Capítulo 46. Belisa #2
—No sé qué está pasando —le dice Portia—, pero has usado a una buena amiga para tus fines. Eso no se hace.
—Por mi hermano haría lo que hiciera falta, y más por mi sobrino…, si es que ahora lo es. —Se lleva a los labios una de las botellas del minibar y la tira al suelo—. Es un soso…, estás mejor sin él. De nada, por cierto.
Se marcha y entre Portia y yo recogemos todo y dejamos el cuarto.
La bloqueamos del chat en el aeropuerto, tras cambiar los billetes.
Pienso si la verdad siempre estuvo ahí y no la quise ver, o si una vez más me conformé con las migajas.
Una amiga es quien está, no quien pone excusas para no estar nunca a tu lado.
Duele, respirar me duele.
Sedrik
No he podido dormir en toda la noche. Regresé a recoger el premio y lo hice como CEO de la empresa, como siempre. Un premio a mi empresa por el crecimiento y por ser una de las mejores cadenas de cafeterías del país. Hice fotos para las redes.
Belisa tiene razones para estar enfadada conmigo. Lo de mi prima no ha hecho más que echar más leña al fuego.
Escribo a Belisa tras darle vueltas:
Sedrik: Querías la verdad y esta es: abrí mi pequeña cafetería tras ahorrar trabajando duro en la universidad.
Lavi estuvo a mi lado desde el principio.
Necesitaba gente y mi primo, el hijo del gemelo de mi padre, me presentó a una chica, Salma.
Desde que la vi me prendé de ella. Pero ella tenía novio.
No supe quién era en ese entonces. Cuando Gunther hizo famosa la cafetería, y comprendí que debía abrir más, Salma rompió con su novio.
Empezó a apoyarme en todo, a estar cerca de mí, hasta que empezamos a salir.
Estaba tan liado con el trabajo y la expansión, que nunca vi nada raro en ella.
Hasta que, poco antes de casarnos, la vi con mi primo de la mano.
Como eran amigos, no vi nada raro hasta que ella se alzó para darle un beso y él dijo que tuviera cuidado, porque podía estropear todo el plan.
El de casarse conmigo y luego divorciarse, para así sacarme mucho dinero.
Todo era mentira, Belisa. Mi primo y mi novia me estaban usando.
Si tenía miedo de contar quién era, tras eso, más.
No quise decir que era el dueño para no conocer más gente como ellos.
Nela se puso de mi lado, o eso creía, porque visto lo visto no sé si solo quería tenerme cerca para poder informarlos a ellos.
El marido de Salma y ella son hermanos. Siento que todo esto te haya salpicado.
Pero nunca te pagaría menos de lo que mereces, ni te aparté porque no me importaras.
Es porque estoy muy jodido. Tal vez no sepa amar de nuevo.
Lo leo y se lo mando. Al poco veo que lo ha leído, pero no responde. Recojo mis cosas pensando que tal vez sea mejor así; el problema es que Belisa me gusta de verdad. Tal vez por eso lo he hecho todo tan mal. Hacerme su amigo virtual, y luego esto.
Tocan a la puerta y espero que sea ella, pero no, es mi prima. Entra y se sienta en la cama. No sé como tiene el morro de venir a mi cuarto.
—¿Por qué has hecho esto?
—Mi sobrino no tiene la culpa de nada. Y el otro día mi hermano me contó que habías exigido una prueba de paternidad.
—Eso es mentira. —Alza la cabeza—. Salma me juró hace años que era hijo de él, y ahora es ella la que me ha obligado a través de sus abogados a hacerme esa prueba, por si existe una posibilidad de que esté equivocada y sea mío. Para así vivir de mí… ¿Acaso no sabes cómo me chantajean?
—Mi hermano está destrozado, y mi madre, más. Y no, no me creo que hagan eso. Mi hermano es un buen hombre y mi cuñada te dejó porque seguía amándolo. ¡Supéralo!
—Claro, todo es mi culpa. El tonto que no supera a su ex…Vete, Nela. No quiero saber más de vosotros.
Y es algo que debí hacer hace años. Romper los lazos.
Romper con todo lo que me hacía daño. Pero me dije que el hermano de mi padre no tenía culpa, que mi prima tampoco.
Por eso, cuando me pidió venir a este viaje con sus amigas y acompañarme, le dije que sí, sin saber que una de esas amigas era Belisa.
Y de nuevo tenía la verdad ante mí y no la vi.
Recojo mis cosas y regreso hecho una mierda. Al llegar a casa, el poco tiempo que viví aquí con Belisa me estalla en la cara. La recuerdo en cada parte de mi casa. En mi cama. En el sofá, con sus piernas sobre mí.
¿Eso no era real?
No lo sé. Tal vez estoy destinado a cometer los mismos errores una y otra vez.
Quería que ella fuera diferente, pero ayer me di cuenta de que, independientemente de que ella me mirara de otra forma por mi dinero, me había idealizado.
Y es lo mismo que yo hice con Salma. Para mí, ella era perfecta en todo y daba gracias por tenerla, por eso no vi sus defectos.
Porque que alguien así se fijara en mí me hacía solo sentirme afortunado, y no me paraba a pensar que ella también tenía suerte de tenerme a mí.
Salma me falló, mi primo también, y ahora mi prima. Pero yo lo único malo que hice fue tratarlos bien. No puedo pasarme toda la vida pidiendo perdón por los errores de otros. Y tal vez si hace años hubiera aceptado esto no la hubiera cagado tanto con Belisa.
Me llega un mensaje de Belisa tarde, como si llevara horas dándole vueltas:
Belisa: ¿Ibas a contarme la verdad?
Sedrik: Sí, pero siempre buscaba excusas.
Belisa: No puedo obligarte a que confíes en mí. Estamos jodidos, Sedrik. No, no eres perfecto. Yo tampoco. Pero me veo con tantas taras, que daba gracias por tenerte y por tus migajas, en vez de exigirte todo, porque yo me lo merezco todo.
Sedrik: Tienes razón. ¿En qué punto estamos?
Belisa: Tal vez al principio, cuando solo éramos dos extraños que no sabían si juntos podrían crear algo duradero.
Sedrik: Solo el tiempo lo dirá.
Belisa: Sí…, y odio lo que te hizo Salma. Siento que pasaras por algo así. No te lo merecías.
Sedrik: Gracias, y no, no me lo merecía.
Leo los mensajes y la veo a ella. No, no estamos al principio; al principio no era consciente de todas las capas que amaría de ella antes de llegar a su corazón.
Voy a darle espacio, pero no pienso perderla.
Tengo miedo, miedo de equivocarme de nuevo, pero por ella pienso arriesgarme hasta el final. Las máscaras han caído, y este soy yo.
Pienso recuperarla cueste lo que cueste.