Capítulo 51. Belisa
Belisa
No quiero irme. La idea de marcharme al curso y teletrabajar me pareció buena cuando Portia me hizo la oferta.
Ahora no me apetece marcharme mañana y estar tanto tiempo sin venir a esta cafetería y sin ver a Sedrik cada día.
Nos hemos dicho lo que sentimos y nuestras miradas podrían haber hecho arder la cafetería, pero no nos tocamos. No nos besamos.
Ahora estoy terminando la maleta. Lo tengo todo casi listo para marcharme de esta casa y empezar de cero.
Cuando termine el curso voy a buscar otra mejor.
Veré a Sedrik mañana, porque va a llevarme en su coche a casa de mi amiga.
No sé cómo podré despedirme, o si me costará horrores recordar que hago esto por mí misma. Para ser mejor en mi trabajo.
Tocan a la puerta y voy a abrir. Cuando abro, Sedrik está tras ella. Va con ropa elegante. Me gustan las dos facetas de él. Sus dos mundos. Amo cada parte de él.
—He estado reunido con mis abogados. —Lo dejo pasar—. No voy a dar más dinero a Salma, y es posible que pronto estalle en los medios quién soy.
—Y no querías eso.
—No quería muchas cosas que me han pasado. Pero aquí estoy, y no voy a esconderme más. Quería compartir esto contigo, porque si mi vida cambia y decides apostarlo todo por mí, tienes que saber qué precio asumes.
—Gracias por venir a verme y contarme esto.
—Te vas mañana. Así tenía una excusa para verte antes de echarte de menos.
—Tendremos que aprovechar. ¿Una película juntos?
—Soy todo tuyo. —Cuando lo dice se me seca la boca, porque lo que tengo en mente no es ver una película.
Andamos hasta mi salón y se quita la chaqueta y la corbata. Esta última me la tiende y la guardo en mi maleta. Me encantará tenerla cuando lo eche de menos y lo sabe. Me conoce mejor que nadie. Cada parte de mí, hasta las que ocultaba por miedo, y aquí sigue.
Nos sentamos muy juntos. Pongo cualquier película, porque solo quiero sentirlo a él; el resto es solo una banda sonora de mi vida, que empieza a ser perfecta por cada una de sus taras que la hacen especial y única.
Lo miro, y me está observando fijamente. Sus ojos dorados parecen encerrar miles de cosas que me dice sin palabras, igual que yo.
Mi respiración se agita. Mis ganas de él brillan en mis ojos sin escudos.
Me subo sobre él y me pone las manos en la cintura.
Acerco mi boca a la suya. Me devuelve el beso y dejamos que nuestros cuerpos se unan, fundiéndose en este calor que nos lleva tentando desde la última vez que nos permitimos estar cerca.
Lame mi boca y yo la suya. Tiro de su lengua y dejo que entre en mi boca y me devore.
Retuerzo mi cuerpo sobre él. Siento mucho calor y tiro de mi camisón.
Su mirada hambrienta va a mis pechos enfundados en un sujetador rosa claro.
Pasa los dedos sobre ellos, que se endurecen bajo su contacto.
—Te toca. —Sonríe y se aparta lo justo para quitarse la camisa. Me encanta cuando hace esto. Cuando va botón a botón, poniéndome cardiaca con cada trozo de piel que me muestra.
Me relamo solo de pensar en tocarlo y besarlo. Se la quita del todo.
—Adelante —me anima, y no me lo pienso dos veces.
Toco y lamo su torso. Me muevo sobre su duro miembro notando cómo crece. Está cada vez más cachondo, y yo también. Cada vez me noto más caliente. La ropa me empieza a sobrar. Por eso me levanto y me quito el sujetador.
—Te toca. —Se levanta y me besa. Luego me coge en brazos y vamos hasta mi cama.
Me deja en ella y me deleito con el placer de verlo quitarse toda la ropa. Luego coge un condón y me hace señas para que me quite las bragas, que ya están empapadas por él.
Lo hago y lo miro coqueta. Se cierne sobre mí y busca mi boca para besarme. Luego me toca por todos lados, sobre todo entre las piernas, para prepararme para él.
—Eres jodidamente preciosa. —Mete un para de dedos dentro—. Esa cara… me vuelve loco.
Lame mi boca mientras sus dedos entran y salen de mí y su pulgar juega con mi clítoris resbaladizo. Se separa cuando estoy a punto y protesto. Me besa mientras su polla remplaza sus dedos y entra en mí. Empuja hasta el fondo y cuando está todo enterrado en mi interior apoya su frente en la mía.
—Hola —le digo. Sonríe.
—Hola.
Sale y entra y acompaso mi cuerpo a sus movimientos de pelvis.
Nos movemos juntos sin dejar de acariciarnos.
De tocarnos. De sentirnos juntos de nuevo.
Lo abrazo apretadamente, no queriendo perder esto.
Pero el orgasmo tiene otros planes y me recorre el cuerpo con fuerza.
Sedrik me sigue y luego esconde su cara en el hueco de mi cuello.
—¿Te quedas a dormir?
—Sí.
Sonrío feliz. Esta noche no pienso dormir. Quiero disfrutar de esto. Voy por el buen camino.
Sedrik
Llegamos a casa de su amiga. Nos esperaba en la puerta.
El viaje se me ha hecho muy corto, y la noche, más.
Apenas hemos dormido. Tampoco hemos salido de la cama.
Quería alargar el instante. Perderme en ella una y otra vez mientras busco las palabras para expresarle lo que siento por ella.
Pero ahora que se va no es el mejor momento.
Su amiga y ella se abrazan. Saco su maleta y me quedo mirando un local con aire antiguo que hay bajo la casa de Portia y está en venta.
—Nadie lo quiere porque se cae a pedazos —apunta Portia al seguir mi mirada tras saludarnos—. A mí me encanta. Tiene unas escayolas preciosas en el techo. Antes era una cafetería.
—Es bonito.
Pienso que puede ser el local que estoy buscando. Tiene ese algo que hace que quiera darle vida.
—A Sedrik le gustan los lugares que cuentan una historia —le dice Belisa—. Solo tienes que ver su casa. —Se sonroja, y Portia le da un codazo.
—Ya veo —dice, pero nos mira a los dos—. Voy subiendo esto. Nos vemos pronto, Sedrik. —Tiende unas llaves a Belisa, y esta las coge y me mira.
—Bueno…, ten cuidado al volver. —Mira mi boca y yo la suya. Si la beso no podré irme—. ¿Me vas a escribir?
—Cada día.
—Me gusta cómo suena eso.
De nuevo nos miramos con cientos de palabras que no nos atrevemos a decir. Tengo miedo de dejarla ir. De perderla. De que de golpe no me necesite. Me ahoga perderla. Y veo lo mismo en sus ojos. El miedo. Acaricio su mejilla y luego su boca.
Veo sus ojos llenos de lágrimas.
—Solo me marcho a una hora de aquí. —La beso en la mejilla.
—No es eso, es que —su respiración se agita— no necesito tiempo, Sedrik, te necesito a ti. Sí, estoy aterrada, pero quiero lanzarme contigo a todo. No necesito que te alejes para saber que te amo.
—Beli…
—¿Lo quieres todo conmigo? Prometo amar cada parte de ti mientras yo te muestro cada rincón de mi alma sin miedo.
Acaricio sus mejillas.
—Te amo, Belisa. Claro que lo quiero todo contigo. —La beso y luego la abrazo con fuerza—. Y ahora, no dejes de triunfar. Sé la mejor, yo estoy a tu lado a pesar de la distancia.
—Lo sé. —Se alza y me besa de nuevo—. Nos vemos pronto, ¿vale?
Asiento y la veo irse. Luego regresa y me besa de nuevo. Estoy aterrado, acojonado, pero pienso luchar por lo nuestro. Es hora de que rompa cada pared de mi cueva. Porque me da más miedo una vida sin ella que una vida a su lado luchando juntos.