Capítulo 13
El ensayo de los votos
A las cuatro y diez, Álvaro todavía no había llegado.
Inés permanecía bajo uno de los olivos, repasando el programa de la ceremonia sin leerlo de verdad. Había prometido contarle lo ocurrido después del ensayo. Quería hacerlo cuanto antes, pero no estaba preparada para mantener esa conversación delante de Mara.
—Empezaremos sin él —anunció Mara.
La oficiante, Elena Vidal, se colocó detrás del atril. Dos técnicos comprobaron los micrófonos y Leire dio la señal desde la mesa de sonido.
—Primero ensayaremos las entradas —explicó Mara—. Después probaremos las lecturas y los votos. Cuando llegue Álvaro, repetiremos su parte.
Inés miró hacia el camino.
—Dijo que tardaría quince minutos.
—Han pasado veinte. El equipo de sonido tiene otra instalación esta tarde.
Mara se dirigió al extremo del olivar.
—Yo marcaré la entrada de Álvaro. Elena, empieza cuando Leire te avise.
La música comenzó a sonar.
Mara recorrió el camino que Álvaro utilizaría durante la ceremonia. Lo hizo con paso rápido, sin intentar representar el momento. Se detuvo a la izquierda del atril y comprobó la señal colocada sobre la plataforma.
—Álvaro tendrá que quedarse aquí —dijo—. Si avanza más, tapará a la oficiante en las fotografías.
Noa no estaba en el ensayo, pero había enviado un plano con los mejores ángulos para las cámaras.
Mara miró a Inés.
—Ahora tú.
Inés caminó hasta el invernadero y esperó la señal. Cuando la música volvió a empezar, recorrió el sendero norte.
No llevaba vestido de novia ni había invitados. Aun así, al entrar en el olivar y ver a Mara esperando junto al atril, sintió una emoción que no correspondía a un ensayo técnico.
Redujo el paso.
Mara también parecía incómoda. Bajó la vista hacia las marcas de la plataforma antes de que Inés llegara.
—Tienes que caminar un poco más despacio —indicó—. Si mantienes ese ritmo, la música no llegará al cambio que hemos preparado.
—No quiero tardar tres minutos en recorrer veinte metros.
—Dos minutos y doce segundos.
—Sigue siendo demasiado.
—Podemos acortar la introducción.
Mara hizo una señal a Leire.
Inés regresó al comienzo. En el segundo intento, la música y su entrada terminaron al mismo tiempo.
—Perfecto —dijo Mara.
La palabra le recordó la voz de Noa durante la prueba fotográfica.
Mira hacia Mara.
Inés ocupó su posición frente al espacio reservado para Álvaro.
La oficiante revisó sus notas.
—Necesito que alguien se coloque en el lugar del novio para comprobar los dos micrófonos.
—Usa a uno de los técnicos —dijo Mara.
—Están ajustando el sonido.
—Puedo hacerlo yo —se ofreció Leire desde la mesa.
—Necesito que sigas controlando los niveles —respondió Elena—. Mara, ponte delante de Inés. Solo tardaremos unos minutos.
Mara no se movió.
—Álvaro llegará enseguida.
—Precisamente por eso quiero tener preparada su posición —dijo la oficiante—. Ponte donde estabas antes y lee el texto.
Mara dejó la carpeta junto al atril.
—De acuerdo.
Ocupó el lugar de Álvaro.
Inés la tenía delante otra vez, como en la fotografía que Noa había borrado. Esta vez estaban más cerca. Solo las separaba el espacio necesario para tomarse de las manos durante la ceremonia.
Mara mantuvo los brazos junto al cuerpo.
—Probaremos primero la fórmula civil —explicó Elena—. No hace falta leerla completa. Necesito escuchar varias frases desde cada micrófono.
Le entregó una hoja a Mara.
—Empieza tú.
Mara leyó:
—«Yo, Álvaro Luján, te recibo a ti, Inés Valcárcel, como esposa y prometo compartir contigo mi vida».
Su voz sonó por los altavoces.
Inés sintió que algo no encajaba. Era la voz de Mara pronunciando las palabras de Álvaro. El resultado no debería haberle provocado ninguna reacción, pero tuvo que mirar hacia el atril para no fijarse en su boca.
—El primer micrófono está demasiado bajo —dijo uno de los técnicos.
Mara lo levantó unos centímetros.
—Repite la última frase —pidió Leire.
—«Prometo compartir contigo mi vida».
Esta vez Mara no apartó la mirada.
Inés tragó saliva.
—El nivel está bien —confirmó Leire—. Ahora Inés.
La oficiante le entregó otra hoja.
—«Yo, Inés Valcárcel, te recibo a ti…».
Se detuvo.
El nombre de Álvaro aparecía escrito en el papel, pero Mara seguía frente a ella.
—Continúa —dijo Elena.
Inés empezó de nuevo.
—«Yo, Inés Valcárcel, te recibo a ti como…».
Volvió a detenerse.
—¿Hay algún problema con el texto? —preguntó la oficiante.
—No.
Mara dio un paso atrás.
—Podemos esperar a Álvaro.
—Solo estamos comprobando el sonido —recordó Elena—. No es necesario que utilicéis los nombres. Inés, di una promesa de varias frases.
—No he preparado ninguna.
—Puede ser cualquier cosa.
Inés miró a Mara.
—¿Cualquier cosa?
—Mientras dure al menos veinte segundos.
Elena se apartó para hablar con el técnico. Leire revisaba los niveles y el resto del equipo esperaba.
Mara habló en voz baja.
—No tienes que hacerlo.
—Es una prueba.
—Podemos utilizar otro texto.
—Tú has leído el tuyo.
—No era mío.
—Ya lo sé.
Inés dejó la hoja sobre el atril.
—Prometo decir lo que quiero, aunque resulte más fácil dejar que los demás decidan por mí.
Mara la miró.
Elena hizo una señal para que continuara.
—Prometo no aceptar una vida solo porque sea la que esperan de mí —añadió Inés—. Y prometo decir la verdad antes de que sea demasiado tarde.
Nadie habló durante unos segundos.
—El volumen es correcto —dijo Leire finalmente.
Elena se acercó al segundo micrófono.
—Ahora necesito comprobar este. Mara, responde con otra promesa.
—No creo que sea necesario.
—El técnico está ajustando el nivel. Necesitamos otra muestra.
Mara podría haber leído la fórmula civil de nuevo.
No lo hizo.
Miró a Inés.
—Prometo escucharte antes de decidir lo que necesitas.
Inés sintió que las personas presentes desaparecían de su atención. Seguían allí, pero ella solo podía oír a Mara.
—Prometo no utilizar el silencio como una respuesta —continuó—. Y prometo no marcharme otra vez sin explicarte por qué.
Inés dejó de respirar durante un instante.
Aquellas palabras no pertenecían a la boda con Álvaro.
Mara había roto la regla que impedía hablar del pasado durante el trabajo. Inés debería haberla detenido.
En lugar de hacerlo, respondió:
—Prometo no pedirte que te escondas porque yo tenga miedo.
Mara bajó la mirada.
—Inés…
—Y, si quiero que te quedes, prometo decírtelo.
Leire dejó de tocar los controles.
La oficiante comprendió por fin que ya no estaba escuchando una simple prueba de sonido.
Mara volvió a mirar a Inés.
—Entonces yo prometo dejar que me lo digas.
Una voz sonó detrás de las últimas filas.
—¿Qué estáis haciendo?
Inés se volvió.
Álvaro estaba de pie al comienzo del camino. Llevaba la chaqueta doblada sobre un brazo y observaba a Mara, que seguía ocupando su lugar frente al atril.
Nadie respondió de inmediato.
—Probábamos los micrófonos —explicó Mara.
Álvaro se acercó a la plataforma.
—Pensaba que ibais a empezar con las entradas.
—Ya las hemos probado —dijo Leire—. Necesitábamos dos voces para ajustar el sonido de los votos.
—Y Mara ha decidido ensayar los míos.
—No estaba ensayando tus votos —respondió Inés.
La aclaración no tranquilizó a Álvaro.
Álvaro subió a la plataforma.
—He oído lo que acabas de prometerle.
—No era parte de la ceremonia.
—Eso está claro.
Mara recogió la fórmula civil.
—Ya que has llegado, repetiremos la prueba con vosotros.
Álvaro la miró.
—Antes quiero saber por qué estabas en mi lugar.
—Porque Elena necesitaba comprobar el segundo micrófono.
La oficiante intervino.
—Ha sido decisión mía. Álvaro llegaba tarde y el equipo de sonido tiene que marcharse.
—¿También le has pedido que prometa no volver a marcharse?
Elena guardó silencio.
Mara bajó de la plataforma.
—Eso ha sido un error.
—¿Qué parte? —preguntó Álvaro—. ¿Ocupar mi lugar o hablarle a Inés como si las dos estuvierais solas?
—Álvaro —dijo Inés.
—Ayer las encontré juntas en el invernadero. Las dos parecían nerviosas y ninguna quiso decirme de qué estaban hablando. Hoy llego y Mara está donde debería estar yo, haciéndote promesas sobre vuestro pasado.
Inés se acercó.
—Tenemos que hablar.
—Eso también me lo dijiste ayer.
—Lo sé.
—¿Pensabas hacerlo antes o después de ensayar tus votos con ella?
—No eran mis votos.
—¿Qué eran, entonces?
Inés miró a Mara. Ella no podía ayudarla a responder.
—Necesito explicártelo a solas.
Álvaro observó ese intercambio de miradas.
—Hay algo entre vosotras.
No era una pregunta.
El equipo técnico seguía alrededor de ellos. Dos empleados fingían revisar los cables, pero podían oír cada palabra.
—No voy a hablar de esto delante de todo el mundo —dijo Inés.
—De acuerdo.
Álvaro bajó de la plataforma.
—¿Adónde vas?
—Necesito tranquilizarme.
—Podemos ir a la casa.
—Ahora no.
—Prometí hablar contigo después del ensayo.
—El ensayo no ha terminado.
—No me importa el ensayo.
—A mí tampoco en este momento.
La respuesta no fue agresiva. Álvaro parecía herido y cansado.
—Te buscaré esta noche —dijo.
—Álvaro…
—Esta noche, Inés.
Se alejó por el camino norte.
Inés hizo ademán de seguirlo, pero Mara le sujetó el brazo.
—Dale unos minutos.
—No me toques.
Mara la soltó de inmediato.
La dureza de la respuesta sorprendió a ambas.
—Lo siento —dijo Inés—. No quería…
—Tienes que ir detrás de él. Pero no mientras sigues enfadada conmigo por lo que acaba de ocurrir.
—Has empezado tú.
—Elena me pidió una frase.
—Podías haber leído el texto.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué dijiste eso?
Mara miró a los técnicos. Algunos seguían cerca.
—No aquí.
—Siempre tenemos que hablar en otro lugar.
—Porque nunca estamos solas.
—Esa no ha sido una buena razón hasta ahora.
Mara no reaccionó a la referencia al beso.
Leire se acercó.
—Voy a terminar la prueba con Elena. Deberíais salir del olivar.
Mara recogió sus documentos.
—Leire tiene razón.
—No puedes volver a evitarme —dijo Inés.
—No te estoy evitando. Estoy intentando no empeorar la situación.
—Ya es tarde.
Mara se alejó hacia el pabellón.
Inés permaneció junto al altar. Sentía las miradas del equipo y sabía que la discusión ya no podía presentarse como un simple desacuerdo profesional.
Álvaro había visto lo suficiente para sospechar la verdad.
Lo único que todavía no sabía era que ya se habían besado.
***
Inés buscó a Álvaro media hora después.
No estaba en su habitación, en el patio ni junto al coche. Tampoco respondió a sus llamadas.
A las seis, recibió un mensaje.
Necesito pensar. Hablamos esta noche.
Inés contestó de inmediato.
De acuerdo. Lo siento.
No obtuvo respuesta.
***
A las seis y cuarto, Álvaro llamó a la puerta de la biblioteca.
Beatriz levantó la vista del informe que estaba revisando.
—Pasa.
Él entró y cerró la puerta.
—Necesito preguntarte por Mara Ferrer.
Beatriz dejó el informe sobre el escritorio.
—¿Qué ha ocurrido?
—No lo sé con seguridad. Pero creo que hay algo entre ella e Inés.
Beatriz no mostró sorpresa. Tampoco incredulidad.
—¿Qué has visto?
Álvaro le contó lo sucedido en el invernadero y durante el ensayo. Repitió las promesas que había oído y describió la forma en que Mara e Inés se miraban.
Beatriz escuchó sin interrumpirlo.
—Quizá solo estoy interpretándolo mal —concluyó él—. Sé que fueron amigas y que su relación terminó de forma extraña. Pensé que tú sabrías qué ocurrió.
Beatriz cerró la carpeta que tenía delante.
—Conozco parte de la historia.
—¿Hubo algo entre ellas?
—Cuando eran jóvenes, Inés confundía la amistad con facilidad.
La respuesta no tranquilizó a Álvaro.
—¿Por eso aceptaste que Mara organizara la boda?
Beatriz tardó un momento en contestar.
—La acepté porque creí que podía ser útil.
—¿Y ahora?
—Ahora averiguaré si me equivoqué.
Álvaro se levantó.
—No quiero que hagas nada que pueda perjudicar a Inés.
—Tampoco yo.
—Solo necesito saber la verdad.
—La sabrás.
Cuando él salió, Beatriz llamó a la directora de comunicación.
—Quiero que reviséis todas las fotografías tomadas alrededor de Son Marès desde que Mara llegó —ordenó—. También cualquier material que estén ofreciendo a las revistas y que todavía no se haya publicado.
—¿Buscamos algo en concreto?
Beatriz miró hacia el olivar desde la ventana.
—A mi hija con Mara Ferrer. Y lo quiero antes de que alguien decida utilizarlo contra nosotros.