No debí hacer match contigo Capítulo 41. Belisa
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Capítulo 41. Belisa

Belisa

Miro a Defin pensando que se ha vuelto loco.

Lo que me faltaba para rematar mi día. Esta mañana, cuando desperté, Sedrik no estaba.

Pero su perfume seguía ahí. Me dejó en la cama dormida y se fue.

Lo que hicimos, lo mismo nos une como que nos separa más.

Ojalá lo que siento que me oculta no me doliera tanto.

Siento que lo usa como excusa para no apostar por lo nuestro.

Porque en el fondo la sigue amando, a Salma.

Esta mañana no lo vi, pero Elio me subió el desayuno de parte de él y luego, a la hora de la comida, Lavi me trajo algunos de esos platos salados que están probando para la nueva marca. Me dijo que era para la campaña, pero sé que es Sedrik cuidando de mí.

Disfruté de la comida hasta que Defin me dijo que había mejorado todas mis campañas con la IA. Antes eran especiales, ahora todas tienen ese toque de IA, tan bonito como falto de alma.

Y ahora, para rematar, me dice que quiere que me quede unos días más, cuando yo estoy deseando decirle que se meta la IA por el culo.

—Solo te estamos pidiendo una semana más. Te pagaremos el doble de lo que ganarías, pero así tenemos más tiempo para que venga alguien a sustituirte. Nos lo debes.

—Me voy a callar todo lo que me debéis vosotros…

—¿Qué son para ti solo cinco días? No seas cría, Belisa. La gente adulta no es como tú.

Voy a decir que no, pero solo son cinco días y tendré más dinero extra por si lo de RHC va mal. Por eso le digo que sí y luego busco el móvil para escribir a Sedrik. Dudo y digo que voy a por un café. Como quieren que no me arrepienta, me dejan irme. Cabrones.

No sé qué le diré a Sedrik cuando lo vea.

Aún no me puedo creer todo lo que hicimos ayer.

Sigo temblando por sus manos y su boca en mi cuerpo.

Y necesito más. Quiero todo de él. Todo, y cuando digo todo, es todo.

Y eso me asusta. Porque nunca he deseado tanto a alguien.

Lo he hablado todo con Portia; a Nela le dije lo justo.

Sus «luego me pongo al día» hace tiempo que son un nunca.

Portia me ha dicho que luche por él, pero que recuerde que cuanto más alto vuele, más dura será la caída. No sé cómo tomarme sus ánimos.

Entro a la cafetería escuchando los latidos erráticos de mi corazón.

Estoy sudando por los nervios. Veo a Sedrik de espaldas.

Hoy lleva una de esas camisas blancas arremangadas que tanto me ponen.

Como si notara que lo estoy mirando, se gira.

Y nuestras miradas se encuentran. Lo que hicimos me explota en la cara y noto como me sonrojo.

Voy hasta la barra, donde ponen los cafés. Se acerca. Tomo aire y su perfume se cuela en mis fosas nasales. Sonrío. Sonríe de medio lado. Ahora, a ver cómo me hago la tonta cuando lo que quiero es comerle la boca de nuevo.

—Quería que le pasaras un mensaje a tu jefe.

—Ah. —Parece serio de golpe.

—Me han propuesto quedarme una semana más. Y cobrar el doble esos días. Sabes que voy justa de dinero, y solo serán cinco días. ¿Puedes preguntar a tu jefe si le importa que me retrase?

Su mirada se oscurece y luego asiente.

—Luego te digo algo.

—Me puedes mandar un mensaje. —En cuanto lo digo me acaloro, recordando los mensajes del otro día.

Por su mirada, noto que él también.

—Vale. ¿Te pongo… —se queda cortado y toma aire— un mocca ?

—Perfecto. Tú lo haces delicioso. —Agranda los ojos, y tarde me doy cuenta de que ha podido sonar con dobles intenciones.

Sonríe y se gira para prepararme la bebida.

Vale, primer día haciéndonos los tontos superado.

Intento no mirarlo, no devorarlo con la mirada, pero fracaso.

Mi mirada va a ese pedazo de culo que le hacen los vaqueros.

Me imagino ese trasero bajo mis talones mientras entra y sale de mí con fuerza.

Joder…, estoy muy mal. Aprieto las piernas y cuando se gira estoy roja como un tomate.

Su mirada se pierde en mis mejillas y al darme el café me las arreglo para tocar su mano. Le dejo una leve caricia.

—No te olvides de la cita…

—No lo hago.

Separo la mano y me marcho. De camino hablo con Elio. Me cae bien y sé que mi amiga sigue hablando con él. Salgo y miro a través de la cristalera a Sedrik, que me sigue con la mirada, y eso acelera mis latidos.

Regreso al trabajo, me putean…, pero yo soy feliz. Tan feliz, que puedo soportar las gilipolleces de Defin un día más sin mandarlo a la mierda.

Sedrik

No debí dejarme llevar. No debí hacer nada.

Y mucho menos cuando le estoy mintiendo.

Pero fue verla tan deseable ahí sentada, recordar la conversación siendo Mocca, y no me puede contener, no pude evitar ir a su casa, aun sabiendo que sería raro no hacer nada.

La deseo tanto que duele, y ahora que sé a qué sabe dudo que me pueda saciar de ella.

De lo que siento. De su cuerpo y de sentirla entre mis brazos.

Dejarla en su cama sola e irme me costó la vida. Quería acostarme a su lado.

Al volver a mi casa estaba agitado y lo entendí como una señal para dejar todo como está. El problema, mentir a Belisa.

Le escribo para decirle que puede empezar una semana después de lo previsto y me responde que mil gracias. Luego me manda un dibujo de ella tomándose un café y pone: «Delicioso».

Joder, esa palabra va derecha a mi polla.

Y Belisa…, Belisa se derritió con mis peticiones. Con mis fetiches más oscuros. No sé cómo seguir a su lado sin mentirle, y sé que decirle la verdad a estas alturas lo jodería todo.

Es tarde y está todo ya cerrado cuando mi padre me llama.

—No necesitaba la cafetera. —Que salude así no es raro.

—De nada, papá.

—No la quiero, es demasiado moderna, me gusta la mía.

—La tuya lleva una semana rota y mamá se mata a hacer cafés con la italiana. No quieres que te cambie más cosas, vale, pero acepta al menos eso.

Se queda callado. Mi padre es un buen hombre, pero odia los cambios.

Cuando hice dinero, fui a su casa y les propuse hacer una reforma.

Tenía ideas, planos, todo bien redactado para que esa cafetería que había inspirado RHC mejorara.

Mi padre se negó, y mi madre intentó mediar sin éxito.

Al menos, me dejaron que les hiciera algunas reformas en la casa y les comprara colchones nuevos.

—Vale. Vale…, solo que… —Solo que quiere que todo siga como siempre, pero no es así.

Mi padre toma aire. Le cuesta hablar, como a mí. Pero él no quiso recibir ayuda. Yo sí. Otra cosa es lidiar con mi timidez. A veces me pregunto si soy tímido porque me costaba hablar, o al revés.

—Sé que los cambios asustan, papá —lo sé mejor que nadie—, pero mamá ya no tiene cuarenta años.

—Tiene cincuenta y pocos, no nos hagas más viejos de lo que somos. —Me paso la mano por el puente de la nariz tras quitarme las gafas—. Ven mañana y me enseñas a utilizar ese trasto.

—Ahí estaré a primera hora.

—Perfecto. Te dejo. Nos vemos mañana.

Dejo el móvil y recojo todo para irme. Ya en mi casa, Belisa me escribe:

Belisa: ¿Qué tal tu día? Yo cenando.

Sedrik: Mi día…, agitado. Mañana iré a ver a mis padres. Dime que no estás cenando sopa de sobre.

Me manda una foto de ella con la dichosa sopa de sobre. Su mirada es divertida, alegre. En esta foto solo sobra su mierda de sopa. Las voy a aborrecer, y eso que yo no me las tomo.

Belisa: Puedes venir y traer la cena…

Joder, me está invitando. Tomo aire. En el fondo, sé que cuando estemos solos no podré negarme a ella.

Sedrik: El viernes elegiré yo la cena en el sitio al que vamos, no me fío de tu criterio si puedes tomarte eso y seguir viva.

Belisa: Vale…, pero solo porque te pone cuidar de mí y darme de comer.

Joder. Escribo que es mejor no quedar, pero luego pulso su foto de nuevo. Soy débil ante esta mujer; cuando estoy a su lado me olvido por un momento de cómo decidí ser tras mi ex.

Me propone que veamos juntos nuestra serie y acepto tras cambiarme y prepararme la cena. Me dice que le mande una foto. Esto ya empieza a parecerse a lo del otro día. Se la mando.

Belisa: ¿Y ahora sin camiseta? Es broma…, o no. Nunca lo sabrás.

Joder. Quiero seguir el juego. Volver a seducirla por mensajes. Me hago el tonto y comento solo la serie, solo eso. Solo eso mientras disfruto de tenerla en mi vida.