No debí hacer match contigo Capítulo 50. Sedrik
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Capítulo 50. Sedrik

Sedrik

No hemos hablado del beso. No sabía qué decirle.

Que no dejo de pensar en ella, que quiero algo más, algo que me aterra.

Por eso me da miedo dar un paso en falso y perderla.

Cada vez confía más en mí. No hemos vuelto a mandarnos mensajes, pero en el trabajo pasa mucho tiempo en mi despacho, contándome sus ideas mientras yo me pierdo en ella. En su luz. Estoy loco por ella.

No sé cómo tenerlo todo sin perderla.

Otra vez la estoy cagando por mis putos miedos. No sé cómo romper con todos ellos. Cómo dejar de ser ese niño que miraba la vida pasar escondido en la cocina para no desentonar.

Miro a Belisa, que está alzando una ceja, divertida porque no me he enterado de nada.

—¿Me estás escuchando? —Ahora me está dando cifras de cómo va la campaña de salado en redes.

Ha tenido mucho éxito. Mucha gente pasa a última hora a comprar algo salado para calentarlo en su casa.

Belisa metió la sopa de sobre en el vídeo promocional.

La tiraba a la basura y luego salía Elio comiendo nuestra cena caliente y tras el primer bocado se imaginaba cómo la preparaba. Comida rápida, buena y casera.

El vídeo se hizo viral y eso nos dio un respiro. Es agotador que tu trabajo dependa de que tus vídeos se hagan virales. Premia más eso que el esfuerzo.

—A medias. —Sonríe y me deja la carpeta para irse—. ¿Sería raro si veo la serie solo? —Su mirada se entristece—. O podemos escribirnos luego.

—Deberíamos acabar la serie, sí, se quedó muy interesante.

—Te echo de menos —admito, temblando y nervioso como nunca—. Mucho.

—Yo también. Y me gustaría conocerte. Al de verdad. No al que se esconde tras cientos de excusas y miedos. Y sé que no eres perfecto, pero yo tampoco, por eso quiero saber quiénes somos juntos.

—El de verdad tiene miedo de no te guste la realidad.

—¿Por qué?

—Porque me costó mucho abrirme a tener una pareja. Tenía sexo y eso sin esperar nada, pero pareja… Joder, no, lo veía complicado con todos mis silencios.

—Y Salma fue la primera. —Asiento—. A mí me gusta cada parte que descubro de ti.

Y soy real, para bien o para mal no sé mentir.

No espero que me creas, pero sí que te quedes a mi lado mientras descubres la verdad por ti mismo.

—Eso quiero, joder, lo quiero todo con ella—. Y ahora vas a enseñarme a hacer cafés.

Vamos hasta la máquina de café y coge papel y boli.

Estamos solos. Todos se han ido salvo nosotros.

Hace más horas de las que debe, pero creo que es porque aquí se siente menos sola que en su casa.

Aunque sé que Elio se encarga de llevarla con él a su casa o a las de sus amigos. Se nota lo cómplices que son.

—Te toca enseñarme a hacer cafés, y de paso me cuentas cómo eras de niño y qué te gustaría cambiar. Yo te puedo decir también lo que me gustaría cambiar.

Miro el café y asiento. Le explico cómo se hace. Y prueba a hacerlo ella. No le sale bien a la primera, pero no ceja en su empeño.

—¿Cómo alguien como tú, que no se rinde hasta hacerlo perfecto, se conformó con un trabajo de mierda? Y con novios de mierda.

—Sí, lo pillo, y yo tampoco lo sé.

Alza la cabeza y nuestros ojos se entrelazan. Está preciosa. Quiero acariciar su mejilla, besarla…, sentirla otra vez cerca.

—Me daba miedo todo lo buena que podía llegar a ser.

—Es triste, pero sé lo que es eso—. Tenía tanto miedo de salir de ahí, de mi zona de confort, y fracasar, que no dije «hasta aquí» y empecé de cero.

Hubiera sido mejor regresar a mi casa que quedarme aquí y fracasar una vez tras otra.

O no tener novio. Simplemente vivir sin conformarme.

—Te entiendo. Cuando era pequeño, mi madre me decía que no hablara.

Que solo sonriera. Los niños de clase se metían conmigo.

A veces me acompañaban a casa y me imitaban, odiaba sus burlas.

—Tomo aire—. Fui a un especialista. Aprendí a hablar mejor, pero eso no cambia quién soy cuando todo se torna rojo por los nervios.

—¿Y ese niño qué hubiera hecho?

Se sube a la barra y coge uno de los cafés tras bajarse la falda. He visto su dichoso liguero tan sexi, de color blanco, que me vuelve loco. Sujeta unas medias de las gorditas, que no dejan casi pasar la luz.

—Ese niño solo quería hablar con los clientes, preguntarles qué tal estaban. Eran mi familia. Por eso creé este lugar. Porque para mí el café es familia, es hogar. Es casa.

Voy hasta ella y abre las piernas. Entro en el hueco aceptando su invitación y pongo las manos a ambos lados.

—Puedes hacerlo. Puedes hablar, puedes convertir esto en… hogar. —Coge la libreta y toma notas para su trabajo, luego sonríe.

Acaricio su pierna y contiene la respiración. Acerca su nariz a la mía y nos acariciamos con el recuerdo de cómo era perderse en el otro. Subo las caricias. Su mano se posa en mi cuello y me acaricia.

—Puedo ser quien yo quiera. Y nunca merecí que se burlaran de mí. Tú tampoco.

—Lo sé. Ahora lo sé.

Las caricias van a más. La deseo demasiado como para pensar con claridad. Nuestras bocas se juntan de nuevo sabiendo que esta vez nadie nos va a interrumpir. Nadie va a detenernos tras días ansiando esto, al menos.

Por sus jadeos y cómo se acerca, sé que no solo ha sido cosa mía. Nos acariciamos desesperados por sentir al otro.

Meto mi mano bajo su camiseta, toco sus pechos sobre el sujetador y jadea. Mira hacia fuera. Estamos medio a oscuras, pero la gente que pasa por la calle podría vernos. Aunque estamos tras la caja registradora y es imposible que nos vean del todo.

—¿Te importa que te vean? —le digo lamiendo su boca, puesto que un día dijo que quería sexo así.

—¿Te has cansado de vivir en la oscuridad? —me pregunta pasando la mano por mi torso tras meterla bajo mi camisa.

—Sí.

Tiro de su sujetador sin que se vea nada, pero pudiendo coger sus pezones con mis dedos.

—Dime que pare —le digo metiendo la mano dentro de su falda.

—No puedo. —Acaricio la tela de sus bragas y noto que está muy mojada. Mira hacia fuera. A la gente pasar. A toda esa gente que tal vez nunca nos vea de verdad.

Paso los dedos por su sexo y jadea. La excita jugar con fuego. Y a mí también. Sé mejor que nadie cómo esconderme y empiezo a pensar que no todo fue tan malo. Que a veces está bien vivir entre las sombras.

Vuelvo a besarla mientras aparto la tela de su ropa interior y meto los dedos dentro, tocando su suave y mojado sexo. Me encanta pasar los dedos por sus pliegues y disfrutar de su cremosidad.

—Estás chorreando. —Jadea cuando le meto los dedos dentro—. Tres eran. —Se ríe y los meto y saco mientras algunas personas miran hacia dentro.

Meto los dedos tan hondo como puedo, sintiendo su sexo latir en torno a ellos. Estoy perdido en ella. En lo que siento cuando la toco. Cuando la tengo así para mí.

—Nunca veré este lugar de la misma manera. —Muerde mi boca más fuerte—. Te necesito dentro.

—¿Aquí?

Miramos hacia fuera y asiente. La bajo y busco un condón en mi cartera. La giro y la pongo con los pechos apoyados sobre la barra. Levanto su falda y me deleito con su trasero apenas cubierto por su sexi tanga y ese liguero tan sexi. Fuego y color. Me encanta.

Libero mi polla y me pongo el condón. Una voz en mi interior me dice que esto solo complicará todo. La ignoro. Por un momento quiero ser egoísta y vivir.

Paso mi pene por su abertura y veo como se estremece.

—¿Te pone hacer esto sin que nos vean?

—Me pone saber todo lo que se pierde la gente por no mirar más a fondo. —Me río.

Mojo mi glande con su sexo. Y luego lo meto poco a poco.

Pongo una mano en su cintura y otra bajo su camiseta.

La acerco más a mí, notando como su sexo late en torno a mi polla.

Está muy estrecha y muy caliente. Gruño.

Jadea y acerca más su culo a mí mientras tiro de sus tetas.

Cuando entro del todo nos quedamos quietos y jadeantes.

Alguien mira hacia dentro y su sexo se contrae, excitado.

El viandante no ve nada y se marcha. Aparto el pelo de su cuello y le dejo besos por él mientras entro y salgo de ella, disfrutando de tenerla de nuevo así para mí.

Salgo del todo y me meto hasta el fondo.

—Me encanta —dice jadeante.

—Tócate. —Lleva su mano a su sexo y se da placer mientras entro y salgo de ella.

Sus gemidos me vuelven loco y sé cuándo está cerca. Por eso pongo mi mano sobre la suya en su sexo y la ayudo a masturbarse mientras tiro de sus pezones. Se corre con fuerza y la sigo.

No dejo que se aleje mientras recuperamos la respiración.

—No pienso hacerme la tonta tras esto. Me encanta el sexo contigo, aunque más me gustaría recuperar al amigo.

No quiero ser su amigo. Lo quiero todo. Por eso me alejo tras arreglarme la ropa. Voy a mi despacho, y ella hace lo mismo y va al suyo. Necesito un momento a solas.

Cuando nos volvemos a ver estoy recogiendo y limpiando todo.

—Te acompaño a tu casa.

Asiente y, tras dejar todo recogido, vamos hasta su casa. La miro de reojo. Sonrojada y preciosa. Estoy aterrado, tengo miedo. No sé cómo decirle todo lo que siento. No sé si ella está lista para escucharme, o si yo lo estoy para saltar ahora.

* * *

Belisa entra en mi despacho. Está tensa, y no sé si es por lo de ayer o por otra cosa. Se muerde la boca y luego se sonroja. Mi mirada va a esa boca que me atormenta. La deseo tanto que duele.

—Hay algo que quiero decirte. —Dudo y veo tristeza en sus ojos—.

Me han admitido en un curso a una hora de aquí.

Cuando me dijiste que podía hacer cursos en mi tiempo libre, me vine arriba y mandé solicitudes a varios.

Este es de publicidad e IA, pero haciendo las cosas bien, aprendiendo de ella y usando sus ideas para crecer.

Al fin y al cabo, la IA no se va a ir, solo va a mejorar.

Y me gustaría hacerlo. Me quedaría en casa de Portia.

¿Te importa si teletrabajo durante ese tiempo?

Se va, se marcha. No quiero que se vaya, pero es por su bien, así que sonrío y asiento.

—No me importa, voy a seguir aquí cuando regreses. —Sonríe más aliviada—. ¿Cuándo te vas?

—En una semana. Ahorrarás en café conmigo. —Sonríe, pero la sonrisa no llega a sus ojos.

—Todo va a ir bien.

—Sí. Lo sé. Será lo mejor para mi puesto. Y me hace ilusión. Pero te voy a echar de menos. ¿Y si es una pérdida de tiempo?

Veo las dudas y el miedo. Su inseguridad. Aunque ella sepa que es increíble, cuando te han herido tan hondo, de vez en cuando dudas. Hay que vivir con eso. Y es una mierda. Lo sé de primera mano.

Me levanto y la abrazo. Se deja abrazar. La estrecho con fuerza.

—Va a ir genial y no me vas a perder…

—Estoy enamorada de ti —admite con los ojos cargados de miedos, y los latidos de mi corazón se disparan—.

Por eso quiero hacerlo bien, y tengo que quererme tanto y tan bien que te quiera a ti de la misma forma.

Y, bueno, no sé qué sientes por mí, pero no quiero ser tu amiga.

No solo eso, si existe una oportunidad de ser algo más.

La miro asimilando todo. Noto como algo cálido explota en mi pecho.

—Beli…

—Te perdoné hace tiempo. En realidad te entiendo. Lo que te hizo Salma es horrible, por eso tienes que romper con todo y yo tengo que creer en mí y ser la mejor en mi trabajo. —Se muerde la boca—. Ahora puedes rechazar a esta idiota…

—No pienso rechazarte, joder, yo también estoy enamorado de ti. Tal vez desde que te vi por primera vez y supe que eras esa chica de chat que me volvía loco. —Acaricio su mejilla—. Estoy orgulloso de ti, y yo también tengo que salir de esta cueva.

—Sí, es muy fea —me pica. Acerca su nariz a la mía y me acaricia—. No quiero estar lejos de ti. Pero no quiero que mi miedo a perderte me haga desaprovechar esta oportunidad.

—Sé lo que es eso. No quiero soltarte. —Se ríe.

—Somos amigos. De momento. Pero cuando nos volvamos a ver, lo querré todo de ti.

—Seremos los mejores amigos.

La dejo ir, aunque me cuesta. Aunque me duela, y me aterre que el tiempo nos separe. No hago nada, pero no porque no quiera. No porque no la quiera, sino porque dejar que se vaya es mi forma de decirle «te amo», y sé que nuestra historia solo está empezando.

Por la tarde le preparo algo para cenar y se lo da Lavi, porque yo tengo reuniones. Me manda una foto con la cena lista cuando acabo de llegar a mi casa. Y luego otra de ella disfrutándola.

Belisa: Delicioso. ¿Vemos la serie juntos? Te echo de menos en mi móvil. Y quiero que me cuentes todo de ti. Hasta lo más tonto. Yo pienso hacerlo. No me gusta callarme. Ya lo sabes. Pero me quieres así…

Sedrik: Sí, te quiero así de loca y alegre. Me preparo algo de cenar y soy todo tuyo.

Belisa: Me gusta cómo suena eso.

Sedrik: Ya sabes que lo soy. Y ahora, vamos a ver la serie, que me distraes.

Belisa: Me debes una foto, yo te he mandado dos.

Me hago una foto apoyado en el sofá, como estoy.

Sedrik: Sería una foto mejor contigo aquí.

Belisa: Lo sería, sí.

Me llama y la veo en la pantalla. Al poco, como siempre, se queda dormida abrazada a un cojín en forma de peluche. Vamos por el buen camino. Ella sigue aquí y yo a su lado. Le mando un mensaje con unas alas:

Sedrik: Son para mi soñadora. Para que vueles alto mientras yo te miro llegar tan lejos como sueñes.

Después mando otro mensaje a mi abogado. Tengo que tomar decisiones y romper con mi pasado. Romper con Salma para siempre, pero antes quiero tenerlo todo bien atado para que ella no pueda sacar nada más de mí.

Se acabó.