No debí hacer match contigo Capítulo 49. Sedrik #2
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Capítulo 49. Sedrik #2

—Ella no sabía hacer nada, lo raro es que la hayáis mantenido tanto tiempo.

Hasta los clientes han dicho que hemos mejorado con el cambio.

Y que se notaba mucho que usaba IA. —¡Y una mierda!

¡Ahora sí usan IA! Cosa que no me importa, cada cual que haga lo que quiera, pero si yo no la uso, que no me pongan esa etiqueta.

Las dudas, los miedos, los prejuicios acuden a mi cabeza y miro lo que estoy haciendo sintiéndome inútil.

Dejando que gente que nunca me vio me haga pequeña.

Miro la pantalla sin querer hacerles caso.

Por suerte, solo hablan de un nuevo cliente muy importante que gracias a su trabajo han conseguido atrapar.

Yo le hice un sinfín de proyectos y nunca quiso trabajar con nosotros.

Y cuando les dije a los clientes que me iba, ni uno solo me propuso seguirme. ¿Y si tienen razón?

Me suena el móvil; lo miro, es un mensaje de Sedrik:

Sedrik: Deja de hacerte pequeña. No sé qué mierda están diciendo, pero te miran de reojo.

Están ahí para hacerte daño y tú se lo estás permitiendo.

Alza la cabeza y no dejes que nadie te pisotee.

¿No hay que salir de la oscuridad y esas cosas?

Puedes decirles que se metan la IA por el culo, como hiciste con Defin.

Me lo contó Lavi, me hubiera gustado verlo.

Miro hacia la barra de la cocina y lo veo mirar enfadado a esas mujeres que seguramente han hecho todo esto para destrozarme.

Y yo se lo he permitido. A pesar de saber lo buena que soy, he dejado que me hagan daño, ella y todas las personas antes que ella.

Personas infelices que se crecen jodiendo a los demás.

Alguien feliz no va destrozando la vida de nadie.

Los comentarios malos te destruyen por dentro con balas cargadas de fuego y cuesta mucho revivir tras el ataque.

Hace poco leí que los comentarios malos se quedan anclados en tu mente por el sesgo de negatividad.

El cerebro usa lo malo para sobrevivir, grabando las experiencias negativas con más fuerza que las positivas.

Al final, el miedo solo es una forma de protegernos.

Y no es que no existan las cosas buenas, sino que nuestra mente las borra con más facilidad, porque no las ve peligrosas.

Pero sí recuerda cada cosa que nos hizo sufrir, para no repetirla. O para tener cuidado.

Una mierda, vamos.

Tomo aire y me levanto. Me miran y se hacen las sorprendidas.

—Enhorabuena —les digo—. Conseguir superaros en idiotez no tiene precio.

¿Ahora vuestra empresa también os paga por ser grandes actrices?

Espero que sí, por un momento casi me creí vuestra actuación.

—Me miran rojas de ira—. Gracias por recordarme por qué estoy mejor lejos de personas como vosotras.

—Recojo mis cosas para ir a mi despacho; estoy temblando y no quiero que lo vean—.

Y os aconsejo que miréis la nueva campaña de salado de este local.

Es espectacular y todo idea mía, no tengo que compartir el mérito con IA, como hacen otros que luego van de originales.

Me marcho a mi despacho. No han dicho nada, no pueden, esta gente solo es fuerte cuando te ven agachar la cabeza. En el momento en que les plantas cara, se quedan desarmados. Sedrik entra tras de mí y me mira orgulloso.

—Te voy a abrazar fuerte.

—Soy tuyo.

Ojalá lo fuera, pienso antes de abrazarlo con fuerza.

Meto la cabeza en el hueco de su cuello mientras lo abrazo y él a mí, hasta que nada de aire corre entre los dos.

Anda a tientas hasta la mesa y se apoya en ella para que me pueda acomodar mejor en su cuerpo.

Tomo aire y su perfume me atonta. No quiero perder esto.

No quiero perder esta sensación de estar donde debo estar mientras me calmo.

—Has estado muy bien. —Aparto la mirada un poco y me pierdo en sus ojos dorados.

No sé quién da el primer paso. O si simplemente dejamos de negar la atracción tan grande que existe entre los dos. Solo sé que su boca se amolda a la mía y nos besamos con desesperación, como si bebiéramos del otro tras una noche sin una sola gota de agua.

Acerco mi cuerpo al suyo necesitada de que su calor me traspase.

Mis manos vagan por su cuerpo y las suyas suben y bajan por mi espalda.

No puedo dejar de devorar su boca. Sobre todo cuando saco la lengua y la enreda con la suya.

Mi sexo da una sacudida ansiando quitarnos la ropa y sentir esa lengua en otras zonas íntimas.

—Lo siento. —Lavi toca a la puerta y doy un salto hacia atrás.

—Yo… voy a mi despacho. —Me dirijo a la puerta, pero Lavi me detiene.

—Este es tu despacho. —La diversión en su mirada me recuerda que nos ha pillado.

Sedrik se marcha a su despacho y antes de salir me acaricia el brazo con ternura. ¿Qué significa eso? ¿Gracias por el beso mañanero? ¿U olvídate de mi boca? Seguramente haremos como si nada. Somos expertos en eso.

Y en esconder secretos, me recuerdo, y eso apaga mi fuego un poco.

Mejor que esto no vuelva a repetirse.

Pero quiero ver la forma de recuperar a mi amigo.