderte mientras lleves ese anillo.

Inés bajó la vista hacia su mano.

—Voy a hablar con Álvaro esta noche.

—Hazlo porque le debes la verdad, no porque esperes una promesa de mí.

—No espero que me prometas nada.

—Sí lo esperas.

Mara dio un paso atrás.

—No puedo ser la recompensa por romper un compromiso. Primero tienes que decidir qué quieres de tu vida sin pensar en mí.

—¿Y si después te elijo?

La pregunta atravesó la cautela de Mara. Inés lo advirtió, aunque ella respondió con voz firme.

—No voy a contestar ahora.

—Porque mi madre te ha amenazado.

—Porque sigues comprometida.

—Las dos sabemos que no es la única razón.

Mara abrió la puerta.

—La reunión ha terminado.

Inés salió antes de que pudiera expulsarla.

***

Álvaro regresó a Son Marès a las nueve de la noche.

Inés lo esperaba en el vestíbulo.

Él se detuvo al verla. Parecía cansado y no llevaba la chaqueta.

—Necesitamos hablar —dijo ella.

—Lo sé.

—No quiero aplazarlo más.

Álvaro miró hacia la escalera, donde dos empleados de la casa trasladaban varias cajas.

—En mi habitación.

Subieron sin hablar.

Al entrar, Álvaro cerró la puerta y dejó el teléfono sobre una mesa.

—Ahora sí —dijo—. Cuéntame qué ocurrió entre Mara y tú.