Capítulo 34. Belisa
Belisa
Defin está más idiota que nunca. A este paso le dan el premio de idiota del año.
Se pavonea como si fuera el jefe. No lo soporto.
No sé como dejé que semejante idiota se me acercara tanto como para provocarme dolor de cabeza, más que orgasmos.
Viéndolo en perspectiva tras el tiempo que ha pasado desde que estuve con él, creo que me conformé y lo idealicé pensando que algo era mejor que nada. Cuando con él la nada es siempre mejor.
A la quinta mirada de superioridad recojo mis cosas para irme. Le digo que si quiere algo me busque abajo, que, literalmente, me está poniendo nerviosa.
—La campaña es importante.
—Se notaría si trabajaras —le digo antes de entrar en el ascensor.
Entro en la cafetería. No está Sedrik, es por la tarde. Esta mañana tenía una reunión y al parecer no ha vuelto. Lavi me saluda y le dice a uno de los nuevos que me atienda.
Hablé con Portia esta mañana de lo que pasó en casa de Sedrik, en cómo se retuvo para no quitarme la ropa.
Portia piensa, como yo, que es raro. Ayer su beso fue fuego.
Ardí en sus brazos, me devoró y, cuando me tocó y me corrí con sus dedos, fue el mejor orgasmo de mi vida.
Pero algo en sus ojos dorados me hizo sentir que no quería estar ahí.
Que algo no va bien. Y a pesar de eso aquí estoy, en la cafetería, tal vez porque soporto aún menos a Defin y sus miradas de superioridad.
Me atiende uno de los nuevos, el que se llama Elio.
Esta mañana me subió un café con algo de comer y me dijo que era de parte de Sedrik.
Luego se presentó y me contó que su cafetería se había inundado y que ahora iban a trabajar aquí.
Es majo, pero no es mi tipo. No, al menos, ahora que solo tengo ojos para un hombre, Sedrik.
Eso no quita que hablemos y le cuente lo que hago.
Estamos hablando de mi última campaña cuando la puerta se abre y entra Sedrik con el pelo ligeramente salpicado de la lluvia fina que está cayendo.
Nuestras miradas se cruzan. Le digo hola con la mano y me responde con un gesto de cabeza.
Luego se marcha hacia la zona de despachos con Lavi.
Por lo que sé, los dos son encargados y están viendo cómo se desenvuelven en este lugar. Eso me lo ha dicho Elio.
¿Se irá? Este lugar no sería lo mismo si no puedo verlo cada día.
Yo no sería la misma si no pudiera verlo a menudo.
Lavi regresa y le dice a Elio que se ponga a trabajar.
Veo a la gente pasar mientras intento dar un mejor enfoque a la campaña y redacto un informe.
Alguien deja algo sobre mi mesa. Por cómo reacciona mi cuerpo sé que se trata de Sedrik.
Lo miro. Lleva el delantal negro y un jersey gris fino arremangado que se funde con su cuerpo. Y qué cuerpo.
—A ver qué te parece.
Miro el hojaldre salado. Tiene una pinta increíble.
—Solo con saber que me ahorro otra noche de cenar ya me encantará.
—Sonríe. Miro y me doy cuenta de que no queda nadie—.
Mierda, ¿qué hora es? —Veo que tengo que entregar el informe en diez minutos—.
Joder… ¿Me lo puedes poner para llevar? Tengo que subir a imprimir unas cosas y dejarlas en el despacho de mi jefe.
—Sube, te espero aquí. —Asiento y recojo mis cosas antes de salir corriendo.
Subo a mi trabajo. Imprimo todo. Lo dejo sobre la mesa de Defin y le mando una foto para que vea que lo tiene listo para revisarlo a primera hora. Se lo mandaría al correo, pero le gusta el papel. Me dice ok y fin. Por hoy he terminado con el trabajo de los dos.
Lo peor es que mi jefe lo sabe y no hace nada. Solo le ríe las gracias mientras me explota.
Al acabar entro en la cafetería, que tiene la reja medio echada, y busco a Sedrik. Lo encuentro en la cocina. Al verme me dice que espere. Sale a cerrar más la reja para que no entre nadie.
—Quiero que pruebes algo nuevo antes de que te vayas.
—Vale.
Colocamos todo en una mesa al fondo. Hay muchas cosas saladas. De esas que te salvan la cena cuando vas con prisas. Lo partimos todo por la mitad.
—Todo se puede calentar en microondas o freidoras de aire.
—Me encanta esta nueva idea. ¿Ha sido tuya? Como CEO y eso. —Asiente—. El traje de CEO te sienta muy bien, pero así… estás bien. —Bien, no, está mejor que bien, con esos vaqueros que le resaltan el culazo que tiene y la camiseta negra que marca su trabajada tableta.
—Bien. —Sonríe y me pierdo en el brillo de sus ojos dorados.
—Mejor dejarlo ahí, para que no se te suba a la cabeza y me rechaces de nuevo. —Me arrepiento en cuanto veo el dolor en sus ojos y aparto la mirada, porque no sé cómo tomarme que me desee y sin embargo me aleje—. Vamos a probar esto antes de que se enfríe
—Sí, mejor —me dice.
Empiezo probando un hojaldre con salmón y me relamo. Al mirarlo sigue los movimientos de mi lengua y de golpe siento mucho, mucho calor. Se da cuenta y se pone a comer.
—Le doy un diez a todo.
—Lo he notado.
—Casi he tenido un orgasmo gastronómico. —Los dos recordamos el que tuve ayer y ahí veo sus ganas, pero algo más que me retrae y hace que no haga nada por miedo al rechazo.
—No te escondas conmigo, Beli. Me gusta cómo eres.
—No sé si puedo decirlo. —Levanta la mano y espero que me toque, pero no lo hace. Se retrae de nuevo.
¿Qué no me está contando que lo aleja tanto de mí?
—Te acompaño a casa.
—No me pienso negar a eso de pasar más tiempo contigo.
No decimos nada durante unos segundos, tampoco hace falta; cuando me mira siento que vibro. Su forma de mirarme me hace sentir abrazada. Como si fuera capaz de ver todo de mí y no salir corriendo.
Recogemos todo y nos marchamos juntos. Ha caído algo de lluvia y el suelo resbala un poco.
Casi me caigo varias veces. Al final, Sedrik me coge el brazo y lo pone sobre el suyo.
El camino se hace muy corto. Demasiado. No me ha dado tiempo a disfrutar de él lo suficiente.
Me encanta estar pegada a su cuerpo. Es grande y fuerte.
—Gracias —le digo—. ¿Vemos la serie cuando llegues a casa? ¿Un capítulo?
—Me parece bien.
¿Y si te besara de nuevo te parecería bien? Eso no se lo digo. No con palabras, al menos, porque mis ojos devoran su boca y los suyos la mía. Deseo tanto que me bese, que me duele el cuerpo por las ansias de sentirlo.
—Ahora te escribo.
Se marcha y entro a mi edificio sintiendo que me ha rechazado de alguna forma. Tonto no es. Sabe que quería que me besara.
Escribo en el grupo para contar todo. Solo Portia me escribe y le llamo. De Nela no sabemos nada desde hace días salvo «estoy liada, ya me pondré al día cuando pueda». Traducción: no lo hará nunca.
—No sé qué decirte —me dice a las claras mi amiga.
—Yo tampoco sé qué pensar.
—El tiempo lo dirá, o te buscarás a otro que sí te empotre como te mereces. —Me río por lo bruta que es—. Por cierto, tenemos que salir a cenar y de fiesta. A ver cuándo puedo quedar. Te aviso.
Me llega un mensaje de Sedrik, se lo digo y nos despedimos.
Sedrik: En casa. ¿Vemos un episodio?
Belisa: Me moría por volver a besarte y sé que lo has notado.
No debería decírselo, pero me prometí que dejaría de callarme lo que pienso. Y Sedrik me importa. Me importa lo suficiente para decirle lo que se me pasa por la cabeza sin que el miedo me paralice y me haga conformarme con las migajas, como hago siempre.
Sedrik: Sí.
Bueno, al menos es sincero. ¿Y ahora, qué digo? Había esperado que dijera que no, o se hiciera el tonto. La gente se suele hacer la tonta con esas preguntas, pero Sedrik es sincero. Eso me gusta de él.
Belisa: ¿Y si vemos la serie y dejo de decir tonterías?
Sedrik: No me importaría que me besaras, Beli. Pero no quiero ir demasiado rápido y joderlo todo. Pero si un día lo deseas, solo déjate llevar. Me gusta esa chica que manda fotos sin pensar en el otro, solo pensando en su propio placer y sus deseos. Y esa eres tú también.
Leo el mensaje varias veces, grito interiormente y luego me pregunto si esto es una declaración de que por lo menos le atraigo.
Belisa: Tal vez un día lo haga, o te vuelva a mandar más fotos.
Sedrik: Lo estaré deseando. Ahora ya sé qué cara tienes cuando te corres y podré imaginarte mejor.
Belisa: Y a pesar de eso me alejas.
Sedrik: Es por mí, no por ti.
Ese «es por mí» me mata. Me lo han dicho tantas veces que es como estar viendo el mismo episodio una y otra vez. Por eso cambio de tema y hablamos de otras cosas.
Siento como la burbuja se ha resquebrajado. No sé cómo ser yo sin cagarla.
Por un segundo vuelvo a ser esa niña solitaria que solo era criticada por otras niñas por ser demasiado intensa. A los tristes les jode ver la felicidad en el resto y tratan de anularla para equilibrar las cosas. Una putada, porque, aunque resistas, eso te marca.
Cuando me voy a la cama me pongo una de mis pelis románticas favoritas, como si fuera mi manta. Esa que me abriga cuando el frío cala los huesos. Dejo de sonreír, porque aquí nadie ve que no siempre soy feliz.