Capítulo 5 #2
—Podemos presentar el postre de almendras de una forma más elegante —continuó Mara—. Tomeu preparará una versión nueva. Si después no convence, revisaremos la esfera de chocolate sin el emblema.
Beatriz miró a Inés.
—Parece que ya habéis tomado la decisión.
—Eso es lo que se supone que debemos hacer en una cata —respondió ella.
Por primera vez desde que Mara había regresado, ambas estaban defendiendo la misma opción.
Inés sabía que Mara utilizaba argumentos técnicos porque no podía enfrentarse directamente a la mujer que pagaba el contrato. Aun así, había conseguido que Beatriz aceptara revisar un postre que quería imponer.
Era una victoria pequeña.
También era la primera decisión de la boda que Inés sentía realmente suya.
***
Después de la cata, el chef regresó a la cocina y Sofía salió a contestar una llamada. Mara y Leire empezaron a recoger las tarjetas.
Beatriz pidió a Inés que se quedara.
—Has convertido la elección de un postre en una disputa innecesaria.
—No quería una campaña publicitaria al final de la cena.
—Casa Valcárcel pagará una parte importante de esta boda.
—No le he pedido que lo haga.
—No vamos a discutir otra vez sobre el presupuesto.
Inés miró a Mara, que hablaba con Leire al otro lado del comedor.
—Al menos ella me escucha.
—Para eso la he contratado.
—Pensaba que la habías contratado porque puede organizar bodas.
—Hay muchas organizadoras competentes. Mara tiene una ventaja sobre las demás: tú quieres demostrarle que no puede decidir por ti.
—Eso no tiene sentido.
—Has acudido a la reunión del olivar, has revisado los planos y hoy has participado en toda la cata. Con la anterior organizadora cancelaste cuatro reuniones.
—Porque solo traía propuestas que tú ya habías aprobado.
—El resultado es el mismo. Ahora colaboras.
Inés comprendió que su madre había contado con su enfado desde el principio.
—¿Qué le has ofrecido?
—Un contrato excelente.
—No me refiero al dinero de esta boda.
Beatriz observó a Mara antes de responder.
—Le he dicho que, si consigue sacar adelante este enlace, tendrá un futuro brillante. Me ocuparé de que las personas adecuadas conozcan su trabajo. Una recomendación mía puede proporcionarle clientes durante años.
—¿Y qué significa exactamente “sacar adelante el enlace”?
—Evitar más escándalos, controlar a los proveedores y conseguir que la boda se celebre.
—¿Conseguir que yo me case?
—Tú aseguras que quieres hacerlo.
—Quiero casarme con Álvaro.
—Entonces Mara no tendrá que convencerte de nada.
La respuesta era lógica, pero no tranquilizó a Inés.
—¿Le has pedido que me haga aceptar tus decisiones?
—Le he pedido que resuelva los problemas. Mara sabe lo que está en juego.
—¿Qué está en juego?
—Su empresa.
Beatriz recogió las gafas de la mesa.
—Ferrer Eventos tiene una buena agenda, pero atraviesa problemas de liquidez. Un cliente importante lleva meses sin pagarle. El adelanto de nuestro contrato le permitirá saldar varias facturas urgentes.
—¿Cómo sabes eso?
—No contrato a nadie sin revisar su situación.
Inés miró de nuevo hacia Mara.
Leire le estaba enseñando algo en el teléfono. Después de leerlo, Mara cerró los ojos durante un instante. No sonrió, pero sus hombros perdieron parte de la tensión.
Probablemente acababan de recibir el adelanto.
—No se presentó solo porque vio una oportunidad —dijo Inés—. La necesitaba.
—Las personas resultan más fiables cuando tienen algo que perder.
—O más fáciles de controlar.
Beatriz no respondió. No necesitaba hacerlo.
***
Inés encontró a Mara unos minutos después en la cocina de servicio.
Leire y el chef se habían marchado. Mara estaba guardando las notas de la cata en una carpeta.
—¿Ha llegado el adelanto? —preguntó Inés.
Mara dejó de ordenar los documentos.
—Sí.
—¿Vas a pagar las facturas pendientes?
Su expresión cambió.
—Tu madre te lo ha contado.
—Mi madre me ha contado que investigó tu empresa.
—Era de esperar.
—¿Por eso aceptaste?
—Acepté porque necesito el contrato y porque sé hacer el trabajo.
—También te ha prometido clientes.
Mara cerró la carpeta.
—Me ha dicho que, si la boda sale bien, recomendará Ferrer Eventos.
—Ha dicho que tendrás un futuro brillante si lo consigues.
—Es una manera más grandilocuente de expresar lo mismo.
—¿Qué cree que tienes que conseguir?
—Que la boda se celebre sin incidentes.
—¿Y que yo obedezca?
—Eso no forma parte del contrato.
—Pero utilizaste nuestra amistad para convencerla de que yo te escucharía.
—Sí.
—Mi madre piensa que puede controlarme a través de ti. Y que puede controlarte a ti a través de tu empresa.
Mara se tomó unos segundos antes de responder.
—Es posible.
La franqueza volvió a sorprenderla.
—¿Y eso no te preocupa?
—Mucho.
—No lo parece.
—Estoy procurando que tus problemas familiares no impidan que mis empleados cobren sus nóminas. No puedo permitirme reaccionar a cada provocación de Beatriz.
—¿Entonces elegirás siempre la opción que te permita conservar el contrato?
—Hoy he defendido tu elección del menú.
—Porque tenías argumentos técnicos.
—Los usaré siempre que pueda.
—¿Y cuando no los tengas?
Mara apoyó ambas manos sobre la mesa.
—No puedo prometerte que ganarás todas las discusiones con tu madre. Puedo prometerte que no aprobaré decisiones importantes sin consultarte.
—Siempre que ella no amenace con despedirte.
—Incluso entonces.
Inés estudió su rostro.
—¿Por qué debería creerte?
—No deberías. Todavía no.
La respuesta no intentaba conmoverla.
—Pero puedes comprobar lo que hago —continuó Mara—. No te pido que olvides cómo conseguí el trabajo ni lo que ocurrió hace catorce años. Solo te pido que juzgues mis decisiones a partir de ahora.
—Eso se parece mucho a pedir otra oportunidad.
—Profesionalmente, sí.
—¿Y personalmente?
Mara no respondió de inmediato.
—Personalmente, no espero nada de ti.
Inés sintió una decepción que no quería sentir.
—Perfecto.
—Perfecto.
Mara abrió la carpeta y le entregó una hoja.
En la parte superior había escrito:
MENÚ DE INÉS Y ÁLVARO
Debajo aparecían la coca de verduras con gamba roja, el cordero y el postre de almendras. No había ninguna referencia a Casa Valcárcel.
—Se lo enviaré esta tarde a Álvaro —explicó—. Si los dos lo aprobáis, será la propuesta que presentemos a tu madre.
—Ya sabes que intentará cambiarla.
—Sí.
—Y podría costarte ese futuro brillante.
—Entonces tendrá que ofrecerme un argumento mejor que un diamante de azúcar.
Inés tomó la hoja.
Esta vez no consiguió ocultar la sonrisa.
Mara también sonrió, aunque solo durante un instante.
Después se apartó y volvió al trabajo.
Inés salió de la cocina con el menú entre las manos. Seguía sin confiar en ella. Sabía que Mara necesitaba el dinero y que Beatriz estaba utilizando esa necesidad.
Pero también sabía que, durante la cata, Mara había sido la única persona que había preguntado qué querían ella y Álvaro.
Inés todavía no podía decidir si aquello la tranquilizaba o la ponía en peligro.