Capítulo 46. Belisa
Belisa
Ayer llegamos tan cansadas del viaje que nos reunimos con Nela en el hotel y fuimos derechas a la cama. Portia y yo viajamos juntas. Le conté todo lo de Sedrik y tampoco entiende nada.
—A ver, no lo entiendo, pero estas cosas pasan. A mí me ha pasado liarme con un amigo y luego, si te he visto no me acuerdo.
—Ya, bueno, estas cosas pasan, pero no puedo dejar de pensar en él.
—Eso es lo malo de enamorarse de tu amigo.
Iba a negarlo pero no pude. No pude, joder, no pude porque me he enamorado sin darme cuenta de Sedrik y ser su amiga es una mierda, por cierto. Nela opinó lo mismo que Portia cuando le contamos todo. Ahora estamos en el spa de hotel, donde nos van a dar masajes y todo.
Luego comida, peluquería y maquillaje.
—Tu primo es mi nuevo héroe al que rezar —dice Portia cuando nos dan un masaje.
—Sí, bueno, ahora está liado con una chica —nos dice mientras nos peinan—. Pero yo creo que no la quiere. Porque si la quisiera, daría todo por ella. Entre nosotras, creo que sigue enamorado de su ex, pero es una historia complicada.
—Pues vaya —dice Portia—. ¿No crees que sienta nada por esa chica?
—Yo es que lo vi con su ex, se iban a casar. Tenían la casa comprada, todo preparado para la boda…, y de pronto todo se torció. No sé muy bien la historia, pero él se encerró en sí mismo y no ha tenido nada con nadie en años. Y ahora está con esta chica, pero yo lo conozco. Si la amara, lo sabría.
—Las ex que por saco dan —añado yo pensando en Salma.
—Yo, si te soy sincera, Belisa —Nela, de golpe, parece tener mil consejos que dar y sabe de todo—, creo que si ese hombre te quisiera, estaría contigo. Mi marido, en cuanto me conoció, no me dejó escapar. Yo creo que solo le dabas morbo.
Su forma de decirlo me parece fría. No es la de una amiga que te quiere. Es la de alguien que quiere… ¿joderte? Imposible, lo estoy imaginando todo. El problema es que cuando miro a Nela es como si no la reconociera. Algo se ha enfriado entre nosotras.
—Puede ser…, pero es mi amigo. —Molesta, miro al espejo.
—Si a un hombre le interesas, busca la forma de tenerte, no las excusas para dejarte escapar.
Como si no lo supieras ya, por todos los ex que llevas a tus espaldas.
—Su forma de decirlo me incomoda de nuevo; está siendo un poco zorra.
A Portia también le molesta, porque cambia de tema y me da la mano para darme ánimo.
Subimos a la habitación con el tiempo justo de vestirnos. Mi vestido es rosa, con topos de corazón negros en la falda corta. Es elegante, pero con mi toque. Lo ha elegido Portia. Me conoce bien.
Miro la lista de premios y reconozco a RHC.
—Anda, es mi cafetería.
—¿En serio? —Nela me mira de una forma rara y no, no parece sorprendida—. ¿Vas a trabajar para RHC? —Asiento—. Qué casualidad, mi primo es el dueño, pero no podéis decir nada a nadie. Es el dueño de todo, y el hombre que está conociendo a una chica.
—¿Y de verdad no sabías que era la misma empresa? —indaga Portia cabreada—. Porque ella sí lo ha dicho.
—Vamos, no seas tonta, yo no leo todas las sandeces que decís, como si no tuviera nada mejor que hacer que escuchar cientos de audios sin sentido. —Se ríe como si fuera gracioso, pero a mí todo esto no me hace gracia.
De golpe me duele el estómago por la tensión; es como si viera a Nela por primera vez.
—Y si es un secreto, ¿por qué nos lo cuentas? —pregunta Portia.
—Sois mis amigas, y las amigas guardan secretos, ¿verdad? En eso sois expertas, a ver si os creéis que no sé que habláis entre vosotras sin incluirme.
—Porque nunca estás. —Miro a Nela: parece otra, o tal vez siempre ha sido así.
Algo no me gusta de todo esto. Parece una zorra.
—Bueno, pues hoy vas a conocer al dueño. Medio Nueva York se muere por saber de él. Y ahora sabrás quién es el que te va a pagar el sueldo.
Portia me mira y sé lo que piensa: no le gusta esto un pelo.
—Ahí está. —Nela le hace señas—. Hola, querido. Llegas justo a tiempo. Mi amiga va a trabajar para ti. Pero te guardará el secreto de que te haces pasar por su CEO.
—¿Qué estás diciendo, Nela? —Esa voz. Me giro y me quedo de piedra, y no solo yo.
Sedrik, joder, Sedrik es el dueño de RHC.
¿Nela es su prima? Portia abre los ojos y me golpea en el brazo. Yo estoy atando cabos como una loca. Si es su primo, es mi… ¡ M I JEFE ! Mi jefe, no el CEO de la empresa. Sedrik parece fuera de sí.
Y, por la mirada de Nela, intuyo que lo sabía todo y quería hacerme daño… ¿Por qué?
—Lo saben —le dice a su primo—. Te diría que lo siento, pero ahora que le vas a quitar a mi hermano el derecho de ser padre, no puedo seguir de tu lado. Que te aproveche la cena.
¿Qué?
—Eso es cosa de Salma —le dice Sedrik enfadado.
—Ya, claro. Buenas noches, Sedrik, que te aproveche el premio.
Nela se marcha dejando claro que este era su plan. Siento que nos ha estado engañando hasta ahora. No entiendo nada. Tampoco a Sedrik y sus mentiras. Portia me da la mano, porque sabe que estoy a punto de colapsar.
—¿Podemos hablar? —me suplica Sedrik mientras las palabras de Nela me explotan en la cabeza. Ella sabía que yo era la chica de Sedrik y dijo todo eso para hacerme daño cuando supiera la verdad.
¿Por su hermano? Nunca creí que ella me hiciera algo así, y Sedrik… Sabía que tenía un secreto, y le dije que se tomara su tiempo. El problema era que este secreto lo alejaba de mí, o lo usaba para no admitir que, si le gustara de verdad, lucharía por mí. Nela tenía razón en eso.
—Creo que ya has tenido tiempo de hablar. Y la cena está a punto de empezar.
Sedrik va a tocarme, pero me alejo lo suficiente para no dejar que lo haga.
—No te preocupes, tu secreto está a salvo con nosotras —le digo—. Si alguien no quiere que se sepa la verdad de quién es, no lo diré, y más cuando me ha engañado como una idiota.
—Beli…
—No, no digas nada. Ahora no puedo procesar todo esto.
—Hay mucho que no sabes.
—Porque nunca has querido salir de esa cueva, Sedrik. Porque aún la amas.
—No digas eso ni en broma…
—Si no la amas, tal vez es que a mí nunca me quisiste como para intentarlo.
Me da igual si eres CEO, si eres Mocca, o Sedrik el barista…
, solo quería saber quién eres tú, pero ahora es tarde.
Porque tu prima tenía razón: cuando se ama se busca la forma de estar juntos, no las excusas para no estarlo nunca.
—Mi prima… Ahora mismo creo que es mejor que olvides todo lo que te ha dicho, porque está claro que quería esto. Hacerme daño.
—No está claro, Sedrik, porque nunca me contaste tu historia y ahora es tarde. Solo quiero estar sola. Lo siento, Portia, pero no quiero estar en la fiesta.
Tal vez solo quería jugar conmigo.
No puedo respirar.
Ha roto la confianza que había entre los dos y eso no se arregla, por mucho que pueda comprenderlo.
Es como si de golpe fuera otra persona, un extraño.
Lo miro. Parece triste. Aparto la mirada y me marcho, pero siento a Sedrik tras de mí.
—Belisa…
—No, vuelve al premio. Es tu premio. —Lo miro: está tenso—. No querías que supiera la verdad. ¡Que voy a trabajar para ti! ¡Que seguro me vas a pagar más de lo que merezco!
—Nunca te haría eso.
—De alguien que se tomó tatas molestias porque supiera quién era y la verdad de Mocca30 no esperaba esto.
—La gente cambia cuando saben la verdad. Y algunos me traicionan; acabas de ver a mi prima destrozándome —al decir eso veo mucho dolor en su mirada.
—No me has dado la oportunidad de saber si yo soy diferente. Y, aunque te entendiera, ahora no sé cómo confiar en ti. Porque no sé quién eres en verdad. Y a mí también me ha traicionado una de mis mejores amigas. Es demasiado que procesar. Para mí eras perfecto, y ahora…
—A veces me pregunto si me ves todas mis taras, o si me has idealizado.
Lo triste es que tiene razón, por eso agacho la mirada. Lo he idealizado y, por eso, que mi Sedrik idealizado me traicione duele mucho, porque en mi mundo perfecto el protagonista de mi historia de amor nunca le haría esto a la chica. Por ella lucharía.
—Cierto —admito—. Tal vez esta amistad estaba abocada al fracaso.
Escuchamos que mencionan su marca.
—Solo quería que no me miraras así, como si fuera algo más que yo.
Pero es lo de siempre. No ven solo al hombre.
Ahora, para ti, solo soy un hombre con dinero que no entiende tu mundo.
Olvidas que yo he estado ahí. Solo fue un golpe de suerte, Belisa, y ese golpe de suerte me trajo muchas desgracias.
No quería equivocarme contigo. Sí, no confío en ti, pero es porque me destrozaron, Belisa.
—Es que ese es el problema, no te has abierto a mí. Solo has buscado excusas para alejarme de ti, aun sabiendo que me hacías daño. Tal vez sea lo mejor, ahora que voy a trabajar para ti. Y siento mucho lo de tu prima.
«Pero creo que todo esto es una excusa porque Salma te sigue importando», pienso, aunque no se lo digo; ya duele todo demasiado sin ver la verdad en sus ojos.
Lo miro como si fuera alguien diferente. De golpe ya no lo reconozco. Es peor que cuando supe que era Mocca. Es peor, porque ahora lo amo.
No sé si lo he idealizado hasta el punto de no haber visto la verdad. Como él dice, lo imaginé tan perfecto que no esperaba que alguien así me pudiera romper el corazón por un engaño. Y él no ayudó, no contando casi nada de sí mismo. De todos esos miedos y dudas que veía en su mirada.
—Está claro que han caído las máscaras y la realidad se ha abierto paso, dejando claro que la vida a veces es una triste parodia de lo que deseamos que sea —le digo. Se aparta.
—Tú querías un amigo imaginario…, y es lo que has tenido al final —me responde.
—Porque la magia se rompe cuando la verdad asoma.
—Entonces no me juzgues por no contarte nada, porque esto es lo que no quería. Que me miraras como lo estás haciendo ahora.
Empieza a marcharse. Lo miro dolida. Ahora mismo no sé si quiero o no trabajar para él. Portia se me acerca. Subimos a la habitación y ahí está Nela.
—Cuanto antes supieras la verdad sobre él, mejor.