No Debía Enamorarme de la Novia Capítulo 3
11%

Capítulo 3

La amiga de la novia

Inés se enteró de que Mara Ferrer organizaría su boda por un mensaje de Sofía.

¿Has visto quién ha contratado mamá? Llámame antes de matarla.

Debajo aparecía el enlace a una revista digital.

Inés lo abrió desde el despacho de Casa Valcárcel. En la pantalla apareció una fotografía de Mara hablando por teléfono a la entrada de un hotel. Llevaba un traje negro, el cabello recogido y una acreditación de Ferrer Eventos colgada al cuello.

El titular era todavía peor.

INÉS VALCÁRCEL RECURRE A UNA AMIGA DE SU ADOLESCENCIA PARA ORGANIZAR LA BODA DEL AÑO

Inés leyó el primer párrafo dos veces.

Fuentes cercanas a la familia Valcárcel aseguran que la novia recibió con entusiasmo la incorporación de Mara Ferrer, fundadora de Ferrer Eventos y amiga íntima de su adolescencia.

Aunque Ferrer tiene prácticamente completa su agenda hasta otoño, habría aceptado reorganizar sus compromisos ante la ilusión de Inés por compartir los preparativos con alguien que la conocía mucho antes de que su apellido ocupara las páginas de la prensa.

—Es mentira.

La directora comercial, que hablaba desde la pantalla del ordenador, dejó de presentar las cifras del trimestre.

—¿Qué has dicho?

Inés cerró la videollamada sin responder. Después llamó a su madre.

Beatriz contestó enseguida.

—Supongo que ya has leído la noticia.

—¿Has contratado a Mara?

—Sí.

—¿Sin consultarme?

—La anterior organizadora dimitió y necesitamos una sustituta.

—La noticia dice que yo la he elegido.

—No exactamente. Dice que su contratación te hace ilusión.

—Tampoco es cierto.

—La prensa ha publicado durante cuatro días que no quieres casarte. Esta noticia les proporciona una versión diferente.

Inés se levantó y se acercó a la ventana. Desde su despacho podía ver la entrada principal de Casa Valcárcel. Dos fotógrafos esperaban al otro lado de la calle.

—Podías haber desmentido los rumores.

—Ya lo hicimos. No sirvió de nada.

—Porque nadie se cree un comunicado escrito por nuestros abogados.

—En eso estamos de acuerdo. Por eso necesitábamos una historia mejor.

Inés volvió a mirar la fotografía de Mara.

Catorce años.

Habían pasado catorce años desde la última vez que la había visto, pero la reconoció sin esfuerzo. El rostro era más adulto y llevaba el pelo más corto. Sin embargo, conservaba el mismo gesto concentrado que tenía cuando trataba de resolver algo.

—¿De quién ha sido la idea del artículo?

Beatriz tardó un momento en responder.

—De Mara.

Eso confirmó lo que Inés ya sospechaba.

—Voy a Son Marès.

—Te estamos esperando.

—¿Está ahí?

—Llegará en unos minutos.

Beatriz colgó.

Inés amplió la fotografía. Mara no miraba a la cámara. Estaba señalando algo con una mano mientras sostenía el teléfono con la otra.

Parecía segura. Ocupada. Muy distinta de la chica que se había marchado a Londres sin despedirse de ella de verdad.

Inés cerró la noticia.

No permitiría que Mara regresara después de catorce años y utilizara su antigua amistad para conseguir un contrato. Y mucho menos que hablara en su nombre.

***

Cuando Inés llegó a Son Marès, un camión de grandes dimensiones bloqueaba la entrada de servicio. Varios operarios descargaban cajas mientras otro hombre discutía con el encargado de la finca.

Aparcó delante de la casa y bajó del coche.

—¿Qué ocurre?

El encargado se acercó a ella.

—Es el equipo de iluminación para el jardín. Tenía que llegar la próxima semana, pero la empresa asegura que la instalación estaba prevista para hoy.

—¿Quién lo autorizó?

—La anterior organizadora.

Una voz femenina intervino desde el otro lado del camión.

—Y lo hizo basándose en un plano que ya no es válido.

Inés se quedó quieta.

Mara apareció entre dos filas de cajas. Llevaba pantalones negros y una camisa blanca con las mangas dobladas hasta los codos. Se había recogido el pelo de forma apresurada y sostenía varios documentos en una mano.

No se parecía por completo a la joven que Inés recordaba. Tenía una manera distinta de moverse, más firme y segura. Aun así, cuando levantó la vista y la vio, Inés reconoció de inmediato sus ojos oscuros.

Mara dejó de hablar.

Durante unos segundos, ninguna de las dos hizo nada.

Inés había sabido siempre que podía sentirse atraída por una mujer. Álvaro también lo sabía. Eso no era un problema entre ellos.

El problema era que la mujer que tenía delante fuera Mara.

—Inés —dijo ella.

—Mara.

El responsable del camión miró a ambas, impaciente.

—Necesito saber qué hacemos con las cajas.

Mara apartó la mirada de Inés y recuperó su tono profesional.

—Vuelven al almacén. El jardín no dispone de potencia suficiente para esta instalación y el contrato no incluye un generador auxiliar. Envíeme hoy una propuesta corregida y estudiaremos una nueva fecha.

—El transporte de vuelta tendrá un coste.

—Reclámeselo a quien autorizó el envío sin confirmar el plano definitivo.

—No hemos cometido ningún error.

—Han traído una instalación para doscientos cuarenta focos cuando la acometida permite ciento sesenta. Si la montan, no podríamos conectar al mismo tiempo el equipo de cocina y el de sonido. Prefiero discutir una factura de transporte que dejar sin luz la cena.

El hombre revisó los documentos. Después hizo una seña a los operarios para que volvieran a cargar las cajas.

Mara entregó el plano a una mujer pelirroja que esperaba junto a ella.

—Leire, consigue tres presupuestos para un generador insonorizado. Y averigua por qué tenemos dos versiones distintas del proyecto de iluminación.

—Ya estoy con ello.

Mara miró de nuevo a Inés.

—Beatriz está en la biblioteca.

No intentó abrazarla. Tampoco fingió que aquel reencuentro fuera agradable.

Inés agradeció que al menos no representara para ella la mentira que habían vendido a la prensa.

—Tenemos que hablar.

—Lo imaginaba.

***

Beatriz esperaba sentada tras el escritorio de la biblioteca. Delante de ella había varias carpetas, una tableta y el contrato firmado con Ferrer Eventos.

—Bien —dijo cuando las vio entrar—. Ya estáis las dos.

Inés cerró la puerta.

—Quiero que retires la noticia.

—No podemos retirar una noticia publicada por un medio independiente.

—Entonces quiero que la desmientas.

—Eso provocaría otra noticia —respondió Beatriz—. Y el nuevo titular sería que te niegas a trabajar con tu amiga de la adolescencia.

—No es mi amiga.

Mara no protestó.

Beatriz se quitó las gafas.

—Lo fue durante muchos años.

—Hace catorce que no sabemos nada la una de la otra.

—Tú quizá no. Yo he seguido la trayectoria profesional de Mara. Ha organizado eventos en Londres, Lisboa, Madrid y Barcelona. Su empresa tiene una buena reputación.

—No estoy cuestionando su currículo. Estoy diciendo que no tenía derecho a utilizarme para conseguir este trabajo.

Inés se volvió hacia Mara.

—¿Fuiste tú quien habló con la revista?

—No directamente. Propuse el enfoque a tu madre y su equipo de comunicación se encargó del resto.

—¿Por qué?

—Porque la salida de la anterior organizadora estaba alimentando los rumores.

—No quiero casarme, tengo ataques de histeria, soy incapaz de tomar una decisión… Ya he leído lo que publican.

—También dicen que Álvaro y tú discutís constantemente y que podría cancelarse el enlace.

—Eso es mentira.

—Lo sé.

Inés cruzó los brazos.

—No puedes saberlo.

—Conozco la manera en que funciona esa prensa. Si tuvieran pruebas, no hablarían de rumores. Además, si no quisieras casarte, no necesitarías que una revista te lo explicara.

La respuesta era razonable, pero a Inés le molestó que Mara pareciera conocerla todavía.

—Quiero casarme con Álvaro.

—No he dicho lo contrario.

—Entonces no vuelvas a permitir que nadie insinúe que has venido a convencerme.

—La noticia no dice eso. Dice que te hace ilusión que una antigua amiga organice la boda.

—Pero tampoco es verdad.

—No —admitió Mara—. Tú no sabías que estaba disponible y no me pediste que viniera.

—Sin embargo, has dejado que publiquen lo contrario.

—He dejado que publiquen una versión que evita que parezcas una novia que está buscando una excusa para huir.

—Utilizando nuestra amistad.

—Utilizando el hecho de que fuimos amigas. Sí.

Inés esperaba que tratara de justificarse. Mara no lo hizo.

—¿Cómo conseguiste llegar hasta mi madre?

—Insistí.

—Eso no responde a mi pregunta.

—Le dije que me conocías desde la adolescencia y que quizá me escucharías. También le expliqué que podía cambiar el relato de la prensa.

—Así que convertiste nuestra historia en parte de tu presentación comercial.

Mara apretó los labios antes de responder.

—Necesitaba que me concediera una reunión.

—¿Y necesitabas tanto este contrato?

Beatriz intervino.

—Las condiciones económicas de Mara no son asunto tuyo.

—Si has contratado a alguien para organizar mi boda, sí lo son.

—Ferrer Eventos cumple los requisitos —dijo Beatriz—. Además, si Mara consigue organizar este enlace con éxito, podrá acceder a clientes mucho más importantes. Es una oportunidad excelente para su empresa.

Inés miró a Mara.

Ella no negó nada.

De repente comprendió por qué había aceptado enfrentarse a una boda que ya había provocado la dimisión de otra profesional. Mara necesitaba el dinero o necesitaba el prestigio. Quizá ambas cosas.

—Viste la noticia sobre mis supuestos caprichos y pensaste que podías aprovecharla.

—Vi que necesitabais una organizadora —respondió Mara—. Pensé que yo podía hacer el trabajo y vine a pedirlo. No voy a fingir que fue una casualidad.

—Al menos reconoces que no viniste por mí.

—No sabía si querrías volver a verme.

—Podías haber llamado.

—Tú también.

—Te escribí durante meses después de que te marcharas.

Mara bajó la mirada un momento.

—Lo sé.

—No respondiste.

—No.

La tranquilidad de su respuesta aumentó la rabia de Inés.

—¿Y ahora esperas entrar aquí y actuar como si solo hubiera pasado el tiempo?

—No espero que actuemos de ninguna manera. Estoy aquí para trabajar.

—Después de desaparecer durante catorce años.

—Me fui a Londres. Tú sabías que iba a hacerlo.

—Saberlo no es lo mismo que entender por qué dejaste de hablarme.

Mara miró a Beatriz. Inés siguió su mirada.