No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Su madre las observaba en silencio. Para Beatriz, aquella conversación solo debía de ser la consecuencia de una amistad que había terminado mal. No sabía lo que había ocurrido junto al muro, al final del olivar.

Al menos, eso era lo que Inés había creído siempre.

—Esta discusión puede esperar —dijo Mara—. Nos quedan cinco semanas y hay decisiones importantes que todavía no están tomadas.

Abrió una carpeta y extendió varios documentos sobre el escritorio.

—La iluminación que ha llegado esta mañana corresponde a una cena en la terraza. Sin embargo, en el plano enviado al servicio de catering, la cena aparece en el olivar. Necesito saber cuál de los dos espacios vamos a utilizar.

—La terraza —respondió Beatriz.

—El olivar —dijo Inés al mismo tiempo.

Mara miró a una y después a la otra.

—Eso explica los dos planos.

—La terraza es más adecuada —afirmó Beatriz—. Facilita el acceso de los invitados, permite controlar mejor la seguridad y no depende tanto del tiempo.

—También es impersonal —replicó Inés—. Podríamos celebrar la cena en cualquier hotel.

—El olivar no tiene una superficie nivelada para ciento ochenta invitados.

—Entonces habrá que instalarla.

Mara tomó una nota.

—¿Quién eligió el olivar?

—Yo.

—Fue una idea inicial —corrigió Beatriz—. La anterior organizadora explicó que suponía demasiadas complicaciones.

—La anterior organizadora también eligió las flores, el menú y la música de acuerdo con lo que tú querías.

Beatriz mantuvo la voz serena.

—Inés, no vamos a repetir esta conversación delante de cada proveedor.

—Mara no es una proveedora cualquiera. Según la prensa, es mi amiga íntima.

Mara cerró la carpeta con más fuerza de la necesaria.

—Mañana revisaré los dos espacios. Quiero que vengas conmigo.

—Tengo reuniones.

—Tu primera reunión es a las diez y media. Podemos empezar a las ocho.

—¿También tienes acceso a mi agenda?

—Yo se lo he dado —contestó Beatriz—. Necesita conocer tu disponibilidad.

—Puedes retirárselo.

—No.

Inés miró a su madre.

—¿Hay alguna otra decisión que hayas tomado sin preguntarme?

—Mara y Leire se instalarán en el pabellón oeste hasta el día de la boda.

Esta vez Mara pareció tan sorprendida como ella.

—No es necesario que vivamos aquí —dijo.

—Tardaríais casi dos horas al día en desplazaros desde Palma —respondió Beatriz—. No voy a pagaros para que perdáis el tiempo en la carretera.

—Nuestro contrato no exige disponibilidad durante las veinticuatro horas.

—No la exijo. Quiero que podáis trabajar desde la finca. Si consigues resolver esta boda, Mara, no volverás a preocuparte por llenar tu agenda. Conviene que dispongas de todos los medios necesarios.

La promesa también contenía una advertencia. El futuro profesional de Mara dependía ahora del resultado de aquella boda.

Mara debió de entenderlo porque dejó de discutir.

—Leire y yo traeremos nuestras cosas esta tarde.

—Perfecto —dijo Beatriz.

Inés no estaba dispuesta a aceptarlo con la misma facilidad.

—No necesito que Mara viva aquí.

—No he venido para vigilarte —dijo Mara.

—Has conseguido este trabajo asegurando que me escucharías. Parece que mi madre espera que también me controles.

—No puedo controlar a alguien que no quiere escucharme.

—Por fin estamos de acuerdo.

—Pero sí puedo mostrarte las consecuencias de cada decisión y dejar que elijas.

—¿Incluso si elijo algo que mi madre no quiere?

Mara miró a Beatriz.

—Si es viable, sí.

—Yo decido qué es viable —dijo Beatriz.

—Usted decide el presupuesto —respondió Mara—. Mi trabajo consiste en explicarles qué puede hacerse con él. La decisión sobre el tipo de boda debería tomarla la novia.

El silencio que siguió fue breve, pero Inés percibió la desaprobación de su madre.

Mara también debió de notarla. Aun así, no corrigió sus palabras.

Era la primera vez desde que había llegado que Inés veía algo de la joven a la que había conocido. Mara siempre había tenido la mala costumbre de enfrentarse a cualquiera cuando creía que llevaba razón.

—Mañana a las ocho —repitió Mara—. En el olivar.

—No prometo quedarme mucho tiempo.

—Con que me digas qué quieres será suficiente.

—No sabes nada de lo que quiero.

—Por eso te lo estoy preguntando.

La respuesta era sencilla. No escondía ninguna intención que Inés tuviera que interpretar.

Mara recogió las carpetas.

—Tengo que revisar el contrato del catering y conseguir que el proveedor de iluminación no nos cobre dos transportes. Si no necesitáis nada más, seguiré trabajando.

Beatriz hizo un gesto de asentimiento.

Mara se dirigió hacia la puerta.

—Mara —la llamó Inés.

Ella se volvió.

—No vuelvas a hablar en mi nombre.

—De acuerdo.

—Y no confundas este contrato con una reconciliación.

Mara la miró durante unos segundos.

—No lo hago.

Salió de la biblioteca.

Inés esperó hasta oír cerrarse la puerta.

—Despídela —dijo.

—No.

—Ha mentido a la prensa.

—Les ha contado una historia que protege tu imagen y la de Álvaro.

—Me utilizó para conseguir una reunión contigo.

—Y tú llevas catorce años enfadada con ella. Quizá por eso te importa tanto.

Inés se acercó al escritorio.

—No sabes de qué estás hablando.

Beatriz volvió a ponerse las gafas.

—Mañana tienes que estar en el olivar a las ocho.

—No vas a obligarme.

—No. Pero si no vas, escogeré la terraza y Mara organizará la cena allí.

Inés comprendió la estrategia. Su madre no necesitaba ordenarle que asistiera. Le bastaba con dejar claro que tomaría todas las decisiones en su ausencia.

Recogió el plano del olivar.

—Estaré allí porque es mi boda.

—Naturalmente.

Inés abandonó la biblioteca con el plano en la mano.

Al día siguiente se reuniría con Mara. No para recordar el pasado ni para recuperar la amistad que habían perdido.

Iría para recuperar el control de su boda.