Capítulo 40. Belisa
Belisa
Defin no para de mandarme cosas para exprimirme al máximo estos quince días. No esperaban que me fuera y me han ofrecido subirme el sueldo diez dólares al mes. Casi me he reído en su cara…, no, casi no, me reí en su cara y luego me mandaron más cosas.
Podría no hacer nada, pero ante todo soy una profesional y los clientes no tienen la culpa.
Además, en el nuevo contrato no tengo exclusividad, como en esta empresa, y si quiero puedo hacer trabajos extra para otras empresas en mis ratos libres.
Por eso quiero hacerlo bien, por si alguna quiere que siga haciendo algo para ellos y ganarme un extra.
Así que hago bien mi trabajo y me despido de los que me caen bien.
Me piden que no me vaya y les dejo caer que si me necesitan me escriban.
He pasado de ser invisible a que ahora la gente me valore.
Cuando ven que me pierden. Siempre es lo mismo.
No puedo parar hasta muy tarde y cuando salgo de trabajar la cafetería está cerrada.
Sedrik me ha preguntado cómo va todo y le he escrito para contarle el panorama.
Al llegar a casa, le escribo y me pregunta qué voy a cenar.
Hago una foto a mi sopa de sobre. Hacer como si nada es complicado cuando siento el cuerpo sensible por lo de ayer.
No he podido dejar de pensar en él. Lo deseo más que nunca y tenemos que seguir como si no hubiera pasado nada. No sé si podré cuando lo tenga delante.
Sedrik: Voy a aborrecerlas.
Belisa: Está caliente, y ahora mismo estoy tan cansada que no puedo hacerme nada más. ¿Tú qué vas a cenar? Vamos, manda foto y dame envidia.
Me manda una foto de su cena y le pido una de él. Pienso que no me la mandará, pero lo hace y me encanta mirarlo con la luz de la cocina.
Sedrik: Te toca.
Le mando foto con mi camisón y una sonrisa. Esto me recuerda lo de anoche y me está excitando. Tras la foto, pulso a la videollamada. Acepta la llamada y lo veo con gafas. Y eso lo hace parecer más sexi. Joder, me gusta ese aire hogareño. No decimos nada, solo nos miramos el uno al otro.
—¿Cenamos juntos? —pregunto mordiendo mi boca y devorándolo con la vista, recordando sus palabras excitantes de ayer.
—¿Para que mi cena te dé envidia? —dice al ver su comida en comparación con la mía.
—Bueno, estoy pensando en que el sábado cenaremos pizza juntos.
—Al final puedo el viernes, pero no iremos a cenar pizza en mi casa. Gunther me ha invitado a una inauguración. ¿Quieres venir conmigo?
—Será genial, tras otro día de mierda. —Lo miro, lo devoro más bien, y él a mí; su mirada me calienta y hace que no entienda qué lor retiene—. Al menos, hoy no te tengo que preguntar qué llevas puesto, ya lo veo.
Y me gusta mucho su ropa cómoda. Una camiseta blanca y un pantalón deportivo corto. Como ayer. Aprieto los muslos recordando cómo fue imaginarlo entre ellos.
Céntrate en la comida, me digo.
Dejo el móvil para poder cenar. Su comida tiene una pinta espectacular. Me mira, lo miro y gruñe. Y casi parece que puedo ver los engranajes de su cabeza. Sé cuándo claudica, porque su mirada cambia.
—Voy a tu casa y compartiremos mi cena, hice mucha para mí solo.
—No hace falta.
—La miras igual que me miras a mí cuando quieres que te devore la boca.
—Culpable de ambas cosas. —Sonríe y cuelga para venir a mi casa.
Vale. Todo controlado.
No tarda mucho y lleva ropa deportiva. Yo no me he cambiado y su mirada vaga por mis curvas. Soy muy consciente de que no llevo sujetador, y él también.
—Vamos a cenar —le digo nerviosa mientras entra en mi pequeño piso, que tal vez hace muchos años pareció nuevo.
Preparo todo para cenar juntos y nos sentamos muy cerca en el sofá. Lo miro de reojo mientras cena y él a mí. Estoy ardiendo y, como no haga algo pronto, creo que voy a suplicarle. Por suerte, al acabar aparta la cena y coge mi cara entre sus manos.
—Sabía que era un error venir tras lo de ayer. —Acaricia mi mejilla—. No puedo dejar de pensar en ti en tu cama, corriéndote para mí… ¿Si te beso tal vez haga algo más que mirar?
—¡Lo estoy deseando!
Su boca se amolda a la mía y perdemos el poco control que teníamos. Siento sus manos en todas partes y las mías suben y bajan desde sus brazos hasta su torso duro como un piedra.
No estoy lo suficientemente cerca y por eso me subo a su regazo y lo beso mejor.
Jadeo cuando siento como la dureza de su cuerpo contrasta con mis cremosas curvas. Acerco más mi cuerpo al suyo y lo dejo abierto a él. Enredo mis manos en su pelo y tiro de él mientras su lengua se adentra en mi boca.
Noto los pezones duros y los pechos pesados. Mi sexo vibra y se agita. Tiro de su labio inferior con mis dientes y lo muerdo, luego lo chupo. Sus ojos dorados parecen más intensos que nunca.
Mete la mano bajo mi camisón y la sube hasta el bajo de mis pechos, acariciando mi piel desnuda.
—Puedo… detenerme. —Lame mi boca.
—No quiero que lo hagas. —Se ríe y sube la mano hasta mi seno.
Me remuevo notando que cada vez su polla presiona más contra su pantalón. Tira de mis pezones. Contoneo mi cuerpo. Me froto como una gata en celo contra él. Lame la curva de mi cuello y luego me muerde levemente.
Quiero quitarme la ropa, que se la quite él…, pero entonces se detiene y apoya su frente en la mía, jadeante.
—¿Dónde quieres mi boca?
—En todas partes. —Contoneo mi cuerpo contra su dureza, la siento potente y grande. Jadeo.
—Eres preciosa. —Tiro de mi camisón y me quedo solo con unas bragas blancas. Por su mirada sé que le gustan—. Joder, Beli…
—No te contengas. No esta noche.
—¿Estás muy necesitada? —Pasa los dedos por mi sexo.
—De ti, siempre. —Gruñe y aparta la tela para ver mi sexo mojado. Me mira con hambre, con la misma con que yo devoro su cuerpo—. Llevo muchas semanas soñando con tu boca por todas partes.
—¿La quieres aquí? —Pasa los dedos por mi sexo.
—Sí.
—Dilo. —Tiemblo, y más cuando empieza a tirar de mi ropa interior.
—Cómeme el coño, Sedrik. —Lo miro sabiendo que solo a su lado me permito ser tan valiente.
—Será un placer que seas mi postre.
Me deja sobre el sofá y se pone a mis pies. Luego se quita la camiseta. Y solo me mira, sus ojos dorados vagan por mi cuerpo.
—Te imaginé así muchas veces —dice abriendo mis piernas y pasando sus dedos por mi sexo mojado. Lugo tira de mis bragas y me deja desnuda para él—. Abierta y lista para mi placer.
Por cómo lo dice, mi sexo da una sacudida.
Su mirada es hambrienta y me mira como si disfrutara del espectáculo. No es la primera vez que tengo a un hombre a mis pies, pero sí la primera que siento que quiere estar ahí, que no lo hace esperando algo de mí o por compromiso.
Me hace sentir deseada y sexi.
Lo veo acercar la cabeza y contengo la respiración mientras su aliento es lo primero que me acaricia antes de sentir su lengua lamerme de arriba abajo. Doy un respingo por la impresión y presiono mi pelvis hacia su boca. Joder, esto es… increíble.
Llevo mi mano a su pelo para tirar de él mientras su boca repite y me lame de arriba abajo. Sube una mano a mis pezones y tira de mis duros botones mientras encuentra un punto al lado del clítoris y lo lame.
—Sedrik…, eso es…, sí…, joder.
Me mira desde mi sexo con una sonrisa satisfecha. Luego veo su lengua trazar círculos obre mi clítoris.
—Me encanta tu sabor. ¿Es mejor de lo que imaginaste anoche?
—Mucho mejor. —Gruñe y luego me toca, esparciendo mi humedad.
Se nota que le gusta y eso hace que me abra más. Gruñe y mete un par de dedos dentro mientras lame mi sexo. Estoy fuera de mí. Sobre todo cuando añade un tercer dedo y los gira de forma que toca un punto mágico que desconocía dentro de mí.
Madre mía, este hombre sí sabe cómo dar placer a una mujer.
—Sedrik…
—Puedes aguantar un poco más. —Saca los dedos y lleva la lengua a mi abertura. Entonces la mete todo lo que puede y me devora.
—Madre mía…, esto es… —Estoy fuera de mí. Me froto contra su cara notando su barba incipiente acariciar mis carnes más sensibles.
Su dedo va hasta mi botón y lo frota mientras no me da tregua. Gimoteo y jadeo como una loca mientras me lleva al límite una y otra vez.
—Córrete en mi boca.
Estaba esperando eso, que me diera permiso, y por su mirada lo sabe. Me devora mientras mi cuerpo se deja ir y me da el mejor orgasmo de mi vida. Este me recorre de los pies a la cabeza. No deja de lamerme hasta que los últimos coletazos abandonan mi cuerpo. Al acabar no puedo moverme.
—Preciosa. —Se sienta a mi lado y me atrae a su pecho; luego me besa.
Poco a poco me recupero, notando mi sabor en sus labios. Su polla dura se frota contra mi trasero. Me muevo para sacarla del pantalón.
—No hace falta…
Aparto su mano y disfruto ante el espectáculo de Sedrik medio desnudo ante mí.
Se me hace la boca agua ante su miembro grueso y erecto.
Lo quiero en mi boca. Y por eso no pido permiso.
Solo me pongo de rodillas, acerco mi lengua a esa gota de placer que brilla en su punta y la lamo sin dejar de mirarlo.
—¡Joder! Esto es demasiado.
—Me encanta tenerte desarmado en mi sofá.
Lo lamo de arriba abajo. Esto no es algo que me haya encantado hacer, pero con Sedrik es diferente.
Sentirlo en mi boca hace que mi sexo se moje de nuevo.
Me lo meto todo lo que puedo y trago cuando siento que me golpea la campanilla.
Maldice mientras subo y bajo usando la mano para que le dé más placer.
Cuando lo succiono tira de mi pelo.
—Quieres matarme. —Sonrío sintiéndome poderosa y lo repito una y otra vez—. Si sigues, voy a correrme.
Lo lamo y luego me lo meto entero de nuevo en la boca.
Tira de mi pelo y mueve mi cabeza. Me ordena cómo hacerlo.
—Más rápido. —Lo hago viendo a este hombre sexi y medio desnudo en mi sofá.
Acaricia mi mejilla cuando sus ojos acarician los míos.
No dejo de moverme hasta que se corre dentro de mí. Me lo trago todo y, cuando me atrae a él, nos besamos con furia. Lleva su mano a mi sexo sabiendo que hacer esto me ha excitado mucho y me acaricia hasta que me corro sin dejar de besarnos.
Al acabar estoy agotada.
No puedo moverme.
—No me dejes sola ahora —le suplico en un momento de debilidad. No quiero que se marche como si esto solo hubiera sido sexo.
—No voy a hacerlo hasta que te duermas. —Besa mi cuello—. Descansa, preciosa. Estoy contigo.
Me aferro a él, a sus brazos, al calor que desprende su cuerpo. A la sensación de estar donde debo estar. No sé qué pasará mañana, pero hoy sé que con él lo quiero todo.